Santa Margarita, reina de Escocia

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Escultura de la Santa venerada en la iglesia jesuita de Farm Street, Londres (Reino Unido). Fotografía: Lawrence OP.

Escultura de la Santa venerada en la iglesia jesuita de Farm Street, Londres (Reino Unido). Fotografía: Lawrence OP.

Santa Margarita nació en Hungría en el año 1046, hija del príncipe inglés Eduardo y de Ágata, que vivían en el destierro por disposición del rey Canuto, que se había apropiado del trono de Inglaterra. Creció en la corte del rey San Esteban, de quien se piensa que tenía parentesco con ella, aunque también existe la opinión de que ese parentesco venía por parte de su esposa, la Beata Gisela. Tuvo dos hermanos, Edgardo y Cristina. A los once años, San Eduardo el Confesor, hermanastro de su padre, se hizo del trono inglés y por ello la familia pudo volver a ese país, sin embargo, como había una guerra entre ingleses y daneses, y como su padre muriera de muerte natural, la familia tuvo que radicar en Escocia. Allí, cuando ella tenía 24 años, fue dada en matrimonio al rey de ese país, Malcom III, apellidado el Sanguinario, pues había exterminado al grupo que había asesinado a su padre. Hombre rudo y analfabeto, pero de gran sentido común, amó a su esposa, que supo transformar su corazón. Tuvo 8 hijos con ella: Eduardo, Edmundo, obispo de Dunkled, Eteldrero, Edgar, Alejandro y David, que fueron reyes de Escocia; Matilde, reina de Inglaterra, y María, condesa de Bolonia. Cabe señalar que el matrimonio con la Santa fue un segundo enlace del rey, quien por motivos de prestigio se casó con la princesa anglosajona, pues en la cuestión sucesoria, tenía hijos de su primer matrimonio y hermanos que podían ascender al trono de Escocia.

La reina era sabia y con cierta cultura, por ello transformó la corte de su esposo con el ejemplo. Allí dio testimonio de fu profunda fe y amor a Cristo practicando ampliamente la caridad. Cada día daba de comer a 24 pobres y a 6 de ellos les lavaba los pies. En Cuaresma y Adviento la atención a sus pobres subía a 300 individuos. Se preocupó por que su pueblo tuviera educación, pues como reina tenía el afán de procurar el bien y la felicidad de sus súbditos. Muchas veces agotó el tesoro regio para aliviar la necesidad de los pobres y menesterosos. La razón de esta conducta es el profundo amor le tenía a Dios y que descubría en el rostro del hermano pobre.

La Santa lavando los pies a los pobres. Pintura historicista en la iglesia de la Santa en Queensferry, Reino Unido.

La Santa lavando los pies a los pobres. Pintura historicista en la iglesia de la Santa en Queensferry, Reino Unido.

Como esposa fue ejemplar su proceder, logrando cambiar la conducta salvaje de su marido y transformando la conducta de la corte, que con el ejemplo y ascendencia de la reina, también elevó su nivel de generosidad con los necesitados y dejó de lado las conversaciones malvadas. Su papel de madre es destacado, pues educó a sus hijos en los valores del Evangelio, sembrando en sus corazones buenos y justos sentimientos, tres de sus hijos fueron monarcas de Escocia y una de ellas, Matilde por su matrimonio con Enrique I, fue reina de Inglaterra. A David y esta última, la aclamación popular los considera santos.

Margarita influyó en la vida de la Iglesia de Escocia, pues hizo convocar un concilio escocés, del que como resultado, se extirparon ritos paganos que se hacían en la celebración de la Eucaristía, la prohibición de contraer matrimonio entre parientes próximos y se aceptaron prácticas romanas como el inicio de la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, la recepción de la Comunión en la Pascua Florida y el descanso dominical. La Santa, que tenía conocimientos firmes y profundos, participó en algunas discusiones teológicas, como la de que los pecadores que reciben la absolución pueden recibir la comunión, porque el sacramento de la Penitencia borra los pecados.

Su profunda caridad nacía de su vida de oración, que intensificaba por la noche; participaba en varias misas diarias y su vida de humildad y austeridad se profundizaba en los tiempos de Adviento y Cuaresma. Tenía como costumbre pedir que le dijeran sus defectos para poder corregirlos. Sus obras de caridad le impulsaron a repartir limosnas con gran liberalidad, rescatar a los prisioneros ingleses detenidos en Escocia, a cuidar de los viajeros y a construir monasterios, iglesias y albergues. Tuvo especial cuidado de construir la Abadía de la Santísima Trinidad de Dunfermline, que albergó una reliquia de la Santa Cruz y donde sería sepultada.

La Santa, anfitriona del Concilio de Escocia. Pintura historicista en la iglesia de la Santa en Queensferry, Reino Unido.

La Santa, anfitriona del Concilio de Escocia. Pintura historicista en la iglesia de la Santa en Queensferry, Reino Unido.

En 1093, su esposo Malcom, con sus hijos Eduardo y Edgardo, se unieron en batalla con Edgardo, el hermano de la Santa, para recuperar el castillo de Aluwick, en Northumberland, que estaba siendo asediado por Guillermo el Conquistador. A resultas de ello, murió el monarca y su hijo primogénito. Esta guerra, que la Santa había considerado fatídica, la había enfermado los últimos meses por las preocupaciones. Cuando su hijo Edgardo volvió a su lado, hizo que le relatara todo lo sucedido y, llena de serenidad, exclamó: “Gracias, Dios mío, porque me das paciencia para soportar tantas desgracias juntas”. Murió en Edimburgo el 16 de noviembre de 1093. Al fallecer, su rostro recuperó la calma, el color y la belleza que tenía.

Santa con sabor de leyenda dorada
Como a la mayoría de los Santos, de Santa Margarita se refiere un hecho milagroso que por su relato, vale la pena saborear aunque lo más seguro es que sea de esos milagros de color dorado. En una ocasión la Santa iba en su carruaje llevando consigo el libro de los Evangelios, y tenía que pasar un río caudaloso. Iba ensimismada y profundamente meditando, por lo que no se dio cuenta de que, por los avatares de la corriente, por el ajetreo, el libro cayó al agua. Camino adelante, lo buscó y se percató que no lo llevaba consigo, razonando que se había caído en el río. Volvieron a buscarlo y allí estaba en el lecho, todos tristes porque el libro se había echado a perder. Lo extrajeron del agua y salió indemne, con apenas unos rastros de agua que mancharon la pasta. El libro le fue devuelto a la reina, que desde entonces lo tuvo en más estima. Este relato viene porque en la biblioteca de Oxford se conserva un códice del Evangelio que se considera que es el de Santa Margarita.

Primitiva sepultura de la Santa. Abadía de Dunfermline, Fife, Escocia.

Primitiva sepultura de la Santa. Abadía de Dunfermline, Fife, Escocia.

Culto
Fue sepultada en la abadía de Dunfermline en una urna frente al altar mayor. El Papa Inocencio IV la canonizó en 12520 y en 1259 sus reliquias fueron trasladadas. Su celebración litúrgica se señaló para el 10 de junio, pero con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II se trasladó al 16 de noviembre, aniversario de su muerte, teniendo la categoría de memoria opcional. Cabe dar a conocer en este espacio que a Santa Margarita se le ha dedicado una parroquia en la ciudad de Zapopan, la que le ha dado nombre también a la populosa colonia donde se ubica.

Avatares de unas reliquias
El cráneo de la Santa estaba en posesión de la reina María Estuardo cuando las guerras de religión asolaban a Inglaterra y Gales. Cuando esta reina fue ajusticiada, la reliquia fue llevada a Dauia, donde estuvo bajo la custodia de los jesuitas, pero con la revolución francesa se perdió su rastro. Actualmente, luego de haberse descubierto nuevamente, recibe culto en esa ciudad.

Cráneo de la Santa. Colegiata de San Pedro, Douai (Francia).

Cráneo de la Santa. Colegiata de San Pedro, Douai (Francia).

Sobre sus demás restos, hay una verdadera madeja de inconsistencias, pues los libros consultados para hacer este artículo refieren cómom para ser salvados, fueron enviados a España, por gestión del rey Felipe II, quien los hizo sepultar en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial junto con los de su esposo, el rey Malcom. Alguna versión asegura que lo que hizo el monarca español fue comprar algunos huesos, por la costumbre que tenía de coleccionar reliquias.

La cuestión se torna inquieta cuando el arzobispo de Edimburgo, Gelliers, durante el pontificado del Beato Pío IX, solicitó a este Papa que se hiciera la gestión para que las reliquias de la Santa volvieran a Escocia, las mismas que fueron buscadas en El Escorial, pero nunca fueron halladas. Para mayor emoción, en una capilla de Escocia se venera una urna que contiene sus huesos. ¿Salieron todos o ninguno de Escocia? ¿Son verdaderamente los de ella? La polémica queda abierta.

Sepulcro de la Santa en Edimburgo (Gran Bretaña).

Sepulcro de la Santa en Edimburgo (Gran Bretaña).

Oración
Señor Dios Nuestro, que hiciste de Santa Margarita de Escocia un modelo admirable de caridad para con los pobres, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo su ejemplo, seamos nosotros fiel reflejo de tu bondad entre los hombres. Por…

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A. Nuevo Año Cristiano noviembre, EDIBESA, Madrid, pp. 301-304.
– VVAA, Año Cristiano XI noviembre, Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 387-392.

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