Santa Rebeca y sus cinco hijos, mártires en Egipto

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Icono ortodoxo copto de los Santos.

Icono ortodoxo copto de los Santos.

Hoy me dispongo a hablar de unos mártires a los que conocía de hace bastantes años, pero que hasta el momento no había tenido ocasión de abordar. Se trata de una familia egipcia que murió durante la persecución de Diocleciano y que, actualmente, son venerados únicamente por la Iglesia Copta, aunque por cronología son Santos propios del resto de Iglesias cristianas. Se trata de una madre, Rebeca (llamada en árabe Refka, Refqa o Rifqah) y sus cinco hijos, cuatro varones adultos -de más edad a menos, Agatón (Agatho), Pedro (Botros), Juan (Youanna) y Amón (Amun)- y una niña de pocos años, Amona (Amuna), que fueron martirizados con ella.

Una familia cristiana egipcia
La tradición dice que vivían en la zona del Alto Egipto, en Qamola, un distrito de Qus, en Luxor. Rebeca había enviudado muy joven, cuando todos sus hijos eran todavía niños. A pesar de que sus vecinos le recomendaban que se casase de nuevo para poder dar a sus hijos un padre, ella no quiso y los crió sola, fortaleciéndoles en la fe cristiana y educándolos con ejemplos de buenas obras. Cuando supo del edicto promulgado por Diocleciano en el año 303, dando inicio a la destrucción de iglesias, quema de libros sagrados y castigo de los cristianos, intuyó que muy pronto su familia se iba a ver en problemas y trató de fortalecer a sus hijos, dándoles coraje y perseverancia en la fe y advirtiéndoles de que se podían encontrar con tormentos y que debían padecerlos con valentía. Para esto, Rebeca les daba ejemplos de otros mártires que habían sufrido valientemente a causa de su amor por Jesucristo.

Sigue diciendo el relato que, estando la familia recogida en oración, el Señor se les apareció rodeado de ángeles y los confortó, prometiéndoles la corona del martirio si perseveraban en la fe. Les anunció que serían martirizados en Shoubra (también llamada Subrah o Sabrah, ciudad cercana a Alejandría) y que sus cuerpos serían llevados a Nakraha, en la provincia de El-Behairah (también llamada Al-Buhayrah o Bahira, que es parte de la actual ciudad de Damanhur). Luego, desapareció después de decirles: “Yo estaré con vosotros hasta que triunféis en vuestro combate, para que llevéis testimonio de mí ante los hombres”. Ante esta visión ellos se regocijaron y se sintieron más fuertes, aunque desmerecedores del premio prometido. Inmediatamente distribuyeron todos sus bienes y posesiones entre los pobres, para ir al martirio desprovistos de todo y que el gobernador no pudiera incautarse su patrimonio, como de hecho sucedía.

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San Menas, Mariut (Egipto). Amona está en brazos de su madre, Rebeca.” width=”300″ height=”663″ class=”size-medium wp-image-30955″ /> Cuadro de los Santos en el monasterio de San Menas, Mariut (Egipto). Amona está en brazos de su madre, Rebeca.

Un largo y lento martirio
El hijo mayor de Rebeca, Agatón, era un hombre muy estimado y querido por todos en la ciudad. Por eso, cuando la familia entera marchó a Qus, se presentó ante el gobernador -un hombre llamado Dionisio- y confesó su fe, fue un hecho que conmocionó a toda la ciudad. El gobernador mandó que los torturaran a todos –azotándolos, quemándolos, arrastrándolos e incluso aplastándolos– para hacerlos cumplir el edicto, empezando por Rebeca, que soportó las torturas con paciencia y alegría, y más tuvo que soportar, cuando sus hijos fueron siendo torturados, uno por uno, ante sus ojos, incluida la pequeña Amona, que no tenía más de siete años. Como ellos rechazaron someterse al edicto, el gobernador, temiendo una revuelta en la ciudad -dado que eran una familia conocida y apreciada por sus buenas obras y, porque a causa de que soportaban con gran fortaleza las torturas, arrastraban con su ejemplo a muchos otros, que confesaban su fe y aceptaban también el martirio- decidió endosarle el problema a otro, enviándolos a Alejandría, a la autoridad del gobernador Armenio, que precisamente estaba ausente de la capital y los recibió en Shoubra, tal cual les había anunciado Cristo.

Allí, el gobernador fue todavía más cruel en las torturas que les aplicó, cortando sus cuerpos y rociando sus heridas con sal y vinagre, quemándolos con aceite hirviendo, dislocándoles los huesos en ruedas, arrancándoles los dientes e incluso crucificándolos cabeza abajo. De todas estas torturas salían victoriosos y fortalecidos -la tradición dice que, en dos ocasiones que estuvieron a punto de morir en su celda por causa de las torturas, se les aparecía San Miguel Arcángel y los curaba-, para vergüenza de Armenio y asombro del público espectador, que proclamaba la grandeza del Dios cristiano y merecieron también ser ejecutados por orden de Armenio. Finalmente, viendo que no conseguía nada, el gobernador mandó decapitarlos. La noche anterior, los mártires, esperando en su celda, oyeron una voz celestial que les decía: “Habéis llegado al final del combate, aquí os espero con guirnaldas de vida eterna para vosotros”. El último suplicio fue el del caldero de aceite hirviendo, después de esto, fueron decapitados y el gobernador dio orden al verdugo de que arrojara sus cuerpos al mar, pero un hombre rico -avisado por un ángel, se dice- valiéndose de su influencia y sobornando a los soldados que transportaban los cadáveres en un bote, logró que le fueran entregados y los colocó en la iglesia de San Menas de Shahid, mientras oía una voz sobrenatural diciendo: “Ésta es la morada de los justos”. Allí quedaron hasta el fin de la persecución, realizándose algunos milagros y curaciones a través de la veneración de estas reliquias.

Veneración
Pasado el peligro, se dio a conocer a los mártires y sus cuerpos fueron trasladados a la ciudad de Sonbat (conocida también como Samnutyah, Senbmoutih o Snabit, por el gobernador romano Snabit), en la provincia occidental de Zifta, donde hasta hoy permanece una iglesia consagrada a su nombre, “El-Sitt Refka”, que en árabe significa “Los cinco y su madre, Rebeca”. Se dice que las reliquias de los mártires no están colocadas en los cilindros de madera propios de la cultura cristiana copta, sino que se conservan en los ataúdes tradicionales, para que todos puedan contemplarlos. Sin embargo, las fotografías que he conseguido de las reliquias sí que las muestran dentro de cilindros. Quizá es que tan sólo sean una parte de las mismas.

Vista de las reliquias de los Santos, en un cilindro bajo el altar a mano derecha. Iglesia de San Miguel, Bakmola (Egipto).

Vista de las reliquias de los Santos, en un cilindro bajo el altar a mano derecha. Iglesia de San Miguel, Bakmola (Egipto).

El Sinaxario Alejandrino conmemora a estos santos mártires el día 7 de Thout (tut), que equivale en nuestro calendario al 4 de septiembre. Se cree, pues, que éste fue el día de su muerte. No se conoce ninguna otra noticia al respecto, por lo que no se puede precisar nada con certeza acerca de la autenticidad o la fiabilidad de esta información. Sin embargo, sí es cierto que, salvando los pequeños detalles edificantes, como las apariciones sobrenaturales o las curaciones milagrosas, así como la acumulación exagerada de todas esas torturas -¿es posible que un ser humano pueda soportar tanto sin claudicar o morir?-; es de justicia decir que el relato es perfectamente creíble y que es posible que estemos ante unos mártires históricos, cuyo relato ha sido piadosamente adornado para edificación de la comunidad cristiana copta. Las reliquias se siguen venerando actualmente en la zona natal de los Santos en Egipto y nadie cuestiona su autenticidad.

En la iconografía, por lo demás poco desarrollada, los Santos aparecen representados como una mujer de cierta edad -la madre, Rebeca- cuatro jóvenes adultos -los cuatro hijos mayores- y una niña pequeña, Santa Amona. A menudo les acompaña en la iconografía una especie de sacerdote u obispo copto, que, a juzgar por lo visto en la película, debe ser o el padre Abano, o el padre Menuhi, o el padre Galo de Shinwada. Estos tres sacerdotes son mencionados en la película como que sufrieron martirio antes o al mismo tiempo que ellos, aunque no he encontrado referencias en los textos.

Mural copto de los Santos en una iglesia de Egipto.

Mural copto de los Santos en una iglesia de Egipto.

Y sí, ahora cierro el artículo dejándoos la película que la Iglesia Copta ha realizado para dar a conocer a estos mártires. Confieso sin ambages que es mi favorita: la más emotiva y la que más muestra que los mártires son personas humanas, mortales como cualquier hijo de vecino que, ante la adversidad, y sin dejar de sufrir miedos o temores, puede fortalecerse y llenarse de valor para enfrentar su propia destrucción; y eso sin escatimar en todos los elementos milagrosos y edificantes mencionados en el relato. Mención especial la merece, por mi parte, la actriz que interpreta a Santa Rebeca, cuya actuación me parece sobresaliente.

Primera Parte:

Segunda Parte:

Meldelen

Enlaces consultados (10/12/2013):
http://www.copticchurch.net/synaxarium/1_7.html#2
http://www.coptictamgeed.com/B-STREBECCA-E.htm
http://www.kenametro.com/metro/saints/stdimiana.html

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