Santa Solangia, virgen mártir franca

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Vidriera de la Santa. Iglesia de Nôtre-Dame, Mehun-sur-Yevre, Francia. Fotografía: Nhuân DôDuc.

Vidriera de la Santa. Iglesia de Nôtre-Dame, Mehun-sur-Yevre, Francia. Fotografía: Nhuân DôDuc.

En Francia, es recurrente el fenómeno de diversas mártires que comparten, de forma sorprendente, los mismos atributos: el oficio de pastora, el martirio en defensa de su virginidad, y la cefaloforia, es decir, el hecho de que aparezcan representadas portando su cabeza cortada en manos. Hoy, día 10 de mayo, se conmemora la fiesta de una de ellas, Santa Solangia (en francés, Solange) de la cual hablaré brevemente.

Solangia había nacido en Villemont, lugar de Saint Martin du Crot – cerca de Bourges y actualmente llamada, en su honor, Sainte-Solange Cher – donde los lugareños vivían bajo la autoridad del señor feudal, el conde Bernardo de Poitou. Se dice que era una muchacha fuerte, gallarda y devota; que disfrutaba de sentarse a oír relatar las vidas de los Santos durante los largos meses de invierno. La conmovía, sobre todo, la historia de Santa Inés, la niña mártir romana que había afrontado el martirio en defensa de su pureza; y ella misma solía repetirse que también seguiría su ejemplo. Por ello, a los siete años de edad, hizo voto de mantener la virginidad en honor a Dios.

Al hacerse mayor, Solangia pasó a ocuparse del pequeño rebaño de su familia, como era habitual entre las hijas de familias humildes. Se levantaba al alba, pasaba por la pequeña iglesia para ofrendar alguna flor, y luego llevaba a las ovejas al campo, deteniéndose en una pequeña capilla donde se encerraba a orar con fervor. Era muy generosa con los pobres y desheredados, a los que atendía para sanar cualquier herida. Incluso era capaz de sanar enfermos con su mera presencia y exorcizar a los endemoniados.

A los 16 años, edad núbil de las muchachas en aquel entonces, Solangia se había vuelto tan hermosa que llamó la atención del joven Rainulfo, que era nada menos que hijo del conde. Un día que volvía a casa con la idea de visitarla, la halló rezando en su pequeño oratorio y la vio tan absorta, que esperó pacientemente a que se levantara. Cuando reconoció al hijo de su señor, Solangia le dedicó una reverencia como corresponde a una vasalla, pero entonces él le hizo numerosas proposiciones amorosas [1]. Ella permaneció silenciosa a las declaraciones del joven, porque, recordemos, había decidido consagrar su virginidad a Dios. Como él siguiera rogándole y tratando de convencerla, ella acabó por rechazarle abiertamente, diciendo: “Soy esposa de Cristo”. En un primer momento, él pareció resignarse, pero lo cierto es que no abandonó su empeño y siguió acosándola día y noche, ofreciéndole joyas y vestidos para cautivarla.

Secuencia del martirio de la Santa: perseguida a caballo (abajo), decapitada (centro), regresando a casa con la cabeza entre las manos (arriba). Iglesia de Nôtre-Dame la Blanche, Selles-sur-Cher (Francia).

Secuencia del martirio de la Santa: perseguida a caballo (abajo), decapitada (centro), regresando a casa con la cabeza entre las manos (arriba). Iglesia de Nôtre-Dame la Blanche, Selles-sur-Cher (Francia).

Como no había manera de convencer a Solangia para que aceptara sus requerimientos, decidió raptarla y deshonrarla por la fuerza para así, obligarla a cohabitar con él. Cierto día que ella estaba en el campo apacentando a sus ovejas, él apareció montando a caballo y, pasando a su lado, la agarró de la cintura y la subió al caballo, que partió al galope. La pastorcilla, que se resistía a ser violada, se debatió con fuerza para tratar de soltarse, y en el momento en que el caballo saltaba sobre un arroyo, logró liberarse de los brazos de Rainulfo y cayó al suelo; no pasando ni un segundo desde que se puso en pie y arrancó a correr. El joven señor, montando en cólera, desenvainó la espada y se lanzó tras ella; no tardó en llegar a su altura y, de un solo golpe, la decapitó.

La cabeza de Solangia salió despedida y rodó por el suelo; pero al instante los labios de la muerta se animaron y gritaron: “¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!” Ante la mirada horrorizada de Rainulfo, el cuerpo decapitado de la pastorcilla se levantó del suelo, fue hasta donde gritaba su cabeza, la tomó en sus manos y caminó plácidamente hasta su querido oratorio, donde tanto le gustaba rezar. Allí, se desplomó en el suelo y quedó inmóvil. Entendiendo que había elegido aquel emplazamiento como lugar de reposo, los lugareños la enterraron devotamente.

Aunque el relato en sí sólo es una leyenda y cabe analizarla con cautela, lo cierto es que se sabe que estos hechos ocurrieron bajo el episcopado de Frotario (876-890). Además, el culto a la Santa es muy seguro. En el 1159, según el censo de los bienes de la colegiata de San Pedro en Bourges, la villa de Saint Martin du Crot –que le pertenecía– tenía una pequeña iglesia dedicada a la Santa.

Las crónicas de la ciudad de Bourges informan que a finales de 1789, con ocasión de una grave sequía y de un peligro inminente, sacaron en procesión las reliquias por las calles de la ciudad, tomando como punto de partida la villa de Saint Martin. Esto mismo habían hecho anteriormente, en los años 1635, 1637, 1656, 1672, 1692, 1719 y 1731. Asimismo, los días 10, 11 y 12 de mayo de 1878 conmemoraron de manera solemne la muerte de la Santa, que es la patrona de Bourges y de Berry.

Iconográficamente se la representa como pastorcilla o como cefalófora (es decir, portando su propia cabeza en manos) por lo que es fácilmente confundible con santas vírgenes pastoras como Genoveva de París o Germaine Cousin; y también con santas mártires pastoras, como Saturnina de Arrás, Noyale de Pontivy, Belina de Landreville y otras muchas. Es, por ello, patrona de los pastores, pero también de las doncellas vírgenes y, lógicamente, de las víctimas de abusos y violaciones.

Urna con los huesos de la Santa. Colegiata de San Pedro, Bourges (Francia).

Urna con los huesos de la Santa. Colegiata de San Pedro, Bourges (Francia).

Aunque la vida de la Santa está aureolada en leyenda y hay ciertos detalles que hay que poner “en cuarentena” (el que curara con su presencia, los exorcismos, las cabezas parlantes y los cuerpos descabezados andantes) lo cierto es que el resto del relato es perfectamente verosímil, hay una datación precisa y las reliquias se conservan. Por lo tanto, no cabría dudar de la existencia de la misma. El hecho de considerar martirio su infortunada muerte ya sería harina de otro costal; aunque si hubiese vivido en el siglo XX perfectamente podría ser incluida entre las mártires de la pureza, pues murió defendiendo su virginidad. De hecho, deben haber existido un sinfín de mujeres víctimas de los abusos y violaciones de los señores feudales y de las tropas en movimiento en tiempos de guerra. La violencia feudal es un hecho documentado a lo largo de toda la Edad Media -aunque cabría matizar su frecuencia e intensidad dependiendo de las distintas regiones europeas, y en cualquier caso, siempre fue un fenómeno inmensamente impopular-; tanto, que una de las razones de las prédicas de la Cruzada medieval fueron desviar esa violencia de la Europa feudal cristiana al oriente musulmán, y dar un poco de respiro a los maltrechos vasallos y, sobre todo, a sus hijas y esposas.

Solangia es un caso entre mil y su profunda piedad y defensa de la virginidad la han hecho destacarse entre tantas. Hay algunas más que son veneradas también como Santas y mártires, espero poco a poco poder ir hablando de otras.

Meldelen


[1] La leyenda dice que Rainulfo le propuso matrimonio, pero sabemos que ese tipo de enlaces desiguales no tienen rigor histórico: el hijo de un conde no podía casarse con una vasalla. Sí podía, dependiendo de la legislación feudal local, exigir su virginidad en su noche de bodas (lo que se llama ius primae nocte, o, mal llamado, “derecho de pernada”); pero ella no iba a casarse, por lo que es más probable que Rainulfo le pidiera, simplemente, favores sexuales o una relación de concubinato.

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