Santa Oliva (Olivia), mártir de Palermo

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Imagen de la Santa venerada en su parroquia de Palermo, Italia.

Imagen de la Santa venerada en su parroquia de Palermo, Italia.

La mártir a quien haremos referencia hoy, de curioso nombre, es una de las llamadas Santas Protectoras de Palermo, muy veneradas en esta ciudad y en Sicilia en general -en compañía de las también mártires Águeda, Lucía, Cristina, Ninfa y la virgen ermitaña Rosalía– y también en otras zonas, pero de la que hay que desbrozar la florida leyenda de la escasa realidad, como suele suceder en tantos casos.

En las fuentes antiguas, tanto latinas como griegas, es una perfecta desconocida, pues ninguna de ellas la menciona, debido quizá, a que la leyenda la sitúa en el siglo X, ya en la temprana Edad Media. La primera vez que se hace mención de ella es en el Breviario galo-siculo, que es del tiempo de la conquista normanda de Sicilia. Pero como siempre, su biografía está tan llena de noticias falsas que no permiten ni darle una personalidad precisa ni de concretar cronológicamente su existencia, aunque sin embargo, nadie duda de su existencia histórica.

Esclava, predicadora y mártir
Su Vita más antigua aparece en un leccionario del siglo XV. Se trata de un relato fantasioso, sin ningún elemento positivo. Según esta insulsa narración, Oliva (u Olivia) fue una niña noble, nacida en el año 906 en la siciliana ciudad de Palermo, que a los 13 años fue raptada por los sarracenos en el contexto de la invasión por los mismos de la isla. Fue de inmediato deportada a Túnez y vendida como esclava a causa de su floreciente belleza. Otras versiones, sin embargo, sitúan el relato en la Antigüedad pagana y dicen que fue exiliada a Túnez por ser cristiana, por orden del prefecto de Palermo. Sea como fuere, llegó a Túnez y allí empezó a predicar y a convertir personas al cristianismo; llegando incluso a efectuar, en el nombre de Cristo, curaciones milagrosas, pues se dice que devolvió la vista a dos ciegos.

Las predicaciones y portentos de la pequeña disgustaron profundamente a sus amos musulmanes, quienes, queriendo librarse de ella, la abandonaron en el desierto con la esperanza de que muriera de sed o la devoraran las bestias salvajes. Pero esto no sucedió, sino que Oliva, completamente ilesa, convivía inocuamente con leones, serpientes y dragones (!!!) sin que ninguna de estas alimañas la agredieran en absoluto, en cambio, la respetaban y la reverenciaban (!!).

Sin embargo, cierto día fue hallada por algunos cazadores de una tribu nómada, que la recogieron y tomaron como esclava. Intentaron abusar sexualmente de ella, pero Oliva debía tener gran capacidad de persuasión y mucha inspiración, ya que no sólo evitó que la mancillasen, sino que a ellos también los convirtió a la fe cristiana, bautizándolos ella misma. Tenía ella entonces ya 20 años de edad.

La Santa en la cárcel, alimentada con pan y vino por ángeles. Pintura de Gaspare Serenario en la Capilla de la Santa. Iglesia de San Francisco de Paula, Palermo (Italia).

La Santa en la cárcel, alimentada con pan y vino por ángeles. Pintura de Gaspare Serenario en la Capilla de la Santa. Iglesia de San Francisco de Paula, Palermo (Italia).

Exasperados por la influencia de la muchacha, que ellos juzgaban nefasta, las autoridades musulmanas ordenaron su detención. Intentaron hacerla apostatar de su religión y que se convirtiese al Islam, lo que no lograron, por lo que la metieron en la cárcel y le aplicaron tortura: fue flagelada, descoyuntada en el potro, descarnada con peines de hierro y finalmente sumergida en un caldero de aceite hirviendo. Al ver que el líquido mortal no la dañaba, la sacaron de allí y la decapitaron. En el momento de morir, una paloma, simbolizando su alma, surgió de su boca y se elevó hacia el cielo [1], recogida por ángeles que se la llevaron hacia las alturas. Su cuerpo fue recuperado por unos conversos cristianos, llevado a Palermo y enterrado en un cementerio extramuros.

Reliquias y culto
Aunque todos estos cuentos de camino han sido estudiados y refutados por los hagiógrafos sicilianos; sin embargo, durante muchos años se estuvo discutiendo acerca del lugar de nacimiento, época y demás detalles sobre la vida de la mártir, a fin de poder “concretar” algo sobre la Santa, ya que realmente era muy venerada y muy querida por el pueblo. Algunos hagiógrafos han sugerido la posibilidad de retrasar el martirio de la Santa al siglo V (concretamente, año 454) o VI en lugar del X, en tiempos de la invasión de Sicilia por parte de los vándalos liderados por Genserico, y no de los sarracenos. Por lo que quienes la habrían raptado y vendido como esclava en Túnez serían los vándalos, no los sarracenos.

Martirio de la Santa. Lienzo en la catedral de Palermo, Italia.

Martirio de la Santa. Lienzo en la catedral de Palermo, Italia.

Pero ello casa difícilmente con los datos aportados por la passio y por las evidencias documentales, que no la mencionan hasta una etapa muy tardía. Otros, sin embargo, establecen que hay las mismas probabilidades de que fuese en tiempos de los vándalos, que de los sarracenos, porque los datos disponibles son muy imprecisos: lo fundamental es que fue una jovencita cristiana que fue raptada, vendida como esclava y que, para salvaguardar su virginidad y su fe, se enfrentó a los tormentos y murió confesando a Jesucristo [2]. No vale la pena concretar más estas diatribas porque, realmente, no se ha llegado a ninguna conclusión satisfactoria, pero su existencia nadie la pone en duda, aunque no se sepa nada concreto de ella.

Aunque este relato que hemos narrado es del siglo XV, como decíamos, ya en el año 1310 había una iglesia en Palermo que estaba dedicada a ella, pero en aquella época se estaba convencido de que su cuerpo se encontraba en Túnez, y en el año 1402 el rey Martín de Aragón, ni corto ni perezoso, se lo solicitó al califa Abû Fâris Azir.

En 1470, Anselmo Adorne decía que en Túnez se creía que el cuerpo estaba sepultado en una pequeña mezquita, cercana a la Gran Mezquita de Túnez capital y que era llamada “mezquita de los olivos” o “mezquita de Oliva” (en árabe, Jāmiʿ al-zaytūna, de donde deriva nuestra palabra para el fruto del olivo: la aceituna). Esto dio lugar a una curiosa creencia que se hizo popular entre los devotos de la Santa: que la mártir era venerada tanto en la Palermo cristiana como en la Túnez musulmana, siendo celebrada el 10 de junio tanto por cristianos como por musulmanes. Incluso se dice que los tunecinos tenían un dicho popular que decía: “Desdichado el que hable mal de la mártir Santa Oliva, porque Alá con toda seguridad lo castigará”.

Este bonito relato de acercamiento entre dos religiones históricamente enfrentadas no sería cierto según unos escritores árabes del siglo XIII, quienes afirman que el nombre de la mezquita se debía a que estaba cercada de olivos o que en su patio tenía un gran olivo; y que su nombre no podía derivarse de alguna antigua iglesia existente en el lugar y dedicada a la Santa, construida como su tumba, como popularmente se creía. Sin embargo, hay quienes dudan de estas teorías, ya que el culto a Santa Oliva en Sicilia proviene de Túnez. Pero conociéndose las estrechas relaciones y las vicisitudes históricas en el transcurso del tiempo entre estas dos regiones, esta hipótesis parece menos absurda cuando se quiere explicar el origen, la historia y las incertidumbres de la mismísima passio.

Relicario del siglo XV con el cráneo de la Santa. Iglesia de Nuestra Señora de Tongeren, Bélgica.

Relicario del siglo XV con el cráneo de la Santa. Iglesia de Nuestra Señora de Tongeren, Bélgica.

Sea cual sea la verdad sobre la existencia histórica de Santa Oliva, lo que sí es cierto es que su culto en Palermo se difundió a otras muchas ciudades sicilianas, como Monte San Giuliano, Termini Imerese, Alcamo, Pettineo, etc. También se la venera en alguna ciudad española, como Olesa de Montserrat en Cataluña, que la tiene por patrona. Su fiesta se celebra, como ya he dicho, el día 10 de junio.

El mismo proceso de relegación y olvido ha ido sufriendo la Santa en su misma ciudad de Palermo, siendo eclipsada especialmente por el culto a Santa Rosalía. Es muy importante no confundirla con otra Santa llamada Olivia, que es una virgen eremita de Anagni.

La Santa aparece en la iconografía como una joven mártir -no una niña, sino una muchacha ya, siguiendo la passio que le atribuye 20 años de edad en el momento de su muerte- portando la palma del martirio y una rama de olivo en su mano, en alusión a su nombre, o incluso un puñado de aceitunas (olivas). También es frecuente verla acompañada de un caldero ardiendo o de una fogata, aludiendo al tormento sufrido por su fe cristiana; o incluso, con una cabeza de sarraceno a los pies, aludiendo a su triunfo sobre sus perseguidores.

Meldelen

Bibliografía:
– DI MATTEO, Salvo, La vita avventurosa e il martirio di Oliva Vergine siciliana uccisa a Tunisi, en el Giornale di Sicilia, 12 de enero de 1988.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Cità Nuova, Roma.

Enlaces consultados (08/07/2013):
http://www.palermoweb.com/panormus/curiosita/santoliva.htm
http://www.santaoliva.diocesipa.it


[1] Este mismo detalle del alma, en forma de paloma, saliendo de la boca de la mártir moribunda se encuentra narrado de forma idéntica en el caso de Santa Eulalia, Santa Devota y Santa Reparata.
[2] Esto ocurre también en el caso de Santa Máxima, que fue esclavizada y martirizada bajo la opresión de los vándalos, o Santa Julia de Córcega, de la que se decía lo mismo, aunque parece ser que se trate de una mártir africana de la Antigüedad.

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