Santas Fusca y Maura, mártires

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Detalle de Santa Fusca en un lienzo barroco. Iglesia de Santa Maria in Porto, Rávena (Italia).

Detalle de Santa Fusca en un lienzo barroco. Iglesia de Santa Maria in Porto, Rávena (Italia).

Hoy se conmemora la festividad de dos Santas mártires, de nombres Fusca y Maura, que son de origen latino y vienen a significar, respectivamente, “morena” –fusca en latín es “oscura”, haciendo referencia a una piel de color oscuro- y “nacida en Mauritania”, por lo tanto, dos nombres de reminiscencias más bien africanas. Los datos de que disponemos son pocos y de escasa fiabilidad, pero vale la pena que nos adentremos primero en la vistosa passio de estas dos Santas, para luego proceder a su pertinente crítica.

Passio de las Santas
Según este relato, Fusca nació en una familia pagana de Rávena, y su nodriza, esto es, la mujer -probablemente esclava- que la amamantó, crió y cuidó toda su infancia y adolescencia fue Maura, a la que tenía gran cariño y confianza.

Tenía quince años Fusca cuando confesó a su nodriza algo que tenía oculto desde hacía tiempo, y que consistía en su deseo de hacerse cristiana, proponiéndole a ella también que se bautizara y que, en cualquier caso, no la traicionara, puesto que le confiaba aquel secreto por la gran confianza que las unía. Maura lo meditó algún tiempo, considerando el peligro en que eso pondría a la criatura que habían puesto bajo su tutela desde que nació, pero llena ella también de un gran fervor, accedió a convertirse junto con su hija de leche. Ambas acudieron al sacerdote Hermolao. Éste, durante el tiempo que fue preciso, las instruyó en la fe, y cuando las halló preparadas, las bautizó.

Cuando Siro, padre de Fusca, supo esto, volvió su ira contra Maura, pues juzgó que no había cuidado bien de ella al dejar que religión tan sectaria llegara a encantarla. En vano intentó Siro una y otra vez de hacer que Fusca volviera a la fe romana. Viendo que no podían convencerla, él y su esposa lloraban, porque sabían lo que esperaba a los cristianos rebeldes. Fusca les dijo que no debían llorarla, porque había encontrado al verdadero Dios y no seguía adorando a estatuas inanimadas, como les ocurría a ellos. Al oírla hablar así, Siro montó en cólera. Furioso y decepcionado, mandó encerrar en el sótano a Fusca y a Maura, y durante tres días consecutivos las privó de comida y bebida, con tal de que reflexionaran.

Detalle de Santa Maura en un lienzo barroco. Iglesia de Santa Maria In Porto, Rávena, Italia.

Detalle de Santa Maura en un lienzo barroco. Iglesia de Santa Maria In Porto, Rávena, Italia.

Acabado el doloroso triduo, les mandó nobles matronas y doncellas para que con suaves y amables palabras las hicieran reflexionar y ceder, pero fue como hablar al viento, ellas no estaban dispuestas a dar su brazo a torcer. Visto esto, decidieron los padres bajar a hablar con ellas y le dijeron a su hija que no estaba bien creer en un judío que había sido vergonzosamente muerto en un patíbulo, confesando ella, por toda respuesta, a Cristo como único Dios y Salvador. Entonces su padre la amenazó con tormentos, a ella y a Maura, y con entregarlas al juez Quinciano, que por entonces gobernaba la ciudad, pero la joven respondió que no temía a los tormentos ni a la muerte, pues estaba segura, por su fe cristiana, de resucitar a una vida mejor. Llevado por la ira, Siro tomó un cuchillo, y allí mismo hubiera degollado a su hija de no ser porque la madre se interpuso y lo impidió, gritando que no debía derramar la que era su propia sangre, y que debía tener más paciencia y esperar a que cedieran. Pero fue espera inútil, pues Fusca y Maura permanecieron fieles a su creencia, prefiriendo la felicidad de la muerte a la infelicidad de la vida. Mientras tanto, Siro, queriendo obligarla a abjurar de su fe, sacrificaba en presencia de su hija numerosas ofrendas a los dioses.

Aquel año, como decíamos, el decimoquinto de la vida de Fusca, había llegado a Rávena el procónsul Quinciano, quien venía de Sicilia, tras haber hecho martirizar a la célebre Águeda de Catania. A su llegada tembló la comunidad cristiana por la mala fama del magistrado, pero Fusca y Maura se encomendaron a Dios. Estando Quinciano en su tribunal, llegaron unos delatores que le informaron de lo siguiente: “Mira, incluso la hija de Siro se ha hecho cristiana”. Enfurecido, mandó el magistrado que apresaran a la joven. Dice la leyenda cuando los satélites del pretor fueron a arrestar a Fusca, la hallaron en conversación con un ángel resplandeciente que los hizo huir asustados y volver al palacio del pretor. Éste, furioso, los mandó encarcelar.

Entonces, ella y Maura se presentaron voluntariamente ante el pretor, sin darles tiempo a que fueran a por ellas, y con ellas los padres de la joven. Cuando Quinciano requirió a Siro responsabilidades por haber educado a su hija en la fe cristiana, éste se defendió diciendo que nada había tenido que ver con ello y que en vano había intentado disuadirla. Por su parte, el procónsul intentó hacer lo propio con Fusca en el mismo tribunal, incluso amenazándola con echar su cuerpo a los perros y aves carroñeras, pero fue inútil.

Martirio de las Santas. Grabado en la portada de la passio.

Martirio de las Santas. Grabado en la portada de la passio.

Irritado contra Fusca, Quinciano mandó que fuera azotada y luego arrojada a la cárcel junto con Maura. Pasaron varios días en prisión, pero nada podía conmover su ánimo y voluntad. Por fin, Quinciano mandó sacarlas al exterior de Rávena. Sabiendo que iba al martirio, conducida por los soldados y seguida de cerca por una multitud que lloraba y se compadecía de ella, Fusca oró a Dios por el reposo de su alma y se dice que se oyó una voz del cielo que decía: “No temas, Fusca, sierva fiel, has superado la prueba: ven impávida, ven y entra en el gozo de tu Señor”. Entonces Fusca se volvió hacia el lancero y le dijo: “Acércate, y cumple con tu misión”. Y entonces, sin más, el verdugo le clavó la lanza en el costado, dándole muerte de inmediato. Maura, abrazando el cuerpo aún caliente, pidió al verdugo que le hiciese lo mismo, y así a lanzazos fue ejecutada. Otras versiones dicen que fueron decapitadas. Era el 13 de febrero del año 251.

Sus cuerpos fueron arrojados al mar, pero unos marineros los recogieron y los llevaron a Tripolitania, donde fueron adecuadamente enterradas en una gruta cerca de Sagratha. Años más tarde, durante la ocupación árabe, un cristiano llamado Vidal, por inspiración divina, tomó lo que quedaba de aquellos restos y los trasladó a Italia, a la isla de Torcello, en la laguna veneciana, donde se les erigió una iglesia.

Análisis documental
Vista la historia conocida de las dos Santas, lo cierto es que la passio no aporta ningún elemento cronológico que nos permite ubicar en qué época pudo ocurrir el martirio. Claro está que los hagiógrafos mantienen que el martirio ocurrió durante la persecución de Decio, pero porque suponen que el prefecto Quinciano es exactamente el mismo consularis provinciae Siciliae que martirizó a Santa Águeda. Pero… ¿lo es? Recordemos que según la passio de la mártir de Catania, Quinciano murió al poco del martirio de Águeda, siendo pisoteado por sus caballos y ahogado en un río cercano, en castigo por sus malas acciones. Claro que es otro elemento fantástico de la passio, propio de relatos que quieren ver la venganza divina abatirse sobre los perseguidores, pero entra, cuanto menos, en contradicción con el relato de Fusca y Maura.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot.

Por esto mismo, el hagiógrafo Lanzione mantiene que estas Actas de Fusca y Maura no son anteriores al siglo XIV y que, dado que son tan tardías, no tienen ninguna credibilidad. Para él, este relato se limita a copiar elementos de la passio de Santa Águeda y de la de los Santos Fermo y Rústico, no habiendo otro motivo para ello que la necesidad de darle un nombre y una historia a las reliquias de unas presuntas mártires que fueron robadas y llevadas a Venecia por unos navegantes venecianos. Debido a esto, hay que excluir absolutamente que estas Santas fueran martirizadas en Rávena, aparte de por esto, porque, según las fuentes más antiguas, no se conoce a ningún mártir en esta ciudad a excepción de San Apolinar. Esto quizá se vería reforzado por el propio nombre que llevan las Santas: Fusca, “negra, morena” y Maura, “la mauritana”, son nombres que aluden a dos personas de indudable procedencia africana.

Algunos hagiógrafos hacen ciertas observaciones a estas conclusiones de Lanzione, diciendo que seguramente la antigüedad de la passio sea anterior al siglo XIV -como él pretende establecer-, ya que, de hecho, se encuentra en dos códices del siglo XIII e incluso se ve una redacción mucho más abreviada en otro códice del siglo XII que se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Bologna. Pero nuevamente, uno o dos siglos de diferencia no supone demasiado en cuanto a la redacción de un texto que es, nuevamente, demasiado tardío para unas Santas que habrían sido presuntamente martirizadas en el siglo III.

Reliquias y culto
Que las reliquias llegaran a Torcello desde África es algo que queda confirmado por los dos nombres, ya que Fusca y Maura son adjetivos que eran utilizados en Italia como para indicar a personas provenientes de África, como ya hemos dicho. De esto podría deducirse que las dos mártires, en un principio fueron anónimas y, por lo tanto, de nombres desconocidos.

Imagen de Santa Fusca venerada en Agrons, Italia.

Imagen de Santa Fusca venerada en Agrons, Italia.

En lo que respecta a su relación con Rávena, hay quienes defienden que este origen es simplemente arquitectónico, o sea, que como la pequeña iglesia de Santa Fosca constituyó un grupo unitario con la basílica y el baptisterio de Torcello, que es el monumento más antiguo de Venecia inspirado de forma completamente visible con el gusto bizantino-ravenato, dedujeron que las Santas tenían aquella procedencia. La semejanza de este monumento con el de San Vidal de Rávena y la casualidad de que aparece un Vidal en la passio, no hace más que confirmar esta hipótesis. Y casualmente además, la antigüedad de esta iglesia es la misma que la primera copia que tenemos de la passio: siglo XII.

Iconografía
Normalmente, en representaciones artísticas, culto y memoria, Santa Fusca toma la delantera a su compañera Maura, por ser más la protagonista. Es representada como una joven doncella, vestida noblemente, con un puñal o espada clavada en el pecho -lo que la hace fácilmente confundible con Santa Justina– aunque también se la puede ver con una pica, una lanza o incluso una alabarda, que serían indistintamente sus instrumentos de martirio, pues murió apuñalada.

Maura aparece simplemente como la otra mártir que la acompaña, y aunque habiendo sido su nodriza debería ser representada como una mujer de mucha más edad, lo cierto es que a menudo no se distingue claramente la diferencia de edad entre ambas.

Conclusiones
Todo lo que concierne a las dos mártires conocidas como Fusca y Maura nos ofrece, más bien, pocas certezas. Es cierto que las reliquias de estas Santas probablemente llegaran desde África para ser guardadas y veneradas en Torcello (Venecia), y que, como se desconocía el auténtico nombre de ellas, se les dio a cada una uno que identificaba su lugar de procedencia: África, y en concreto, Mauritania. Por lo tanto, es falso que fueran mártires de Rávena o fueran martirizadas en Rávena. Esta atribución se debe al haber tenido culto en esta ciudad en una pequeña iglesia, nada más. Pero estamos ante mártires africanas anónimas, no italianas.

A partir de ahí, ya sólo quedan suposiciones imposibles de verificar. Se supone el martirio de estas Santas porque sus reliquias llegaron del norte de África; y es cierto que muchas reliquias de mártires africanos llegaron al continente europeo para ser salvadas de las correrías de los vándalos, o robadas por los venecianos como este caso parece indicar, pero eso es todo. Certeza del martirio no hay de forma documental.

Sepulcro de las Santas (bajo el altar). Iglesia de Santa Fosca, Torcello (Italia).

Sepulcro de las Santas (bajo el altar). Iglesia de Santa Fosca, Torcello (Italia).

La passio es un texto extremadamente tardío -siglo XII- que reproduce los errores generados de la incertidumbre que rodea a las Santas: el “copiar” al personaje de Quinciano de la passio de Santa Águeda, el tomar otros elementos de la passio de los Santos Fermo y Rústico, el darlas por oriundas de Rávena cuando sólo habían tenido allí una pequeña iglesia y las reliquias, en cambio, estaban en Torcello; y desde luego, los nombres, que proclaman a gritos su extranjería, su origen africano. Eso hace que no pueda ser considerado un texto válido para conocerlas y nos muestra la evidencia de que, al fin y al cabo, aparte de que eran africanas y probablemente mártires, y de que sus reliquias llegaron desde África a Italia para ser salvaguardadas y veneradas, no sabemos absolutamente nada más de aquellas dos a las que llamamos Fusca y Maura, pero que hasta sus nombres reales ignoramos.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlace consultado (11/02/2014):
– www.santiebeati.it/Detailed/40700.html

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