Santas Olimpia, Eufrosina y compañeras, neomártires de Karyes

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de las Neomártires de Karyes. Tan sólo la abadesa, Santa Olimpia, lleva su nombre inscrito en el halo.

Icono ortodoxo griego de las Neomártires de Karyes. Tan sólo la abadesa, Santa Olimpia, lleva su nombre inscrito en el halo.

La historia de las mártires que presento hoy es ciertamente curiosa, porque eran muy poco conocidas hasta que sus reliquias fueron descubiertas en el s.XX, concretamente, en 1962. Se trata de religiosas ortodoxas, neomártires bajo el dominio turco, que sufrieron al martirio al resistirse al ataque de unos piratas turcos que fueron a saquear su monasterio y a violarlas.

Rodean al suceso de su descubrimiento diversas apariciones y revelaciones, lo que ya hemos podido comprobar en casos de otros mártires como los monjes de Ntaou Penteli, San Efrén de Nea Makri y los Santos Rafael, Nicolás e Irene de Thermi. Recomiendo releer estos dos artículos, escritos por mi compañero Antonio Barrero, para contextualizar adecuadamente lo que voy a describir.

Apariciones de los mártires de Karyes
A mediados de enero de 1962, el padre Pacomio, rector de El Pireo (Atenas), vio en sueños que se encontraba en la iglesia de Nuestra Señora de Troulotis y le entró una gran paz, pues se le apareció una monja con una cruz colgando en el pecho. La monja le dijo: “Yo vengo de Karyes y mi nombre es Olimpia”. Se despertó y se preguntó qué podría querer una religiosa de él. Se reunió con Vasiliki Ralli y se lo contó, pero éste le dijo que el sueño no tenía explicación.

Un mes después, el 13 de febrero de 1962, Zacarías Pafliotis vio en sueños a San Rafael, monje mártir de Mitilene, quien lo invitó a viajar con él en Karyes. Al llegar, vio un monasterio desconocido con una gran entrada y una iglesia bizantina. Allí, en una celda, vio a la aparición de una monja que le dijo su nombre -Olimpia- y le prometió que algún día le contaría su historia. Vio en sueños cómo ella cogía una camiseta suya y le pintaba una cruz. Al despertar, pudo comprobar cómo detrás de la cruz estaba escrito, nuevamente, el nombre de Olimpia.

Pafliotis inició un largo ayuno y se dedicó a la oración para ser digno de conocer la historia de dicha monja, tal y como ella se lo había prometido. El 16 de febrero, por la mañana y aún estando dormido, se le apareció de nuevo religiosa y le dijo: “Muchacho, es el momento de que conozcas mi historia. Soy monja y me llamo Olimpia. Nací en Estambul, mi padre era un sacerdote que vivía en el Peloponeso y mi madre era la hija de un sacerdote. Tuve tres hermanas y un hermano. Desde Constantinopla tuvimos que huir al Peloponeso y, con sólo diez años de edad, perdí a mis padres; cuando mi padre murió, mi madre también murió de dolor.

Detalle de Santa Olimpia, egumena mártir de Karyes, en un icono ortodoxo americano obra del iconógrafo Dmitry Shkolnik.

Detalle de Santa Olimpia, egumena mártir de Karyes, en un icono ortodoxo americano obra del iconógrafo Dmitry Shkolnik.

Después, cuando tuve diecinueve años, me vine al monasterio de Karyes (el actual monasterio de San Rafael), que era un monasterio femenino, donde estaba como abadesa mi tía Dorotea y profesé como monja. Al morir mi tía, tenía yo veinticinco años y me eligieron como nueva egumena (abadesa).

El 11 de mayo de 1235 llegaron al monasterio unos piratas que eran unos bandidos. Allí estábamos entonces treinta monjas. Los piratas intentaron abusar de nosotras, pero las monjas más jóvenes huyeron a las montañas. Yo, como era la abadesa, me quedé con la hermana Eufrosina, que era muy anciana y no podía andar. A Eufrosina la torturaron y la colgaron de unos árboles y luego la quemaron; yo olía su carne quemada.

A mí me quemaron el cuerpo con unas velas y después me atravesaron la cabeza con una barra de hierro, desde una oreja hasta la otra. Me clavaron con veinte clavos en una tabla y se fueron. Yo no podía soportar tanto sufrimiento y entregué mi espíritu al Señor; era el 11 de mayo del año 1235”.

Pafliotis le expresó una duda cuando ella concluyó su relato, pues creía que le había dicho que el año de su martirio era el 1435. Pero Olimpia le tomó los dedos de una mano y le dijo: “Uno y dos; no tres y cuatro”. El año era, claramente, 1235.

En 1962 Kostas Kanellos soñó que se encontraba en Karyes y que, como en la iglesia no sonaban los cantos, se fue a rezar a las ruinas de una antigua iglesia. A su derecha vio a una monja acostada, con los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho. Él se arrodilló y trató de levantarla, pero la religiosa abrió inmediatamente los ojos, lo miró sonriendo, se levantó y le dijo: “¿Qué quieres, Kostas? ¿Qué puedo hacer por ti?” Kostas le dijo que no quería nada y que sólo quería que ella le mostrara una imagen de una Virgen. La monja, señalando un punto a la derecha del ábside, le dijo: “Ahí puedes cavar y encontrarla”.

Él contó el sueño, pero se encontró con un dilema; si excavaba en ese punto, echaría a perder el piso de la Iglesia antigua. Pero con el tiempo tuvo noticia de que la iglesia iba a reconstruirse y decidió excavar allí. A finales de agosto de 1962 se hicieron las excavaciones y a una profundidad mucho mayor de donde se habían encontrado las tumbas de los Santos mártires Rafael, Nicolás e Irene en el año 1959, se encontró un sepulcro nuevo.

Recién abierto, se sorprendieron horrorizados: entre los huesos había tres grandes clavos de cabeza grande oxidados y unos treinta clavos más. El cráneo estaba sucio y lleno de hojas secas; y al intentar limpiarlo, comprobaron horrorizados que tenía clavados dos clavos viejos, uno en cada oído, más otro en la mandíbula inferior. Esa misma noche, Anthoula Alaterou vio en sueños que estaba en la iglesia de Karyes y que unas monjas estaban cantándole a la Virgen María. Al despertarse, ayudó respetuosamente en la limpieza de las reliquias y de los clavos o uñas de hierro, utilizando agua bendita. De repente se presentó un clérigo y ellos se dijeron unos a otros: “¡Ése es San Rafael!”. El monje les dijo que los restos encontrados eran de la abadesa Olimpia y que los clavos eran aquellos con los que había sido martirizada.

Vista de las reliquias de Santa Olimpia, egumena mártir de Karyes.

Vista de las reliquias de Santa Olimpia, egumena mártir de Karyes.

Esa misma noche soñó de nuevo con la monja mártir y vio que era de estatura media, pero que tenía el rostro pálido y estaba llorando, diciendo: “Ésos son mis huesos; si supieras la masacre que hicieron y el sufrimiento al que fuimos sometidas, se te partiría el corazón”.

Myrsini Dourgkouna vio en sueños a la Virgen María junto a la olla grande de barro en la que había sido quemada viva la niña Santa Irene; y también escuchó que la Virgen le dijo: “No tengas duda de que la tumba de los clavos y uñas de hierro es de Olimpia. Cuando los piratas la torturaron, la clavaron en una de las hojas de una puerta del monasterio y cuando la enterraron los cristianos, la desclavaron de la tabla; pero dejaron los clavos y por eso están mezclados con los huesos”.

Conclusiones
No es mi intención aquí el ponderar qué tienen de auténtico estas apariciones y revelaciones; lo único que diré es que, al igual que ocurre en el caso de los mártires de Ntaou Penteli y Thermi, coinciden con los hallazgos arqueológicos y que la Iglesia Ortodoxa las considera válidas.

Por lo que parece, en el año 1235 los turcos destruyeron y quemaron este monasterio situado en la isla de Creta, cuya abadesa era Olimpia, monja de gran virtud y santidad. Según reveló ella, era originaria de Estambul y su padre había sido un sacerdote que vivía en el Peloponeso y que tuvo cuatro hijos, uno de los cuales también fue archimandrita. Asimismo, una hermana del padre, llamada Dorotea, fue abadesa del monasterio de Karyes en Mitilene. Olimpia nació poco después de morir su padre y con sólo unos diez años de edad murió también su madre. Entonces marchó a Mitilene, donde estaba como abadesa su tía Dorotea. Con diecinueve años de edad profesó como monja en el monasterio de su tía y cuando murió ésta, fue elegida abadesa: tenía veinticinco años de edad y en el monasterio estaban unas treinta monjas.

Pero el 11 de mayo de 1235 unos piratas turcos asaltaron el monasterio con la intención de violar a las monjas; algunas pudieron escapar a las montañas, pero por desgracia, otras no pudieron y al resistirse a ser violadas, fueron masacradas por los turcos.

Vista de las reliquias de Santa Eufrosina, religiosa mártir de Karyes. Se aprecia la rubefacción de los huesos, lo que confirma la muerte por fuego.

Vista de las reliquias de Santa Eufrosina, religiosa mártir de Karyes. Se aprecia la rubefacción de los huesos, lo que confirma la muerte por fuego.

Una monja muy anciana, llamada Eufrosina, como no podía caminar y huir, fue colgada en un árbol y quemada viva. Como Olimpia no estaba dispuesta a dejar el monasterio, abandonando a las monjas que no pudieron huir, fue también martirizada. Ya hemos visto el relato de sus tormentos: con velas encendidas quemaron su cuerpo, le traspasaron la cabeza de una oreja a otra con una barra de hierro y posteriormente la clavaron en el dintel de la puerta del monasterio y le clavaron en el cuerpo veinte uñas de hierro.

Posteriormente, quemaron el monasterio y la iglesia, quedando todo destruido totalmente, aunque ciento cincuenta años después fue reconstruido y se convirtió en monasterio masculino. Los restos de la Santa fueron recogidos y enterrados hasta su descubrimiento en 1962, donde se siguen conservando y se veneran.

Aunque sólo se especifica el martirio de Olimpia y el de Eufrosina; es de suponer que alguna compañera más debió padecer el martirio, aunque no parece claro, como tampoco qué ocurrió con las supervivientes que lograron escapar.

Meldelen

Enlace consultado (18/06/2013):
http://www.agios-rafael.org/apokalipsi-13f.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es