Santas Petronila y Felícula, mártires romanas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de la Santa en una vidriera decimonónica en la iglesia de Whepstead, Suffolk (Reino Unido). Fotografía: Simon K.

Hoy, día 31 de mayo, se celebra la fiesta de Santa Petronila. Quienes conozcan a esta Santa, que no serán muchos dada su escasa repercusión en la cristiandad; inmediatamente la asociarán a “virgen” e “hija de San Pedro”, que son los clichés que la tradición nos ha legado respecto a ella. Pero, como viene siendo ya costumbre, la realidad es mucho más complicada: el estudio científico y contrastado de las fuentes arqueológicas y hagiográficas que nos hablan de ella nos revela una verdad muy diferente. Pero como siempre, iremos por partes.

En primer lugar, Santa Petronila no es virgen “a secas”… es una mártir. Algo que no ha trascendido en la iconografía ni en el culto, que la sigue considerando simplemente virgen y muerta de modo natural; salvo excepciones localizadas que comentaré posteriormente. Eso lo han demostrado las fuentes históricas y arqueológicas; ya que, el testimonio más antiguo de su existencia es un fresco paleocristiano, datado en la segunda mitad del siglo IV, que se encuentra en el cubículo derecho del ábside de la basílica subterránea perteneciente al cementerio de Domitila, en la Via Ardeatina romana. En ella, aparece representada una rica difunta llamada Veneranda que es introducida en el Paraíso, a modo de intercesora, por una muchacha joven junto a la cual se lee claramente: PETRONELLA MART(YR). Por lo tanto, este fresco documenta la existencia de una Petronila mártir que ya era conocida y venerada en el siglo IV, tiempo de persecuciones.

Pero, ¿quién era? ¿Cuándo vivió? ¿Cómo murió? ¿Cuál es su sepulcro? Estas preguntas, por desgracia, a día de hoy no tienen respuesta. Sólo se puede afirmar que fue sepultada en la catacumba de Domitila, posiblemente en la basílica, edificada en 390-395 en tiempos del papa Siricio. Esto lo afirman los papiros de Monza, que contienen la relación más antigua de los cementerios romanos; y los famosos Itinerarios. De hecho, a partir del mismo siglo IV este recinto comienza a llamarse Basílica de Santa Petronila, lo que prueba un gran culto a la mártir en aquellos tiempos. Esta basílica fue restaurada por el Papa Juan I (523-526) y en ella consta que San Gregorio Magno hizo un panegírico sobre los Santos Nereo y Aquiles y que Gregorio III (731-741) estableció una statio litúrgica.
En resumen, Santa Petronila es una mártir venerada en las catacumbas de Domitila, donde estuvo su sepulcro y su basílica. Tal es lo que prueban las fuentes arqueológicas. Ahora bien, ¿qué nos dicen las fuentes hagiográficas?

Detalle del fresco paleocristiano donde aparecen la noble Veneranda y la mártir Petronila. Catacumbas de Domitila, Roma (Italia).

Para bien o para mal -yo diría que para mal- la tradición ha tomado su propio camino a la hora de hablar sobre la Santa, inventando una historia de tintes románticos que ha contribuido a desfigurar esta certeza de mártir que se tiene sobre ella. Dichas fuentes literarias han convertido a la Santa en hija de San Pedro y muerta de forma natural, cosa que ha tenido mayor repercusión que las indudables pruebas arqueológicas que demuestran lo contrario; de modo que hasta hoy, Santa Petronila sigue venerándose como virgen no mártir y supuesta hija del santo apóstol. Lo que no era.

¿Qué nos dicen estas fuentes? Se basan principalmente en la passio de los mártires Nereo y Aquiles, compuesta entre los siglos V-VI, y adelanto ya que dicho texto no tiene ningún valor histórico. Dicha historia dice lo siguiente:
Petronila era hija de San Pedro apóstol [1] y desde niña sufría una enfermedad que las fuentes denominan perlesía, esto es, una parálisis acompañada de temblores y fiebres muy intensas, que la mantenían postrada en la cama. Se dice que a Pedro le reprochaban el que hiciera tantos milagros, curando a tanta gente, y a su hija no tuviese corazón para curarla. El apóstol, que era de reconocido mal genio (!!) no tomó nada bien estas insinuaciones, por eso, un día que estaba comiendo con unos discípulos, llamó a gritos a Petronila y le ordenó que les sirviese a la mesa. En el momento la muchacha se levantó, liberada de su parálisis y corrió a servirles. En cuanto los hombres ya tuvieron su ración de comida y bebida, Pedro la mandó de vuelta a la cama y de nuevo la enfermedad se reanudó, volviendo a quedar la chica paralítica en el lecho. Entonces amonestó a los murmuradores diciendo que si no la curaba, era porque Dios no lo quería.[2]

En cualquier caso, Petronila sobrellevó su enfermedad hasta después de la muerte de su padre, momento en que quedó curada. Este largo via crucis que pasó es una especie de metáfora del alma cristiana aspirando a la virtud y a la redención; pues si bien en un principio se mostró reticente al mensaje evangélico y sufrió intensamente su enfermedad, a medida que éste iba calando en su corazón e iba aceptando a Cristo como ser y sentido de su vida, la enfermedad se le iba atenuando hasta desaparecer. Como he dicho, es simplemente una metáfora del alma cristiana que se ve aliviada en sus sufrimientos al aceptar a Dios como su razón de ser.

En este punto entra en presencia una muchacha de nombre Felícula, que es prácticamente desconocida fuera de este ámbito literario de la passio. La tal Felícula era hermana de leche de Petronila -es decir, ambas habían sido amamantadas por la misma nodriza- y por tanto existía una estrecha amistad entre ambas.

Última comunión de la Santa. Lienzo de Simone Pignoni. Museo del Hermitage, San Petersburgo (Rusia).

Por aquellos días, un noble romano llamado Flaco solicitó a Petronila en matrimonio. Ella se quedó turbada y disgustada, porque ya había hecho voto de virginidad a Cristo y no podía entregarse a un hombre. No sabiendo qué decir, pidió que le diese tres días para reflexionarlo, a lo cual respondió Flaco que pasados esos tres días, le mandaría a sus esclavos para que la llevasen a su casa y se convirtiese en su esposa.
Petronila pasó los tres días ayunando, a ratos rezando de rodillas y a ratos llorando en brazos de Felícula, porque no sabía cómo eludir el indeseado matrimonio y poder así conservar su virginidad. Tanto lloró y se disgustó, que le vino una angustia de muerte y entró en agonía. Al ver esto, Felícula se apresuró a llamar a un sacerdote amigo, Nicómedes, que celebró una misa en presencia de la moribunda y le dio la última comunión. Después de esto, Petronila murió y fue enterrada en las catacumbas de Domitila -Via Ardeatina- junto a los mártires Nereo y Aquiles.

Flaco quedó muy decepcionado al saber que la mujer que se había propuesto desposar había fallecido, pero -a rey muerto, rey puesto- no dudó esta vez en reclamar a la propia Felícula como esposa. Ella, quizá más valiente que Petronila, no dudó en confesar abiertamente ante el patricio que era cristiana y que estaba consagrada a Cristo, y que por tanto nunca se casaría con un pagano. Flaco la amenazó con denunciarla a las autoridades si no cedía y se casaba con él, y como no lo hizo, cumplió su amenaza y Felícula fue detenida y encarcelada. Pasó una semana encerrada en prisión, sin agua ni alimento, para hacerla sacrificar; y cuando la vieron bien debilitada, la sacaron y la llevaron al templo de Vesta, para que hiciese las pertinentes ofrendas a la diosa.

Allí la encerraron y le dijeron que no se le daría de comer hasta que sacrificase a Vesta. Y así pasaron otros siete días en los que Felícula siguió padeciendo hambre y sed (!!!); y viendo el juez que antes se moriría de hambre que aceptase sacrificar a la diosa, perdió la paciencia y la entregó a la tortura.
Felícula fue atada a un potro y le descoyuntaron el cuerpo con tanta crueldad que “incluso el tuétano quedó esparcido por el suelo” (Jacobo de la Vorágine dixit); y al final, incapaz de resistir la tortura, Felícula murió en el mismo potro. Su cuerpo roto y destrozado fue arrojado a las cloacas, pero el fiel Nicómedes recuperó el cadáver y le dio sepultura en la Via Ardeatina -sorpresa, también en las catacumbas de Domitila-.

Entierro y apoteosis de la Santa. Óleo de Giovanni Francesco Barbieri "Il Guercino" (1622-23). Capilla de la Santa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Y colorín, colorado… este cuento se ha acabado. Se comprenderá que el relato es inverosímil a más no poder y que cabe “hurgar” en él para desglosar su composición y llegar al por qué una mártir antigua bien documentada se convierte en una fregona emparentada con San Pedro -no en vano el atributo de la Santa es una escoba- que se muere del susto ante la perspectiva de ser casada. Desde que Santas como Afra de Augsburgo y la fiel discípula María Magdalena fueron convertidas en prostitutas nunca se vio despropósito mayor. Pero vamos a analizar dicho despropósito.

Como hemos visto, las fuentes literarias convierten a Santa Petronila, la mártir romana, en una hija de San Pedro muerta naturalmente en tiempos de Domiciano (81-96 d.C). La “culpa” es del autor de la passio de los mártires Nereo y Aquiles, el cual, haciendo gala de una amplia capacidad de enredo, usó ciertos escritos apócrifos y los mezcló con una confusión entre los nombres de Pedro y Petronila; creyendo que el segundo derivaba del primero, cuando en realidad el nombre Petronilla es un diminutivo romano que deriva de Petronius. El hecho de que se sacara a una hija de San Pedro de la manga con esta excusa significa que sólo intentaba darle mayor credibilidad a su passio, sin saber que con el tiempo, lograría justamente lo contrario.

¿Qué escritos apócrifos empleó para montar este berenjenal? Pues las llamadas Actas de San Pedro, datadas en el siglo II, que en efecto hablan de que el Apóstol tenía una hija enferma de parálisis a quien él curó; pero atención, no se dice nombre alguno de esta hija. También se habla de una hija de San Pedro en las Actas -también apócrifas- de San Felipe (principios del s.IV), pero tampoco se dice cómo se llamaba.
Fundándose en estos pobres datos, y sabiendo que en las catacumbas de Domitila, donde estaban enterrados los mártires Nereo y Aquiles, se veneraba a una tal Petronila; se produjo una confusión de nombres y basándose sólo en el pretexto de la similitud entre en nombre de ella y el de Pedro; los hagiógrafos empezaron a difundir que la santa mártir romana Petronila y la hija de San Pedro eran la misma persona; y que estaba enterrada allí, en la Via Ardeatina. Bulo al canto.

Pero, ¿cómo se explica la incongruencia entre una Petronila que es claramente llamada MARTYR en el fresco de las catacumbas y una “Petronila” muerta de muerte natural? Parece que el autor de la passio interpretó a su manera la inscripción paleocristiana y relató esta historia rocambolesca de que he hablado anteriormente.

San Nicómedes recoge el cuerpo de Santa Felícula de la Cloaca Máxima. Grabado de Filipo Biglioli (1841) para el calendario “Il Perfetto Leggendario ovvero Vite de' Santi per Ciascun Giorno dell'Anno …”, Roma 1847, grabador: Gregorio Cleter.

Pero… ¿se sabe dónde está la tumba de la mártir Petronila? Pues no. Por sorprendente que parezca, nunca se ha localizado exactamente dónde pudieron reposar los restos de la Santa que aparece pintada junto a la tal Veneranda. Sin embargo, unos huesos fueron extraídos de las catacumbas de Domitila en el año 757 y fueron considerados, sin más, como los de Santa Petronila. Esto lo hizo el papa Pablo I, en cumplimiento de una promesa hecha por su predecesor -Esteban II- a Pipino, rey de los francos. Este cuerpo anónimo -que por obra y gracia de una inscripción en su sarcófago que veremos a continuación- se había convertido en el de Santa Petronila, fue llevado, junto con el sepulcro que lo contenía, a la Basílica de San Pedro -el “presunto” padre de la Santa- en el Vaticano. Actualmente aún se veneran allí [3], en una capilla impresionante con una bellísima pintura de Il Guercino que representa el entierro y apoteosis de la Santa.

Esta noticia del traslado de las reliquias la sabemos por el Liber Pontificalis, que dice textualmente que el papa Pablo “exinde eius venerabile ac sanctum corpus Petronillae, cum sarcofago marmoreo un quo reconditum inerat, abstulit, sculptum litteris eodem sarcofago legente: AUREAE PETRONILLAE FILIAE DULCISSIMAE. Unde non dubium est quia sculptura illa litterarum propria beati Petri apostoli manu designata esse dinosci ob amorem suae dulcissimae natae”.
Atención, que eso es importante. En dicho sarcófago se leía “Áurea Petronila, hija dulcísima”. Pero Pedro Sabino, que vio el sarcófago en 1474, afirmó que el primero nombre no debía leerse AUREAE, sino AURE(LI)AE, es decir, que no era Áurea, sino Aurelia. El nombre de la persona que ocupa ese sarcófago es Aurelia Petronila.

Queda claro que al poseer dua nomina -doble nombre-; esa persona es romana y de clase noble, además. Pero, ¿quién es Aurelia Petronila? ¿Es la mártir que aparece en el fresco, o una mujer noble que llevaba el mismo nombre, frecuente, por lo demás, en la onomástica romana? Pedro Sabino dijo también que dicha inscripción no permitía entender, ni que fuera mártir, ni mucho menos que fuera hija de San Pedro, cosa con la que estoy totalmente de acuerdo.

Vista de la capilla de la Santa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). En el interior del altar se encuentra su sepulcro.

Hay quienes han resuelto este tema afirmando que “Santa” Aurelia Petronila es la hija noble, martirizada, y descendiente de Titus Flavius Petrus (!!), abuelo de Vespasiano. Así la emparentaba con Santa Flavia Domitila, mártir titular de dichas catacumbas, Santa que también tiene una controversia parecida y de la que hablaré en su día. Pero tal asociación me parece aventurada e igual de inexacta. En efecto, ésta podría ser la tal Aurelia Petronila, pero nada nos dice que ésta última tenga que ser la mártir.

¿De quién son pues, los restos de Aurelia Petronila, venerados en el Vaticano como Santa Petronila, hija de San Pedro? No se sabe. Pero me parece importante dejar claro que una es Petronila, la mártir; otra, la tal Aurelia Petronila; y por último, la hija de San Pedro cuyo nombre desconocemos. En resumen: tres personas diferentes, infortunadamente unidas en una por culpa de malos estudiosos y hagiógrafos.

Y habréis notado que en ningún lado, aparte de la passio de los mártires Nereo y Aquiles, se habla de una compañera de martirio llamada Felícula. ¿Es posible que esta otra mártir no sea más que un invento del autor de dicha passio? Es posible y probable, además; tristemente, no sería el primer ni el único caso.

Pero no quisiera concluir sin hablar antes de la iconografía, patronazgo y culto a la Santa, que me parecen muy interesantes. En primer lugar, decir que Santa Petronila es la patrona de Francia y protectora de la -infortunada- monarquía francesa. Recordemos que se había prometido a Pipino el franco la exhumación de sus restos. También se ha dicho que su hijo Carlomagno, como emperador de Occidente, se consideraba hijo adoptivo de San Pedro y mandó que la nueva tumba de la Santa que se consideraba hija del Apóstol pasara a ser panteón de los reyes francos. Posteriormente, los Delfines -esto es, los príncipes herederos de Francia- también la adoptaron como patrona, pero porque entre los símbolos que decoraban su sarcófago había un delfín (!!!). Una explicación más detallada y mejor argumentada sobre este patronazgo de la Santa sobre Francia y su monarquía la podéis ver en este enlace. Por último, afirmar que también es protectora de los enfermos de fiebre y parálisis, de los lisiados en general y de los melancólicos, por entenderse que murió de tristeza.

La iconografía de la Santa es curiosa, dependiendo de la zona. Generalmente aparece como una fregona -es decir, con una escoba- y haciendo labores de la casa: limpiando, sirviendo la comida a su “padre” San Pedro y los demás discípulos… otras veces aparece portando un corazón ardiendo, en alusión a que murió “abrasada en el amor de Cristo” (!!) y también con un manojo de llaves, que es el atributo principal de su “padre” San Pedro, pero que también podría hacer alusión a su papel de ama de casa.

Iluminación gotica de Jean Roi para el manuscrito Speculum Historiale de Vicent de Beauvais (s.XV): Petronila sirviendo a la mesa de su padre (izqda.) y Felícula torturada en el potro (dcha.) Biblioteca Nacional de París, Francia.

A diferencia de otros lugares, en Alemania sí que ha calado su auténtica condición -la de mártir de Cristo- y por eso aparece debidamente representada con una palma. Son frecuentes las representaciones de la Santa muriendo “de amor”; en algunos casos ha dado lugar a pinturas bellísimas, como es el caso la obra de Simone Pignoni. Sin embargo, a juzgar por las pinturas de las catacumbas, queda claro que su muerte fue el martirio y que murió decapitada.

Resumiendo todo este rollo: Santa Petronila es una mártir romana venerada en las catacumbas de Domitila. No es hija de San Pedro, no tiene nada que ver con la hija paralítica de San Pedro, y tampoco puede afirmarse que sea la tal Aurelia Petronila cuyos restos se veneran en el Vaticano. La historia que se cuenta de ella es sólo un invento y no parece existir ninguna compañera de nombre Felícula.

Por desgracia, y a pesar de estas pruebas arqueológicas evidentes que demuestran lo contrario, hasta día de hoy esta Santa, además de poco conocida, se considera una virgen muerta de amor -o de horror- para escapar a un matrimonio indeseado, tomada por hija de San Pedro e ilustre fregona, cuando no estaba paralítica.

Santa Petronila, perdónanos, et ora pro nobis Deum.

Meldelen


[1] La cuestión de la filiación entre Pedro y Petronila es compleja. Generalmente se ha asumido que sería hija carnal, lo cual cuadraba relativamente bien porque sabemos que Pedro, como buen judío, era casado y padre de varios hijos cuando Nuestro Señor lo llamó. Sin embargo eso cuadra poco con la cronología de la Santa llamada Petronila y de su ubicación en Roma. Se ha querido arreglar este desperfecto aduciendo que se trataría de una hija “espiritual”, esto es, discípula de San Pedro. Sin embargo, en el fondo estas observaciones son irrelevantes: la passio de los mártires Nereo y Aquiles, que nos habla de la Santa, no tiene valor histórico y por tanto cualquier especulación sobre la misma es una pérdida de tiempo.
[2] Semejante anécdota, llena de una misoginia atroz, es -gracias a Dios- fruto de la imaginación del autor de la passio y hace un flaco favor a San Pedro, como cualquier creyente y seguidor del Evangelio podrá notar, convirtiendo al Apóstol en un ser cruel y poco practicante del amor de Cristo.
[3] En Namur y en Rekem (Bélgica) se veneran sendos cráneos tenidos por Santa Petronila; lo que casa mal con la tumba venerada en el Vaticano. Lo más probable, a pesar de la reticencia de los belgas en este aspecto, es que esos cráneos pertenezcan a presuntas compañeras de Santa Úrsula y que el nombre de “Petronila” les haya sido adjudicado arbitrariamente.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es