Santa Valentina Sulkovskaya de Minsk

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

El 6 de febrero del año 2006, la asamblea de obispos de Bielorrusia acordó canonizar a Valentina Sulkovskaya, que ya era muy venerada por el pueblo bielorruso habiendo pasado los treinta últimos años de su vida postrada en una cama.

El 7 de abril del 1888 nacía en Koski, distrito de Minsk, una niña en el seno de una familia formada por el sacerdote Teodoro Iosifovicha Cherniavsky, que era el rector de la iglesia parroquial de San Nicolás, en la localidad de Stankovo, cercana a Minsk y su esposa, Sofía Petrovna Chernjavskaja, que compartía la vida apostólica de su marido. Sofía era una mujer de gran fuerza de voluntad y muy piadosa que educó a su hija Valentina y a sus hermanas Ana, Xenia y Olga en los principios de la fe ortodoxa, en un ambiente familiar muy unido, donde se derrochaba el amor entre los padres y sus hijos y de estos entre sí. Al ser bautizada se le impuso el nombre de Valentina, pasando en su hogar tanto su infancia como su adolescencia. De su infancia se cuenta un curioso hecho: cuando tenía cinco años de edad le regalaron un pequeño árbol de Navidad que ella puso delante de la iglesia de Koski. Aunque el árbol estaba seco ella lo regaba diariamente mientras le pedía al Señor que “el árbol fuera cada vez más fuerte”. Pasada la Navidad, plantó el árbol en un bosque y éste creció en forma de cruz. En su juventud conoció personalmente a San Juan de Kronstadt, arcipreste ortodoxo en San Petersburgo.

Poco antes de estallar la Primera Guerra Mundial, Valentina Cherniavsky se casó con Teodoro Vasilievich Sulkowski, persona muy ligada al clero y del que tomó su apellido, pero la apacible vida de los recién casados no duró mucho tiempo ya que al estallar la Guerra, Teodoro tuvo que participar en ella como oficial de apoyo en el frente occidental en la solución de los problemas logísticos. Fueron tiempos muy difíciles ya que muchas personas murieron y otras muchas tuvieron que refugiarse en distintas provincias rusas; la inflación se disparó, los alimentos escasearon y las familias no tenían recursos para llegar a fin de mes. Por este motivo, Valentina se puso a trabajar en las oficinas del censo en Minsk y en agosto de 1917 se marchó a Orsha donde vivió hasta que las fuerzas alemanas se retiraron de Bielorusia a finales de 1918. Entonces, con su esposo, regresaron a su pequeña casa.

La Santa fotografiada el día de su boda, tocando la guitarra.

La Santa fotografiada el día de su boda, tocando la guitarra.

En ese momento, su padre estaba muy enfermo y no podía ejercer como sacerdote en la iglesia de Stankovo, aunque de vez en cuando realizaba algunos servicios religiosos en una pequeña iglesia cercana a Koski. Con sesenta y nueve años de edad murió, siendo sepultado en el cementerio de la iglesia.

El esposo de Valentina, no pudiendo cumplir con sus deberes anteriores, tuvo que ganarse la vida trabajando en el campo tanto en la agricultura como en la ganadería. Su esposa Valentina le ayudaba, por lo que el trabajo de ambos hizo posible que pudieran llevar una vida modesta. Parecía que su vida volvía poco a poco a la normalidad, pero estas esperanzas se disiparon muy pronto con el inicio de la política de colectivización. En 1930 se estableció una granja en Koski y allí tuvieron que inscribirse, siendo forzados a trabajar según las condiciones impuestas por las autoridades soviéticas. Esta nueva política desagradó a muchos de sus vecinos que empezaron a revelarse contra la nueva forma de trabajo, comenzando los arrestos.

Su esposo, Teodoro Vasilievich, corrió esta misma suerte, fue privado de libertad y enviado a un campo de trabajo cercano a la estación de ferrocarril de Moscú-Kazan. Allí permaneció hasta 1933, cuando se le permitió volver con su familia, pero nuevamente fue detenido y en ese momento fue enviado a Siberia. A principio de los años treinta, el esposo de su hermana Ana, el sacerdote Basilio Stepura fue detenido y deportado durante tres años a Kazajistán y el esposo de su hermana Xenia, el sacerdote Sergio Rodakovsky – también canonizado -, fue condenado a muerte y ejecutado en 1933.

Habiendo perdido a su esposo, ella siguió viviendo en Koski, cuidando de su anciana madre, mientras una enfermedad renal comenzó a agravar de tal forma su salud que, primero la debilitó sobremanera y luego la obligó a pasar largos períodos de tiempo en la cama, en la que finalmente “quedó clavada”. En este estado, tanto ella como su madre recibieron los cuidados de algunos buenos vecinos y especialmente de un sobrino llamado Teodoro que finalmente tuvo que exiliarse y trabajar en una fábrica en Nizhny Tagil.

La Santa, ya anciana e inmovilizada en su lecho de enferma.

La Santa, ya anciana e inmovilizada en su lecho de enferma.

Aun así, todos los meses le enviaba a Koski por correo postal la cantidad de cien rublos, única cantidad de dinero que entraba en la familia. Su hermana Olga nunca se casó y trabajó durante unos años como directora de una escuela en Minsk, ayudando de vez en cuando tanto a su hermana como a su madre. A principios del año 1937 murió su madre, Sofía Petrovna y Valentina, ya en cama, se quedó completamente sola, aunque a instancia de su hermana Olga era ayudada de vez en cuando por algunos vecinos. En el mes de julio de 1937 las autoridades soviéticas arrestaron en Minsk a un grupo de clérigos ortodoxos, entre ellos al obispo de la diócesis, los cuales fueron fusilados el 1 de noviembre del mismo año.

La pérdida de su esposo, la muerte de su madre y los asesinatos de los últimos sacerdotes de la diócesis de Minsk afectaron gravemente a Valentina, que cada vez empeoraba más de su enfermedad renal. Pero estos trágicos sucesos fortalecieron su espíritu, no la sumió en la desesperación, acrecentó su fe en Dios y le ayudó a sobrellevar su grave enfermedad. Se convirtió en una persona inefable, sobrellevó la dos Guerras Mundiales, la represión post-revolucionaria, la persecución a la Iglesia, viendo pasar delante de ella a personas de diferentes generaciones mientras ella continuaba con su sufrimiento en la cama.

Icono ortodoxo ruso de la Santa, colocado en su sepulcro y adornado con flores.

Icono ortodoxo ruso de la Santa, colocado en su sepulcro y adornado con flores.

A finales de los años cincuenta y principio de los sesenta, la Iglesia Ortodoxa sufrió una intensa persecución por parte del régimen comunista: se acrecentó la propaganda anti-religiosa, se cerraron y destruyeron los templos, se prohibió la literatura religiosa, parte del pueblo se hundió en el alcohol y todo esto era sufrido por Valentina en su cama. Recordemos que procedía de una familia sacerdotal y que dos de sus hermanas estuvieron casadas con sacerdotes. Valentina, dedicada exclusivamente a la oración, ofreció su vida como oposición eclesial al régimen ateo. En este sentido, se convirtió en un foco de atracción para todos aquellos que, en la clandestinidad, seguían cultivando su fe ortodoxa. Le dio a su vida y a cuanto la rodeaba tal carácter espiritual que se exteriorizaba ante quienes acudían a ella, ya no sólo para cuidarla en su lecho del dolor, sino para recibir consuelo espiritual como si de un confesor se tratara.

Desde la cama se dedicó a cuidar espiritualmente de sus vecinos: con alegorías y parábolas respondía a cuanto se le solicitaba. Era una madre para todos que no sólo consolaba en el presente sino que adivinaba el futuro de cuantos acudían a ella. De esta manera no sólo afianzó en la fe a los creyentes sino que incluso atrajo a ella a muchos que la habían abandonado. Postrada y dolorida en la cama, con la imposición de sus manos devolvía la salud a los enfermos. Sanaba las almas, pero también sanaba los cuerpos y a cambio jamás aceptó regalo alguno, salvo la atención propia de quien está completamente impedida.

El conocimiento de su vida se extendió por toda la región. La gente acudía en masa a su cama y ella siempre tenía las palabras justas de consuelo y el poder sanador de sus manos. Así, de esta manera, falleció en Stankovo el 6 de febrero de 1966, habiendo permanecido en la cama por espacio de treinta años seguidos y habiendo sido la verdadera madre de todos sus vecinos. Su enterramiento fue multitudinario y como se prohibió la celebración de cualquier oficio fúnebre, éste fue celebrado por un sacerdote vestido de paisano.

Reunión de fieles ortodoxos alrededor del sepulcro de la Santa.

Reunión de fieles ortodoxos alrededor del sepulcro de la Santa.

Inmediatamente después de su muerte, su tumba se convirtió en meta de peregrinación y el pueblo comenzó a venerarla como a una santa; como dije al principio, esta veneración popular, que incluso trascendió las fronteras de la ortodoxia llegando a países como Dinamarca o Eslovaquia, fue reconocida oficialmente por la Iglesia el día 6 de febrero del año 2006, o sea, cuarenta años exactos después de su muerte. Su fiesta se celebra el día 6 de febrero.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (05/12/2014):
– www.dzerlib.by/pages/kraevedenie/stvalent.html
– http://sobor.by/belarus.php?cont=valentina
– http://sppsobor.by/bractva/vilna/laboratory/bellife/4000

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