Santa Sofía y sus tres hijas, mártires romanas

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Icono naturalista ruso que representa a Santa Sofía y sus hijas, mártires romanas.

Icono naturalista ruso que representa a Santa Sofía y sus hijas, mártires romanas.

Este célebre grupo de mártires romanas -una viuda madre y sus tres hijas pequeñas- presenta un difícil e intrincado problema hagiográfico cuya solución está todavía en discusión. Aunque existen abundantes testimonios litúrgicos – muchos de ellos muy tardíos – tanto en Oriente como en Occidente, hay grandes dificultades de índole histórica que impiden que sean aceptadas como personas reales. Algunos defienden la hipótesis de que se trata de figuras alegóricas representadas en pinturas y que fue la fantasía popular quien las convirtió en santas mártires. Esto es avalado por sus propios nombres -la madre, Sofía (sophia en griego, “sabiduría, conocimiento”); Pistis, la hija mayor (en griego, “fe, piedad”); Elpis, la mediana (“esperanza”) y Ágape, la menor (“caridad”), pues aunque en la Antigüedad cristiana es cierto que existían personas llamadas así -de hecho, son nombres griegos muy comunes y Sofía (o su variante rusa, Sonia) sigue siendo un nombre de mujer muy frecuente en la actualidad-, sin embargo el hecho de que fueran totalmente desconocidas en las fuentes litúrgicas y martiriales más antiguas es un hecho digno de tener en cuenta. Debido a toda esta complejidad, vamos a limitarnos a presentar este tema y que cada lector saque sus conclusiones. Comenzaremos, como es habitual, con la elaborada passio de las mártires, para a continuación presentar las luces y sombras de estas mártires conocidísimas y veneradísimas aún hoy en día, especialmente en el mundo ortodoxo.

Passio de las Santas
El relato que vamos a seguir a continuación pertenece a un texto, bastante fantasioso, que fue escrito a finales del siglo VII o principios del VIII. Teniendo en cuenta que sitúa el martirio de las Santas en tiempos de Trajano (98/9-117 d.C), es decir, en el siglo II, se entiende que ha transcurrido demasiado tiempo entre el suceso de los eventos descritos y su redacción. Curiosamente, las versiones más conocidas de este relato no lo sitúan en tiempos de Trajano, sino de su sucesor, Adriano, concretamente en el año 129, lo que es poca diferencia temporal. Mas no es la distancia temporal lo que peor habla en contra de este texto, como veremos, del cual existen redacciones en latín, griego, siríaco, armenio y georgiano. Vamos, que es una fuente muy conocida y difundida en el mundo mediterráneo.

Las Santas ante el emperador Adriano. Ilustración rusa contemporánea.

Las Santas ante el emperador Adriano. Ilustración rusa contemporánea.

Dice el relato, pues, que Sofía era una viuda romana, perteneciente a una gran familia, que tenía tres hijas todavía niñas: Pistis (Fe) de doce años de edad; Elpis (Esperanza) que tenía diez; y Ágape (Caridad), que siendo la menor de las tres, tenía nueve. Madre e hijas se dedicaban a visitar a los cristianos, orar en sus lugares de reunión y reunir en su casa a varias matronas nobles para convertirlas. Parece ser que un tal Antíoco, general y gobernador de Roma, habló de ellas al emperador Adriano, diciéndole que eran cristianas, que hacían proselitismo y despreciaban la religión imperial. Por ello, el emperador quiso conocerlas. Mandó pues que las trasladaran a Roma y comparecieran ante él. Cuando los esbirros fueron a arrestarlas, hallaron a la madre instruyendo a sus hijas, e inmediatamente supo que les esperaba el martirio. Después de rezar al Señor para que les diese fuerzas para soportar todos los tormentos que quisieran hacer caer sobre ellas, concluyó diciendo: “¡Ayúdanos, Señor, por la gloria de tu Santo Nombre!”

Traídas a presencia del emperador, éste primero convocó a Sofía, separándola de las niñas, y después de interrogarla acerca de su nobleza y ancestros, le ofreció adoptar y educar a sus hijas, culminando su futuro con un ventajoso matrimonio. Tal honor es poco probable y bastante irreal que se diera de un emperador a unos ciudadanos de a pie, pero la leyenda lo usa con intención de que el lector valorase el intensísimo honor que ello suponía. Afirmó que como única condición, deberían sacrificar a los dioses imperiales. Honor que rechazó Sofía, diciendo: “Soy cristiana, y en tal nombre me glorío, y he consagrado mis hijas a Dios”. Como respetaba a la viuda por la forma sabia y prudente con la que se expresaba, Adriano decidió no interrogarla más de momento, y ordenó poner a las prisioneras bajo la custodia de una noble llamada Paladia, en cuya casa Sofía instruyó a sus hijas sobre lo que les iba a suceder y las preparó mentalmente para el martirio.

Adriano convocó entonces a las niñas, y les propuso lo mismo que a la madre, diciendo: “¿Qué decidís vosotras? Aceptad, y tened por cierto que seréis las principales damas de Roma y nada os faltará durante el resto de vuestros días.” Entonces Pistis respondió: “No queremos saber nada de esto. Sólo tuvimos un padre, que ha muerto, y por tanto no podemos tener otro padre. Y aún menos queriendo tú que abandonemos nuestra fe. Preferimos seguir siendo pobres a ser ricas y no poder adorar libremente a Jesús”. La gente quedó admirada al ver la serenidad y entereza de la niña, pero Adriano no se dejó impresionar ante lo que consideró que era una respuesta aprendida de memoria. Mandó entonces que pusieran a las tres niñas bajo la tutela de una sacerdotisa pagana, para que las moviera a la piedad de cara a los dioses de Roma. Los intentos de la maestra fueron inútiles, pues ellas no se limitaron a desoír sus enseñanzas, sino que replicaron ágilmente a todo lo que decía. Al fin, las devolvió al emperador, comunicándole su derrota.

Martirio de las tres hermanas. Miniatura de Mahiet para el Speculum Historiale de Vincent de Beauvais (1330-1350). Biblioteca Nacional de Francia, París.

Martirio de las tres hermanas. Miniatura de Mahiet para el Speculum Historiale de Vincent de Beauvais (1330-1350). Biblioteca Nacional de Francia, París.

Trató entonces Adriano amablemente que ofrecieran una ofrenda a la diosa Diana, pero de nuevo Pistis replicó: “Nosotras tememos al Dios del cielo, y nuestro deseo es permanecer siendo sus hijas. A tus dioses los escupimos, y no tememos tus amenazas. Estamos prontas para sufrir y hasta para morir por nuestro querido Señor Jesucristo.” Aquello acabó por colmar la paciencia de Adriano, que se dispuso a escarmentar a la insolente criatura. En presencia de su madre y de su hermana, Pistis fue desnudada y atada a una columna con las manos a la espalda, donde se la azotó con varas incansablemente, pero ella se mantenía serena, como si no fuese su cuerpo el que estaba siendo azotado, y hacía oídos sordos a los gritos de sus verdugos: “¡Sacrifica a la gran diosa Diana!”. Cambiando de táctica, le arrancaron los pequeños pechos, apenas formados, de cuajo con unas tenazas, y dice la leyenda que de las heridas de su cuerpo manaba sangre al tiempo que de las heridas de sus senos surgía leche. La gente, horrorizada, pedía clemencia al emperador por la vida de Pistis, escandalizados porque a una niña se la tratase con esa crueldad; pero Adriano mandó entonces que la desataran de la columna y la tumbaran sobre una parrilla ardiendo. Allí estuvo dos horas, y viendo que no se quemaba, insistió Adriano: “¿Piensas mostrar ahora tus respetos a tu emperador?”,“Mi único emperador es Jesús”, respondió ella. Se preparó entonces una enorme sartén de aceite y cera hirviendo, y allí metieron a la niña. Dice la leyenda que esta nueva tortura tampoco le causó daño (!!), y tras ello fue sacada y sentenciada a muerte. Entonces, Pistis se dirigió a sus hermanas diciendo: “Sabéis muy bien a Quien hemos seguido durante nuestras vidas y cómo este vínculo fue sellado con nuestro bautismo. Así que permaneceremos fieles hasta la muerte. No tengáis miedo ni os retractéis. Somos hijas de una madre que nos dio a luz y nos alimentó física y espiritualmente. Somos tres hermanas y tenemos la misma mente, y tendremos el mismo final. Que la primera sea ejemplo para las otras dos”. Y marchó serena a la decapitación, diciendo: “Con alegría voy hacia mi Señor Salvador.

Pistis (Fe), azotada en público. Ilustración rusa contemporánea.

Pistis (Fe), azotada en público. Ilustración rusa contemporánea.

Habiendo visto esto, Elpis, que había contemplado la horrorosa escena junto a su madre y su hermana menor, se dirigió a Adriano y le dijo: “¡Hombre malvado! ¿Cómo te atreves a comportarte así con los servidores de Cristo?” El emperador le dijo si acaso pretendía acabar como su hermana empleando aquellas palabras. No hubo manera de convencerla ni con halagos ni con palabras compasivas. De modo que fue Elpis arrojada a la misma parrilla y a la misma sartén donde habían metido a su hermana, avivada con grasa, resina y pez ardiendo, pero no habiéndole hecho daño la sustancia mortal, que se derretía salpicando a los verdugos, fue sacada de allí, colgada de los brazos y desgarrada con garras de hierro. Pero como este nuevo tormento tampoco la doblegaba, Adriano mandó que fuera decapitada. Elpis rogó a su madre que rezara por ella, cosa que hacía, animándola a permanecer fuerte como su hermana mayor lo había sido. “La paz y la salvación sean contigo, madre, se despidió ella, recuerda siempre a tu querida hija”. Marchó a donde aún yacía el descabezado cadáver de su hermana mayor, lo besó y, vertiendo lágrimas de emoción, dobló su cuello a la espada del verdugo.

Sólo le quedaba a Sofía su hija menor, la pequeña Ágape. Viéndola tan niña y exhausta, Adriano creyó que sería fácil convencerla, pero ella no dudó en mirar con repugnancia al emperador y gritarle: “¡Eres un hombre malvado! Tú que no mereces ser padre de tus propios hijos, ¿esperas acaso que te acepte yo como padre? Anda, demonio, haz lo que quieras conmigo, que yo no pienso perdonarte lo que has hecho”. Ágape fue atada a una rueda, donde le descoyuntaron los miembros hasta hacerle salir las articulaciones de su lugar. Al tiempo que sufría esto, era azotada con varas de tal manera que su cuerpo se enrojeció con su sangre y ésta chorreaba hasta el suelo. Era tan terrible la visión de la pequeña criatura tratada de este modo, que Adriano le dijo: “Muchacha, di simplemente que la diosa Diana es grande, y te juro que te liberaré. Pero si no lo haces, serás quemada inmediatamente en un gran horno. Ágape respondió: “Sólo mi Dios Jesucristo es grande, y tú perecerás junto con Diana”. Por lo tanto, la amenaza se cumplió, pero ella no esperó a que la arrojaran al horno, sino que entró en él libremente, por su propio pie, y fue pinchada con horcas desde el exterior. Pero el fuego se derramaba fuera del horno y quemaba a los de alrededor -alcanzando incluso al emperador y matando a cinco mil paganos (!!)-, y cuando se extinguió, ella salió ilesa y sonriente, incluso cuando los verdugos la perforaron, atravesándola con punzones al rojo vivo. Harto de ella, el chamuscado Adriano ordenó finalmente que fuera decapitada como sus hermanas mayores. Fortalecida por las cariñosas palabras de su madre, marchó tranquila a la muerte.

Martirio de las Santas. Anónimo del siglo XVIII. Museo Nacional del Virreinato. Tepotzotlán, México. Fotografía: Montserrat Báez.

Martirio de las Santas. Anónimo del siglo XVIII. Museo Nacional del Virreinato. Tepotzotlán, México. Fotografía: Montserrat Báez.

Ya fuera por miedo o por puro hastío, Adriano decidió no tomar medida alguna contra Sofía, y la liberó. Ayudada por varios cristianos, la viuda recogió los cuerpos de sus hijas y les dio sepultura, cubriéndolos de besos, ungiéndolos con mirra y envolviéndolos con sábanas limpias, depositándolos en sendos ataúdes en un mausoleo sobre una colina fuera de la ciudad. Allí se quedó, tendida sobre el sepulcro, llorándolas y diciendo: “¡Hijas mías queridísimas! ¡Yo quiero reunirme con vosotras!”. Sólo viviría tres días más. Al cabo de ese tiempo murió, quizá de pena, quizá porque, escuchando sus oraciones, Dios la quiso reunir con sus hijas; y fue sepultada con ellas. Era el día 30 de septiembre de 129. Aunque la tradición pasó a venerarla también como mártir, el hecho es que tan triste honor, si cabe ceñirse al relato, corresponde sólo a sus hijas. Claro que esto es sólo una versión de muchas: el Acta Martyrum de origen oriental, no histórica, afirma que Sofía también fue martirizada con sus hijas. La versión que hemos expuesto de la muerte natural a los tres días del sepelio de las hijas es la que defiende fray Lorenzo Surio, el Martirologio Galiano y el Menologio Sirleciano. Pero Baronio, en sus Anales de la Iglesia, dice que el fallecimiento de la madre, de muerte natural, tuvo lugar dos meses después del de las hijas. De modo que aunque tradicionalmente se asume que la madre no fue martirizada, sino que murió de muerte natural poco después que sus hijas, lo cierto es que otras versiones apuntan que fue martirizada y en no pocas obras de arte aparece representada y venerada como viuda “y mártir”.

Como se puede leer, este relato es inadmisible como documento serio e histórico que nos permita conocer a estas mártires. No sólo por la exageración de torturas descargadas sin ton ni son sobre las pobres niñas; por la “milagrosa” inoperancia de muchas de ellas, castigando en cambio a los verdugos y al mismo emperador; sino también por algunos elementos expresados en la introducción de este artículo y porque Adriano, vilipendiado como tirano en éste y muchos otros relatos -recordemos el martirio de Santa Sinforosa y sus siete hijos– en realidad no puede ser probado como perseguidor de los cristianos, puesto que ningún martirio real ha podido documentarse durante su reinado. Así que dejaremos al chamuscado emperador hispano el beneficio de la duda. Si bien es posible que una madre fuese martirizada con sus tres hijas -hemos visto casos reales-, el presente relato no es más que una leyenda, y como tal debe ser considerada.

Martirio de las tres hermanas. Santa Sofía alza los brazos en señal de lamentación. Fresco ortodoxo en el monasterio Decani (Serbia).

Martirio de las tres hermanas. Santa Sofía alza los brazos en señal de lamentación. Fresco ortodoxo en el monasterio Decani (Serbia).

Noticias arqueológicas y documentales
La noticia más antigua de la existencia y veneración de estas mártires romanas es de finales del siglo VI, pero esta misma ya presenta ciertas dificultades, pues el célebre presbítero Juan, que en tiempos de San Gregorio Magno recogía los óleos depositados sobre los sepulcros de los mártires, nos dice que sus sepulcros eran venerados en la vía Aurelia con nombres griegos -Pistis, Elpis, Ágape- y en la vía Apia, con nombres latinos –Fides, Spes, Charitas-. O sea, había duplicidad de sepulcros. ¿Reliquias repartidas, desdoblamientos, duplicación de tumbas? Sólo dos Itinerarios del siglo VII, nos hablan del grupo existente en la vía Aurelia, pero mientras uno de ellos (el de la Notitia Ecclesiarum) las señala por sus nombres griegos (Sofía, Pistis y Ágape: curiosamente, no nombra a Elpis), diciendo que sus sepulcros estaban en una cripta; el otro itinerario (el Malmesburiense), cita a las cuatro con sus nombres latinos (llamando a Sofía con el equivalente latino: Sapientia). En tiempos del Papa Pablo I (757-767) los cuerpos de las Santas sepultadas en la vía Aurelia fueron llevados a la iglesia de San Silvestre en el Campo Marzio.

Sus nombres fueron incluidos en el Martirologio de Usuardo, inscritas el día 1 de agosto, por primera vez. Baronio, sin embargo, incluyó sólo a las tres hijas en el Martirologio Romano el mismo día (1 de agosto); pero a la madre, Santa Sofía, la incluyó aparte, el 30 de septiembre. En todos los Sinaxarios griegos se las recuerdan el 1 de agosto y el 17 de septiembre; y en ésta última fecha es cuando las suelen celebrar las Iglesias Ortodoxas; que las tienen en muy gran veneración, dedicándoles hasta día de hoy numerosas obras de arte e iconos de variados estilos, siendo especialmente esplendorosos los pertenecientes al naturalismo ruso.

Arqueta con las reliquias de las Santas. Iglesia de San Trófimo de Eschau, Francia.

Arqueta con las reliquias de las Santas. Iglesia de San Trófimo de Eschau, Francia.

Iconografía y nombres
Aunque a simple vista se podría decir, simplemente, que son representadas como una madre y sus tres hijas -de edad variable, es decir, a veces la madre es más joven o más vieja, y las hijas igual aparecen como adolescentes que como niñas pequeñas-; lo cierto es que es más complicado. Debido a los nombres de las mártires -Fe, Esperanza y Caridad-, toman algunos atributos que son propios de las alegorías de estas Virtudes Teologales, con las cuales son fácilmente confundibles. Así, adoptan vestidos con los colores asociados a las mismas -fe/blanco, esperanza/verde, caridad/rojo-, atributos -fe/cáliz o cruz, esperanza/ancla, caridad/corazón ardiente-, y sólo será posible distinguirlas de las Virtudes Teologales si portan la palma del martirio. Asimismo, otros atributos exclusivos de las primeras pueden ayudar a distinguir: la Fe puede ir con los ojos vendados, o coronada, la Caridad es una mujer rodeada de niños que buscan mamar de sus pechos, con lo cual lógicamente, en ese caso no estarían representando a las mártires homónimas. Por lo general, se trata de una mujer con sus tres hijas, a las que ampara bajo su manto o abraza cerca de sí.

Al ser unas mártires muy conocidas y veneradas, adoptan muchos nombres: aparte del latino Fides, Spes et Charitas o el griego Pistis, Elpis y Ágape, son conocidas en Rusia como Vera (Fe), Nadezdha o Nadia (Esperanza) y Lyubov (Caridad). La única que mantiene su nombre mucho más inmutable es su madre, llamada Sofía en la mayoría de idiomas, y Sonia en ruso.

Hay quien ha dicho -entre ellos, el célebre historiador del arte Louis Réau- que el célebre templo bizantino de Santa Sofía de Constantinopla, en Estambul (Turquía) estaría consagrado a esta santa viuda y a sus hijas mártires. Esto no es cierto. Dicho templo está consagrado a la Divina Sabiduría (Hagia Sophia) que es una alusión a Dios en el libro bíblico de la Sabiduría. Para más información, consultar este artículo.

Icono y relicario de las mártires en Moscú, Rusia.

Icono y relicario de las mártires en Moscú, Rusia.

Por último, parece existir un curioso paralelismo entre la mártir Santa Fe (Pistis) de Roma y Santa Fe de Agen, mártir gala, ya que ambas padecerían suplicios muy similares y comparten nombre, pero ello no parece suficiente prueba como para afirmar un desdoblamiento, puesto que la iconografía, culto y pasión de la mártir gala es muy diferenciada de la mártir romana de quien hemos hablado hoy.

Reliquias
Ya hemos dicho que los cuerpos de las mártires que estaban sepultados en la via Aurelia fueron llevados a la iglesia romana de San Silvestre en el Campo Marzio. Alguna fuente afirma que el cuerpo de Santa Sofía fue trasladado a la iglesia de Santa Julia en Brescia y, posteriormente, a la de Santa Águeda en la misma ciudad, en tiempos de la Revolución Francesa; hasta que fue finalmente trasladada a la ciudad de Virle. Sin embargo, esta noticia es contradictoria con la que afirma que las reliquias de estas mártires han permanecido en la iglesia romana de San Silvestre in Capite, siendo trasladadas en el siglo XVIII sólo una parte de ellas a la iglesia de San Lorenzo in Lucina -también en Roma- y a la Basílica de San Pedro del Vaticano.

En Eschau (Francia), en la iglesia de San Trófimo, había una urna con reliquias de las Santas, pero fue abierta y profanada durante la Revolución Francesa, de modo que las reliquias desaparecieron. Una nueva reliquia fue solicitada a Roma y concedida, por lo que actualmente el arca de Eschau, algo maltrecha y presidida por una escultura de la Santa y sus hijas, vuelve a contener reliquias de las presuntas mártires. También se ha dicho que en otra parte de Francia, concretamente en Nôtre-Dame de Visau, diócesis de Cahors, aunque también desaparecieron durante el período revolucionario. Asimismo, en el mundo ortodoxo, especialmente en Rusia, se venera algún fragmento de hueso atribuido a Santa Sofía.

Se ha dicho que el cuerpo de la hija menor -Santa Ágape- está en la ciudad italiana de Chiari. Esto es totalmente falso. Lo que hay en Chiari es el cuerpo de una mártir extraída de las catacumbas a la que se ha dado este nombre de Ágape. Además, existe otro “cuerpo santo” de idéntico nombre en Oreno, por no hablar de muchas otras Santas de este nombre, como es una de las tres hermanas mártires de Tesalónica a las que ya dedicamos un artículo (Santas Ágape, Quione e Irene). Hay que prestar atención e ir con mucha cautela para no confundir a los Santos de idéntico nombre.

Detalle de la reliquia en Moscú (Rusia), presumiblemente de Santa Sofía.

Detalle de la reliquia en Moscú (Rusia), presumiblemente de Santa Sofía.

Himno de alabanza (San Nicolás Velimirovich)
Las santas mártires Vera, Nadezdha y Lyubov, y su madre, Sofía
sabiamente glorificaron al Señor:
como sacrificio a Él, ella ofreció tres bellísimas hijas
y a sus hijas dijo: “No temáis, hijas mías,
fortaleceos en Cristo; resistid en la Fe;
y no tengáis miedo de la tortura ni de las amargas desgracias.
No lloréis vuestros cuerpos, es mejor el cielo:
Dios os dará maravillosos cuerpos en el cielo.
No lloréis vuestra belleza, pues con divina belleza
brillaréis entre los ángeles en el Reino de Dios,
¡como hijas del Rey de Reyes!
No lloréis vuestra vida, ¿de qué vale esta vida terrena?
dura como mucho cien años.
En el cielo, la vida sin fin os espera:
vida sin fin, vida sin comienzo.
No lloréis la compañía de amigos terrenos,
porque allí os espera la compañía de los maravillosos Santos.
Tampoco lloréis la compañía de parientes mortales
porque vuestra familia en el cielo son los gloriosos mártires”.
Así instruyó la santa madre a sus santas hijas,
mientras, una por una, volaban al cielo:
tres blancas palomas, inocentes y puras
volaron suavemente al seno de Cristo.
Y con su alma elevada, su madre voló tras ellas
y se unió a sus gloriosas hijas en el Paraíso;
y nuestro Dios misericordioso escucha sus oraciones
.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Cità Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (12/02/2014):
http://www.churchofcyprus.org.cy/article.php?articleID=3562
http://www.enrosadira.it/santi/s/sofia-figlie.htm
http://full-of-grace-and-truth.blogspot.com.es/2009/09/sts-sophia-faith-hope-and-love-martyrs.html
http://www.parcodelcilento.it/santuariosantasofia/storiasantasofia.html

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