Santa Pelagia de Jerusalén, penitente

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Lo que sabemos sobre Santa Pelagia, virgen penitente de Jerusalén, lo conocemos por San Juan Crisóstomo a través de la homilía LXVII de su “Comentario al evangelio de San Mateo, en la que cuenta la historia de una célebre comediante, que después de su conversión, deslumbró a todos pues era la primera que, no estando sometida a ninguna regla monástica, llevaba una vida piadosa y ascética.

Era San Juan todavía un joven cuando ella vino desde Antioquía – que era una de las ciudades más disolutas de Oriente -, habiendo llegado su fama a la región de Cilicia y Capadocia. Había arruinado a tantas familias, deshonrado a tantos jóvenes y estafado a tantas personas, que se decía de ella que, mediante la magia, había sido capaz de seducir al mismísimo hermano del emperador. O sea, era una mujer célebre por su mala vida y malas artes. Pero de repente, tocada por la gracia, se había convertido y le había dado un giro radical a su vida. Había llevado una vida penitente, se había purificado de su pasada vida licenciosa, superando desde ese momento, aun en la práctica de la castidad, a cualquier persona que hubiera sido virgen desde su infancia. Después de recibir el bautismo y de ser admitida al resto de los sacramentos, vivió una vida de gran austeridad, encerrándose voluntariamente en una especie de cárcel en la que nadie podía verla, muriendo después de haber llevado esa vida penitente durante muchos años.

Aunque habla de ella, San Juan Crisóstomo no nos dice cual era su nombre y nada nos permite pensar que, después de su muerte, esta penitente anónima recibiese oficialmente culto alguno. Sin embargo, su espectacular conversión no cayó en el olvido y un autor desconocido – del que solo sabemos que se llamaba Santiago y que era diácono de la iglesia de Heliópolis – encontró en ella suficiente material para escribir una novela (romance) piadosa, que se difundió rápidamente bajo el título de “La penitencia de Pelagia”. Y digo novela-romance piadosa, porque el tal Santiago empieza así su obra: “Siempre deberíamos dar gracias a Dios. ¿Quién no desea que antes de su muerte, todo pecador regrese a la vida mediante el arrepentimiento? Por eso yo, Santiago pecador, os escribo a vosotros, mis hermanos y hermanas santos, sobre algo maravilloso que ha ocurrido en nuestros días, para que la lectura de este escrito os edifique…”. A través de este romance, la fama de esta mujer, a la que él llama Pelagia, se extendió hasta Cilicia e incluso en la corte de la familia imperial. El tal Santiago, en esta obra, mezcló algunos episodios de la vida de Santa Pelagia de Tarso, con otros atribuidos a esta Pelagia de Jerusalén. Atribuyó la conversión de esta comediante a su obispo, llamado Nonno, que había venido desde Antioquia para participar en un Sínodo, celebrado en la iglesia de San Julián en Jerusalén. El fue quién la bautizó y la admitió a los sacramentos de la Iglesia.

San Nonno convierte a Santa Pelagia. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

San Nonno convierte a Santa Pelagia. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Santiago sigue diciendo: “He aquí que estando hablando mi obispo, pasó por delante de la puerta de la iglesia una incrédula mujer, que era la prostituta más famosa de toda Antioquia. Era muy arrogante y estaba adornada con ropas muy lujosas y costosas, estando acompañada por una multitud de jóvenes y de doncellas espléndidamente vestidas. Era tal la belleza de su rostro, que los hombres no se cansaban de mirarla. Al pasar junto a nosotros, el aire quedó cargado de fragancia y al ver que su cabeza y hombros iban descubiertos, los obispos agacharon la cabeza para no mirarla, apartando sus rostros de un gran pecado. Pero el bendito Nonno, mi obispo, la miró larga y fijamente hasta que ella se perdió de vista…. Después de los santos oficios en la catedral, el bendito Nonno se puso a instruir a la gente inspirado por el Espíritu Santo. Habló del temor de Dios y de la recompensa que Dios otorga a los justos y entonces sucedió que la prostituta – que nunca había entrado en una iglesia ni tenía conciencia de sus pecados – entró en la iglesia y se puso a escuchar a mi obispo y, mientras lo escuchaba, el temor de Dios vino sobre ella haciéndole comprender cuan grandes eran sus pecados. Ella se desesperó y un torrente de lágrimas brotó de sus ojos, mientras el corazón se le rompía de dolor….” No continúo escribiendo este texto porque podéis encontrarlo aquí, pero si quiero reseñar un curioso dato: una diaconisa llamada Romana fue su madrina de bautismo.

Según este texto de Santiago, la neoconversa se retiró a un lugar solitario en el Monte de los Olivos de Jerusalén, a fin de llevar una vida de penitencia, y para camuflarse y no llamar la atención, se habría vestido como un hombre, asumiendo el nombre de Pelagio (Pelayo). ¡Ya tenemos otra vez otro caso de travestismo sacro! Otro caso de una mujer, que se viste de monje a fin de llevar una vida monacal, con o sin regla. Recordemos el caso de Santa Marina-Marino, del que hemos tratado en este blog. Y, como no podía ser de otro modo, su verdadero sexo se descubrió después de su muerte.

Pelagia se desprende de sus joyas y adornos. Detalle de la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

Pelagia se desprende de sus joyas y adornos. Detalle de la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

El hagiógrafo Delehaye dice que “es muy difícil decidir si el tal Santiago, en un principio se propuso escribir una novela edificante, en la que el rol principal era soportado por Pelagia o si, habiendo conseguido posteriormente algunos otros datos, intentó componer una leyenda para la santa mártir venerada en Antioquia. Existe otros interesantes ejemplos de santos venerados a nivel meramente local, cuyas leyendas han surgido rápidamente bajo la acción de otra obra legendaria anterior, por lo que muchas veces los hagiógrafos no retrocedemos ante esta especie de metamorfosis que nos llevaría a personajes casi irreconocibles”. Esto fue tan claro para el bolandista Delehaye, que no tardó en establecer una única identidad entre esta Pelagia penitente y la Pelagia mártir de Antioquia. El hecho de que la primera de ella era conmemorada por los sinaxarios bizantinos el mismo día que la segunda y aun que una tercera supuesta Pelagia mártir de Tarso, fue para él una prueba más que suficiente. La conmemoración de tres Pelagias distintas en un mismo día, era más que sospechoso y presuponía el trabajo de algunos personajes sin escrúpulos a la hora de confeccionar vidas de santos.

Efectivamente, los sinaxarios bizantinos, basándose únicamente en este romance de Santiago, conmemoran a la Pelagia de Jerusalén el día 8 de octubre, mientras que el Menologio de Simeón Metafraste, conmemora a la otra en el mismo día. El cardenal Baronio, que ignoró a las otras dos – la de Antioquia y la de Tarso – la inscribió el mismo día en el Martirologio Romano, llamándola únicamente penitente: “Ierosolymis sanctae Pelagiae cognomento poenitentis”. La fuente en la que se basó Baronio, más que los sinaxarios bizantinos, fue el Martirologio de Usuardo, el cual, el mismo día, al nombre de Pelagia encontrado en el Martirologio Jeronimiano, le añadió lo que antes había hecho con Santa María Egipcíaca el 2 de abril, o sea, la expresión: “quae peccatrix appellatur”, diciendo expresamente que su intención era venerar a la Pelagia de la que había escrito el tal Santiago, cuya obra conocía en su traducción latina.

El Sinaxario Alejandrino de Miguel, obispo de Atrib y Malig, el día 11 del mes Babah (8 de octubre), ignorando a las dos Pelagias mártires, habla de esta diciendo que quién había logrado su conversión era un obispo llamado Pablo. Según esta versión Pablo llegó a Jerusalén con el obispo Alejandro, quién la envió a un monasterio situado fuera de la ciudad, donde ella murió después de vivir penitentemente durante cuarenta años.

"Pelagia la penitente", la Santa llorando sus pecados. Grabado barroco francés.

“Pelagia la penitente”, la Santa llorando sus pecados. Grabado barroco francés.

El Pseudo-Antonino de Piacenza dice que, en el Monte de los Olivos existía una gruta o celda que pretendía contener su cuerpo. Con respecto a este tema de la tumba quiero decir que junto a la capilla de la Ascensión en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, está la denominada “casa de Pelagia”. En ella existe un sarcófago que fue descubierto en unas excavaciones realizadas en el siglo XIX, por el arqueólogo francés Da Sussey. Según los judíos, esta es la tumba de la profetisa Hulda, que vivió en tiempos del rey Josías en el siglo VII antes de Cristo. Ellos defienden esta tesis basándose en los escritos del rabino Moshe Basulah. Según la tradición musulmana, en esa tumba está sepultado Rava’ad Aludayah, que fue uno de los primeros místicos musulmanes del siglo VII y según la tradición cristiana, esta es la tumba de nuestra Santa Pelagia de Jerusalén; ¿?, por eso en la foto que adjunta el artículo, pongo lo de “presunta tumba”.

En Occidente, durante la Edad Media, la “Leyenda Áurea” del beato Jacobo de Vorágine, de la que tantas veces hemos hablado en este blog, se encargó de divulgar la leyenda de esta pecadora convertida. Para liarla más, en esta versión, el obispo que la convirtió se llamaba Nerón cuya sede estaba en la ciudad egipcia de Damietta, quién se la encontró adornada con muchísimas joyas – por lo que la llamó Margarita – (en latín, “perla” se dice “margarita”), la cual se echó a llorar reconociendo que su amor a Dios era menor que su amor a los hombres. Y para no ser menos, se atrevió a fijar la fecha de su muerte el día 8 de octubre del año 290. Que Jacobo de Vorágine “mezclaba las churras con las merinas”, lo sabemos ya y un dato más que lo demuestra es el hecho de que es el mismo diácono Santiago quién dice en su texto que a Pelagia se la conocía en Antioquia por el nombre de Margarita, cosa que ella misma le dijo al obispo Nonno. O sea, que ni Damietta ciudad, ni Nerón obispo, ni fecha de su muerte cierta, ni… ¡Qué capacidad inventiva tenía este buen hombre!

Presunta tumba de Santa Pelagia en el Monte de los Olivos, Jerusalén (Israel). Fuente: www.allaboutjerusalem.com

Presunta tumba de Santa Pelagia en el Monte de los Olivos, Jerusalén (Israel). Fuente: www.allaboutjerusalem.com

Iconográficamente se la confunde con otras santas pecadoras-penitentes. También se la confunde con Santa Margarita (Marina) de Antioquia, que nada tiene que ver con ella. Se la representa con atributos de su pasado pecaminoso: una máscara de comediante y joyas a sus pies, en señal de desprecio después de su conversión. Algunas veces es representada con un incensario entre sus manos en un intento de confundirla con otra pecadora-penitente (María Magdalena, a quién en Oriente se conoce como “mirrofora” o portadora de mirra).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DA VARAZZE, GIACOMO, “Legenda Aurea”, París, 1911.
– USENER, H., “Leyenda de Santa Pelagia”, Bonn, 1879.
. VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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