¿Existió Santa Verónica?

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"Santa Verónica sosteniendo el Santo Sudario", lienzo de Simon Vouet (s.XVII). Museo de Tesse, Le Mans (Francia).

“Santa Verónica sosteniendo el Santo Sudario”, lienzo de Simon Vouet (s.XVII). Museo de Tesse, Le Mans (Francia).

Pregunta: Hola: tengo mucho interés en saber cuando se celebra Santa Verónica. Debe haber más de una, pues cuando consulto encuentro distintos días según las fuentes consultadas. Además mi interés es en la Verónica que enjugó el rostro de Jesús camino del Calvario. Pero cuando lo busco me vienen otras Verónicas que no son esa. A lo mejor es que esta Verónica no fue Santa, que no lo se. Así que mi pregunta es: ¿qué día se celebra Santa Verónica (Santa o no), pero referente a esta mujer que secó el rostro de Jesús y éste dejó su cara impresa en el paño? Espero que podáis ayudarme. Muchas gracias anticipadas.

Respuesta: Según la tradición, que no la Historia, Verónica (o Berenice) era una piadosa mujer que vivía en Jerusalén. Su nombre aparece por vez primera en un documento apócrifo llamado “Las Actas de Pilatos”, que dice que durante el proceso a Jesús, una mujer llamada Bernike o Berenice (Βερενίκη en griego o Verónica en latín), gritó desde lejos: “Yo sufrí un flujo de sangre, toqué la orla de sus vestiduras y quedé curada”, a lo que los judíos respondieron: “Nosotros tenemos una ley por la cual, una mujer no puede testificar”. Es evidente que este texto apócrifo está haciendo mención de la mujer hemorroísa, a la que se refieren los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, a la que, sin saberse el por qué, le atribuyen el nombre de Bernike. En Occidente, desde el punto de vista etimológico decimos que el nombre de Verónica viene de “verdadero icono”, que es una mezcla de una palabra latina con otra griega.

Estas “Actas de Pilatos” forman parte de un complejo de escritos apócrifos que se complementan entre sí y cuyo núcleo primitivo es del siglo II, que describe la Pasión, muerte, descenso al limbo y Resurrección de Cristo, reunidos bajo el título genérico de “Acta Salvatoris” y que en la versión griega recibió el nombre de “Las Actas de Pilatos” (Οι πράξεις του Πιλάτου). En esta recopilación se pueden distinguir siete obras distintas:

Escultura barroca de la Santa, obra de Francesco Mochi (1629). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura barroca de la Santa, obra de Francesco Mochi (1629). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

“Las Actas de Pilatos” con el proceso a Cristo y su posterior sepultura por parte de José de Arimatea, que parece que fue escrita en arameo y de cuya traducción al griego proceden el resto de traducciones.
“El descendimiento de Cristo a los infiernos”, que está acompañado por una carta de Pilatos a Claudio.
“La carta de Pilatos a Tiberio” explicándole la condena a Jesús.
– El llamado “Evangelio de Nicodemo que de por sí no es un apócrifo en sí mismo, sino que es una recopilación de los dos primeros que se hizo en el siglo X.
– La “Anaphora Pilati”, que es un informe de Pilatos al emperador Tiberio y cuyo origen es antiquísimo.

– La “Paradosis Pilati”, que es como una continuación del documento anterior y en el que se relata que cuando Tiberio recibió el informe, se puso furibundo, mandó encarcelar a Pilatos y llevarlo a Roma donde lo condenó a muerte.
– Y la “Vindicta Salvatoris” o “Evangelio de la venganza del Salvador, que narra el castigo a Pilatos y a los judíos. Es en este último documento donde se cuenta que la Verónica tenía el retrato de Cristo, el cual le fue quitado por Volusiano para llevarlo ante el emperador Tiberio, que estaba enfermo de lepra y que se curó apenas vio y adoró la imagen de Cristo. Verónica abandonó Palestina y se fue a Roma tras “esta reliquia familiar”. Como puede comprobarse, estos relatos, aunque están escritos desde muy antiguo, no es más que una pura fábula o fantasía.

La tradición nos dice que cuando Jesús iba camino del Calvario portando la cruz, una mujer se enterneció y acercándose a Él le limpió el rostro con su velo. Jesús se lo permitió y su rostro quedó milagrosamente impreso en el paño. Pero para complicarlo todo un poquito más, un documento denominado “Mors Pilati” explica la forma en la que la Verónica consiguió el retrato de Cristo: “Ella quería tener una representación del rostro de Jesús; éste le pidió el velo sobre el cual el pintor tendría que trabajar y le permitió pintar su rostro”. ¡Casi nada! Y sigue hablando de un Volusiano – menos cruel que el Volusiano de la “Vindicta Salvatoris” – que la hizo ir a Roma y allí le presentó al emperador Tiberio, el cual se curó en cuanto vio el Sagrado Rostro. Antes de morir, Verónica entregaría la reliquia al papa San Clemente.

Lienzo de la Santa, obra de Hyppolite Paul Delaroche (1856). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Lienzo de la Santa, obra de Hyppolite Paul Delaroche (1856). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Existe un documento apócrifo del siglo V llamado “Doctrina de Addai” donde se dice que esta imagen del Señor fue enviada a la hija del rey de Edessa que, casualmente, también se llamaba Berenice. Esto es todo lo contrario a lo que se cuenta en las “Actas de Pilatos”. ¿Qué pensar de todo este embrollo? En mi opinión, que todo es un puro cuento de callejas, pero tengo que reconocer que está muy generalizada la teoría en la que, mezclando la historia de la Santa Faz y la Verónica, a ésta se la identifica con la hemorroísa de los Evangelios. Pero en realidad, nada puede darse como ciencia cierta.

Eusebio, en su “Historia eclesiástica”, hablando sobre Cesarea de Filipo, dice textualmente que “no estimo conveniente silenciar una historia que debe pasar a la posteridad. La hemorroísa que fue curada de su enfermedad por el Salvador, se dice que era oriunda de esta misma ciudad; aquí se encuentra su casa y existe un monumento conmemorativo del milagro realizado por el Redentor. En una roca situada delante de la casa donde está la habitación de la hemorroísa, hay una estatua de bronce de una mujer de rodillas y con las manos extendidas en actitud de implorar; de espalda a ella existe otra escultura que representa a un hombre de pie envuelto en un manto y que le tiende la mano a la mujer. A sus pies, en el camino, crece una planta de especie desconocida y que se alza hasta el borde del manto de bronce. Esta planta es eficacísima, porque cura todas las enfermedades. Se dice que la estatua representa a Jesús y así ha permanecido hasta nuestros días; nosotros la hemos visto con nuestros propios ojos cuando estuvimos en aquella ciudad”. Sozomeno cuenta que esta escultura en honor del Salvador fue destruida durante la persecución de Julián el Apóstata.

Imagen procesional de la Verónica perteneciente a la Hermandad del Valle, Sevilla (España).

Imagen procesional de la Verónica perteneciente a la Hermandad del Valle, Sevilla (España).

Esta descripción de la hemorroísa inclinada con las manos implorantes extendidas y del Señor que le tiende la mano, podría llevar a pensar que es aquella que, desde mediados del siglo XV, en Occidente, es representada como una piadosa mujer que seca el rostro del Salvador cuando iba de camino al calvario. Sin embargo, nada autoriza a confundir ni a rechazar a la persona de la hemorroísa – denominada Bernike (Verónica) en el antiquísimo capítulo séptimo de las “Actas de Pilatos” -, con todas las variantes posteriores de la imagen del Salvador impresa milagrosamente sobre una tela. Una es real y, muy probablemente, la otra es una variante de la primera. La hemorroísa existió como lo atestiguan los Evangelio, pero la Verónica puede ser sólo una tradición piadosa sin base real. ¡Y ya no hablemos de la tradición francesa que dice que la Verónica era la mujer de Zaqueo y que ambos se fueron a las Galias para predicar el cristianismo! Como se dice en la Universidad: “Esto es ya para conseguir nota”.

Sin embargo, en el siglo XVI, el Venerable cardenal Baronio -¡ay Baronio de mis culpas!- inscribió en sus anales la llegada de la Verónica a Roma trayendo esta preciosa reliquia y así, empezó a celebrarse su festividad el día 4 de febrero. El mismísimo San Carlos Borromeo – de quien tenemos que escribir – le compuso un oficio y una misa en rito ambrosiano.

Pero como a esta historia aún le falta algo relacionado con alguna visión mística que pudiese confirmarla, ésta llegó en el año 1844 cuando una monja carmelita francesa llamada Sor María de San Pedro, tuvo una visión en la que se le apareció Santa Verónica limpiándole el rostro a Cristo, quien además le dijo que los actos sacrílegos y las blasfemias actuales se agregaban al barro, al polvo y a las salivas que ensuciaban el rostro del Salvador. Esto valió para que se afianzara la devoción a la Santa Faz en muchísimas localidades europeas, principalmente francesas, italianas y españolas y que, incluso, algunas Congregaciones religiosas hicieran referencia a esta nueva devoción, que finalmente fue aprobada por León XIII, el 12 de julio de 1885.

Como es lógico, el nombre de Verónica no aparece en ninguno de los martirologios históricos antiguos y ni siquiera, en los medievales. En el tema iconográfico no quiero ni entrar, porque además de complejo, no es mi fuerte.

Escena de la Verónica en “La Pasión” de Mel Gibson (2004)

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VANNUTELLI, P., “Actorum Pilati textus synoptici”, Roma, 1938.
– SPADAFORA, F., “Bibliotheca sanctorum” tomo XII, Città N. Editrice, Roma, 1990

Enlace consultado (21/09/2013):
http://en.wikipedia.org/wiki/Saint_Veronica

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