Santa María la Esclava, mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Nuestro estimados lectores recordarán que el pasado mes de septiembre se dedicó un artículo a Santa Ariadna, mártir en Frigia, de la cual se dijo en su momento que, por la similitud entre su historia y la de la mártir que vamos a presentar hoy -Santa María la Esclava, cuya fiesta se celebró ayer, día 1 de noviembre-, se concluye que la primera es un desdoblamiento de la segunda, fenómeno por lo demás muy recurrente en la literatura hagiográfica.

Vamos a presentar la historia de Santa María, esclava y mártir, recomendando a los lectores que vuelva a leer el artículo dedicado a Santa Ariadna, de modo que, cotejando ambas historias, es fácil concluir que se ha producido un desdoblamiento y que, por cuestiones de verosimilitud entre otras, es más probable que estemos ante una única mártir real -María- que se desdobló en otra -Ariadna- siendo finalmente esta segunda mucho más conocida y venerada que la primera.

Historia de una esclava
Nuestra protagonista de hoy, María, era una de las esclavas de un oficial romano llamado Tértulo. Había sido bautizada de niña y era una ferviente cristiana, la única de esta fe en aquel hogar. Siguiendo las costumbres de la época, hacía ayuno y oración rigurosamente, sobre todo durante las fiestas de la Ciudad Eterna, a las que estaba obligada a acudir. Creía que se cubría de infamia al estar presente en los rituales religiosos de Roma, y por ello se castigaba con hambre y penitencias, creyendo que así limpiaría sus culpas. Aunque su devoción no agradaba a su ama, su fidelidad y diligencia como esclava la complacían en extremo, y por ello la dejaban en paz.

Al estallar la persecución de Diocleciano, Tértulo mandó llamar a María y le dijo: “Sé ahora sensata. Ya ves que buscan a tu gente, a los que adoran al Crucificado. Abjura de tu fe, porque de lo contrario te hallarán y te matarán, y a nosotros, tus amos, nos cubrirás de oprobio.” María se negó a abjurar. Entonces Tértulo tomó un látigo y la azotó hasta hacerle perder el conocimiento. Luego la arrastró y envuelta en su sangre, la encerró en un cuarto oscuro, donde la mantuvo durante un mes, sin más comida que pan y agua. No lo hizo por pura crueldad, sino por sentirse en su penosa obligación, pues creía que así la esclava reflexionaría y modificaría sus fatales decisiones. Pero María se mostró firme e inquebrantable por muchas veces que la azotó sin la menor contemplación.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Pronto se supo que Tértulo tenía una esclava cristiana, y entonces fue llamado a la presencia del pretor, que le dijo severamente: “¿Cómo has tenido el poco tino de encubrir a tu esclava? Debes ponerla en mis manos inmediatamente, y podrás ir en paz, libre de cargos. Desobedéceme, y te llevaré a juicio por ocultar a una cristiana en tu casa y desafiar las leyes del césar.” A Tértulo no le quedó más remedio que entregar a María a las autoridades, si quería librar a él y su familia de problemas políticos.

El juicio e interrogatorio se celebró en público. María hizo oídos sordos a las promesas de pasar a ser liberta y a las amenazas de tortura. Viendo que la esclava confesaba valientemente a Cristo e injuriaba sin el menor temor a los dioses de Roma, la gente, furiosa, gritaba: “¡Quemadla! ¡Quemad viva a esa hechicera!”. María les miró, y musitó en voz baja: “Dios mío, dame valor para seguir confesándote.” Luego dijo al pretor con voz firme y clara: “El dios a quien sirvo está conmigo. No temo tus tormentos, pues sólo puedes quitarme la vida y estoy pronta a dar la mía por Jesucristo.” De inmediato la azotaron de nuevo, haciendo pedazos la piel ya magullada, la extendieron sobre el potro y les desgarraron el cuerpo con uñas de hierro. Fue torturada con tal crueldad que los presentes, que minutos antes habían pedido su muerte, se pusieron a gritar horrorizados: “¡Basta! ¡Suspended esa crueldad! ¡Liberad a la muchacha!”. En verdad eran incapaces de soportar el sangriento espectáculo. Por ello, el prefecto mandó llamar a su lugarteniente de confianza y le ordenó llevarse a la joven a un lugar apartado y darle muerte por espada.

El soldado se la llevó, cogiéndola de un brazo. María iba tropezando y apenas podía andar. Se desplomó varias veces, fatigada, y varias veces tuvo que levantarla su verdugo para forzarla a continuar, quien sin embargo se compadeció de ella. Al llegar al lugar donde había previsto decapitarla, le dijo: “Anda, mujer, huye cuanto antes, y jamás regreses. Sigue por este camino y desaparece de Roma para siempre.” María le dijo: “Que mi Señor Jesucristo te bendiga y te pague la misericordia que has mostrado conmigo.” Lenta y penosamente, empezó a avanzar por el camino y desapareció. El soldado estuvo esperando un rato y luego regresó. Así pues, María se salvó por la piedad de un pagano. Lo que le sucedió después, no lo apunta el relato.

Icono ortodoxo de Santa Ariadna, desdoblamiento de Santa María la Esclava. Iglesia Ortodoxa de San Basilio, Houston, EEUU.

Icono ortodoxo de Santa Ariadna, desdoblamiento de Santa María la Esclava. Iglesia Ortodoxa de San Basilio, Houston, EEUU.

Análisis
Las Actas latinas de Santa María la Esclava, en las que nos acabamos de basar y como hemos podido ver, se corresponden casi literalmente con las Actas griegas de Santa Ariadna, por lo que hay hagiógrafos que defienden que se trata de una misma persona (es decir, que se ha producido un desdoblamiento), aunque festejadas con nombres diferentes. De hecho, así lo afirman los sinaxarios bizantinos cuando dicen: “(…) Ariadna, que en otros lugares es llamada María”.

Para ver estas Actas basta con ver las de Santa Ariadna, porque son prácticamente idénticas, aunque bien es verdad que el autor anónimo que escribió el Martirologio de Lyon identifica a esta María con una María mártir mencionada en el Martirologio Jeronimiano el día 1 de noviembre, cosa que posteriormente también lo incluyen Floro, Adón, Usuardo y otros en sus Martirologios. De ellos, pasó finalmente al Martirologio Romano.

¿Pero quién fue esta María de la que habla el Martirologio Jeronimiano? Desafortunadamente, no se sabe nada, porque este Martirologio sólo dice: “(…) et alibi Mariae mart.” En algunos códices de ese Martirologio el nombre de María es sustituido por el de Marta. Tampoco dice nada sobre el lugar, época ni forma de martirio. Por todo esto, es muy gratuito que todos los martirologios occidentales hayan identificado a esta María con la esclava, que como hemos dicho antes, es un desdoblamiento de Ariadna. Los bolandistas estudian ampliamente este tema en la Analecta bollandista LXIX, publicada en el año 1951.

¿Martirio?
No cabe duda de que tanto en la versión griega (Ariadna) como en la latina (María) la protagonista sufre terribles torturas y afronta valientemente una cruel lucha por la defensa de su fe y la confesión de Jesucristo; por lo que, en ese aspecto, no cabe dudar de que estamos ante una mártir. Lo curioso es que al final, ya sea como Ariadna o como María, nuestra protagonista no muere por la espada, ejecutada, como son las órdenes del magistrado; sino que, en ambos casos, la protagonista escapa a su destino: como Ariadna, logra escapar de sus captores y es “tragada” por una montaña (si recordamos la historia); mientras que María es liberada por su verdugo, que se compadece de ella.

Icono ortodoxo ruso de Santa Ariadna, desdoblamiento de Santa María la Esclava.

Icono ortodoxo ruso de Santa Ariadna, desdoblamiento de Santa María la Esclava.

Habida cuenta de que el relato de Ariadna es difícilmente sostenible, parece que la versión definitiva de la historia es que nuestra mártir de hoy, llamémosle Ariadna o María, después de sufrir tormentos, logró salvar la vida al ser liberada o conseguir escapar. Un final distinto a los que nos tienen acostumbrados los relatos de mártires, pero no por ello menos meritorio: en este caso, por la compasión de sus semejantes, que no compartían su religión pero seguían siendo tan humanos como ella, María obtuvo un premio distinto por su martirio: la vida.

No hay mucho más que decir. Sirva esto de ejemplo para ver cómo el relato de una mártir real, histórica, puede llegar a ser adornado y modificado hasta desdoblarse en otra figura distinta, aunque sustancialmente idéntica, como prueba de algo que ocurre con pasmosa frecuencia en la hagiografía.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

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