San Jacobo el Persa, mártir

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Fresco bizantino del Santo en un monasterio de Grecia, siglo XV.

San Jacobo el Persa, santo muy venerado desde antiguo en toda la Cristiandad, es conocido también como “San Jacobo el Interciso”, por la forma de martirio que tuvo.
Existen numerosas versiones de un documento siríaco, hoy perdido, pero hay una “passio” siríaca, publicada más tardíamente y que constituye una revisión de ese documento anterior. Asimismo existe otra “passio” armenia que tiene estrecha relación con el documento original perdido y de ella, deriva otra griega, también perdida en la actualidad. Desde antiguo, a partir del estudio de las tres se puede reconstruir la vida y muerte de nuestro santo.

Con posterioridad, de la “passio” griega se compuso una versión latina y diversas revisiones coptas, así como otra georgiana. De todas ellas, hizo una especie de “refrito” griego Simeón el Logotete, del que existe una traducción al georgiano.
O sea, desde muy antiguo, existen diversos documentos que tratan de San Jacobo lo que le confiere una historicidad que ningún hagiógrafo pone en duda.

Del estudio cronológico de ellas, se puede determinar la fecha exacta del martirio así como otros detalles de su vida. El santo murió por la fe bajo el reinado de Vahram V (420-438), hijo de Yazdegerd I, el viernes 27 tisrin II (o sea, de noviembre).
Era originario de Beth Lapat (Huzistán) y ocupaba un puesto importante en la corte de Yazdegerd. Para congraciarse con su rey apostató de la fe cristiana que compartía con su madre y con su esposa. Cuando ellas conocieron la debilidad de Jacobo, le instaron insistentemente explicándole la vanidad de su gesto y recordarle la perdición a la que estaba destinado por apostatar.
No se puede precisar cual era la convicción profunda de Jacobo, pero la insistencia de sus dos mujeres más queridas bastó para hacerlo reflexionar, condenar su propia ligereza y retornar a la fe con más fervor que antes.

Fue sorprendido leyendo las Sagradas Escrituras por lo que fue denunciado ante el rey. Sometido a un larguísimo interrogatorio, él se mantuvo con coraje en defender su fe e irritado por tal obstinación, Vahram V lo condenó al terrible suplicio por el cual es conocido como “el interciso”: poco a poco le amputaron los dedos de las manos, los de los pies, posteriormente, los pies, las manos, los brazos, las piernas… o sea, le fueron amputando todos sus miembros poco a poco. En todo momento, Jacobo se mostraba impasible, invocando al Señor con versículos de las Sagradas Escrituras para que le diera fortaleza. Finalmente, fue decapitado. Sufrió un martirio parecido al sufrido por San Melchor García Sampedro en el siglo XVIII en Vietnam.

Martirio del Santo. Fresco ortodoxo en una iglesia de Chisinau, Rumanía.

A este tipo de martirio se le conoce como el “suplicio de las nueve muertes”, ya que antes de la decapitación, también le cortaron la nariz, las orejas…
La “passio” continúa narrando la sepultura de todos los miembros del mártir y cómo habiendo comprobado el rey el culto que recibían las reliquias, ordenó quemarlas y dispersarlas. Tales órdenes hicieron que algunos cristianos recogieran parte del cuerpo, se marchasen del reino y después de cuarenta días de camino, llegaron a Jerusalén donde las depositaron en el monasterio de los Iberos, monasterio fundado por Pedro el Ibero y que se encontraba al norte de la ciudad, en una localidad llamada Torre de David.
Se sabe que Pedro el Ibero había sido consagrado obispo de Maiouma por parte de un patriarca cismático de Jerusalén que no aceptaba la doctrina del Concilio de Calcedonia. Pedro el Ibero, a su vez, consagró al obispo monofisita Timoteo Eluro, que fue sucesor de Proterio, patriarca calcedoniano de Alejandría. La narración copta da muchos más detalles de estos hechos terminando por confirmar que finalmente, las reliquias del santo fueron llevadas a Egipto. Dice que el mártir se apareció y ordenó depositarlas en una pequeña localidad llamada Paim, a cinco estadios de la ciudad de al-Bahnasa.

Aunque es verdad que ninguno de sus contemporáneos (San Agustín, Sozomeno o Teodoreto) lo mencionan entre los mártires persas, sin embargo, los miembros de la delegación enviada a Persia por el emperador Teodosio II para conseguir el reconocimiento de los cristianos que vivían en su reino, hablan, aunque poco, de este mártir. Hay un documento del siglo IX, el calendario del convento de Qennesre, que se encuentra en el British Museum, en el que se encuentra el testimonio más antiguo de la conmemoración del santo el 27 tisrin II, del que hemos mencionado antes, o sea, recibía culto en el día de su martirio. Todos los demás calendarios también lo conmemoran en el día de hoy (27 de noviembre), aunque además lo mencionan en otras fechas, como el 30 de noviembre, el 27 de enero o el 17 de mayo. El Martirologio de Rabban Sliba también lo menciona el 27 de noviembre.

Reliquias del Santo en el monasterio Frumoasa, Rumanía.

En los textos nestorianos también se mencionan al santo dedicándole el capítulo LXXV las “Crónicas de Séert”, que fija la fecha de su martirio, en un viernes del año 734 de Alejandría.
El Sinaxario armenio de Ter Israel lo conmemora el 24 de noviembre; el Sinaxario alejandrino de Miguel obispo de Atrib, lo menciona el día anterior (o sea, el 23) mientras que dice que el 27 hubo una traslación de las reliquias.
Todos los sinaxarios bizantinos lo conmemoran también en el día de hoy e indican dos lugares concretos de Constantinopla donde el santo recibía culto: en el barrio Ta dalmatou y en el de Ta Roustixiou. Antonio de Novgorod, en el año 1200 dice que en Constantinopla existía un monasterio femenino bajo su patrocinio.

En Occidente también es mencionado el 27 de noviembre en el Martirologio de Usuardo y en el calendario de Pedro de Natalibus.
El Beato Jacobo de Varazze, en su “Leyenda Aurea”, le dedica un capítulo, lo que contribuyó a extender su culto por Occidente y su popularidad dentro de la Iglesia Latina. Recordar que la Abadia de Cornary en la diócesis francesa de Tours dice poseer su cabeza desde el año 1103. ¡¡Fue llevada por un tal Guillermo, monje de dicha abadía, que la habría conseguido en Constantinopla, como regalo de un archimandrita de la Torre de San Diomedes de Nicomedia! Pero este monasterio francés pronto se quedó sin el chollo de presumir que la tenía porque en la IV Lectio del Oficio de Maitines del Propio de la Basílica vaticana, en la edición de 1674 publicada bajo el pontificado de Clemente X, dice textualmente el 27 de noviembre: “Sancti Iacobi Intercisi corpus a Christianis primun occulte sepultum, a Cyrillo deinde nobili romano clam subductum in Italiam deportatum est, et caput tandem sub Eugenium IV a Iordano Ursino cardinali Sabinensi Vaticanae Basilicae archipresbytero eidem ecclesiae donatum est”. Moraleja, ¿está en el Vaticano?
Fue Baronio el que incluyó su nombre en el Martirologio Romano el día 27 de noviembre.

Urna con las reliquias del Santo en la Catedral de Braga (Portugal).

Reliquias del santo se encuentran en: Zadar (Croacia), Braga (Portugal), Vaticano, Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), Monasterio Sireti (Rumania), Monasterio Dragomina (Rumania), Monte Athos (Grecia), Nin (Croacia), Cornary (Francia), etc.
Yo personalmente he fotografiado una urna conservada en la Catedral de Braga (Portugal) que pretende poseer su cuerpo y un precioso relicario ¡con su cráneo! ¿Está en Cornary, en el Vaticano, en Zadar o en Braga? ¿Cuál de los cuatro es el verdadero, si es que alguno lo es?

El suplicio al que fue sometido el santo ha inspirado su iconografía. Su cuerpo cortado en trozos, el hacha y las tenazas representan los atributos más comunes del santo, así como las figuras de los verdugos realizándole tamañas barbaridades.
Como su origen es persa, las principales representaciones están en Oriente, son de la Iglesia Bizantina, pero sin embargo, en Occidente, inspiradas en la Leyenda Aurea, también son numerosas.

Por decir algunas: una pintura de Andrea Vanni (siglo XIV) que se encuentra en la catedral de Siena. Es un ciclo entero de la vida y martirio del santo, en el que se le representa como un joven, con muy poca barba y con un cubrecabeza oriental. También en un orfanato de Siena existe una pintura del siglo XIV en el que aparece el santo extendido sobre una mesa con las piernas cortadas que son recogidas por unos ángeles que le traen la corona del martirio.

Reliquias del Santo veneradas en el monasterio Dragomina, Rumanía.

En la iglesia de Santa Maria de la Impruneta hay una miniatura coral del siglo XIV con representación de las escenas del martirio. La miniatura más antigua es la que aparece en el Menologio de Basilio II, del siglo XI, en el cual aparece el tronco del santo sin sus miembros que aparecen esparcidos por los suelos. Destacar también una pintura existente en Freising (Alemania), que es del siglo XV en la que aparece junto a Santa María Magdalena, Santa Tecla y San Cristóbal y en la que Jacobo aparece como un joven imberbe.

En la Europa Oriental su iconografía es aun mucho más rica. Destaquemos unos frescos en la iglesia de San Jorge de Staro Nagoricino (Macedonia), del año 1318. Ver esta web.
Frescos del siglo XVI de la Catedral de Curtea de Arges (Rumania) y que hoy se encuentran en el Museo de Bucarest; pero la mayor parte de las imágenes del santo se encuentran en los monasterios del Monte Athos (Grecia). Normalmente se le representa como un hombre adulto, barbudo, con un gorro persa característico, cabellos negros, ricos vestidos, con una cruz en la mano y con su nombre en griego. Como se verá, normalmente no se representa la escena del martirio, salvo en una miniatura de un menologio guardado en uno de los monasterios atonitas.

Hemos utilizado los trabajos de Joseph-Marie Sauget, escritor de la Biblioteca Apostólica Vaticana y de Maria Chiara Celletti, doctora de Arte de la Universidad de Roma.

Antonio Barrero

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