Santa Salsa, virgen y mártir de Tipasa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la imagen yacente de la Santa (s.XIX) que era sacada en procesión en los años 50 en Tipasa (Argelia).

Vista de la imagen yacente de la Santa (s.XIX) que era sacada en procesión en los años 50 en Tipasa (Argelia).

La mártir de la que voy a hablar hoy quizá sea una de las más desconocidas de todo el santoral, quizá la que menos culto reciba, quizá la más olvidada. Varios factores se pueden tener en cuenta para el casi absoluto olvido que ha sufrido esta Santa: la escasez de datos sobre su vida, la desaparición de sus reliquias, la itinerancia y casi extinción de su culto, la inmensa dificultad a la hora de encontrar fuentes que nos hablen de ella, o representaciones artísticas que la honren, o que la ciudad escenario de su vida y martirio -Tipasa, hoy parte de Argelia- sea territorio mayoritariamente musulmán y un yacimiento arqueológico de gran valor en el que, por desgracia, la memoria a la mártir, más allá de la simple toponimia, brilla por su ausencia.

A todo esto se debe sumar el ataque furibundo de más de un erudito, como es la despreciativa reseña que el historiador del arte Louis Réau -a quien ya cité en mi último artículo dedicado a Santa Filomena, mártir histórica a la que también hizo blanco de sus ataques- le dedica en su volumen III de Iconografía de los Santos, que citaremos más adelante. Con todo, y tal como ocurre con Santa Filomena, se está tachando de inexistente a una Santa que, pese a ser una gran desconocida, probablemente sea tan histórica como otras mártires africanas veneradas en este contexto provincial: Crispina, Perpetua, Felicidad y compañeros, los mártires escilitanos, etc.

Pasión de Santa Salsa
Según una passio compuesta a finales del siglo IV, en Tipasa de Mauritania (norte de África, es decir, la actual Argelia), los paganos de esta ciudad organizaban unas solemnes celebraciones en honor de la serpiente Pitón [1], cuyo templo estaba situado en un promontorio frente al mar. Con ocasión de esta fiesta, los padres de Salsa, que eran paganos, quisieron que su hija de catorce años los acompañara a la manifestación religiosa, obligándola también a que participase en el culto a la serpiente y en el banquete posterior. La niña asistió, ansiosa y temblorosa, pero al ser secretamente cristiana, y contemplando el júbilo de la multitud, los adornos de laurel y mirto en casas y templo, las danzas desenfrenadas, la orgía de vino y sexo, los animales sacrificados quemándose en los altares, sentía horror y repugnancia y les amonestaba severamente diciendo: “¡Ah, infelices padres míos, infelices ciudadanos, el demonio os pierde! ¿Qué hacéis? ¿Dónde vais? ¿En qué pensáis? ¡A qué abismo os conduce esta tortuosa serpiente! ¿No veis bajo qué yugo se doblan vuestras cabezas? Esta bestia que vosotros adoráis, desdichados, no es más que un molde fundido. (…) Sólo hay un Dios al que debemos adorar y rendir culto en sus altares, el que ha creado el cielo y colocado los cimientos de la tierra (…) Debemos, os digo, amar a este Dios que no tuvo principio ni tendrá fin. Lo que vosotros adoráis, no son dioses, porque a poco que los observéis, no son capaces de defenderse a sí mismos. (…) Dejadme enfrentarme a vuestra serpiente, y si resulta ser más fuerte que yo, adoradla como dios, pero si me impongo sobre ella, admitid que no es una divinidad, abandonad los caminos del error, convertíos y rendid al verdadero Dios vuestro culto y adoraciones”. Ellos no le hicieron ningún caso, le dijeron que sus palabras eran inútiles y estúpidas, pero Salsa ya estaba pensando en cómo destruir el ídolo.

Vista de un lararium -altar doméstico romano- conservado en Pompeya. La serpiente Pitón aparece como emblema de protectora del hogar junto a los Lares, los dioses domésticos.

Vista de un lararium -altar doméstico romano- conservado en Pompeya. La serpiente Pitón aparece como emblema de protectora del hogar junto a los Lares, los dioses domésticos.

Mientras sus padres y todo el pueblo dormían la siesta después de las celebraciones, la muchacha entró en el sacellum (templo) dedicado a Pitón, e invocó a Dios diciendo: “Señor, he aquí el momento de dar a mi brazo la fuerza con que armaste a la santa Judith [2]. Ven en mi ayuda, Padre Todopoderoso y eterno, que quisiste que tu único Hijo Jesucristo naciera de una virgen, sufriera, muriera y ascendiera para sentarse a tu derecha. Te invoco para que el Espíritu Santo, que procede de ti, venga en ayuda de mi juventud como tú ayudaste a tu siervo Daniel [3], cuando mató a la serpiente de Babilonia, para que yo también pueda destruir esta serpiente de bronce. Creo que llegaré a ser mártir si la puedo mostrar decapitada a sus adoradores”. Entonces, Salsa cortó la cabeza dorada de la serpiente -que estaba hecha de bronce y aún engalanada con coronas y guirnaldas- y la tiró rodando por la colina del templo, hasta caer al mar. Cuando los paganos se despertaron, encontraron la estatua decapitada y pudieron constatar el sacrilegio. Presas del dolor, se golpeaban la cabeza y el pecho, lamentando no haber puesto una guardia que vigilara la imagen, pero también reflexionaban y pensaban que habían estado adorando a la nada, ya que la estatua no había sido capaz de defenderse del sacrilegio. Pero Salsa, no contenta con lo ya hecho, apenas pudo acceder de nuevo al templo y aprovechando que la turba buscaba al autor del sacrilegio, tomó el resto de la estatua, y pese a su debilidad, la empujó hasta el borde del precipicio y la mandó rodando cuesta abajo, hasta el mar, como había hecho con la cabeza.

Naturalmente, los devotos de Pitón, al ver esto, montaron en cólera y se arrojaron sobre la niña, le ataron los pies y las manos entrecruzados para que no se pudiese defender, la golpearon brutalmente con palos y barras, y la lapidaron. Finalmente, para asegurarse, la remataron con una espada y, tomando su cuerpo, lo tiraron al mar también, para privarla de toda sepultura.

Detalle del rostro de la imagen yacente que representa a la Santa, sacada en procesión en Tipasa, años 50.

Detalle del rostro de la imagen yacente que representa a la Santa, sacada en procesión en Tipasa, años 50.

Tres días más tarde, una nave comandada por un galo llamado Saturnino pasó sobre el cadáver flotante, y de pronto, se desató una violenta tormenta. En sueños, a Saturnino le fue revelado que no podría avanzar hasta que rescatara el cuerpo de la bendita mártir. Al principio, el marinero se creyó víctima de una alucinación, pero como el sueño se repitiera por tres veces, cedió. Se arrojó al mar, halló el cadáver de Salsa, amoratado y destrozado por los golpes; y, tomándolo por la cintura, lo subió a bordo. Al instante, la tormenta amainó, y los marineros, agradecidos, depositaron el cuerpo en la cabina y dieron gracias a Dios por haberlos elegido a ellos para recuperar las reliquias de una mártir. Luego se lo llevaron a los cristianos de Tipasa, que lo depositaron en un lugar cercano al puerto, donde más tarde, en su honor, se levantó una basílica. El mismo templo de la serpiente sobre el promontorio fue posteriormente destruido y sustituido por un edificio cristiano.

Otros milagros se cuentan, atribuidos a la Santa. Cuando los árabes invadieron y devastaron la provincia, y sitiaron Tipasa, no pudieron tomar la ciudad. (En otros contextos, se habla de la revuelta de Firmus, lo que parece más creíble). Entonces, a uno de los invasores -según versiones, o el comandante, o el mismo rey- se le ocurrió disfrazarse, entrar a la ciudad e ir a postrarse a la tumba de la Santa, para pedirle que les ayudara a tomar la ciudad, es decir, que se pasara a su bando (!!!). Le encendió velas, pero éstas se apagaban, le ofreció pan y vino, pero éstos se caían del altar. Por más veces que lo intentó, la Santa no parecía querer atenderle, por lo que montó en cólera y, blasfemando contra ella, empezó a dar golpes con su lanza y patadas contra el sepulcro. Dios no quiso dejar sin castigo aquella blasfemia y cuando montó de nuevo en su caballo para marcharse, aún en el templo, lo derribó de su montura y lo estrelló contra el suelo. Aún pudo regresar con las tropas, sin entender qué había sucedido, y lucharon una noche y un día más, pero finalmente hubieron de abandonar Tipasa sin poder tomarla. Todos atribuyeron esto a la intercesión de la mártir.

Vista de las ruinas de la Basílica dedicada a Santa Salsa en Tipasa, Argelia.

Vista de las ruinas de la Basílica dedicada a Santa Salsa en Tipasa, Argelia.

Interpretaciones y realidad histórica
Esta narración contiene varias incongruencias, como por ejemplo el que una muchacha pudiera partirle la cabeza a una estatua de bronce y echarla ella sola al mar, sin que los paganos lo notasen, aunque algunos elementos topográficos (geográficos) se han demostrado que son verdaderos e históricos.

Eso no deja en muy buen lugar a Louis Réau, a quien mencionábamos al inicio del artículo, y que no vacila en afirmar, hablando de la Santa: “Esta historia novelesca es sólo una invención hagiográfica que reposa en un despropósito iconográfico. La leyenda se debe al hallazgo de un sarcófago en el siglo IV, cuya inscripción se descifró erróneamente, y que en verdad alude a una matrona pagana de sesenta y tres años”.

Es cierto que, en las ruinas de la Basílica dedicada a Santa Salsa en Tipasa, se halló una inscripción dedicada a Fabia Salsa, que, como se deduce de la inscripción, era una mujer fallecida con 63 años de edad. Sin embargo, varios indicios apuntan a que la conclusión de Réau es más que apresurada, y que permiten afirmar, en cambio, que Fabia Salsa y Santa Salsa son dos personas distintas, no la misma.

En efecto, el santuario de Santa Salsa estaba edificado sobre un cementerio pagano y entre las diversas inscripciones, destacaba un cipo -monumento funerario en forma de columna- dedicado a la tal Fabia Salsa. La orientación de la tumba ha permitido probar que el cementerio es anterior al Santuario, y las monedas de Constantino halladas, han datado en esta época el nacimiento del culto a la mártir, que es realmente antiguo. En la tumba de Fabia Salsa no hay ninguna mención al cristianismo, lo que la descarta como cristiana, y sí habla de la herencia dejada a sus descendientes, lo que confirma su estatus de matrona:
D(e)d(icatum) m(emoriae). Fabiae Salse mairi sanct(ae) et ra-
rissimae et incomparabili, quae vixit ann(is) LXII, m{ensibus) II,
d(iebus) XXVII, hioris) VIIII, ob merita ejus titulum f(ilii) et
f{iliae) et n(epotes) aeducatrici sueq(ue) constabilitos (conatabi-
litricï) rei fecer(unt).

Detalle de la transcripción a capital romana de la inscripción romana. Las iniciales DDMM ("Dies Manibus"), referencia a los dioses Manes -dioses romanos de los muertos- prueba que Fabia Salsa era pagana.

Detalle de la transcripción a capital romana de la inscripción romana. Las iniciales DDMM (“Dies Manibus”), referencia a los dioses Manes -dioses romanos de los muertos- prueba que Fabia Salsa era pagana.

No cabe duda de que esta mujer sería pariente de la mártir Santa Salsa, una antepasada, con toda probabilidad, quizá todavía viva en tiempos del martirio de la muchacha, que está datado también en tiempos de Constantino. Probablemente por ello, su tumba fue respetada y estuvo a la vista de todos desde el siglo VI. ¿Cómo iban a descifrar mal una inscripción en latín quienes eran parlantes de lengua latina? ¿Cómo confundir a una anciana matrona, que no tenía un sepulcro cristiano, con una joven mártir veneradísima en la ciudad?

Por lo que es poco probable afirmar que esta inscripción, presuntamente mal leída, diera lugar al culto de una falsa mártir, como Réau pretende. Que esta mártir haya existido lo confirma el Martirologio Jeronimiano, aunque hace una indicación genérica (“in Africa”). Algunas inscripciones encontradas, que sin embargo no mencionan a la mártir, sí indican que se trata de Tipasa, en la antigua Mauritania romana. Las excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar han sacado a la luz, tanto en la zona del puerto como en el promontorio, restos de edificaciones cristianas. También se sabe que el culto a la serpiente Pitón era efectivamente celebrado en el África septentrional.

Sin embargo, adjunto una inscripción que sí hace referencia explícita a la mártir, que viene reproducida en el ábside de la iglesia local de Tipasa:
Munera quae cernis, quo sancta altaria fulgent,
his sumptusq. llaborq. inest cura[que Pot]enti,
creditum [sibi qui gau]det perficere munus.
martyr] hic est Salsa dulcior nectare semper,
quae meruit caelo semper habitare beata,
reciprocum sancto [stu]dens [mu]nus inpertire Potenti,
in]teritumq. eius celorum regno pro[babi]t.

Ilustración de la inscripción dedicada a la mártir Santa Salsa, hallada en su Basílica de Tipasa, Argelia.

Ilustración de la inscripción dedicada a la mártir Santa Salsa, hallada en su Basílica de Tipasa, Argelia.

Desbrozando la passio de las incongruencias que contiene, se puede dar por cierto que Salsa había demostrado públicamente su aversión al culto idolátrico y que por esto, en un motín popular, fue asesinada y echada al mar. El episodio, como decíamos, ocurriría en tiempos de Constantino o de uno de sus inmediatos sucesores, pues episodios de fanatismo anticristiano no faltaron, incluso después del edicto que daba libertad al cristianismo.

El culto a la Santa se difundió por Hispania durante el período de la dominación de los vándalos en el norte de África, cuando los cristianos huyeron a la Península Ibérica a fin de evitar la persecución. Los habitantes de Tipasa se llevaron las reliquias de su mártir y continuaron venerándola en el exilio. Actualmente se desconoce la ubicación de las mismas; aunque consta que en los años 50 todavía se celebraban peregrinaciones portando la imagen yacente de la mártir, de factura decimonónica, como consta en el vídeo y las fotos que adjunto.

El Martirologio Jeronimiano la conmemora el 20 de mayo y el 16 de octubre; aunque Réau sitúa su culto el 10 de octubre. La passio menciona el 2 de mayo. La fecha de mayo parece la más probable, ya que sabemos que la fiesta de la serpiente se celebraba en la primavera.

Conclusiones:
Pese a todos los obstáculos que se interponen en la abierta conmemoración y devoción a la mártir -recordemos, el problema epigráfico, la desaparición de las reliquias, lo inverosímil de algunos detalles de la passio, la ausencia de un culto preeminente y continuado, así como de representaciones artísticas- se puede afirmar que Santa Salsa de Tipasa es una mártir real, histórica, de la que se puede afirmar tan sólo que fue una joven muchacha cristiana que fue linchada durante las fiestas a Pitón, en tiempos de Constantino, por una reacción popular anticristiana contra quien había manifestado una abierta oposición al culto de la serpiente. Esto lo prueba que la passio fue redactada coetáneamente a su martirio -siglo IV-, su mención en el Martirologio Jeronimiano y, sobretodo, los restos arqueológicos intitulados a su patrocinio y que el culto empezara inmediatamente después de su muerte.

Procesión en honor a la Santa – Tipasa, 8 de junio de 1950

Meldelen

Bibliografía:
– GÓMEZ PALLARÈS, J. Carmina latina epigraphica musiva et depicta buecheleriana, en HABIS 1990, pp. 173-203.
– GSELL, Stéphane, Note sur les fouilles récentes de Tipasa (Algérie), en Comptes-rendus des séances de l’Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, 36e année, nº4, 1892, pp. 242-250.
– LECLERCQ, H. Les Martyrs: recueil de pièces authentiques depuis les origines du christianisme jusq’à Xxº siècle en 15 volumes. 1903-1924.
– RÉAU, Louis, Iconografía de los Santos, Vol. 3 De la P a la Z y Repertorios, dentro de Iconografía del Arte Cristiano, Ed. Serbal, Barcelona 1998.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi). Ed. Cità Nuova, Roma.

Enlace consultado (01/07/2013):
http://www.maintenantunehistoire.fr/martyre-de-sainte-salsa/


[1] En la mitología griega, Pitón era una enorme serpiente (drakon) hija de la titánide Gea, que encarnaba la madre Tierra. Se decía que había nacido del barro formado en la tierra tras el gran diluvio. Vivía en una gruta de Delfos, cerca del monte Parnaso (Grecia), donde custodiaba el Oráculo. El dios Apolo la mató, reclamando para sí el oráculo, siendo entonces conocido como Apolo Pitio, el vencedor de Pitón, y estableciendo en su honor los Juegos Pitios. También la profetisa de Delfos era llamada Pitia en su honor. El hecho de que el culto a la serpiente pasara a la religión griega y romana hace pensar que concebían a este animal como benigno, símbolo de fertilidad y protección doméstica, de ahí que esté presente en muchos altares dedicados a los Lares, dioses romanos del hogar.
[2] Judith, “la judía”, heroína que da nombre a uno de los libros de la Biblia, donde narra cómo ella, una viuda hebrea, sedujo y decapitó con sus propias manos a Holofernes, general del ejército asirio, librando así al pueblo de Israel de su amenaza.
[3] Daniel: profeta hebreo, también da nombre a uno de los libros de la Biblia, del cual es protagonista.

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