Santa Rosa Venerini, virgen fundadora

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Retrato de la Santa, anónimo de 1699. Congregación de las Maestras Pías Venerini.

Retrato de la Santa, anónimo de 1699. Congregación de las Maestras Pías Venerini.

Pregunta: Hola, saludos desde Colombia. Soy un admirador de vuestro blog y quisiera que me informaran sobre Santa Rosa Venerini. Agradezco su atención.

Respuesta: Pues lo hacemos como mucho gusto. Santa Rosa Venerini nació en Viterbo (Italia), el día 9 de febrero del año 1656. Su padre, Godofredo Venerini, era de Castelleone di Suasa (Ancona) y después de licenciarse en medicina en Roma, se trasladó a Viterbo donde ejerció su profesión en el Hospital Grande de la ciudad. Se casó con Marzia Zampichetti y en el matrimonio nacieron cuatro hijos: Domingo, María Magdalena, Rosa y Horacio. La educación que recibieron los cuatro en el seno de la familia, les permitió desarrollarse como personas y como cristianos.

Rosa era una niña muy inteligente y con solo siete años de edad, hizo voto de consagrar a Dios toda su vida, aunque durante la etapa de su juventud vivió los conflictos propios de dicha edad, entre las seducciones del mundo y su compromiso realizado cuando era solo una niña. Este conflicto lo superó y cuando tenía unos veinte años de edad, tuvo que decidir entre el matrimonio y el convento. Ella veía como santas esas dos opciones, pero, aunque por un lado había un joven que la pretendía y por otro, deseaba ingresar en un monasterio más riguroso, no terminó de convencerla ninguna de estas dos opciones y aconsejada por su director espiritual, se dedicó al trabajo evangélico, como célibe, pero fuera de los muros de un convento.

Aun así, en el otoño del año 1676 entró en el convento dominico de Santa Catalina en Viterbo, pero en él estuvo poco tiempo porque al morir su padre, tuvo que regresar junto a su madre. Aquellos años fueron muy duros para ella porque su hermano Domingo falleció con apenas veintisiete años de edad, su madre no superó tal prueba y murió enseguida y María Magdalena contrajo matrimonio. Con solo veinticuatro años de edad, se quedó sola en casa con su hermano Horacio. Pero como quería ser útil al prójimo y a la Iglesia, en el mes de mayo del 1684 comenzó a reunir en su casa a un grupo de mujeres y niñas para rezar en común y charlar sobre los problemas cotidianos. Fue entonces cuando descubrió la cruda realidad: “la mujer pobre era esclava de la pobreza económica, pero también de la pobreza cultural y de la espiritual”. Ella se sintió llamada a dedicarse con urgencia a la formación humana y cristiana de las muchachas jóvenes, pero no con encuentros periódicos en su casa, sino en el seno de una escuela en el verdadero sentido de la palabra.

Imagen de la Santa en Amelia, Umbría (Italia).

Imagen de la Santa en Amelia, Umbría (Italia).

Así, el 30 de agosto del año siguiente, con la aprobación del obispo de Viterbo, junto con dos compañeras – Jerónima Colluzzelli y Porzia Bacci -, abandonó su casa paterna para montar una escuela donde ofrecer a las niñas pobres la posibilidad de adquirir una formación humana completa a fin de que pudiesen enfrentarse a las dificultades que planteaba la vida. A esta primera escuela la llamó “Escuela pública femenina de Italia” y aunque no tenía grandes pretensiones y los medios económicos escaseaban, se dedicó a la promoción de la mujer, obteniendo muy pronto el reconocimiento tanto de las autoridades civiles como de las eclesiásticas. Es cierto que en un principio, una parte del clero se resistía a que una mujer enseñase el catecismo, pero los principales obstáculos procedieron de una parte de la alta burguesía de Viterbo, que no comprendían la osadía de una mujer que intentaba educar a las niñas de baja clase social.

Rosa hacía caso omiso a estas incomprensiones, estando convencida de que esa era la voluntad de Dios, lo que Él quería que ella hiciera. Como dije anteriormente, su trabajo fue reconocido por las autoridades y el propio cardenal Marco Antonio Barbarigo, obispo de Montefiascone, comprendió la importancia de este trabajo y llamó a Rosa para que se instalase en su diócesis. Ella se mostró receptiva y entre los años 1692 al 1694, con la ayuda del cardenal, abrió una decena de escuelas en aquella ciudad y en las ciudades de alrededor del lago de Bolsena: Bagnaia y Oriolo (1699), Bolsena (1702), Soriano (1705), Ronciglione (1706), Civittà Castellana (1711), etc. Cuando tuvo que volver a Viterbo, encomendó su obra a la joven Lucía Filippini, de cuya preparación ella estaba convencida.

Continuó su obra abriendo escuelas en la región del Lazio, llegando a fundar una en Roma en el año 1706, aunque esta experiencia fue un fracaso para ella y un cierto retroceso en su obra. El 8 de diciembre de 1713, con la ayuda de un abad muy amigo de su familia, volvió a abrir una escuela en el centro de Roma, muy cercana al Campidoglio. El 24 de octubre de 1716 recibió la visita del Papa Clemente XI, quién acompañado por ocho cardenales quiso comprobar como funcionaba su obra. Después de escucharla impartir una clase, el Papa quedó maravillado y le dijo: “Señora Rosa, usted hace lo que nosotros no podemos hacer. Se lo agradecemos mucho porque con estas escuelas, usted está santificando la ciudad de Roma”. Desde ese momento, todas las puertas se le abrieron recibiendo solicitudes de aperturas de escuelas en numerosas diócesis italianas. Su obra fue un éxito porque donde se abría una escuela, se notaba un cambio radical en la juventud.

Exhumación de la Santa.

Exhumación de la Santa.

Después de abrir más de cuarenta escuelas, agotada, Rosa Venerini murió en la casa de San Marcos en Roma, en la noche del 7 de mayo del año 1728. Fue sepultada en un sepulcro que desde dos años antes, las Pías Maestras Venerini tenían preparado en la vecina Chiesa del Gesù, encomendada a los jesuitas, aunque en el año 1952, antes de la beatificación, sus restos fueron trasladados a la Casa General de la Congregación (Maestre Pie Venerini) en Roma.

Su Causa de canonización se inició en la diócesis de Viterbo y fue introducida en Roma el día 16 de mayo de 1928. El 6 de marzo de 1949 fue declarada Venerable, siendo beatificada por el venerable Papa Pío XII el día 4 de mayo de 1952. Fue canonizada por el Papa Benedicto XVI el día 15 de octubre del año 2006.

Su espiritualidad
Para Santa Rosa Venerini, el centro de su vida era cumplir la Voluntad de Dios: “Me siento apegada a la voluntad divina, por lo que no me importa ni la muerte ni la vida. Yo solo quiero lo que quiere Él”. Aunque en un principio se vio influenciada por la espiritualidad dominicana, posteriormente la conquistó la espiritualidad austera y equilibrada de San Ignacio de Loyola. Vivía en la presencia divina, haciendo de todos los momentos de su vida una permanente oración. Ella no era partidaria de recitar largas oraciones y por eso, no se lo impuso a sus religiosas, pero lo que si les inspiró era que el trabajo diario educando a las niñas era una continua oración.

Era muy devota de la Pasión de Cristo y por eso siempre tenía “in mente” la imagen de Jesús Crucificado, que para ella era la Salvación en sí misma. Consecuentemente con esto, la Eucaristía era el centro de su vida, era el centro del mundo, era el centro de todo el universo. Jesús era el centro, la víctima que se inmolaba al Padre mediante el Sacrificio Eucarístico y ella se sentía unida íntimamente a ese Sacrificio, ofreciendo todas sus alegrías y sus penas en comunión con la Sangre derramada durante todos los momentos de la Pasión del Redentor.

Esa forma de ver la vida, de entregarse toda ella a la Voluntad de Dios, fue la que la hizo comprender como las niñas y las mujeres de su tiempo necesitaban ser educadas e instruidas y por eso, sabiendo que ese trabajo era oración, se entregó completamente a esta tarea, sin importarle nada las dificultades con las que diariamente se encontraba. Ella sabía que una persona instruida tenía más posibilidades de promoción humana y más posibilidades de encontrar a Dios. Ella vivió y ayudó a vivir a sus hijas, un nuevo estilo de actividad religiosa, en la calle, en las escuelas, en los hospitales, en las casas de los enfermos y de los pobres. Fue precursora de lo que en el día de hoy vemos como una cosa normal: llevar una verdadera vida religiosa fuera de los muros de un convento. Y su vida dio sus frutos y por eso, su Congregación está hoy extendida por numerosos países de los cinco continentes.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Index ac Status Causarum”, Sacra Congregatio pro Causis Sanctorum, Roma, 1985
– PIETROMARCHI, M.E., “La Beata Rosa Venerini”, Roma, 1952.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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