La tumba de Santiago el Mayor

Vista de la tumba de Santiago Zebedeo, apóstol. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Vista de la tumba de Santiago Zebedeo, apóstol. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Hoy celebramos la festividad de Santiago Zebedeo, patrono de España, sobre el que ya escribimos el día 25 de julio del año 2011. En aquella ocasión hablamos someramente de su tumba, principalmente en los comentarios que se hicieron al artículo, pero como creo que este tema es interesante, vuelvo a plantearlo más extensamente y luego, que cada uno saque sus propias conclusiones.

Dice la tradición que Santiago estuvo predicando el evangelio en la Hispania romana y que posteriormente volvió a Jerusalén. Allí fue degollado por Herodes Agripa en el año 44 (esto último es cierto), pero que, sigue diciendo la tradición, sus discípulos Teodoro y Atanasio recogieron el cuerpo del apóstol y lo trajeron a las costas galaicas, donde lo sepultaron en unos terrenos pertenecientes a la reina Lupa. Con posterioridad, fueron sepultados allí también esos dos discípulos, pero sin embargo la pista se perdió durante ocho siglos. A principios del siglo IX, un eremita llamado Pelayo vio unas luces que señalaban un lugar en el bosque; la noticia llegó a oídos del obispo Teodomiro de Iria Flavia, el cual se lo comunicó al rey de Asturias, levantándose en aquel lugar una iglesia en honor del apóstol, porque “el cielo dio señales” de que allí estaban las reliquias del apóstol y sus dos discípulos. Hasta aquí, grosso modo, es lo que dice la tradición.

Pero, ¿estuvo el apóstol en Hispania? Eso no se sabe, pero supongamos que sí. Recordemos lo que escribió San Jerónimo en un comentario que hizo al libro del profeta Isaías: “Los que bajaron al mar y lo navegaron cruzando su inmensidad, son aquellos apóstoles que estando remendando sus redes a la orilla del lago de Genesaret, fueron llamados por Jesús y enviados al mar inmenso, haciéndoles de pescadores de peces, pescadores de hombres; los que comenzando desde Jerusalén predicaron el Evangelio hasta el Ilírico e Hispania, aprisionando con su doctrina en breve tiempo a la misma Roma”. (Com. a lsaías 42,10)

Martirio de Santiago, óleo de Francisco de Zurbarán (1639). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Martirio de Santiago, óleo de Francisco de Zurbarán (1639). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Lo normal es que navegara en barco hasta las costas de Tarragona o las de Cartagena y que desde allí, llegando al río Ebro y subiendo por él, arribara a Zaragoza – donde se dice que se le apareció la Virgen – y subiendo hacia el norte y bordeando las costas del Cantábrico, finalmente llegaría a Galicia. Durante su camino, predicaría el Evangelio y después marcharía de nuevo a Judea, siempre acompañado de sus dos discípulos. Allí Herodes lo mata y los discípulos traen su cadáver a las tierras donde estuvo evangelizando. Todo esto es suposición, excepto lo del martirio. Pero es que además hay cosas muy raras en esta “historia”: ¡La barca era de piedra!¡Sólo tuvieron siete días de navegación! ¿Embalsamaron el cuerpo para que no se descompusiera? Por cierto, en el libro de los Hechos de los Apóstoles se habla de un tal Simón el curtidor que vivía en Joppe (la actual Jaffa) junto al mar Mediterráneo (Hechos 10, 6) y quién sabe si el tal Simón ayudó a deshidratar el cadáver, si el puerto de salida fue el de esa ciudad.

Llegan a las costas gallegas de Hispania y entran en contacto con la legendaria reina Lupa, que ocupaba parte de las tierras de lo que hoy es la provincia de La Coruña; y que permitió enterrar al apóstol en un panteón de su propiedad. La figura de la reina Lupa tiene tintes de legendaria, pero es cierto que existe toda una genealogía que mantiene demostrar que descendía de Roma y que fue una persona real. Este panteón pagano era un edificio de dos plantas, que tenía su entrada por la planta superior; el cuerpo del apóstol sería enterrado en la cámara occidental del piso inferior del mencionado panteón. Junto a la tumba, los discípulos hicieron un altar, cristianizando así el edificio. Allí, posteriormente fueron sepultados sus discípulos como lo atestiguaría una piedra erosionada encontrada en el lugar, en la que en caracteres griegos y semíticos aparece el nombre de Atanasio. Hay que decir que esa piedra existe y que tiene la misma grafía que otra encontrada en el cementerio cristiano del Huerto de los Olivos, y que está datado en la segunda mitad del siglo I. Estos sepulcros serían remodelados y protegidos en el siglo II, elevando el suelo de la planta baja y poniendo sobre la tumba un gran mosaico con una flor de loto, flor que simboliza la resurrección. Todo fue cubierto con tierra, dejando que con el tiempo, al crecer la vegetación, la tumba quedara protegida, aunque la zona quedó habitada.

Pasaron los siglos y en el VIII, la zona estaba despoblada debido a la invasión musulmana y la vegetación había cubierto y ocultado la tumba del apóstol. Se había perdido la pista, o al menos eso parecía, aunque podría pensarse que el secreto se transmitiera de obispo a obispo, por temor a que los musulmanes profanasen los sepulcros de los tres santos; temor que en parte se cumplió con Almanzor cuando destruyó la basílica de Santiago, tan sólo respetando el sepulcro del apóstol. Si ésa fue la forma de mantener el secreto, no hay que temer que esta información se perdiera, ya que de todas las sedes episcopales cuyos territorios fueron ocupados por los musulmanes, la de Iria Flavia fue la única que no perdió en ningún momento la sucesión apostólica.

Diseño virtual de lo que pudo haber sido la cámara sepulcral de Santiago y sus dos discípulos en la primitiva iglesia.

Diseño virtual de lo que pudo haber sido la cámara sepulcral de Santiago y sus dos discípulos en la primitiva iglesia.

Pero dice la tradición, o leyenda, como se quiera, que una noche del año 813, el ermitaño Pelayo, de San Fiz de Solobio, vio una luz en el bosque y una estrella que indicaba un lugar concreto mientras se oían cánticos celestiales. Como dije más arriba, el ermitaño avisó al obispo Teodomiro, el cual encontró las tumbas y se lo comunicó al beato rey Alfonso II el Casto. Fue él quién ordenó construir la iglesia. La verdad es que este rey tenía problemas y aquello le vino muy bien para fortalecer la fe de los cristianos, reagruparlos bajo un solo estandarte y combatir a los musulmanes. ¿Podríamos pensar que entre el rey y el obispo urdieran un plan, se inventaron este hallazgo para conseguir ese objetivo? Pues es probable, porque cada vez son más los historiadores que afirman que quien está enterrado en Compostela es el obispo Prisciliano y algunos de sus discípulos. ¿Santiago o Prisciliano?

Pero todo esto es más complejo aún, porque el obispo Teodomiro, como otros obispos, tenía problemas con el de Toledo (que quería la primacía de la Iglesia en la península ibérica) y el rey necesitaba esa “mítica” figura que agrupara a todos en torno a ella. El obispo podría conocer el lugar de la tumba del apóstol y lo necesitaba para plantarle cara a Toledo, pero al mismo tiempo tenía miedo de que el rey quisiera llevarse las reliquias a Oviedo. Cada uno tenía sus miedos, pero se necesitaban mutuamente. Se ponen en contacto y se ayudan: el rey, a cambio de saber dónde estaban las reliquias, allí las dejaría, pero a cambio usaría la figura del apóstol como símbolo de la cristiandad hispana. El obispo Teodomiro quedaba reforzado ante el resto del episcopado hispano y lo mismo le ocurriría al rey Alfonso ante los demás reyes que en aquellos momentos estaban en la península. Pero también es probable que no se inventaran la tumba y que la dieran a conocer para conseguir sus propósitos y lo consiguieron, porque Compostela se convirtió en meta de peregrinación para toda la cristiandad y Santiago fue el emblema frente al Islam en España. Recordemos: “Santiago matamoros”.

Escultura del Santo a caballo como "Matamoros"; instrumento iconográfico del cristianismo frente al Islam en la Península Ibérica. Carrión de los Condes, Palencia (España).

Escultura del Santo a caballo como “Matamoros”; instrumento iconográfico del cristianismo frente al Islam en la Península Ibérica. Carrión de los Condes, Palencia (España).

Con el tiempo, aquella pequeña iglesia construida por Teodomiro y Alfonso II pasó a ser una grandiosa catedral. El mismo obispo quiso ser enterrado allí y de hecho, su tumba se encuentra en la catedral compostelana. A finales del siglo IX, Alfonso III ordenó construir una nueva iglesia que fue consagrada por el obispo Sisenando en el año 899. Pero poco duraría, porque un siglo más tarde, Almanzor la destruyó, aunque como he dicho antes, respetando la tumba del apóstol. San Pedro de Mezonzo la mandó reconstruir y es en el año 1075, cuando el obispo Diego de Peláez empezó la construcción de la catedral románica, que recibió nuevo impulso en tiempos del obispo Diego Gelmírez, quien toca personalmente la tumba del apóstol en el año 1106, derribando la parte superior y encajando el antiguo altar en uno mayor cubriéndolo todo con un baldaquino de piedra. El acceso a la tumba quedó obstruido, pero se construyó una “confesión” para que los fieles pudieran acercarse a orar. Es entonces cuando empiezan las peregrinaciones a Compostela, convirtiéndose la ciudad en el tercer centro de peregrinación cristiana, después de Jerusalén y de Roma.

La catedral se ha reformado y ampliado más veces a lo largo de la historia, pero en el año 1589 ocurrió un suceso que influyó notablemente en la consideración posterior de las reliquias. Los anglicanos ingleses se enfrentaron militarmente a los católicos españoles en las costas gallegas y ante el temor de que atacaran Compostela y destruyeran las reliquias, se escondieron en secreto los restos de Santiago y sus dos discípulos. Cuando a finales del siglo XVII remodelaron la capilla mayor rebajándose la altura del presbiterio, descubrieron que los sepulcros estaban vacíos, pero el secreto se mantuvo diciéndose una verdad a medias: el sepulcro estaba debajo del altar.

A mediados del siglo XIX, el cardenal Miguel Payá Rico decidió revitalizar el Camino de Santiago y aplicar la arqueología para descubrir la verdad que había en torno al sepulcro. De esto se encargaron los canónigos Labín Cabello y López Ferreiro. La tradición decía que el sepulcro estaba debajo del altar mayor y allí buscaron. Después de muchos trabajos infructuosos, llegaron al sepulcro y lo encontraron vacío. La decepción cundió no sólo en el ánimo del prelado, sino en el de todos, pues se venía abajo todo aquello en lo que hasta entonces se había creído: la catedral compostelana albergada el sepulcro del apóstol. Todo había sido un fraude mantenido a lo largo de los siglos. Pasados los primeros momentos de desánimo, centraron la atención en la “confesión” que el obispo Gelmírez había instalado detrás del altar mayor para que los peregrinos pudieran rezar allí; y en ese sitio excavaron, encontrándose restos humanos. ¿Serían las reliquias del “hijo del trueno” y de sus discípulos?

Detalle del altar mayor de la catedral de Santiago de Compostela (España). En el centro, busto del Apóstol objeto del tradicional "abrazo".

Detalle del altar mayor de la catedral de Santiago de Compostela (España). En el centro, busto del Apóstol objeto del tradicional “abrazo”.

Los huesos estaban mezclados y deteriorados, por lo que fueron entregados a tres catedráticos de la Universidad de Compostela para que los analizasen. Éstos (los doctores Antonio Casares, Francisco Freire Barreiro y Timoteo Sánchez Freire), estudiaron los restos y dieron su dictamen: había huesos de tres individuos. De uno, había ochenta y un huesos, del segundo, ochenta y cinco y del tercero, noventa. “Primer grupo, caracterizado por fragmentos de huesos bien desarrollados, color claro de avellana, bastante pesados y frágiles, y borrada casi completamente la parte interna de las suturas de la bóveda craneana, y en muchos puntos la externa. Segundo grupo, formado de fragmentos correspondientes a huesos de regular desarrollo, color de argamasa con manchas verdosas muy pesadas y frágiles que las anteriores, y osificadas las suturas craneales en muchos puntos de la parte interna y en algunos de la externa. Y tercer grupo, constituido por fragmentos de huesos de escaso tamaño, color oscuro de avellana, y ligeros y muy frágiles, y completamente osificadas las suturas de la parte interna del cráneo, y adelgazados los huesos de que éste se compone”.

Y continuaron diciendo: “1º. Los huesos reconocidos pertenecen a tres esqueletos incompletos de otros tantos individuos, de desarrollo y edad diferentes: de los cuales los de los primeros grupos cruzaban el tránsito del segundo al último tercio de duración media y fisiológica de la vida, mientras que el tercero parece que estaba en ése.
2º. No es posible fijar con exactitud la antigüedad de los restos reconocidos; pero teniendo en cuenta su estado de integridad y composición, tan parecida a la de los del esqueleto céltico citado, puede asegurarse que cuenta siglos de existencia.
3º. En cuanto a la antigüedad se refiere, no parece temeraria la creencia de que dichos huesos hayan pertenecido a los cuerpos del santo apóstol y de sus dos discípulos”
.

Parecía que el hallazgo encajaba con la tradición, pues Santiago era adulto cuando fue martirizado, Atanasio debía tener su misma edad y Teodoro murió de viejo. Como dieron por seguros los hallazgos, enviaron toda la información a Roma y, aunque al principio Roma mostró algunas reticencias, envió a Compostela a un monseñor que al pasar por Pistoia (Italia) – donde se veneraba una pequeña reliquia del cráneo del apóstol que el obispo Otón había solicitado al obispo Gelmírez – se la llevó a Compostela para compararla con los restos allí encontrados. Agustín Caprara, que así se llamaba el monseñor enviado por Roma, examinó los restos y comprobó que en uno de los esqueletos faltaba ese hueso y que el hueso que él traía de Pistoia encajaba perfectamente. Esto demostraba que el hueso que se conservaba en Italia procedía de Compostela, por lo que podía deducirse que eran los del apóstol y sus dos discípulos.

Ante esto, el Papa León XIII promulgó la Constitución Apostólica “Deus Omnipotens” el día 1 de noviembre del 1884, aprobando y reconociendo la autenticidad de las reliquias. Se reconstruyó la cripta aprovechando los cimientos y lo que quedaba de la cámara sepulcral, se levantó un altar y en él, el 27 de junio de 1886 se puso la actual urna de plata dentro de la cual, en arcas más pequeñas de madera, están las reliquias de los tres santos.

Vista de la urna de plata que contiene, según la tradición, el cuerpo del Apóstol y sus dos discípulos. Catedral de Santiago de Compostela (España).

Vista de la urna de plata que contiene, según la tradición, el cuerpo del Apóstol y sus dos discípulos. Catedral de Santiago de Compostela (España).

Hasta aquí, muy resumidamente, lo que se sabe por la tradición y por la historia. Pero, ¿ésas reliquias son del apóstol o son del obispo gnóstico Prisciliano de Ávila, que fue decapitado en el año 435 junto con seis discípulos por instigación de Evodio, prefecto del emperador en Tréveris? A principios del siglo XX se estableció esta hipótesis, que fue ganando adeptos, en detrimento de quienes defendían que las reliquias eran del apóstol. Parece que la balanza se inclina a que los restos son de Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, porque los restos encontrados pertenecían a tres varones, mientras que Prisciliano fue sepultado con sus seis discípulos, uno de los cuales era mujer. Si se encontraron los restos de tres, no pueden ser los restos de siete.

Y hay algo más: en un lugar llamado “Os Martores”, corrupción de “Os Mártires”, a treinta kilómetros al sur de Compostela, en el municipio de Valgas (Pontevedra), hay una ermita dedicada a San Mamedes y en ella se han encontrado unos sepulcros antropomórficos del siglo IV. ¿Pudieran estar enterrados allí Prisciliano y sus discípulos? Los discípulos de Prisciliano los llamaban así y la realidad es que ese topónimo no se repite en toda Galicia. La polémica no terminará nunca y no sólo sobre el sepulcro y reliquias, sino sobre todo, si el apóstol estuvo predicando el Evangelio en la Hispania romana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
- GARCÍA COSTOYA, C., “El misterio del apóstol Santiago”. Santa Perpètua de Mogada, Barcelona, Plaza y Janés, 2004.
- TORROBA, F. y DE QUIROS, B., “El Camino de Santiago: Retablo Estelar del Apóstol”. Oviedo, Grupo Editorial Asturiano, 1993.

Enlace consultado (14/05/2013):
- Arzobispado de Compostela.

Leyendas sobre Santiago Apóstol de Halachó, Yucatán

Imagen de Santiago apóstol venerada en el pueblo de Halachó, Yucatán, México.

Imagen de Santiago apóstol venerada en el pueblo de Halachó, Yucatán, México.

Debido a una pregunta que nos llegó hace algunos meses al blog de una persona habitante del pueblo de Halachó, Yucatán que nos pedía hablar sobre las leyendas que de la imagen de Santiago apóstol venerado en su pueblo se cuentan, ha surgido este artículo con algunas de las leyendas más populares narradas acerca de esta imagen, del mismo modo también aconsejo leer el artículo sobre Santiago Mataindios (o Matamoros) en América, y espero poder contestar satisfactoriamente a su duda sobre las leyendas del santo patrón de Halachó.

Una de las leyendas que se narra sobre Santiago apóstol en este pueblo nos dice que en un cerro cercano donde en la cima se encuentra la capilla de las Tres Cruces, que muchos dicen tiene dos siglos de existencia y que tal parece, dichas cruces provienen de un árbol de hondas raíces que estaba en aquel sitio, conectado a una gruta y al secarse los aldeanos hicieron tres cruces con su madera por considerar “sagrado” al árbol [1] (recomiendo leer también el artículo La Santa Cruz en México para entender mejor el significado de la Cruz entre los mayas) y del mismo modo a estas tres cruces las consideran sagradas y milagrosas, por lo que reciben constantes visitas de peregrinos y turistas en especial el 3 de mayo.

Uno de estos visitantes asiduos a la capilla de las tres cruces según nos narra la conseja popular, es el mismo Santiago de Halachó pues en las cercanías de la capilla se encuentran tres huellas de cascos de caballo profundas y bien marcadas, que según los devotos pertenecen al animal del apóstol Santiago que hace tiempo le vieron llegar a rezar a la cima del cerro y dejar una ofrenda floral a la Santa Cruz, que duró mucho tiempo sin marchitarse. Muchos dicen del mismo modo que Santiago es un visitantes regular a la capilla del cerro pero que siempre llega al medio día cuando el sol está más fuerte, porque así nadie más sube al cerro y nadie le interrumpe.

Santiago apóstol para los devotos suele pasear por el pueblo para ayudar a sus fieles; en una de esas ocasiones se dice que se le cayó su sombrero y este quedo marcado en la piedra.

Supuesta marca del sombrero del apóstol en una piedra.

Supuesta marca del sombrero del apóstol en una piedra.

Otra de las narraciones que se hacen sobre el apóstol, nos dice que un zapatero habitante del vecino pueblo de Tekax llegó en días cercanos al 25 de julio a entregar un par de zapatos a un señor que, una semanas antes, había ido hasta su taller para hacerle el encargo. El zapatero desconocía el nombre de su cliente pero tenía bien grabado en la mente el rostro del hombre y que este le había dicho que preguntara por él en el centro del pueblo y que todos lo conocerían; el zapatero cansado de buscar a su cliente decidió entrar a la iglesia parroquial a descansar y su sorpresa fue mayúscula al percatarse que aquel hombre que le había encargado un par de zapatos no era otro que el apóstol Santiago de aquel templo. El hombre sin dudas se acercó a la imagen del santo y le coloco los zapatos, los cuales le quedaron exactos a su medida.

También se narra que durante una terrible escasez en las cosechas de la población, un hombre muy elegante y montado a caballo fue a realizar un encargo de un camión de maíz para el pueblo, diciendo que su casa se encontraba frente al palacio municipal. Después de repartir el maíz entre la hambrienta población el hombre se dirigió a la iglesia que se encontraba frente al palacio municipal y pudo darse cuenta que quien había hecho el encargo de maíz había sido el apóstol.

Los devotos también refieren que quienes se encargan de vestir la imagen de Santiago habitualmente le encuentran manchada la ropa, tierra en los zapatos, hasta piedras dentro de sus botas y que los calcetines que le ponen se marcan los dedos como si hubiera estado caminando largo tiempo.

Procesión de Santiago apóstol el día de su fiesta en Halachó, Yucatán.

Procesión de Santiago apóstol el día de su fiesta en Halachó, Yucatán.

Debemos recordar siempre que estas leyendas muchas veces son movidas por la misma devoción popular del pueblo y que su veracidad está en la misma devoción que ellos le tienen a su santo patrón, todas muy bellas sin dudas, aunque la gran mayoría son leyendas muy recurrentes en muchas otras imágenes consideradas milagrosas. Si estas leyendas ayudan realmente a la gente a tener más fe en Cristo y en su apóstol sean bienvenidas, pero tampoco hay que quedarse únicamente en estas narraciones populares, siempre es aconsejable conocer la vida del apóstol Santiago, aprender de él sus virtudes y seguir a Cristo sin titubear como el mismo lo hizo.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA
- López Méndez, Roberto, “Leyendas de Vírgenes y Santos de Yucatán”, México, Área Maya, s/e, s/a.

Consultado en Línea

http://parroquiahalacho.blogspot.mx/

Santiago Mataindios: las apariciones del apóstol Santiago en la conquista de América

"Santiago Mataíndios", atribuido a Miguel Mauricio, siglo XVII, relieve tallado, estofado y policromado, que se encuentra en el templo de Santiago Tlatelolco, México D.F., en este relieve se aprecia al apóstol derrotando a guerreros aztecas.

La conquista de América por los españoles ha sido muy estudiada y debatida hasta hoy en día por diversos motivos, por lo sanguinaria y cruel que fue en muchas ocasiones, por las estrategias militares y por la imposición de la religión católica y de la forma en que se hizo, pero algo que poco se ha estudiado es la espiritualidad de los conquistadores y su devoción en particular como era de esperarse en aquella época al patrón de España, Santiago Apóstol, los conquistadores se lazaban a la batalla con el grito de “Santiago y cierra España” o “Santiago y a ellos”, que según narran las leyendas y que eran creídas fielmente por los conquistadores era el grito de guerra con el que Ramiro gano la legendaria batalla de Clavijo donde se cree había aparecido Santiago, para auxiliarlo contra los moros; del mismo modo entonces los conquistadores le invocaban en cada una de sus batallas en suelo americano esperando ser celestialmente auxiliados por este santo “guerrero” montado en corcel blanco.

Fue tal la devoción a Santiago que, posteriormente de haber sido los pueblos conquistados e imponer la religión católica, los indígenas solían tenerle gran devoción y temor a la imagen de Santiago a caballo, decían que era el dios de los españoles que había vencido a los suyos y trataban de estar bien con el santo para que no se enojara, y se llegó al grado de ponerle tres veladoras, una al Santo, otra al caballo y una más al moro a sus pies, para que ninguno de los tres se fuera a enojar y decidiera nuevamente salir a cabalgar el apóstol (cabe decir que en algunas comunidades indígenas americanas hasta el día de hoy se continua haciendo esto basados en la misma creencia).

Y ya sea basado en esta religiosidad de la época tan llena de apariciones milagrosas y de santos que bajan del cielo o como una forma de justificar la conquista y poder decir que hasta Dios la avalaba porque envió en diversas ocasiones al apóstol Santiago para ayudarles a realizarla, se cuenta en diversas crónicas de la época apariciones del apóstol para socorrer en lo más difícil de la batalla a los españoles y poder ganarla, lo que logró que más de una comunidad y ciudad tengan el nombre de “Santiago” en toda la geografía americana. El investigador Rafael Heliodoro Valle, nos habla de alrededor de 200 ciudades diferentes en todo el continente con el nombre de Santiago y yo estoy seguro que la cantidad de catedrales, parroquias y capillas dedicadas al santo supera por mucho esa cantidad. Entre las apariciones a Santiago apóstol trataré sobre las que me han parecido de un poco más de relevancia, cabe destacar que en la mayoría de los países americanos conquistados por España existieron este tipo de apariciones y especialmente en México es donde se presenta la mayor cantidad de ellas.

"Alegoría de la fundación de Querétaro", mural en el templo de la Santa Cruz de los milagros, Santiago de Querétaro, México, en este mural se aprecia la aparición de Santiago y la Santa Cruz a los españoles en el cerro del Sangremal.

La aparición de Santiago en la batalla de Cintla, en Tabasco, México
El 25 de marzo de 1519 Hernán Cortés y sus huestes tienen una batalla contra los naturales en Cintla (actual municipio de Centla) en Tabasco, México, y según nos refieren López de Gómara y Pedro Gutiérrez de Santa Clara, en tres ocasiones se apareció un hombre montado en caballo blanco que ninguno de los soldados conocía y que dieron por hecho que era el apóstol Santiago. Heriberto Frías al escribir sobre el hecho hacia 1900 va más allá que los cronistas de la época y hasta describe con detalles al apóstol: “un magnifico caballero, con armadura de oro, plumones de cisne, púrpuras soberbias, montando un corcel admirable, rucio picado” y el hecho es que según los soldados gracias a este hombre habían ganado la batalla y que no era otro que el apóstol Santiago.

Bernal Díaz del Castillo y el mismo Gómara desmienten la versión de los soldados y dicen que ese caballero montado en una yegua blanca no era otro que Francisco de Morla que se había adelantado a Cortés para ayudar en la batalla; el mismo Bernal hace referencia que sólo que él fuera muy pecador y por eso no hubiera podido ver a Santiago ni al apóstol San Pedro de quien también se decía podía ser el caballero, pero que si esa aparición fuera cierta, Cortés habría decidido construir una iglesia en ese lugar y llamarle Santiago de la Victoria o San Pedro de la Victoria, y no Santa María de la Victoria a como se le nombró, por haber librado la batalla en el día de la Anunciación. Hacia 1900 como ya se mencionó, Heriberto Frías haciendo gala de sus dotes de escritor no solo retoma esta leyenda sino que además le da aires más místicos todavía hablando de apariciones fantasmales a Cortés y como ya mencioné hasta describiendo las vestimentas del apóstol en su aparición. Cabe decir que esta obra de Frías era dedicada a los niños, en su famosa Biblioteca del Niño Mexicano.

Santiago se aparece en el Templo Mayor de Tenochtitlán
En 1520 mientras los aztecas celebraban en el Templo Mayor la fiesta de Toxcatl dedicada a Hitxilopochtli, que según nos dice Bernardino de Sahagún era muy similar a la Pascua de Resurrección y se celebraba una semana después de que los cristianos celebraban esta y habiéndose ausentado Cortés dejó a cargo a Pedro de Alvarado, cuando al momento cumbre de la fiesta, este ordenó asesinar cruelmente a los indígenas que estaban en dicha celebración y según cuentan las crónica en el fragor de la batalla se apareció Santiago apóstol, como “un caballero muy grande y vestido de blanco, en un caballo blanco, con espada en la mano, peleaba sin ser herido y su caballo con la boca, pies y manos, hacia tanto mal, como el caballero con su espada” según narra Torquemada.

"Alegoría de Santiago en la Historia de Chile", Alonso de Ovalle, en este grabado se aprecia la visión de Santiago que duro por tres meses sobre los cielos chilenos.

Me parece que es bastante increíble que un Santo estuviera de acuerdo en participar en una matanza tan injusta como fue la del Templo Mayor y con un hombre tan sanguinario como fue Pedro de Alvarado, pero tal parece que el apóstol estuviera según las leyendas que los mimos españoles se encargaban de difundir de lado de Alvarado, pues después le auxiliaría también en Guatemala.

En la ciudad de Iximché, en Guatemala Santiago apóstol aparece nuevamente
El 25 de julio de 1524 fecha en la que Pedro de Alvarado funda, en la antigua ciudad de Iximché, la nueva ciudad de Santiago de Guatemala o Santiago de los Caballeros, se cuenta que después de reunirse con el cacique, don Pedro de Alvarado y su ejército entraron triunfalmente en la nueva ciudad recién fundada y vio que al frente de su ejército iba encabezándolos Santiago Apóstol con las características que se han dicho en otras apariciones y enarbolando una espada, y en ese sitio mando Alvarado  construir una cruz donde después se construiría un templo dedicado al Apóstol; otros cronistas hasta mencionan que en una piedra quedaron las huellas de tres cascos del caballo de Santiago.

El 25 de julio de 1531 Santiago se aparece sobre el cerro del Sangremal en Querétaro, México.
En 1531, mientras los españoles estaban luchando contra los chichimecas en Querétaro, en lo más alto del cerro del Sangremal, apareció refulgente Santiago Apóstol y junto a él una cruz entre blanca y roja y otras crónicas dicen que hasta el sol se detuvo en el momento de la aparición y que el brillo que destellaban Santiago y la Cruz fue tal que los chichimecas cayeron fulminados y se convirtieron al momento al cristianismo y se dieron por vencidos, y al siguiente día en aquel lugar se celebró la misa y posteriormente se construiría un templo y convento que será de gran importancia para la evangelización por ser de los primeros conventos de propaganda fide del cual saldrían grandes evangelizadores como el Beato Junípero Serra y el Venerable Margil de Jesús. Cabe decir que la ciudad de Querétaro en su escudo se puede ver a Santiago, la Cruz resplandeciente y el sol detenido en remembranza de la aparición que marca a la vez la fundación de la ciudad de Santiago de Querétaro.

En 1536 se aparece Santiago para ayudar a Pizarro en el sitio de Cuzco, Perú.
Según nos narran Garcilaso de la Vega y Guzmán Poma de Ayala, estando los españoles al mando de Pizarro sitiados por las tropas de Manco Inca en el Cusco, se pusieron a hacer oración pidiéndole a Dios y a la Virgen los socorriera y en un rayo caído del cielo apareció el apóstol Santiago como se ha visto en otros relatos montado sobre el caballo blanco y aquí menciona que con muchos cascabeles dice Guaman: “que vino encima de un caballo blanco, que traía el dicho caballo pluma suri y mucho cascabel enjaezado y el santo todo armado con su rodela y su bandera y su manto colorado y su espada desnuda” y como el Santo hacia tantos destrozos logrando derrotar a los incas, estos comenzaron a llamarle el rayo y en adelante cada vez que se escuchaba un trueno decían que era Santiago que estaba cabalgando por los cielos. Cabe decir que Garcilaso nos narra que los incas al ver a este caballero armado creyeron que era el dios Viracocha que había bajado del cielo.

Imagen del apóstol Santiago venerada en el Cuzco, Perú.

El Apóstol aparece en Cartagena, Colombia en 1536.
Habiendo sido enviado el capitán Francisco César a explorar la provincia de Cartagena, Colombia en 1536, tuvo un enfrentamiento contra los naturales de dichas tierras en el valle de Goaca, los cuales les superaban en número a él y sus hombres; los españoles como acostumbraban se encomendaron a Dios y vencieron a los indios, los soldados posteriormente dijeron que durante la batalla tuvieron una visión que Santiago los estaba apoyando en la batalla y que por eso habían triunfado.

Santiago aparece en la campaña contra los araucanos en Chile.
Hacia 1640 durante la campaña para conquistar a los araucanos en Chile, se vio una aparición del santos apóstol que dicen que duró por espacio de tres meses, esta visión nos dicen los cronistas que se vio sobre los aires: un capitán sobre su caballo blanco y con una espada desenvainada en la mano y que daba ánimos al ejército español: “y se le vio plantando en tierra enemiga y apoyando a los nuestros en todos los encuentros que tuvieron y los dejó desbaratados, Tal representación duró por espacio de tres meses, para que no hubiese ocasión de dudar”.

A modo de conclusión es a bien analizar estas legendarias apariciones del apóstol Santiago. En el caso de que en la mayoría de ellas se habla del trueno y el relámpago, es curioso debido a que a Santiago se le llamó “el hijo del trueno”, pero cabe decir que la comparación que hacen de Santiago con el trueno los indios, puede deberse al uso de armas de fuego de los españoles, las cuales eran totalmente desconocidas para los naturales de estas tierras y el ruido tan estruendoso que producían, los hacía pensar que era un trueno el que lanzaban, y eso lo testifican varias crónicas de la época de la comparación que hacían los indígenas de los cañones y los truenos.

Por otro lado sea cual fuere  la situación de estas apariciones los españoles lo tomaron por prodigio divino y como señal del cielo de que hacían bien y se llegó al extremo de transformar al Santiago matamoros en Santiago mataindios, como se puede ver en el retablo mayor del templo de Santiago Tlatelolco, en México, donde se muestra al apóstol sobre su yegua blanca seguido por soldados españoles y atacando a caballeros-tigre aztecas y a sus pies los cuerpos cercenados de varios indígenas. Algo más que ayudó a los españoles en las batallas y que no fue tan celestial, fue el uso del caballo animal desconocido para los indígenas y que al ver a los hombres montados sobre estos pensaban que eran un solo ser y los horrorizaba, lo cual hace que al ver a un hombre vestido de blanco sobre un caballo blanco, siendo o no santo les causara pavor y lograra derrotarlos aun más fácil, como sucede en el caso de Francisco de Morla en la batalla de Centla.

Basándonos en estas leyendas podemos decir que Santiago pasó de ser un apóstol de Cristo y mártir a ser el santo que “conquistó América”. Reitero que desde mi punto de vista es dudoso que Santiago o cualquier otro Santo o la Virgen (que también  se dice ayudó en la Conquista con una que otra aparición) ayudaran a una campaña tan sanguinaria como fue la conquista en América, pero quedaron estas leyendas ya sea como modo de justificación o simple devoción popular. Creerlas o no es de cada quién, pero para muchos indígenas aun hoy siguen diciendo que cuando truena es Santiago que cabalga por los cielos.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA:
- Aguirre Beltrán, Gonzalo, “Zongolica. Encuentro de dioses y santos patronos”, México, Fondo de Cultura Económica, segunda edición, 1992.
- Fundación Televisa, “Revelaciones las artes en América Latina 1492/1820”, México, Offset Rebosán, s/e, 2007.
- Frías, Heriberto, “El caballero misterioso y el capitán conquistador o la batalla de Centla”, México, Maucci Hermanos, x/e, 1900.
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Santiago Zebedeo (o el Mayor), apóstol mártir

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Detalle de la imagen del Santo en el parteluz del Pórtico de la Gloria. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Lo que dicen las Escrituras
En el Colegio Apostólico existían dos apóstoles con el mismo nombre: uno es Santiago Alfeo (o el Menor), del que ya hemos escrito en el mes de mayo y el otro es Santiago Zebedeo (o el Mayor), que es el patrón de España y del que estamos escribiendo hoy.
Era hijo de Zebedeo y de María Salomé y hermano del apóstol Juan, llamado “el divino o el teólogo o el evangelista”. Ambos hermanos eran naturales de Betsaida, en Galilea. Santiago fue llamado por Jesús, junto con su hermano Juan para que formasen parte de sus allegados, en la primavera o verano del año 28 (Mateo, 4, 21) y ocupa un lugar de preferencia. Está entre los íntimos de Jesús, porque en el listado de los apóstoles unas veces aparece en el segundo lugar (Mateo, Lucas y Hechos) mientras que San Marcos lo menciona el tercero (Marcos 3, 16-19).

Como he dicho, perteneció al trío de apóstoles más cercano a Jesús, junto con Pedro y con su hermano Juan, y así, está presente en la resurrección de la hija de Jairo (Marcos, 5-37), en la Transfiguración en el Monte Tabor (Mateo, 17, 1 y siguientes) y en la Agonía de Getsemaní (Mateo, 26, 37). Era de carácter impetuoso y por eso Jesús le llama “boanerghes”, que significa “hijo del trueno”, como así consta en Marcos, 3, 17 y Lucas, 9, 52-56. Como el resto de los discípulos, excepto su hermano Juan, abandona al Maestro cuando fue hecho preso en Getsemaní y estuvo en el Cenáculo cuando en Pentecostés vino el Espíritu Santo. Fue decapitado por Herodes Agripa I aproximadamente en el año 42 (Hechos, 12, 2). Y hasta aquí lo que ponen las Escrituras acerca de él; todo lo demás es tradición.

Su predicación en la Península Ibérica
Según la tradición, predicó en Hispania entre los años 34 y 42, entrando por Cataluña; en Zaragoza se le aparece la Virgen y en Valencia nombra al obispo Eugenio. Otra tradición relata la aparición de su sepulcro en Galicia. Pero veamos todo esto con más tranquilidad. Su predicación en Hispania (Península Ibérica) es mencionada por primera vez en la versión latina del “Breviarium apostolorum”, documento que es del siglo VI, pero hay que hacer constar que este detalle es un añadido que no aparece en el original griego de dicho documento. De este texto, depende otro atribuido a San Isidoro de Sevilla: “De ortu et obitu Patrum”, que es del siglo VII.

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Santiago peregrino. Escultura que corona la fachada del Obradoiro. Catedral de Santiago de Compostela, España.

San Julián, obispo de Toledo que murió en el año 690, en su obra “De comprobatione aetatis sextae”, no dice nada sobre este tema y la primera narración que desarrolla esta tradición data del siglo XIII, en la cual ya se nombra la aparición de la Virgen en Zaragoza para consolarlo. Pero sin embargo, el hecho de la predicación del apóstol en Hispania es negado en el siglo X en una carta que escribe Cesareo, abad de Montserrat al Papa Juan XII y también es negado en el siglo XIII en Toledo cuando se inició la controversia sobre si la sede primada debía estar en Compostela, en Tarragona o en Toledo. Baronio, en su primera edición del Martirologio Romano, mientras acepta esta tradición en el volumen I de los Anales, posteriormente, la niega en el volumen IX de los mismos. En la edición clementina del “Breviarium Romanum”, en la Lectio V del oficio de Maitines del día 25 de julio, se acepta esta tradición pero señalándola solo como propia en España, aunque esta limitación fue corregida por el Papa Urbano VIII en el año 1631 y así continúa hasta el día de hoy.

¿Pero hay evidencias históricas de esta controversia? Este dato no consta en el Libro de los Hechos de los Apóstoles y solo es tradición, aunque hay un dato al menos curioso: San Jerónimo dice que estaba establecido que los apóstoles serían sepultados allí donde hubieran predicado y esto sería “válido” si fuese cierto ya que su sepulcro está en Compostela. Y según otra tradición, como aquí había predicado, sus discípulos trasladaron a la Península sus restos después de su martirio. Pero también hay que señalar que esta otra tradición es independiente de la de su actividad apostólica. Con anterioridad al siglo IX hay textos para todos los gustos: unos que lo afirman, otros que lo silencian y otros que lo niegan y hay que decir que muchos de estos documentos está demostrado que son falsos.

Descubrimiento de su sepulcro
Ya en el siglo IX, después del “descubrimiento” del sepulcro en el año 813, existe una plena convicción tanto en el pueblo, como en el clero y en la nobleza hispana. Se dice que el monje Pelayo oyó unos cánticos celestiales y vio unos resplandores en un bosque cercano, cosa que comunicó al obispo Teodomiro de Iria Flavia (la actual Padrón). Ellos descubren los restos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro en una pequeña cripta en el bosque. El rey Alfonso II el Casto ordenó construir una iglesia en aquel lugar.

Sobre este hecho existen algunos documentos como el Martirologio de Floro (808-838) que lo señala el día 25 de julio, el “Libellus de festivitatibus apostolorum” de Adón (850-860), un documento o acto de concordia entre el obispo de Compostela,  Don Diego Peláez y San Fagildo, abad de Antealtares y que está fechado en el año 1077, otro documento del obispo Diego Gelmírez del año 1102 y algunos textos más.

Miniatura del martirio del Santo en un manuscrito de Jean de Vignay (s.XIV).

Miniatura del martirio del Santo en un manuscrito de Jean de Vignay (s.XIV).

En resumen, ellos dicen que los restos fueron traídos en una barca por sus discípulos en tiempos de la reina Lupa, a quién los discípulos convierte y lo depositan en el lugar denominado “Liberum Domum” y que el lugar se convirtió en meta de peregrinación para los cristianos de la península hasta que el emperador Vespasiano, en el año 257,  prohibió tales peregrinaciones, por lo que dicha veneración se pierde en el tiempo hasta que el sepulcro fue descubierto en el año 813. Pero todos estos documentos presentan diversos problemas críticos, algunos de ellos insolubles porque por ejemplo se hace interpretar como un misterio el hecho del descubrimiento: la forma del traslado, las luces y cánticos, el lugar donde se encuentra…

Culto en España
Pero ¿cuándo se inició el culto al apóstol? Desde el mismo momento del descubrimiento, el culto se inició en Galicia, pero no se hace extensivo a toda España hasta terminada la Reconquista en el año 1492, o sea, durante la dominación musulmana, en unos lugares se le tributaba culto y en otros, no. Aun así, ya el Psalterio mozárabe lo llama patrón de Hispania y aun antes de aparecer su sepulcro, en el año 587, Recaredo lo proclama patrón único de su Reino.

Como he dicho, la primera iglesia la ordena construir el rey Alfonso II en Casto y la engrandece, en el año 899, el rey Alfonso III el Grande. Esta iglesia fue destruida por Almanzor en el año 997 pero no tocó el edículo sepulcral, aunque no se sabe si por miedo o por respeto. San Pedro de Mesonzo y el Rey Bermudo reedifican el templo y el obispo de Compostela, Don Diego Peláez inicia la construcción de la actual basílica catedral que es terminada por su sucesor, Don Diego Gelmírez en el año 1140.  El célebre “Pórtico de la Gloria” del Maestro Mateo se termina en el año 1188.

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Busto del Santo, objeto del tradicional "abrazo". Catedral de Santiago de Compostela, España.

El Camino de Santiago y el Año Santo Compostelano
Las peregrinaciones en el Camino de Santiago se inician bien pronto desde toda Europa; existen datos desde el año 906. En el 950 viene Gotescalco rey de Puy, en el 959, Cesáreo de Monserrat, en el 961, Hugo de Vermadois obispo de Reims, etc. y desde inicios del siglo XI, las peregrinaciones populares vienen de toda Europa empezando por Cataluña, Francia y Alemania. Numerosos santos hicieron el Camino de peregrinación a Compostela, entre ellos Francisco de Asís, Isabel de Portugal, Juan de Ortega, Domingo de la Calzada, Guillermo de Vercelli, Teobaldo de Mondovi, Juan de Dios y otros.

El Papa Alejandro III, el día 25 de julio del año 1179 con la Bula “Regis Aeternis” decretó que todos aquellos años en los cuales el día 25 de julio cae en domingo, sean declarados Año Santo Compostelano y hace esta declaración a perpetuidad, aunque existían precedentes menos rotundos de Calixto II, Eugenio III y Atanasio IV. En el año 1175 el Papa aprueba la Orden Militar de Santiago.

En la España Medieval y en algunos sitios aun hoy, existe el mito de “Santiago Matamoros” pues se dice que en el año 842, en la batalla de Clavijo, el “apóstol apareció montado en un caballo blanco” dando la victoria a los cristianos.

Culto en la Iglesia
Aunque no se conoce la fecha exacta de su martirio, su festividad litúrgica se celebra el día 25 de julio, ya que según el Martirologio de Floro esta es la fecha del traslado de las reliquias a Compostela, pero todos los libros litúrgicos de los siglos del IX al XII, incluidos los calendarios mozárabes, lo conmemoran el día 30 de diciembre. Los griegos lo celebran el 30 de abril, los coptos lo hacen el día 12 de abril y los armenios, el 28 de diciembre. La Sagrada Congregación de Ritos decretó el día 27 de julio del año 1750, que la fiesta de la aparición en la batalla de Clavijo se conmemorase el día 23 de mayo. Desde el punto de vista iconográfico lo han pintado y esculpido prácticamente todos los artistas y bien lo representan vestido de peregrino o montado a caballo.

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Presunta tumba del apóstol. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Reliquias
En cuanto a sus presuntas reliquias, veneradas en la catedral de Santiago de Compostela hay que decir que existen dudas más que fundadas de que sean auténticas. Casi nadie pone en dudas de que pudieron ser traídas a Galicia en tiempos de la reina Lupa y que fueron descubiertas en el siglo IX, pero hay que tener en cuenta algunos episodios ocurridos con posterioridad.

En el año 1589, las tropas inglesas comandadas por Drake amenazaron el norte de España y el arzobispo Juan de Sanclemente escondió las reliquias; el lugar quedó en el olvido y tres siglos más tarde, en el año 1879, el cardenal Payá y Rico y el canónigo-arqueólogo López Ferreiro dijeron que las habían localizado en un lugar marcado con un signo muy curioso (similar a una garrapata) delante de la capilla del Salvador e inmediatamente, sin más ni más, o sea, sin hacerse ningún estudio riguroso de los restos, el Papa León XIII, en el año 1884 (o sea, cinco años más tarde), con la Bula “Deus omnipotens” reconocía su autenticidad. Hoy en día, a todos los hagiógrafos serios les parece muy inoportuna la premura usada por León XIII. Estas dudas podrían de alguna forma aclararse si se le hiciesen las pruebas del ADN a estos restos y a los “presuntos” restos de su madre, Santa María Salomé, que se encuentran en Veroli (Frosinone), Italia.

Creo que en este artículo se insinúan algunos aspectos que, al menos para los españoles, pueden ser motivos de debates. Para realizar este artículo, además del Nuevo Testamento y del Martirologio Romano he tenido en cuenta los trabajos del Padre Justo Fernández Alonso, director de la sección histórica del Centro de Estudios de la Iglesia española de Montserrat, en Roma.

Antonio Barrero