Santa María Francisca de las Cinco Llagas

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Pintura de la Santa.

Pintura de la Santa.

Algunos meses antes de su nacimiento, San Francisco de Jerónimo y San Juan José de la Cruz predijeron su santidad. ¿Por qué digo esto? Porque su madre, Bárbara Basinsi, aun estando encinta era maltratada por su esposo y a consecuencia de la congoja que le producía este maltrato tuvo una serie de sueños espantosos. Buscando consuelo acudió al franciscano Juan José de la Cruz y al jesuita Francisco de Jerónimo y ambos la reconfortaron y le profetizaron que la criatura que llevaba en su vientre llegaría a ser santa.

Su nombre de pila era Ana María Rosa Nicolasa y nació en Nápoles el día 25 de marzo del año 1715, siendo hija de Francisco Gallo y de Bárbara Basinsi, que eran comerciantes de artículos de mercería. La familia vivía en el llamado “barrio español”, el cual tenía muy mala reputación ya que, después de la ocupación española, allí construyeron sus casas y chabolas quienes no tenían derecho a construir dentro de la ciudad y esto atrajo a una población muy dada a la promiscuidad y a todo tipo de actividades delictivas. Pero ese ambiente, que sí influyó en su padre, no marcó a la niña, a la que su padre hacía trabajar de sol a sol en un taller de hilados, sino que desde muy pequeña comenzó a sentir un interés especial por recibir la Primera Comunión, cosa que hizo con solo siete años de edad. Su madre y su párroco la prepararon pero ella misma, se convirtió en catequista un año más tarde, con solo ocho años de edad.

Un día, dando catequesis a unos niños que se preparaban para comulgar, de pronto se quedó callada y digiriéndose a un niño le dijo: “Josecito, corre a tu casa que tu madre te necesita; vete enseguida”. El niño le hizo caso y al llegar corriendo a su casa se encontró con que a su madre le había dado un ataque y al caerse al suelo, una lámpara encendida que llevaba en las manos, cayó sobre unos trapos y se estaba iniciando un incendio. El niño pudo apagarlo y salvar a su madre. La noticia se corrió por el barrio como un verdadero milagro, pues dado el hacinamiento y estrechez de la calle, si se hubiese producido el incendio no hubiera podido entrar el camión de los bomberos para apagarlo.

Utensilios utilizados por la santa, que se encuentran en su santuario de Nápoles.

Utensilios utilizados por la santa, que se encuentran en su santuario de Nápoles.

Muy pronto mostró tanta piedad y práctica todas las virtudes cristianas que sus vecinos comenzaron a llamarla la “santarella” (la pequeña santa). Decidida a consagrarse a Dios, se puso en contra de su padre que le proponía un ventajoso matrimonio; este entró en cólera, le dio una tremenda paliza y la encerró durante varios días sin darle de comer, pero ella se mantuvo en sus treces y no consintió en contraer matrimonio. Hay que decir que en esto le ayudó su madre, la cual recurrió a un fraile franciscano que convenció a su padre para que libremente, ella decidiera qué rumbo darle a su vida. Ella decidió hacerse terciaria franciscana bajo la regla y la dirección de los padres de la reforma de San Pedro de Alcántara, los cuales habían encontrado un verdadero apoyo en San Juan José de la Cruz que vivía en el convento de Santa Lucía al Monte.

Con apenas dieciséis años de edad, el día 8 de septiembre del 1731, siendo una muchacha muy frágil a consecuencia de la brutalidad de su padre y de las penitencias a las que se sometía de manera voluntaria, vistió el hábito alcantarino pronunciando los votos prescritos por la Orden Tercera y cambiando su nombre de bautismo por el de María Francisca de las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo.

Fresco representando la muerte de la Santa. Santuario en Nápoles.

Fresco representando la muerte de la Santa. Santuario en Nápoles.

Si bien estaba en el mundo, no vivía enclaustrada en ningún convento sino en su propia casa, observaba estrictamente la severa regla alcantarina, sometiéndose a continuos ayunos, a noches en vela, flagelaciones y cilicios. No le faltaron pruebas ni contratiempos de ningún tipo, como tentaciones, persecuciones por parte de algunos vecinos e incluso calumnias por parte de algunos varones que vivían cercanos a ella. Se cuenta que en cierta ocasión sufrió una tentación en la que se le apareció el demonio en forma de perro rabioso, pero ella hizo la señal de la cruz y el demonio salió huyendo. Este consejo se lo había dado su propio crucifijo: “Cuando te asalten los ataques del enemigo del alma, haz la señal de la cruz y además de invocar a las Tres Divinas Personas de la Santísima Trinidad, di varias veces Jesús, José y María”. Y eso hizo en más de una ocasión.

En cierta manera, en estos sufrimientos también contribuyó su padre, que al tener conocimiento de que su hija, a veces, predecía el futuro, quiso aprovecharse de esta circunstancia para hacer negocios y conseguir dinero. También le propuso que echara la suerte a los demás y que cobrara por ello. Ella se negaba, diciendo que no era adivina, pero él le respondía: “No eres adivina, pero como eres una santa, conseguirás que Dios te comunique el futuro de la gente”. Ella se empeñaba en convencer a su padre de que tampoco era una santa y que nunca negociaría metiendo a la religión por medio. La respuesta del padre siempre era la misma: palizas a la hija y a su madre, que se metía por medio en su defensa. Esto llegó a conocimientos del obispo, quién denunció a Francisco Gallo, consiguiendo que un juez dictaminara que si en adelante volvía a pegar a su familia, sería castigado. Sólo esto, el miedo, aplacó al padre.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Cuando murió su madre, ella comprendió que, dado el violento temperamento de su padre, lo mejor era que ella se fuera de casa. Fue acogida por un sacerdote llamado Juan Pessiri y en su casa permaneció como ama de llaves los casi cuarenta años que aún le quedaron de vida.

El cardenal arzobispo José Spinelli, a fin de poner a pruebas sus virtudes, la confió por espacio de siete años a la dirección espiritual del párroco Montillo, sacerdote que siempre mantuvo posiciones jansenistas. Ella se sometió dócilmente, pero sin abandonar sus prácticas devotas sobre la Pasión de Cristo y su amor a la Virgen, dedicándose a difundir su devoción y su culto bajo el título de la “Divina Pastora”.

Como he dicho, se vio favorecida con varios carismas sobrenaturales, como los dones de profecías y de visiones y en numerosas ocasiones fue encontrada levitando, en éxtasis. En este sentido existen numerosos hechos perfectamente documentados, como por ejemplo que en tres ocasiones, al acercarse a comulgar, la Sagrada Forma salió volando posándose en su boca o que en la Navidad del año 1741, el Niño Jesús le habló diciéndole: “Quiero que seas mi esposa para siempre”. Esto es lo que ha venido en denominarse como los “desposorios místicos”, que les han ocurrido a varias santas y ella quedó tan emocionada, fue tal la impresión, que se quedó ciega por espacio de veinticuatro horas.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Gozó de la familiaridad de algunos santos de su época, como la Venerable Magdalena Sterlicco y San Francisco Javier María Bianchi, a quién le dijo que se le aparecería tres días antes de su muerte – cosa que hizo -, profetizándole también que sería canonizado. Llevó en su cuerpo los estigmas de la Pasión en las manos, los pies y el costado. Esto, unido a su débil salud, hizo que tuviera momentos en los que sufría físicamente de manera espantosa, sufrimiento que ella ofrecía por la conversión de los pecadores, consiguiéndolo al menos en uno de ellos: su padre.

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Profetizó la Revolución Francesa. Anunció que iban a llegar terribles sufrimientos a la iglesia en Francia, que ocasionarían la muerte de muchísimos cristianos y le pidió a Dios que no permitiera que ella presenciara esos desastres. “A veces, lo único que veo son desastres en el presente y desastres aun mayores en el porvenir. Pido a Dios que no permita que los presencie”. Y de hecho murió cuando la Revolución estaba comenzando. Falleció el día 6 de octubre del año 1791, con setenta y seis años de edad. A su funeral asistió una gran muchedumbre de personas que a toda costa querían llevarse una reliquia de la santa. Fue sepultada en la iglesia de Santa Lucia al Monte. Actualmente se encuentra en su santuario.

Escultura de la santa que se encuentra en el convento de Santa Clara, en Nápoles.

Escultura de la santa que se encuentra en el convento de Santa Clara, en Nápoles.

En Nápoles se considera milagroso que su barrio sobreviviera, fuese preservado durante los fortísimos bombardeos que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. También en su ciudad hay una curiosa costumbre y es que en la capilla donde reposan sus restos, hay una silla donde van a sentarse todas las mujeres que tienen deseos de quedar embarazadas.

Fue beatificada por el Papa Gregorio XVI el 12 de noviembre del año 1843 y canonizada por el Beato Papa Pío IX, el 29 de junio del 1867. Es muy venerada en la ciudad de Nápoles, donde entorno a la casa donde vivía se erigió un pequeño santuario y un instituto de hermanas terciarias franciscanas. Su fiesta se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Adami, M.P., “Santa Maria delle Piaghe”, Bari, 1957
– Laviosa, B., “Vita Della B. Maria Francesca”, Nápoles, 1864
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (28/08/2015):
– www.santuariosantamariafrancesca.it

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