Santa Orícera, mártir de las catacumbas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la figura de cera que contiene las reliquias de la mártir. Iglesia del Convento del Carmen, Santiago de Compostela, España. Fotografía: Francisco Pena Rodríguez.

Vista de la figura de cera que contiene las reliquias de la mártir. Iglesia del Convento del Carmen, Santiago de Compostela, España. Fotografía: Francisco Pena Rodríguez.

Hacía tiempo que no escribía sobre un cuerpo santo de las catacumbas y recientemente, gracias a la inestimable colaboración de un amigo gallego, he tomado la decisión de escribir este breve comentario sobre una mártir de las catacumbas que se venera en el convento del Carmen de Santiago de Compostela, España.

Sabemos que en este país la relación de cuerpos santos es relativamente escasa en comparación con otros lugares del mundo como Italia, Alemania o México, precisamente por haber pasado por la experiencia de la Guerra Civil Española (1936-1939) donde muchos objetos y obras de arte pertenecientes al patrimonio sacro fueron destruidas, perdidas o deterioradas, por las razones que todos conocemos y que ya hemos tratado anteriormente. Por eso considero que es muy importante dar a conocer los pocos ejemplos que nos quedan; no sólo porque es crucial entender lo que este tipo de reliquias son -restos humanos extraídos de las catacumbas romanas y a los que se les atribuye la cualidad de mártires cristianos en base a unos criterios básicos relacionados con su epitafio o vas sanguinis-; sino también porque, además de tener un valor sagrado pues son presuntas reliquias de mártires, lo tienen patrimonial al ser restos del pasado, de gran valor histórico e incluso artístico por el entorno en que se conservan.

Santa Orícera es una de esas extrañas excepciones que han llegado a nuestros días -lógicamente, por ser venerada en tierras gallegas, que fueron un tradicional fortín del mal llamado bando “nacional”- y por tanto, no sufrió los avatares de la destrucción bélica.

Antes de entrar en materia, quiero dar las gracias a la comunidad de Carmelitas Descalzas de Santiago de Compostela por darme permiso para publicar las fotos y la breve documentación sobre este cuerpo santo de las catacumbas; a mi querido amigo Francisco Pena Rodríguez, por facilitarme las fotos, el archivo y los permisos; y también recordar con cariño a otro amigo desaparecido, Adolfo Blanco Alcalde –vivat in Domino– y quien fue el primero en hablarme de Santa Orícera.

Inscripción en una de las puertas que cierran su relicario. Iglesia del convento del Carmen, Santiago de Compostela, España.

Inscripción en una de las puertas que cierran su relicario. Iglesia del convento del Carmen, Santiago de Compostela, España.

Detalles sobre la llegada del cuerpo
La información que he recibido sobre cómo este cuerpo santo llegó a su actual emplazamiento se obtienen del libro de Becerro sobre la comunidad de carmelitas descalzas de Santiago de Compostela. En él se relata de esta manera cómo llegó Santa Orícera al mencionado convento del Carmen:

“(…) Quedamos con la santa envidia que san Campio no fuera para nosotras y se metiese en una aldea una cosa tan grande, que en nuestra iglesia tendría más veneración por ser ciudad; y determinó la prelada escribir al eminentísimo señor cardenal Celada, diciéndole todo esto para que nos hiciera el favor de concedérnoslo a la comunidad. Respondió él una carta de un pliego toda de su puño, y muy afectiva y respetuosa; entre otras cosas dice que le había avisado su amigo el señor penitenciario que el santo cuerpo estaba depositado en este convento, que se había alegrado mucho porque era muy afecto a la orden y amaba mucho a las descalzas; que tenía en aquella santa ciudad un convento de su filiación en donde se había de enterrar, que a todas las hijas de la santa Madre (santa Teresa) las quería mucho; que dejasen ir a san Campio a su destino, que ya tenía buscada para nosotras una santa virgen, que era más propia, que había padecido martirio en tiempo de Nerón, de edad de 15 años. Que se halló con nombre propio. Que se llamaba santa Orícera. Que en griego se interpretaba “alegría de los montes”. Se complacía fuese venerada en un convento de las hijas del Monte Carmelo, y al año siguiente llegó a las puertas del convento sin haber costado una blanca.

Pasaba, al tiempo, el señor cardenal Acuña, quién pidió con muchas instancias le permitiesen que con un padre del hospicio le entraran en hombros en la clausura, de lo que tuvo mucho consuelo, y la comunidad se alegró, que era gran bienhechor.

Detalle de la figura que contiene las reliquias. Iglesia del convento del Carmen, Santiago de Compostela (España). Fotografía: Adolfo Blanco Alcalde.

Detalle de la figura que contiene las reliquias. Iglesia del convento del Carmen, Santiago de Compostela (España). Fotografía: Adolfo Blanco Alcalde.

La depositaron en el ante-coro, como a san Campio. Bajó la comunidad y nos hallamos con una santa muy bonita, de la estatura de los 15 años; la cara y cuello, manos y pies formados de toquilla, con colapiszis, perfectamente. Un pelo muy rojo, con su corona de flores, una túnica de tela de oro y otra encima de gasa de plata. Un manto azul, con su palma en la mano, y un vaso al lado con un poco de sangre. Quedamos llenas de contento con tal reliquia, y el 27 de julio de 1796, a las tres de la tarde, entraron los señores gobernadores del arzobispado, en sede vacante como estaba, acompañados de los más del cabildo, inquisidores, señores de título y caballeros de los de la primera clase del reino que habían venido a las funciones del santo Apóstol, médicos y cirujanos; había el mismo aparato que para san Campio.

Llegados que fueron, se sacó la urna de pórfido del cajón y se colocó en un aparador o mesa que estaba en medio del coro. Se pasó a reconocimiento y se halló lo mismo que decía la auténtica que traía al lado. Nada se le quitó. Quedó como vino. Sólo traía una bolsita de con unos huesecitos pequeños que se los mandaba el señor cardenal Zelada al señor penitenciario.

Acabado que fue el reconocimiento, se iluminó el coro, tocaron las campanas, se cantó un Te Deum muy solemne, se abrió la reja del coro para que estuviese a la veneración pública el santo cuerpo. El concurso de la gente fue muy grande.

Acabado todo se despidieron los señores, dejando entre todos más de dos mil reales a la comunidad. Permaneció la santa en medio del coro en un altar portátil, hasta que se le hizo el retablo de la iglesia enfrente del coro.”

Visión en conjunto del nicho relicario de la Santa mártir. Iglesia del Convento del Carmen, Santiago de Compostela (España). Fotografía: Francisco Pena Rodríguez.

Visión en conjunto del nicho relicario de la Santa mártir. Iglesia del Convento del Carmen, Santiago de Compostela (España). Fotografía: Francisco Pena Rodríguez.

Interpretación
Como se ve, he destacado en negrita las frases que, en mi modesta opinión, he considerado más interesantes. Por el estilo se deduce que el texto es antiguo, por lo que hay ciertos detalles que no estaría de más matizar.

En primer lugar, comentar que estamos ante un cuerpo santo de las catacumbas romanas -aunque no se menciona de cuáles fue extraído- que es nominis propris, o sea, que tiene nombre propio, o lo que es lo mismo, que Oricerae -Orícera- es el auténtico nombre de esta difunta, seguramente porque estaba grabado en su lápida, de la cual, sin embargo, no leemos nada. Ya es valioso e interesante conservar unas reliquias que tienen nombre propio, porque ya hemos visto que, en muchos casos, éste se ha perdido o se ignora, por lo que se le inventa uno de las formas más diversas y arbitrarias -por ejemplo, ponerle el nombre del Papa de turno-. Curiosa la mención del significado del nombre, que es griego (“alegría de los montes”), lo que prueba, nuevamente, su autenticidad. Recordemos que en las catacumbas era muy habitual encontrar tanto nombres latinos como griegos y que en la mayoría de los casos en que han llegado hasta nosotros, son bastante raros a nuestros oídos, pues eran nombres comunes, al uso de la época, no los bellos seudónimos alusivos a virtudes cristianas a los que estamos tan malacostumbrados.

En segundo lugar, Santa Orícera tiene vas sanguinis, por lo que a diferencia de otros cuerpos, y suponiendo que, en efecto, ese vaso contiene sangre y no alguna otra sustancia como huesos pulverizados o ungüento, estaríamos ante una mártir auténtica, es decir, una persona que ha muerto violentamente y por causas que tenían un valor sagrado para quienes recogieron su sangre con tantísimo cuidado, algo que no se explicaría en otras circunstancias.

En tercer lugar, que las reliquias parecían venir ya dentro de la figura de cera vestida y arreglada, lo que nos puede hacer pensar que no venía directamente extraída del loculus en la catacumba romana, sino que había pasado antes por un proceso de adecentamiento dentro de esta figura. Normalmente se extraen los huesos del nicho y se colocan en cajas selladas que se envían desde Roma a su lugar de veneración, lo de colocarlas en figuras de cera -o no- es algo que suele llegar después. Curiosa también la mención a la “bolsita con unos huesecitos pequeños” y a que no se tocó nada de la figura. ¿Estamos ante una extracción parcial de las reliquias? ¿O ésa era la totalidad y la figura era como un “complemento aparte”? No sería el primer caso en que esto sucede, pero de todos modos, esto es sólo especulación.

En cuarto lugar, las reliquias de Santa Orícera tienen una authenticae adjunta, por lo que no cabe dudar de su autenticidad respecto a su origen.

Vista del altar o nicho cerrado, en su estado habitual. Iglesia del convento del Carmen, Santiago de Compostela, Epsaña. Fotografía: Francisco Pena Rodríguez.

Vista del altar o nicho cerrado, en su estado habitual. Iglesia del convento del Carmen, Santiago de Compostela, Epsaña. Fotografía: Francisco Pena Rodríguez.

Y dejo para el final lo que sí que parece más que cuestionable, sin pretender criticar a la fuente: la mención a que la mártir tenía 15 años y que murió en tiempos de Nerón. Lo primero es indemostrable salvo en dos excepciones, siendo la primera que se analice su esqueleto para determinar aproximadamente su edad, y siendo la segunda, que la misma lápida lo mencione (pero nuevamente, no se menciona lápida alguna en el texto).

Lo segundo, en cambio, es dudoso además de indemostrable. En la época de Nerón todavía no se había iniciado el masivo enterramiento de cristianos en las catacumbas romanas, que es posterior. Como mucho, lo que hoy conocemos como la necrópolis vaticana, donde fue sepultado San Pedro. A menos que Santa Orícera hubiese sido extraída de allí (y es poco probable), parece muy gratuito suponer que los restos daten del siglo I. Es mucho más probable que sean de los siglos II-V, que es la época de auge de las catacumbas. Pero nuevamente, a falta de más datos, es todo especulación.

preguntasantoral_anticopia_articulo20160403

Conclusión
Naturalmente, me falta mucha información para poder ofrecer un artículo más completo, documentado y detallado sobre este cuerpo santo venerado en Compostela, pero por de pronto es útil dar a conocer su existencia y sobre todo, es interesante ver que tiene detalles que le confieren un gran valor: su procedencia, probada por la auténtica adjunta, su naturaleza de mártir, probada por el vaso de sangre, y su auténtico nombre, Orícera, que nos ha llegado hasta hoy.

Quedaría pendiente saber si se ha conservado la lápida y cuál es su inscripción, ver una imagen de la auténtica y analizar su contenido para documentar de qué catacumba procede, y sobre todo, el pertinente estudio de las reliquias que, aunque ya fueron reconocidas, faltaría saber su estado actual.

La urna de la mártir se encuentra en el armario de reliquias del altar frente al coro del convento. Habitualmente, este armario está cerrado, por lo que la Santa no es visible. Sin embargo, es importante saber que las reliquias pueden venerarse el día 1 de noviembre (por la festividad de Todos los Santos) y el 14 de noviembre (festividad de los Santos Carmelitas). De todos modos, cualquier peregrino o visitante que desee contemplarla, puede solicitar permiso a las carmelitas y se le mostrará la urna.

Espero que este artículo haya sido útil para dar a conocer esta reliquia y ampliar un poco más nuestros conocimientos sobre los mártires de las catacumbas, de los cuales nunca se escribe ni se sabe lo suficiente.

Meldelen

Fuente:
– Archivo Conventual Carmelitas Descalzas de Santiago. Libro de Becerro T. 58-61.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es