Santa Marina de Omura, mártir japonesa

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Estampa devocional de la Santa, perteneciente a una serie italiana sobre santos dominicos.

Estampa devocional de la Santa, perteneciente a una serie italiana sobre santos dominicos.

Hoy se conmemora la festividad de una virgen y mártir japonesa, terciaria dominica, de nombre Marina -en honor a la mártir de Antioquía o, también, a la virgen de Siria que se hizo pasar por monje-, que nació en Omura y que fue quemada viva en Nagasaki. Ella jue, junto a Santa Magdalena de Nagasaki, a quien ya dedicamos un artículo, la primera mujer japonesa en ser añadida al canon de los Santos de la Iglesia Católica Romana, y de ella se ha dicho que fue “la mujer más valiente de Japón”.

Por desgracia, es poca la información que tenemos de ella. O al menos, la que ha podido hallarse para la realización del presente artículo, por lo que se pide de antemano disculpas a los lectores. Es muy probable que exista mayor información en japonés, pero por desgracia ésta no es una lengua que la autora del artículo domine, de modo que partiremos de traducciones al inglés de fuentes secundarias al respecto.

Contexto histórico: el cristianismo en Japón
Aunque la situación de los cristianos en Japón ya ha sido anteriormente comentada por los compañeros en otros artículos al respecto, es positivo hacer un repaso rápido que nos ayude a contextualizar un poco. Sabemos que la fe cristiana llegó a Japón de manos de San Francisco Javier, que desembarcó en Kagoshima el 15 de agosto de 1549. Su ministerio duró sólo dos años y tres meses, pero dejó una fundación que otros se encargaron de construir: le siguieron jesuitas y, posteriormente, franciscanos, dominicos y agustinos; entre todos llegaron a ver cómo los católicos alcanzaban un total de 300.000 personas en una población que giraba en torno a los veinte millones en 1614. A este período se le ha llamado “el siglo cristiano de Japón” y fue uno de los períodos más destacados de la Iglesia en Asia, siendo cierto, además, que muchos japoneses aceptaron la fe con profunda convicción y la vivieron con dedicación.

Pero durante estos años de crecimiento también fermentó la oposición entre los líderes religiosos y políticos, haciendo estallar la persecución. Entre 1597 y 1637 muchos japoneses fueron ejecutados tras crueles castigos. Es más, los castigos se volvían más y más salvajes con el tiempo, porque muchos cristianos japoneses, lejos de intimidarse ante las primeras muertes, se volvían más atrevidos en su deseo de morir por Cristo. Ante esto, los soldados y gobernadores decidieron que era mejor buscar que renegaran de su fe: en lugar de optar por simples ejecuciones, prolongaban sus agonías durante días y días, esperando debilitar la voluntad de los cristianos y disuadir a otros de imitarles.

Ilustración de la Santa, obra del artista filipino Nowitzki Tramonto.

Ilustración de la Santa, obra del artista filipino Nowitzki Tramonto.

Como resultado, Japón puede enorgullecerse de tener 29 mártires canonizados y 158 beatificados. Según período podrían dividirse entre los que fueron crucificados en 1597 (29); los que fueron martirizados de muchos modos entre 1617 y 1632 (158); y, por último, los nueve que fueron asesinados entre 1633 y 1637. Nuestra protagonista de hoy, Marina de Omura, pertenece a este último grupo.

Una terciaria dominica
Por lo que sabemos a través de sus biógrafos dominicos, Marina nació en la primera década del siglo XVII, quizá en 1610, en la ciudad japonesa de Omura. En aquella época, era un simple feudo, es decir, una parcela de tierra ligada a un señor en recompensa por un servicio concreto, localizado en la prefectura (provincia) de Nagasaki, que se halla en la parte noroeste de la isla de Kyushu, en el extremo oriental de Japón. Desde la Edad Media hasta el siglo XIX, Omura fue el centro del territorio regido por la familia homónima, de la cual tomó el nombre dicho lugar. Con la llegada de los portugueses, los primeros occidentales en pisar Japón, en 1543, Kyushu y la tierra controlada por el clan Omura floreció: prueba de ello es que un miembro de este clan, Sumitada Omura, fue el primer daimyo (señor) cristiano, es decir, que se convirtió al cristianismo y aparece citado como “Bartolomé” en diversos documentos europeos.

Pero volvamos a Marina. Sus biógrafos la describen como un ejemplo viviente de virtud y un buen ejemplo para todos los cristianos de Omura. Ella era buscada por personas que veían acercarse una posible situación de prueba para su fe y que, consecuentemente, necesitaban recuperar su coraje y fortaleza. Ella recibía a sus hermanos en la fe (sus “kirishitan”, como eran llamados los cristianos japoneses) en su hogar, que era su refugio, donde su fe era celebrada, nutrida y fortalecida.

Marina se hizo terciaria dominica en 1625 o 1626, por consejo de su director espiritual, el Beato Luis Eixarc i Bertran de Barcelona, un dominico español misionero en Omura que sería quemado vivo el 29 de julio de 1627 y beatificado el 7 de julio de 1867 por el papa Pío IX, y que en ningún caso debe ser confundido con San Luis Bertran de Valencia, quien también fue fraile dominico y de quien ya se ha escrito un artículo.

Pintura francesa estilo "manga" de la Santa, también llamada Marina de Nagasaki.

Pintura francesa estilo “manga” de la Santa, también llamada Marina de Nagasaki.

Martirio
En 1634, cuando el shogunato se dio cuenta de que ella estaba contribuyendo al apostolado misionero contra el que el gobierno estaba luchando, dio orden de arrestarla y encarcelarla por su fe junto con otros cristianos. Durante el interrogatorio que se llevó a cabo frente al tribunal en Omura, ella confesó que “era cristiana y que había usado su casa para dar hospitalidad a misioneros y cristianos”. Preguntada si estaba preparada para sufrir tortura, ella respondió, sin dudar, que con la gracia de Dios estaba dispuesta a ello, y añadió que, debido a su consagración a Dios por su voto de castidad, su cuerpo y su alma estaban limpios y eran morada del Espíritu Santo.

Aunque sus jueces no comprendían del todo qué significaban estas declaraciones, no eran estúpidos y escogieron para ella el castigo que más la iba a herir y humillar. No mandaron lesionarla ni dañar su cuerpo de ningún modo, sino que dieron orden de humillarla públicamente: Marina fue obligada a desfilar completamente desnuda por todas las aldeas de Omura, con las manos atadas a la espalda, para que no pudiese taparse de ninguna de las maneras. Recordando el ejemplo de las vírgenes de la Iglesia primitiva, Marina sufrió pacientemente este vergonzoso castigo sin debilitarse ni venirse abajo; porque ella estaba convencida de que su cuerpo era la morada de Dios, y que, por tanto, nada podía mancillarlo.

Después de haber sido devuelta a prisión, se le informó de que iba a ser trasladada a la ciudad de Nagasaki, donde fue sentenciada por el shogunato a morir quemada. Allí fue obligada a tomar parte en una “marcha de la muerte” con otros cristianos, incluyendo a San Jacinto Jordán Ansalone de San Esteban, San Tomás Hioji Rokuzayemon Nishi de San Jacinto de Hirado y la misma Santa Magdalena de Nagasaki.

Martirio de la Santa. Detalle del lienzo de los mártires japoneses. Parroquia de Quezon City, Filipinas.

Martirio de la Santa. Detalle del lienzo de los mártires japoneses. Parroquia de Quezon City, Filipinas.

Al llegar a la colina de Nishizaka, ella rezó y animó a sus compañeros cristianos, diciéndoles que pronto estarían en el cielo, en la paz y alegría eternas. Entonces, la ataron a una estaca y la rodearon de leña pensada para ser quemada lentamente. Era éste un suplicio de crueldad refinada, pues la mártir fue quemada muy lentamente, cocida por las brasas que ardían colocadas a cierta distancia de ella, pero manteniéndose a su alrededor. “Ella expiró como un pan cocido al horno”, se ha dicho de su martirio, “quemada, sí, pero más por el Amor Divino que por el fuego material”. Durante todo el tiempo que duró su lenta agonía, mientras era consumida por el fuego, no dejó de rezar, rogando constantemente y pidiendo perdón para sus verdugos. Era el 11 de noviembre de 1634, y ella tenía en torno a 25 años de edad.

Culto y memoria
Al igual que se hizo con el resto de los mártires, sus cenizas fueron esparcidas por las aguas de la bahía de Nagasaki, para impedir que los cristianos recuperaran sus reliquias y les dieran culto.

Fue beatificada junto a otros quince compañeros, mártires de Japón en 1633, 34 y 37, de varias nacionalidades, encabezados por San Lorenzo Ruiz de Manila, y vinculados de muchas maneras a la familia dominica, por el papa San Juan Pablo II, el 18 de febrero de 1981, en Rizal, Filipinas. Este mismo grupo fue canonizado por el mismo Papa el 18 de octubre de 1987. La fiesta de la mártir parece que ha sido trasladada del 28 de septiembre a su fecha actual, fecha de su martirio, hoy, día 11 de noviembre.

Iconografía
A la iconografía de Santa Marina de Omura le ocurre un poco lo mismo que a la de Santa Magdalena de Nagasaki, con lo cual ambas mártires son fácilmente confundibles. La representación más correcta es como una mujer con un traje de laica dominica, llevando un crucifijo en las manos junto al pecho y de pie sobre una hoguera. Sin embargo, ha proliferado una visión idealizada y poco realista que la representa con un tradicional kimono japonés que, sin embargo, parece que no era muy usado entre las terciarias.

Representación errónea de la Santa como monja dominica. Iglesia católica de Kakomachi, Omura (Japón).

Representación errónea de la Santa como monja dominica. Iglesia católica de Kakomachi, Omura (Japón).

En la iglesia de Kakomachi, en Omura, hay una representación bastante errónea de la Santa, donde la vemos como una monja dominica -lo que no era-, coronada de espinas y de pie sobre una hoguera. Parece que se haya inspirado en una escultura de Santa Catalina de Siena, pues además, lleva una flor blanca a los pies, símbolo de virginidad, y carece de la palma de martirio.

Meldelen

Bibliografía:
– CLARK, Francis, SJ, Asian Saints, International Congress on Mission, East Asian Pastoral Institute, 1979.

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