Santos Basílides, Potamiena y Marcela, mártires

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Grabado de Santa Potamiena, obra de Rosweydus Cnobbaert.

Grabado de Santa Potamiena, obra de Rosweydus Cnobbaert.

Hoy se celebra la festividad de un grupo de mártires de Alejandría (Egipto), de los cuales sabemos gracias a Eusebio de Cesarea, quien nos cuenta que, durante la persecución de Septimio Severo, como los catequistas de la escuela alejandrina habían sido dispersados, Orígenes – que sólo tenía diecisiete años -, tomando su puesto y avisado por algunos paganos que eran amigos suyos y querían abrazar la nueva fe, comenzó a instruirlos en las verdades del cristianismo, haciéndolo con tanto ardor que pronto fue descubierto. Muchos de estos nuevos cristianos, fueron apresados y dieron sus vidas afrontando el martirio.

Entre éstos, Eusebio recuerda a Plutarco, Sereno, Heráclides, Herón, otro Sereno, Heraides y, en el séptimo puesto, a Basílides, con quien se explaya más extensamente, mezclando su historia con la de la virgen Potamiena y su madre Marcela. También nos habla de ellos Paladio en su Historia Lausiaca aunque ubica el martirio en tiempos de Maximino.

Historia de los Santos
Potamiena es un nombre griego, prácticamente en desuso, que recuerda a todo lo relacionado con un río. Una carta de Dionisio de Alejandría nos habla de esta esclava de gran belleza, que vivió en Alejandría de Egipto al servicio de un amo lujurioso, junto con su anciana madre Marcela. Había sido convertida a la fe, como ya hemos dicho, por Orígenes, y era famosa tanto por su hermosura como por sus virtudes, aunque había rechazado muchas propuestas de matrimonio y se dedicaba a cuidar a los necesitados.

Su amo trató innumerables veces de seducirla, de convencerla para que mantuviese relaciones sexuales con él, pero ella nunca accedió. De modo que, cuando se desató la persecución, despechado por el rechazo de la joven, la entregó a ella y a su madre a la autoridad del prefecto Aquila, diciendo: “Como no logro persuadir a mi esclava de que se someta a mis deseos, la dejo en tus manos para que venzas su determinación, con promesas o amenazas, de modo que acceda a mi voluntad. Si me haces este favor te compensaré debidamente. Pero si no eres capaz de convencerla, castígala. Es más, dado que es cristiana, asegúrate de darle amarga muerte”.

Basílides protege a Potamiena y Marcela de los ataques de la multitud. Ilustración contemporánea.

Basílides protege a Potamiena y Marcela de los ataques de la multitud. Ilustración contemporánea.

Aquila recurrió a todo tipo de promesas y amenazas para lograr su objetivo, y en vista de la resistencia de ambas, finalmente sometió a Potamiena a terribles torturas en presencia de su madre. Después de que la joven se hubiera recuperado de un desvanecimiento a causa del dolor, le dijo: “Ya ves que puedo acabar con tu vida. Si persistes en tu terquedad, te entregaré a los gladiadores para que te deshonren.” Esto atemorizó profundamente a Potamiena y entonces pareció recogerse interiormente durante un breve rato, pensando qué podía hacer: si sacrificar y con ello, perder la dignidad de ser cristiana; o negarse a ello y perder la virginidad.

“Y bien, dijo Aquila, viéndola dudar, ¿qué resolución tomas?” El autor del relato nos dice a continuación que “dio tal respuesta que los paganos juzgaron que había hablado impíamente”. Eusebio recalca, sin embargo, que ella respondió con tal nobleza y orgullo que hizo que el propio juez se maravillase. En algunas versiones, ésta es su respuesta: “Prefiero sufrir todo cuanto pueda inspiraros vuestro furor antes que obedecer a la infame voluntad de mi amo; además, nunca habría yo creído que un juez fuese injusto hasta el punto de mandarme obedecer a los propósitos de un amo disoluto”. O sea, que acusó directamente al juez de ser un corrupto y de obedecer a los deseos de un particular, lo cual era una acusación gravísima que podía entrañar un severo castigo para el magistrado que la cometiese. En cualquier caso, en este punto, Dionisio añade que Aquila cumplió su amenaza, poniendo a la esclava en manos de los gladiadores, pero que “el Señor no permitió que sucediera tal profanación”. Tras esto se dictó sentencia de muerte contra Potamiena y su madre.

En este punto de la historia entra Basílides, uno de los soldados adscritos a escoltar a los condenados hasta el lugar de la ejecución. Según Eusebio, había asistido a algunas de las reuniones de Orígenes y sentía una profunda simpatía por los cristianos, aunque no se había decidido a recibir el bautismo. Hay quien le da el rango de centurión -comandante de una centuria, es decir, un pelotón de cien soldados- pero es poco probable que a un militar de este rango le encargaran una tarea tan baja como escoltar unos reos de muerte.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot, Harvard University Library.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot, Harvard University Library.

Así que tras la condena a muerte de Potamiena y Marcela, le fue encargado a Basílides que las escoltara hasta el lugar del suplicio. En el trayecto desde el tribunal al lugar del holocausto, mientras el populacho la ultrajaba, él se dedicó a proteger a Potamiena, rechazando a los que estaban exaltados y demostrándole a la mártir toda su simpatía y compasión. Puede imaginarse sin dificultad esta escena: por donde pasaban, el populacho, ebrio de sangre, gritaba e insultaba a las mujeres, arrojándoles frases obscenas y burlas intolerables. Basílides, no pudiendo sufrir este comportamiento, se interponía entre Potamiena y la plebe, rechazando a los que intentaban alcanzarlas y amonestando a los que las injuriaban.

Al llegar al lugar del suplicio, los verdugos la desnudaron por completo y la ataron a un poste, y lo mismo hicieron con Marcela. Entonces Potamiena se dirigió a Basílides y le dijo: “Ten buen ánimo, noble soldado. En recompensa a la caridad que me has dispensado, te prometo que, apenas salga de este mundo, te alcanzará la gracia de mi Señor, y no tardará en pagarte el bien que me has hecho.” Le prometía así sus oraciones para conseguir su salvación cuando él se presentase ante el supremo juicio de Dios. A continuación se llevó a cabo el terrible martirio, que soportó con una fortaleza heroica.

La mayoría de versiones coinciden en que ambas fueron rociadas de los pies a la cabeza con pez hirviendo. Alguna otra versión especifica que fueron metidas en un caldero de aceite y pez hirviendo, la propia Potamiena había hecho jurar a Aquila por la cabeza del emperador que no la arrojaría a ella de golpe dentro del caldero, sino que lo haría muy lentamente: “Haz esto por mí, le dijo, para que puedas tomar conocimiento de la paciencia que me da Jesucristo para soportarlo”. Además, según esta versión del caldero, Potamiena habría indicado a los verdugos: “Por la vida del emperador, a quien vosotros respetáis, no me desnudéis. A lo menos disponed que sea arrojada allí vestida. Ahora veréis las fuerzas que el Dios a quien adoramos, concede a los que sufren por Él”. De modo que, cumpliendo el juramento, Aquila dio la orden de introducirla lentamente en el líquido ardiente, por espacio de tres horas. Permanecieron quemándose durante este horrible período de tiempo, rezando a Dios, hasta que por fin, la pasta las cubrió por completo. La gente quedó impresionada por la paciencia y resistencia de la joven, y tanto más el propio Basílides. No es para menos porque, se acepte una versión u otra, lo cierto es que todas coinciden en que el martirio fue así de horrendo -fueron quemadas vivas- y de lento -duró tres horas-.

Estampa devocional italiana de San Basílides, contemplando una visión de Santa Potamiena.

Estampa devocional italiana de San Basílides, contemplando una visión de Santa Potamiena.

Pasaron unos días y, habiendo recapacitado Basílides e impactado por lo que había visto, le tocó a él seguir el ejemplo de Potamiena, ya que durante un proceso a otros cristianos, fue invitado por sus compañeros a que prestara juramento a los dioses y él, ante el estupor de todos los presentes, se negó diciendo: “De ningún modo me está permitido jurar, pues soy cristiano.” “Debes estar bromeando”, dijeron sus compañeros consternados, y al persistir en ello, fue conducido ante Aquila, ante el cual repitió su negativa a jurar y confesó su fe.

Fue arrojado a la cárcel, y al saberlo los cristianos de la ciudad, acudieron a visitarlo y le preguntaron sorprendidos: “¿Cómo es eso, hermano? ¿Cómo se ha obrado tu conversión, si nadie te instruyó y no has tenido contacto con nosotros?” A lo que él respondió: “Tres días después de la infame muerte de aquella inocente esclava, la ví mientras dormía. Estaba bellísima, llevando una resplandeciente corona, y me ofrecía a mí otra diciendo: “Tal y como te prometí, le he pedido gracia a mi Señor y te la ha otorgado. Vendré pronto a por ti, hermano mío, y te ceñiré esta corona”. Al oír esto, aquellos, profundamente conmovidos y convencidos de que se había obrado un milagro, lo bautizaron llenos de emoción. Al día siguiente Basílides fue decapitado, mientras creía ver a la hermosa Potamiena que lo recogía para llevárselo al cielo.

Interpretación
Como decíamos, hay dos fuentes principales para conocer la historia de estos Santos, que son Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica, VI, v) y Paladio (Historia Lausiaca, iii), siendo, al parecer, la carta de Dionisio de Alejandría una mera interpolación en medio de este relato.

Aunque la historia parece verosímil en su mayor parte, el relato de Eusebio ha sido objeto de duras críticas por considerarse que no hace sino reproducir muchas actas martiriales semejantes. Pero hay datos originales y aspectos que merecen una consideración; por ejemplo, es interesante anotar que en el relato de Eusebio de Cesarea, la confianza de Potamiena en su intercesión ante Dios constituye uno de los primeros documentos de fe de la primitiva Iglesia en la intercesión de los santos, lo que no es poca cosa.

Martirio de la Santa, interpretrado como quema en la hoguera.

Martirio de la Santa, interpretrado como quema en la hoguera.

Las distintas versiones aportan algunas contradicciones entre sí; en algunas, se especifica que Potamiena era esclava, no así en otras; en algunas el martirio constituyó en ir derramando el líquido hirviente sobre el cuerpo desnudo de la mártir, gota a gota, desde la cabeza a los pies, en otra es progresivamente sumergida en un caldero… todo ello no tiene demasiada importancia, pero la ubicación cronológica sí que la tiene: según Eusebio, esto aconteció en tiempos de Septimio Severo (210-211) y según Paladio, en tiempos de Maximino II (306-310). Desde luego, si realmente nuestros mártires de hoy fueron discípulos de Orígenes, sólo puede darse por buena la primera versión. Pero si se piensa en la atrocidad de la ejecución sufrida por las mártires, quemadas vivas lentamente por espacio de horas, es más lógica la segunda cronología, por la barbarie de la agonía que las dos mujeres tuvieron que sufrir.

Quitando estas puntualizaciones que deben conocerse, es probable que estemos ante mártires reales, históricos, cuyo relato simplemente ha sido exaltado y adornado por la mano de su redactor. El mismo Paladio, cuanto menos, afirma que oyó el relato nada menos que de labios de San Antonio, padre de los ermitaños, aunque puede que fuera no directa, sino indirectamente.

Tabla de Santa Potamiena con el caldero como atributo. Iglesia de San Benigno de Pontarlier, Francia.

Tabla de Santa Potamiena con el caldero como atributo. Iglesia de San Benigno de Pontarlier, Francia.

Culto e iconografía
En el Martirologio Jeronimiano, Basílides, Potamiena y Marcela son conmemorados el día 28 de junio, como decíamos, junto con algunos otros discípulos de Orígenes. Sin embargo, el Martirologio Romano solo recuerda a Basílidess y lo hace el día 30 de junio.

Debido a su papel como escolta de las mártires y cómo las protegió de los abusos y agresiones de la multitud, San Basílides es el patrón de la policía penitenciaria, particularmente en Italia, al entenderse que él es el modelo en que todos los que escoltan presos o condenados deben mirarse, protegiéndolos de que el público decida tomarse la justicia por su mano.

En la iconografía, Santa Potamiena aparece junto a un caldero o quemándose viva en una estaca, a veces acompañada de su madre. San Basílides aparece simplemente como un soldado romano teniendo una visión de la Santa glorificada.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1987.

Enlaces consultados (23/06/2015):
– www.bartleby.com/210/6/284.html
– www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_potamiena

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