Santidad Calabresa (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Sierva de Dios María Antonia Samà

Fotografía de la Sierva de Dios María Antonia Samà

La “consolación” de Sant’Andrea Ionio: María Antonia Samà
María Antonia Samà nació el día 2 de marzo del 1875 en Sant’Andrea Ionio, un pequeño pueblo de la provincia italiana de Catanzaro, y vivía en una pobreza extrema, en una pequeña habitación similar a una celda. A la edad de doce años, siguiendo a su madre en el campo, fue invadida por un espíritu “maligno”, después de haber bebido agua que salía de entre unas piedras. Vista la inutilidad de unas bendiciones que le impartieron unos frailes de la cercana población de Badolato, recurrió a los exorcismos en la Cartuja de Serra San Bruno, que ahora pertenece a la provincia de Vibo Valentia. Después de varios intentos por parte de un monje cartujo, María Antonia fue liberada del “mal”, pero se dice que al mismo tiempo pronunció la frase: “La dejo con vida, pero lisiada”. Pasados un par de años, María Antonia – quizás por la venganza de Satanás… – quedó inmóvil en la cama hasta su muerte y así, durante más de sesenta años en posición supina, con las rodillas levantadas y siempre contraídas.

Así comenzó a sufrir un largo y doloroso calvario que tuvo que soportar con el poder del amor, siempre mirando al crucifijo que estaba colgado en la pared frente a su cama. Guiada por el Espíritu Santo en la comprensión del “misterio de la Cruz”, siempre consideró su enfermedad como un regalo, aceptando con serena resignación su definitiva inmovilidad, que ofreció a Dios por la conversión de los pecadores y en reparación por sus ofensas y para recibir respuestas a las demandas de aquellos que acudían a ella buscando el consuelo. Su pequeña cama se convirtió en un altar de ofrendas y de participación en la Pasión y en la Cruz de Jesús. “No vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Epístola a los Gálatas, 2, 20). Siempre fue asistida por voluntarios bajo el constante control de las Hermanas Reparadoras del Sagrado Corazón, las cuales se encargaban también de su preparación espiritual, transmitiendo una sentida devoción hacia el Espíritu Santo y al Sagrado Corazón de Jesús, al cual, María Antonia consagró toda su vida con espíritu de “reparación eucarística”.

Fotografía de la Sierva de Dios María Antonia Samà en su lecho de paralítica.

Fotografía de la Sierva de Dios María Antonia Samà en su lecho de paralítica.

Las Hermanas decidieron agregarla a su Congregación y, después de realizar los votos, María Antonia se convirtió en la “Monjita de San Bruno”. Las virtudes que caracterizaron su vida, fueron muy numerosas: simplicidad de ánimo, humildad, modestia, serenidad – la cual desprendía su rostro especialmente en los momentos de mayor sufrimiento -, disponibilidad, generosidad y una fe inmensa en la Divina Providencia. Ella, que podía vivir de lo que recibía, repartía todo lo que recibía con los necesitados del lugar, segura de que al día siguiente, el buen Dios proveería de nuevo, haciendo realidad las palabras de San Pablo: “Se es más feliz al dar que al recibir” (Hechos, 20, 35).

La virtud más ejercitada por María Antonia fue la paciencia, que ejercitó de manera heroica, pues no sólo no se rebeló contra su enfermedad, sino que no se quejaba cuando el dolor era insoportable, especialmente durante la Cuaresma, cuando siempre compartía sus sufrimientos con Cristo, martirizado en su cuerpo. Por el contrario, su espíritu se mostraba fuerte, ya que diariamente se alimentaba de la oración y con la comunión que sin falta le llevaba su confesor y de la que sacaba fuerzas para soportar el sufrimiento, luchar contra el mal y vivir en una perpetua amistad con el Señor.

Su habitación tenía las paredes cubiertas con muchas imágenes sagradas y más bien parecía un templo, sobre todo cuando, tres veces al día, se rezaba comunitariamente el Santo Rosario, siendo María Antonia quien dirigía las oraciones. Durante su vida, su fama de santidad se extendió por toda la región; muchos de sus habitantes habían experimentado en sí mismos los dones de profecía y de curación. Pero además de éstos, fue agraciada por otros muchos dones del Espíritu Santo: éxtasis, introspección, bilocación, el perfume que siempre estaba presente en su habitación, el don de inmunidad en las úlceras por su posición de decúbito – esto, científicamente inexplicable – aunque era un fenómeno objetivo visible a todo el mundo.

Sepulcro de la Sierva de Dios María Antonia Samà.

Sepulcro de la Sierva de Dios María Antonia Samà.

María Antonia expiró la mañana del 27 de mayo de 1953. Las exequias tuvieron lugar en la tarde de aquel mismo día y el arcipreste don Andrés Samà, dada su fama de santidad, ordenó que el cuerpo fuera colocado en un atáud abierto para permitir que todo el pueblo pudiera darle su último adiós. Fue acompañada en procesión por algunas calles de la localidad hasta llegar al cementerio. Allí fue expuesto a la veneración de los fieles hasta la mañana del día 29 de mayo y son numerosas las personas que han dado fe de que sus párpados se movían y que desprendía un delicioso perfume a rosas, sin que allí existiera ninguna flor. En la actualidad, sus sagrados restos, junto con su inseparable rosario, están ubicados en la iglesia parroquial de los Santos Pedro y Pablo, adonde fueron trasladados el día 3 de agosto del año 2003. El día 5 de agosto del año 2007 fue abierto su proceso de beatificación y canonización en la diócesis de Catanzaro-Squillace. En el año 2012, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dió el visto bueno al proceso diocesano.

La flor mística de Antonimina: Rosella Staltari
Rosella Staltari puede describirse como hija de su tiempo y del entorno donde nació y vivió, en el sur de Italia. En una localidad accidentada y escarpada, denominada “Cacciagrande” en el distrito Antonimina (Reggio Calabria), se abrió paso como un soplo de vida esta tierna niña. Sólo Cacciagrande mereció por esto una mirada de admiración y así, el 3 de mayo de 1951 nació la tercera hija de Antonio y Maria Reale: nuestra Rosella. A los pocos meses, debido a una inundación que afectó a la zona, la familia Staltari, ya duramente golpeada por la pobreza, se vio obligada a huir y buscar refugio, primero en Via Marrapodi y posteriormente en la calle Littorio de Antonimina. Rosella, que apenas tenía dos años y cinco meses de edad, había perdido trágicamente a su madre a consecuencia de una caída fortuita.

Habiendo quedado huérfana, fue acogida en el Instituto “Scannapieco” de Locri (Reggio Calabria), donde permaneció hasta la edad de catorce años. Durante este tiempo, serán citados (en la forma original, para no echar a perder el encanto, la fragancia y la frescura) algunos pasajes de su diario espiritual. Los años de su crecimiento y de la adolescencia de Rosella se caracterizan por el sufrimiento, las penurias y una terrible falta de afecto. Todo afectaba profundamente en el ánimo de la muchacha, lo que la hizo hipersensible y lo que, probablemente, socavó su salud. Esto hizo que desde su primera infancia madurase precozmente. He aquí la confirmación de una recreación de su pasado, hecho por ella misma, cuando tenía dieciséis años de edad: “Yo era aún una niña y parecía que había vivido suficiente tiempo, me pareció ser mucho mayor, sin tener necesidad alguna, aunque me di cuenta de que el dolor crecía con la edad”. Conseguida la autorización en Locri, Rosella marchó a Reggio Calabria, donde las Hijas de María Corredentora dirigían una Casa-Familia, en la cual la acogieron como hacían con otros huérfanos, necesitados o con quienes vivían en situaciones familiares difíciles.

Fotografía de la Sierva de Dios Rosella Staltari.

Fotografía de la Sierva de Dios Rosella Staltari.

El ingreso en el nuevo Instituto, el 15 de octubre del 1965, impulsó a Rosella a recuperar la luz, el orden y una decidida orientación a sus genuinos valores, que estaban escondidos como perlas preciosas en lo profundo de su ser. Allí encontrará a un sacerdote santo, el padre Vittorio Dante Forno, fundador de aquella Congregación religiosa y así, desde el corazón de un padre y la dirección de la señorita María Salerni, colaboradora del proyecto de Fundación y llena de un sentimiento maternal, encuentra la sabia guía que la llevará a su camino ascético y místico. En este nuevo entorno gratificante, muy diferente de aquel en el que había vivido anteriormente, Rosella completó sus estudios, obteniendo el diploma de secretaria administrativa y, posteriormente, maestra del jardín de infancia.

Rosella no parece diferente a las demás, lleva a cabo su vida con las dificultades propias de sus compañeros de edad, aunque cree tener un carácter difícil definiéndose ella misma como “salvaje”. Pero interiormente, era diferente a los demás: tenía un temperamento excepcional, capacidad de autocontrol y una incansable voluntad de sacrificio. No le gustaba señalarse, llamar la atención de los demás, como lo demuestra lo encontrado en su diario: “Haz Dios mío, que yo pase sobre la tierra como si ella no me necesitase”. Ésta es una simbólica frase de lo que era su vida espiritual. El padre carmelita Graciano Pesenti dice de ella: “Sonríe; su rostro sereno y la gracia de su trato, señala una clara perceptividad de ánimo”.

Rosella mantiene una densa correspondencia con sus superiores del Instituto, como ella misma afirma, pues a causa de su “pésimo” carácter no es capaz de expresarse oralmente y recurre a la escritura para hacerse ayudar en su vida espiritual. Dos cortos pensamientos motivan esta elección: el primero lo trata en una carta al padre Forno en el 1968, cuando ella tenía diecisiete años: “Querido padre, me gustaría que se convirtiera en mi director espiritual, a fin de que conociendo mi alma, pueda usted extirpar cualquier cosa que pudiera distraerla o alejarla de la verdadera luz, que es Jesús”. Ese mismo año escribe a la directora: “Confío en usted; quiero que me enseñe a amar a Jesús, a seguirlo y a ser enteramente suya”. Amor – Luz: coordenadas básicas, en el lenguaje de Rosella, que se cruzan y se persiguen uno a otra, sin pausa, hasta llegar a proporciones ilimitadas, explosivas.

Un estudio sobre la espiritualidad de Rosella lo hace María Papasoli basándose en su correspondencia: “Esta correspondencia será el hilo conductor para que nosotros podamos seguir un poco la trayectoria de su vida, no de un alma pequeña, sino de una vida aparentemente llena de nada, de bajo perfil externo, monótona en sus hábitos y actitudes, pero que sin embargo, despertaba en ella una resonancia viva y profunda, como podría haberlo hecho cualquier gran evento”. Ejemplos de ellos son los sentimientos de confianza, respeto, sumisión total y amabilidad sincera que Rosella muestra hacia sus superiores. Las cartas que les dirige son dictadas por una extrema sencillez, por una confianza humilde y filial. Se engancha con docilidad a sus sentimientos, que los lleva sin vacilar hacia la acción, lo que demuestra que cree en las palabras de Jesús en el evangelio de Lucas: “El que a vosotros os oye, a mí me escucha” (Lucas, 10. 16).

Fotografía de la Sierva de Dios Rosella Staltari.

Fotografía de la Sierva de Dios Rosella Staltari.

Desde su infancia, Rosella muestra una fuerte y sincera devoción a la Virgen, cada fiesta mariana la vivía visiblemente con extraordinario celo. Todas sus cartas y todas las páginas de su diario las comienza con el saludo del “Ave María”, aunque utiliza además muchas otras invocaciones: “Dame tanto amor, Virgen Santísima y amor tan puro, que deje en mi alma la huella de Tu Jesús”. Su configuración con Cristo en el dolor es una constante en la vida de Rosella. Ella misma lo dice: “Mi dolor escondido, nadie lo ve, pero igualmente me atormenta”. El sufrimiento más agudo purifica el espíritu y el temple de Rosella, pero ella tiene que subir más y más empinado y más escarpado. Aquí está la intensidad de su lucha interior: “¿Donde estás, Jesús, cuando me siento terriblemente sola? ¿Por qué te escondes?”.

Ella se proyecta siempre hacia los valores sobrenaturales, hacia una constante elevación y madura en su corazón el deseo de abrazar la vida religiosa. El padre Carlos Cremona manifiesta así los intentos de Rosella: “Rosella se traza un sendero para caminar sobre las espinas y en su “salvaje” sensibilidad, ella está enamorada de Jesús como lo está una mística”.

Éstos son a grandes rasgos los tiempos por ella predeterminados: el 2 de julio de 1973 Rosella hace estallar de su espíritu un vigoroso y solemne canto de júbilo, porque, con la profesión religiosa, puede finalmente pronunciar su SÍ a Jesús de este modo: “Este SÍ me vincula contigo para siempre y por eso quiero pronunciarlo alto, generoso, ilimitado y sobre todo, amante a Ti y a tu Cruz”. Ella se injerta rápidamente en la espiritualidad de las Hijas de María Corredentora, que tiene como objetivo “formar almas que se ofrezcan como hostias para el sacerdocio, con la misma actitud de la Virgen María Corredentora, ocultándose, en silencio, en la contemplación, en el trabajo, en la inmolación de la voluntad al Dios conocido, amado y aceptado”.

Rosella cree firmemente que para seguir a Cristo de una forma radical tiene que despojarse de todo y de todos; y con tono sapiencial y con la madurez típica de una mujer adentrada en los caminos del Espíritu, con sólo 22 años de edad, marca un testamento espiritual pocos meses antes de su muerte: Rosella se ha dado enteramente a Jesús, debe y quiere saber todo en Jesús y no habrá absolutamente nada lejos de Jesús. Encuentra todo lo necesario dentro de su comunidad, porque de lo contrario, su alma, infaliblemente, caerá sin encontrar absolutamente nada. Hace todo para ser una religiosa, no solo de nombre, sino de hecho y no quiere nada más. Ella siempre encuentra dar y amar a Jesús en todo. A partir de una maraña de pensamientos, éxtasis, coloquios, dispuestos todos como si fuera un mosaico, emerge de manera clara e inequívoca, la audacia de Rosella en el amor de Dios; su deseo es que su propia voluntad “se rompa” ante la voluntad de Dios, así que cada vez más viajará hacia nuevos horizontes, hacia el estado de unión íntima y transformadora, que lo aparta todo para conseguir la unión eterna con su Divino Esposo.

Presumiblemente, en el año 1970, en una carta dirigida a sus superiores, Rosella afirma sentir la necesidad de comerciar con los “talentos recibidos”, porque “el día en que venga el Rey está cada vez más cercano”. ¿A qué día se refiere? En el binomio “puedo si quiero” está su decidida y férrea voluntad para coronar su vida espiritual. En este sentido, tiene un considerable valor una solicitud que ella dirige a sus superiores: “Bendecidme y ayudadme a abreviar esta breve distancia que me separa de Jesús”. A pocos meses de su muerte, el día 9 de octubre de 1973, exclama: “Pero yo, Jesús, quiero ser tuya y no estaré en paz hasta que no me vea a tu lado”.

La alternancia casi mística de sus elevaciones (éxtasis), hacen vibrar nuestro espíritu y nos lleva hacia otra aún más abrumadora. De su última carta a sus superiores – 24 de diciembre de 1973 – son estas palabras: “Necesito que usted mismo me guíe hacia el Camino de la Luz, la Luz que no tiene sombras de ningún tipo”. En esta misma carta, dice también: “Lamento que aún no me he encontrado con la directora. Tú sabes, Jesús, cómo y cuánto me gustaría saber cómo se lo digo, o por lo menos, ser capaz de hacerle comprender lo que siento en lo más profundo de mi alma cuando yo me encuentro cara a cara contigo, Jesús mío”.

Aquí es oportuno incluir una breve explicación del doctor de la Iglesia San Juan de la Cruz, en su obra “La Noche Oscura”, libro II, capítulos 19-20: La escala del Amor Divino, a través del cual el alma se eleva gradualmente a Dios, tiene diez pasos. El último paso hace que el alma se asimile totalmente a Dios, porque libre ya del cuerpo, la visión es cara a cara. Está claro que Rosella subió todos los escalones hasta llegar al último, elevándose a su Divino Esposo.

El día 4 de enero de 1974, el misterio que rodeó la vida de Rosella quedó parcialmente revelado. A las siete de la mañana, Rosella se encontraba con su hermana, inmóvil en la cama, con una escultura de la Virgen entre sus manos y el crucifijo de la profesión colgado al cuello. Su cara mostraba una belleza inquietante, y no mostraba respuestas a las preguntas ni a las vibraciones. ¿La constatación de esta transición con sólo 22 años era tal vez el cumplimiento del anhelo expresado en su adolescencia? “Dios mío, que yo pase por la tierra como si ella no me necesitase”. Parece que se cumplía el gemido del profeta Jeremías: “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir: Me has forzado y has prevalecido”. La Congregación de las Hijas de Maria Corredentora, con la cabeza gacha, contempló estupefacta las maravillas operadas por el Espíritu Santo en Rosella, ofreciéndonos a todos esta flor mística de Antonimina, porque después de haber sido abierta en las sombras y en el silencio, ahora puede irradiar nuestro camino. Su último escrito en un calendario de 1974: “Luz de fe: un camino de paz al encuentro de Jesús”.

La Causa de canonización se ha abierto en la archidiócesis de Palermo en el año 2000 y tiene el reconocimiento positivo de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, desde el año 2008.

Damiano Grenci

Bibliografia y fuentes
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Diocesis de Catanzaro – Squillace, Concetta Lombardo, Ed. Dehoniane Napoli
* Dora Samà, La vita nascosta in Cristo – La Monachella di San Bruno, Sud Grafica Marina di Davoli (2006)
* Película: “La Monachella di San Bruno”, dirigida por Enzo Samà y Gualtiero Manozzi (Julio 2004).
* G. Celico, L’originale storia di una mistica Calabro-Lucana, in L’Eco di Basilicata Campania e Calabria del 15 marzo 2006.
* G. Mongiardo, Mariantonia Samà “la monachella di San Bruno” (1875 – 1953) – 60 anni di Amore – Crocifisso, Ed. Parrocchia Santi Pietro e Paolo in S. Andrea s/Jonio
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* P. Ghedda e F. Polimeri, Rosella Stàltari: una contemplativa alle soglie del Duemila, Ed. Rubettino
* sitio web corredentrice.it
* sitio web newsaints.faithweb.com
* sitio web mariaangelicamastroti.it
* sitio web mariantoniasama.blogspot.it
* sitio web santibeati.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santidad Calabresa (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Mapa de la zona de Calabria (Italia).

Mapa de la zona de Calabria (Italia).

Premisa: como la retama
Cuando era un niño, y luego un chaval… tuve la alegría de pasar muchos meses en la casa de los abuelos, durante el verano, en San Sostene (Catanzaro). Allí participé en la vida civil y en la Iglesia. Siempre recuerdo con alegría, emoción y devoción los gestos y ademanes que hacíamos los niños en el mes de junio, en la procesión del Corpus Christi… y posteriormente, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús: esparcíamos retama mezclada con pétalos de flores por los callejones y las calles de la localidad. Era un espectáculo… pasaba el Señor y poníamos la alfombra que se les pone a los invitados. ¡Los santos son un poco como la retama, como la alfombra, sobre la cual pasa el Señor! Así eran los Siervos de Dios María Antonia, Rosella, Concetta y María Angélica. Pero antes de avanzar en la santidad de Calabria, escuchemos…

La Calabria…., así escribe en una carta, San Bruno el cartujo a Rodolfo el Verde: “Vivo en una ermita, aislado de todos los hombres, que está situada en Calabria y lo hago con mis hermanos de religión, algunos de los cuales son personas de alto nivel. Montamos guardia obstinadamente, esperando el regreso del Señor, para abrirle inmediatamente cuando golpee en la puerta. ¿Cómo puedo hablar dignamente de la belleza de este lugar, de la dulzura y salubridad de su aire, de sus llanuras amplias y gratas que se extienden entre las montañas, donde hay verdes prados y florecientes pastos? ¿O si describiera adecuadamente lo que se ve por todas partes desde lo alto de las colinas, los oscuros recovecos de los valles, con abundancia agradable de ríos, arroyos y fuentes? No faltan los huertos de regadío, con todo tipo de árboles frutales, utilísimos por su fertilidad. La soledad y el silencio de la ermita, nos son útiles y fuente de una divina alegría que Dios da a quienes lo aman. Yo solo se que lo experimento, que lo siento. Aquí, a los hombres fuertes les es lícito recogerse cuanto quieran, permanecer en ellos mismos para, apasionadamente, cultivar las semillas de la virtud y alimentarse abundantemente de los frutos del paraiso. Aquí tratamos de conseguir esa visión, que hiere serenamente al esposo con su amor y a través de cuya pureza, se puede ver a Dios. Aquí se practica un ocio activo y una actividad ordenada y tranquila. Aquí Dios fragua a sus atletas, en la fatiga de la lucha, la recompensa deseada, la paz que el mundo desconoce y el gozo del Espíritu Santo”.

De la homilía de Monseñor Giancarlo Brigantini, obispo de Gerace-Locri, del 2 de mayo del año 2000: “Tertuliano decía que Dios puede hacer grandes cosas con cosas pobres. En esto consiste la santidad: grandes cosas con cosas pobres. Un poco de pan se convierte en su cuerpo, unas gotas de vino se convierten en su sangre, para que nuestra frágil comunidad se convierta en su presencia, en una joven muchacha que puede llegar a ser un modelo para muchas otras: este es el misterio de hoy, de una palabra que utilizamos desde el punto de vista afectivo, no jurídico, la santidad… Dios no ha pasado en vano, sino que ha dejado su semilla. Él entró en la historia y el soplo de su Espíritu ha dado vigor a todas las cosas”

Introducción
La santidad calabresa tiene sus orígines en el apóstol Pablo y en su discípulo, Esteban de Nicea, primer obispo de Reggio y de todos los brucios. A través de los siglos, el Espíritu Santo ha conquistado a muchas almas y las ha convertido en imágenes de Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios. Recordemos el gran grupo de mártires calabreses: desde los mártires de Locri a Daniel de Belvedere, el esplendor de los monjes italo-grecos y las grandes glorias de la tierra calabresa: San Francisco de Paula, San Cayetano Catanoso y San Humilde de Bisignano. Otros muchos están en la gloria del Padre que está en los cielos, pero en este artículo queremos hacer hincapié en algunos de ellos, menos conocidos, pero muy queridos e invocados.

La Sierva de Dios Concetta Lombardo, virgen y mártir. Lienzo de Ferruccio Mataresi.

La Sierva de Dios Concetta Lombardo, virgen y mártir. Lienzo de Ferruccio Mataresi.

El lirio de Stalettì: Concetta Lombardo
Concetta Lombardo nació en Staletti en la provincia de Catanzaro, el 7 de julio de 1924, y cuando sólo tenía siete meses, murió el padre y su madre, con enormes sacrificios, tuvo que cuidar ella sola a sus dos hijas: Concetta y Ángela. Siendo adolescente era admirada por su hermosura, pero aún más estimada por su fervorosa piedad, candorosa de corazón y espíritu de sacrificio. Su fe, simple pero sincera, le daba suficientes fuerzas para dedicarse con amor a los trabajos domésticos, a las labores del campo y a sus compromisos como costurera. Participaba con entusiasmo en las iniciativas pastorales de su parroquia, era miembro activo de la Acción Católica, desempeñaba con celo el trabajo de catequista y profesaba la regla de la Tercera Orden Franciscana.

Preparada para una propuesta de matrimonio que le habían hecho, soñaba con realizar su feminidad con un amor bendecido por el sacramento del matrimonio, pero sus sueños no pudieron hacerse realidad, a causa de la pasión de un hombre casado y con hijos, que la asediaba de todas las maneras posibles, con el pretexto de llevarla a vivir con él. Durante dos años tuvo que defenderse enérgicamente de este acoso, hasta que el 22 de agosto del año 1948, mientras trabajaba en el campo con una tía suya, en la colina de Copanello, el pretendiente, firmemente ofuscado, al verse rechazado le disparó un mortal tiro con una pistola; luego, volvió el arma contra sí mismo y se quitó la vida.

Este hecho causó un gran revuelo y muchos vieron la muerte de Concetta como un verdadero martirio. La Tercera Orden Franciscana hizo todo lo posible por poner en valor el heroico comportamiento de esta muchacha de tan sólo veinticuatro años, que era un verdedero modelo de constancia y de fidelidad evangélica, y que era un luminoso ejemplo para el mundo de hoy. Con la ayuda de los Frailes Menores Conventuales, se inició la Causa de beatificación, que fue introducida por el arzobispo de Catanzaro-Squillace, el 30 de enero del año 1990.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

La mística de Papasidero: María Angélica Mastroti
El 4 de febrero de 1851 vio la luz en Papasidero, hija de Nicolás y Cayetana Orofino, María Angélica Concetta Filomena Mastroti, que tenía, entre otros, “a su hermana Josefina y a su hermano Francisco”, que llegó a ser arcipreste, “además de un sobrino llamado Nicolino, también sacerdote”. María Angélica Mastroti (o Mastrioti), siendo pequeñísima, ella sola se encerraba “delante del cuadro de la Virgen con el Niño en brazos y pedía a la Virgen que le dejase al Niño, renovando todos los días esta petición”.

“Una vez su madre le regaló una moneda, cinco granas, y María Angélica, con la moneda y un trozo de papel que había rellenado de garabatos, se puso de rodillas delante del cuadro de la Virgen y le solicitó que quería casarse con el Niño porque ya tenía la dote, o sea, cinco granas”. Otro día, mientras estaba en la iglesia, en la capilla de Santa María de Constantinopla, desde la escultura del Ecce Homo una voz le dijo: “Hija mía, tienes que estar satisfecha”. Afectada con seis años de edad por una grave enfermedad, posiblemente tuberculosis pulmonar, se vio obligada a permanecer en cama en unas “condiciones de sufrimiento incalculables” durante trece años, durante los cuales empezó a tener su “primera visión”.

Una mañana vio entrar en la habitación a una Señora de incomparable belleza, que le dijo: “No temas, yo soy María de Constantinopla, tú no morirás aunque los tuyos, previendo tu próximo final, te han hecho construir ya una caja, pero yo, el Sábado Santo 16 de abril, al atardecer, vendré y te sanaré”. El 16 de abril, Sábado Santo, el día estaba a punto de acabar y “estando su familia en oración, ella estaba pendiente del péndulo del reloj; era la hora y la Señora no venía y, luego, tuvo una repentina visión: “Hija, es el reloj que no marca bien la hora. Estoy aquí y estás sana: Mañana ve a dar gracias al templo”. Poco después de esta prodigiosa curación, María Angélica tuvo otra manifestación el día 2 de julio de ese mismo año y en aquella ocasión, la Virgen le dijo: “Como potente arma contra las tentaciones, te dejo aquí en el taburete la huella de mi pie”… ¡y la impronta del pie, apareció! Este pedazo de madera es conservado celosamente en la capilla de la familia Mastroti en Papasidero.

En el año 1871 tuvo otra enfermedad: un cálculo en la vejiga. Durante esta segunda enfermedad, que la tuvo postrada dos años, el 14 de abril del 1871, se le apareció de nuevo la Virgen que le dijo: “El próximo 3 de junio, día que está consagrado a mí, a las tres de la tarde, vendré a curarte. Te recomiendo que avises a tu familia”. El doloroso cálculo, que pesaba 56 gramos como certificó el doctor Domenico Pandolfi en una larga y detallada relación, fue “expulsado de golpe” – algo que está fuera de lo natural – y ocurrió en aquel día y en aquella hora.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

Tuvo otras visiones e intervenciones: la muchacha estaba haciendo pan mientras los ángeles le ayudaban; para hacer penitencia, en el jardín comía las bayas del amor, mientras la Señora le amonestaba: “Hija, ¿qué haces? Te vas a envenenar. No tendrás nunca más necesidad de alimentos, siempre y cuando a mí me plazca”. Un día, la escultura de madera del Niño se le cayó de las manos y María Angelica oyó: “No he hecho nada, no he hecho nada”. Según se comentaba en el pueblo, a veces, los vecinos intercedían ante el Niño para que lloviera en algunos períodos de sequía, y… el agua venía abundante desde el cielo, pero cuando del cielo no llovía y corrían peligro las cosechas, la joven María Angélica ponía la escultura del Niño a la intemperie diciendo: “Ahora, prueba tú mismo que estás bajo el agua y actúa en consecuencia”.

Todos los días, ya fuera en Papasidero o en Castellucio, María Angélica distribuía panes entre los numerosos pobres que frecuentaban su casa. Su puerta siempre estaba abierta a todos y a todas horas, También tenía el don de la “premonición” y, al menos en una ocasión, se le vio en éxtasis delante del ostensorio “que manaba unas gotitas de sangre provenientes de “un fragmento de hostia consagrada que permanecía unida al cristal”, hecho entonces testificado por haberla recogido con un paño el reverendo padre Fulgencio, que era su confesor.

En el año 1890 María Angélica Mastroti se marchó a Castelluccio con su sobrino Nicolino que, en aquel centro, debía seguir los cursos de teología impartidos por el canónigo-arcipreste Don Giuseppe Taranto. En Castelluccio, la famiglia de la madre de María Angélica tenía una casa junto a la iglesia parroquial y allí la joven, impaciente por recibir la Eucaristía, todas las mañanas, le fue administrada repetidamente “por San Juan de la Cruz. Asimismo, la Virgen le anunció su muerte. Cuatro días antes de que anunciara este evento al párroco Don Jacinto Donati, quien iba a viajar a Agromonte, lo dijo a su familiar Vicente Gioia, al carpintero Antonio Rinaldi – al cual le dijo “tú me harás la caja mortuoria” – y a María Antonia Gazzaneo de Rotonda, que había venido a visitarla y a la que pidió que permaneciera esa noche con ella “porque tienes que estar en compañía de mi madre”. El 26 de mayo de 1896, a las cuatro y media de la tarde, de rodillas y mirando a la capilla de la Dolorosa, María Angélica Mastroti, muy serena, entregó su alma a Dios teniendo entre sus brazos al Niño que tanto había amado. Con su madre, estaba también en la casa su tío Angelo Orofino. El doctor Ignacio Catalano certificó que “la muerte se debió a una parálisis cerebral de apoplejía fulminante mientras estaba absorta en oración”.

Su cuerpo estuvo cuatro días donde había expirado, como contó el arcipreste Don Blas De Pasquale, que había sido testigo ocular de alguns eventos inexplicables y, al quinto día, se constató que la rigidez cadavérica había desaparecido en todo el cuerpo, del que emanaba un olor “sui generis”, como escribió el doctor Pietro Gioia: casi un perfume y una gran flexibilidad. Los parientes mandaron “sangrar el cadáver” y a las cuatro y media de la tarde del día 31 de mayo de 1896, el mismo doctor Pietro Gioia le practicó un pequeño pinchazo en una vena subcutánea, bajo el maxilar inferior, de la cual “salió sangre viva mezclada con unas burbujas de gas”, durando este fenómeno algunas horas. Algunos años antes, el 29 de febrero de 1828, este mismo fenómeno había sido registrado en el cadáver de un sacerdote de Lauria, Don Domenico Lentini, hoy beatificado, y que había muerto la noche del 27 al 28 del mismo mes: ¡flexibilidad en los miembros, perfume intenso a rosa y sangre viva en sus venas!

Sepulcro de la Sierva de Dios Angélica Mastroti. Cementerio de Castelluccio Superior, Calabria (Italia).

Sepulcro de la Sierva de Dios Angélica Mastroti. Cementerio de Castelluccio Superior, Calabria (Italia).

El día 1 de junio, día de los funerales, un hecho inexplicable conmovió a todos los castellucenses y a tantísimos pellegrinos venidos de Papasidero. Éstos últimos, después de haber participado en las exequias, se detuvieron en una posada para descansar y, antes de emprender el camino de regreso, se fueron a la iglesia, donde fueron testigos de un hecho extraordinario: “las pupilas de la Santísima Virgen de los Dolores de Castelluccio Inferiore se movían y de sus ojos salían lágrimas”. Advertido el arcipreste de Taranto, se acercó inmediatamente con otros sacerdotes y pudieron constatar personalmente este prodigio. La luz del aquel día, según cuentan los estupefactos testigos de la época, “duró más tiempo tal vez para permitir el regreso a Papasidero sin miedo a la noche”.

El Niño perteneciente a María Angélica Mastroti, junto con sus cosas personales, están hoy celosamente guardados bajo la escrupulosa guía del párroco de las Hermanas de la Preciosa Sangre de Castelluccio, que por desgracia pueden cerrar su casa de acogida. El pequeño icono, ahora vestido con la vestimenta que le había cosido María Angélica, “realiza”, según numerosos testimonios, muchos hechos considerados como inexplicables. Por ejemplo, se afirma que cuando debe suceder tanto en Castelluccio o en Papasidero o en Italia o en el mundo un evento extraordinario, desde por la mañana se encuentran a los pies del Niño, puntualmente, sueltos los lazos de los zapatos.

Durante muchos años, el director espiritual de María Angélica Mastroti en Castelluccio, fue el sacerdote Blas De Pasquale, originario de Praja d’Ajeta, donde luego regresó como párroco, ya siendo profesor del Seminario de Rotonda.

La Sierva de Dios María Angélica Mastroti está sepultada en el cementerio de Castelluccio Superiore, en una capilla mandada construir por su sobrino don Nicolino: allí florece, en todas las estaciones del año, un bonito arbusto de rosas y en aquel camposanto, todo el año, en recuerdo de su muerte, el pueblo simple y devoto de Calabria y de Lucania, acude numeroso para conmemorar a “esta pía señora” a la que piden con fuerza, interceda por los suyos y por todos. Actualmente, en el pueblecito de Pollino se ha realizado un milagro obtenido por la intercesión de la beata Mastroti en cuyo honor, el 26 de mayo, en Castelluccio Superiore (PZ) se celebra una festa con una fería y una Misa en sufragio y con la visita a su tumba, en la que participan muchos peregrinos venidos de Papasidero, lugar de nacimiento de la beata.

El 5 de diciembre del 2009 fue constituida la Asociación Histórico Cultural “Amigos de María Angélica Mastroti” con el objetivo de dar a conocer a la mística María Angélica Concetta Filomena Mastroti, con la esperanza de que sea abierta su Causa de canonización. Hasta el día de hoy no hay ninguna Causa abierta a favor de Angélica Mastroti, a la que popularmente se la conoce como “beata”.

Damiano Grenci

Bibliografía y fuentes:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Diocesis de Catanzaro – Squillace, Concetta Lombardo, Ed. Dehoniane Napoli
* Dora Samà, La vita nascosta in Cristo – La Monachella di San Bruno, Sud Grafica Marina di Davoli (2006)
* Película: “La Monachella di San Bruno”, dirigida por Enzo Samà y Gualtiero Manozzi (Julio 2004).
* G. Celico, L’originale storia di una mistica Calabro-Lucana, in L’Eco di Basilicata Campania e Calabria del 15 marzo 2006.
* G. Mongiardo, Mariantonia Samà “la monachella di San Bruno” (1875 – 1953) – 60 anni di Amore – Crocifisso, Ed. Parrocchia Santi Pietro e Paolo in S. Andrea s/Jonio
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* P. Ghedda e F. Polimeri, Rosella Stàltari: una contemplativa alle soglie del Duemila, Ed. Rubettino
* sitio web corredentrice.it
* sitio web newsaints.faithweb.com
* sitio web mariaangelicamastroti.it
* sitio web mariantoniasama.blogspot.it
* sitio web santibeati.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es