Santidad y esclavitud (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato en sepia del Siervo de Dios Augusto Tolton.

Siervo de Dios padre Augusto Tolton
sacerdote diocesano (1854-1897)

“La Iglesia Católica deplora una doble esclavitud: la de la mente y la del cuerpo. Se trata de liberarnos de las dos. Yo era un pobre esclavo, pero los sacerdotes de la Iglesia no me despreciaban. Fue a través de la influencia de uno de ellos por lo que me convertí en lo que ahora soy”

Padre Augusto Tolton
(De un discurso realizado en el primer congreso católico negro, celebrado en Washington DC en el año 1889)

El padre Augusto Tolton tiene la reputación de ser el primer sacerdote de origen africano reconocido en los Estados Unidos, dado que su padre y su madre eran directos descedientes de africanos que habían arribado allí como esclavos. La ordenación del padre Tolton fue considerada al mismo tiempo como una anomalía y como un evento sensacional en la América del siglo XIX. La ordenación de un negro era generalmente tenida como algo inimaginable; otros lo consideraron como una extraordinaria conquista. Un sacerdote de piel negra, vestido con sotana, era una visión nueva para los ojos americanos, blancos o negros e, igualmente, para los católicos negros, era una experiencia emocionante, recibir la Santa Comunión de manos de un sacerdote de su misma raza. Tolton era visto como un hombre elocuente y religioso, un alma inocente y recibía la admiración y el respeto de muchos y el desprecio y la burla de otros, debido al clima de segregación racial imperante en aquel momento.

Su historia comienza con su madre, huyendo de la esclavitud en Brush Creek, Missouri, con sus tres niños, de noche, eludiendo a los cazadores de recompensa de la Confederación, los cuales recibían dinero por la captura de los esclavos fugitivos. Su marido, Peter Tolton, había abandonado previamente la familia para combatir con las fuerzas de la Unión en la guerra civil de 1861, a fin de conseguir la liberación de los negros, pero había muerto de disentería en un hospital de Saint Louis. Martha Jane Tolton atravesó el río Mississippi hasta llegar a Hannibal (Missouri) y después continuar hasta Quincy (Illinois), donde había una estación de metro. Allí se instaló con su familia. Los Tolton habían sido bautizados como católicos por orden de la familia Elliott, que aunque pertenecía a Missouri, frecuentaban varias iglesias de Quincy, mientras Martha Tolton intentaba educar a sus hijos. Pero en todas las escuelas frecuentadas por Augusto, fue visto como sospechoso por lo que recibía amenazas por parte de sus compañeros y de los padres de estos. Fue expulsado y alejado sucesivamente de varias escuelas hasta que un sacerdote, el padre Peter McGirr, tuvo compasión de la familia y lo acogió en su parroquia y en la escuela de Saint Peter en Quincy, donde Augusto recibiría la Primera Comunión y el sacramento de la Confirmación.

Fotografía del Siervo de Dios revestido de su atuendo sacerdotal.

Cuando Augusto se hizo un joven, desarrolló varios trabajos para ayudar al sostenimiento de su familia. Al mismo tiempo, varios sacerdotes de Quincy y las hermanas de Nuestra Señora, se dieron cuenta de su ingenio y de su inocencia y lo instruyeron en el catecismo, en los clásicos y en lenguas. Más tarde, los padres franciscanos le favorecieron el acceso al Quincy College. Allí, Augusto, tuvo que soportar todo tipo de insultos y comentarios de burla a causa de su raza, pero con la ayuda de los sacerdotes que lo asistían y con la ayuda de las hermanas, pudo soportar este tratamiento injusto, sin que él reaccionase, pero si derramando alguna que otra lágrima. El padre McGirr y las hermanas fueron decisivos a la hora de mantener los derechos de los negros a recibir una educación católica. Augusto destacó en las evaluaciones de la escuela, siendo de los primeros de su clase. Comulgaba todos los días y ayudaba en la educación religiosa de los niños negros de la ciudad.

Impresionados por la inteligencia y por la devoción de Augusto, varios sacerdotes trataron de que entrara en el seminario, pero esto resultó imposible. Después de varias tentativas tanto en seminarios diocesanos como religiosos, de algunos de los cuales nunca recibió respuesta, los demás se disculpaban cortésmente especificando que el seminario no se encontraba aun preparado para que ingresase un estudiante negro. A través de su superior general, los padres franciscanos, después de meses y meses de espera, consiguieron que Augusto fuese aceptado en el colegio gestionado por Propaganda Fide, que preparaba a seminaristas para luego enviarlos como misioneros por todo el mundo. Allí, Augusto, encontró a otros seminaristas africanos y a seminaristas de todo el mundo, deseosos de poder servir un día a la Iglesia como sacerdotes. Con veintiseis años de edad, en 1880, marchó a Roma para proseguir sus estudios de preparación al sacerdocio. Seis años más tarde, el 24 de abril de 1886 fue ordenado sacerdote en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma.

Aquellos que estuvieron con él en el seminario no podían comprender lo que había sucedido en los Estados Unidos, dada la situación racial y anticatólica que prevalecía en ese momento. Pensando que sería enviado a África, el cardenal prefecto Giovanni Simeoni lo sorprendió insistiendo que retornase a América: “América ha sido llamada la nación más ilustrada; vamos a ver si se merece este honor. Si los Estados Unidos no han visto nunca a un sacerdote negro, ya es hora de que lo vea”, dijo el cardenal.

De hecho, Tolton fue el primero que llevaría la cruz de esta circunstancia durante todo su sacerdocio. El 18 de julio de 1886, el padre Tolton llegó a Quincy y celebró su primera misa delante de una muchedumbre de gente blanca y negra en la iglesia de San Bonifacio en aquella ciudad. Al día siguiente fue designado pastor de la iglesia de San José, una pequeña y pobre parroquia negra en la misma ciudad. La parroquia se había desarrollado gracia a las clases de catecismo que él había comenzado con anterioridad. Las personas de color blanco se acercaban a él para ser aconsejados y frecuentaban sus misas atraídos por sus sermones y por su bondad. Con el paso del tiempo, esto despertó los celos de otros sacerdotes de la comunidad y también de algunos pastores protestantes, que temían que el padre Tolton hiciese proselitismo o que difundiera el catolicismo entre los negros de alguna otra manera (“Papismo”).

El Siervo de Dios fotografiado junto a otros sacerdotes negros.

El decano del clero local advirtió al padre Augusto sobre estas sospechas, una situación de la que finalmente, el decano informó al obispo para que buscara una solución. Lo que pretendían era desacreditar al padre Tolton en la ciudad, porque algunos lo veían comprometido en crear una situación de inaceptable mezcla de razas, aunque esa no era su intención. De hecho, un gran número de blancos iban voluntariamente a buscar al padre Tolton, asistiendo a su Misa y para recibir los sacramentos.

El padre se acostumbró a estas adversidades durante toda su breve vida. A parte de sus muchos empeños en conferenciar solo ante un público de blancos, el vivió en un mundo cerrado, inmerso en la pobreza y el abandono, un mundo separado donde los negros estaban condenados a vivir. Pero al mismo tiempo, como sacerdote, se encontraba entre las dos comunidades, una blanca y otra negra conociendo los sentimientos y emociones diferentes existentes entre ambas. Era una época en la que se luchaba para iniciar el proceso de integración de los hombres y mujeres de color negro.

Los esclavos y ex-esclavos del siglo XIX participaban muy poco en la vida social americana. No existía ninguna ley que permitiera su presencia en la sociedad, sin que se vieran libres de acoso. Los derechos civiles aun no estaban arraigados en la conciencia social del pueblo. Cualquier derecho era solo un privilegio de los blancos. Aunque no en la teoría pero si en la práctica, este apartheid estaba presente en las comunidades religiosas, tanto en las católicas como en las protestantes.

La carrera sacerdotal del padre Tolton fue obstaculizada por el aislamiento y por las dificultades económicas. Sus cartas a Santa Catalina Drexel manifestaban sus penas en aquella época intolerante desde el punto de vista social. Esto fue para él un gran peso que le afectó tanto fisica como emotivamente. Siempre permaneció fiel a sus votos sacerdotales y fue un símbolo de lealtad, dignidad sacerdotal y constancia en medio de tanto sufrimiento. Habiendo permanecido solo durante tantos años y habiendo esparcido la semilla de la Verdad, trató de explicar que la Iglesia Católica tenía los medios y los resoltes necesarios para mejorar el triste destino de los negros en América durante el período de la Reconstrucción. Trató de imprimir en su comunidad negra, un sentimiento de esperanza y de confianza en si mismos mediante la educación y la fe.

“Voy a trabajar y me voy a dedicar todo el tiempo que Dios me conceda de vida porque comienzo a ver que yo tengo los poderes y las bendiciones para resistir en todas partes y en cualquier lugar a donde vaya”.

(Carta del padre Tolton a Santa Catalina Drexel, 5 de junio de 1891)

Sepulcro del Siervo de Dios en Quincy, Illinois (EEUU).

Sintiendo que su trabajo estaba notablemente reducido a Quincy, con el permiso de sus superiores de Propaganda Fide de Roma, decidió aceptar en 1889, la invitación que le hizo el arzobispo Patrick Feehan de Chicago para ir a trabajar en una nueva comunidad de católicos negros. En la zona meridional de chicago, el padre Tolton comenzó a trabajar en el sótano de la iglesia de Santa Maria, llevando su ministerio entre los negros, el cual ya se había iniciado por parte del padre Joseph Rowles, bajo el nombre de San Agustín. Era el impulso de una nueva comunidad para los negros católicos, por lo que el padre Tolton inició los trabajos de construcción de la iglesia en el número 36 de Dearborn Street, con donaciones recibidas de personas blancas solidarias. La nueva iglesia se había retrasado en su construcción y cuando estuvo terminada recibió el título de iglesia de Santa Mónica. Pero la construcción de esta iglesia no fue más allá del acondicionamiento del mencionado sótano donde la comunidad se reunía bajo un techo provisional.

Padre Gus (de Augustus), como era llamado familiarmente era una figura muy conocida en las calles y avenidas del gheto negro. Llevó esperanza y confortó a los moribundos, prometiendo al mismo tiempo a los vivos, días mejores. Era muy bien aceptado en Chicago tanto por los sacerdotes como por el pueblo; pero aun así, aquello suponía solamente dar algún cambio a la comunidad católica en los pobres suburbios de la parte sur de la ciudad. Desafortunadamente su ministerio fue relativamente corto.

Durante la primera semana de julio del año 1897, Chicago fue golpeado por una ola de calor por la cual muchas personas perdieron la vida en esos días. Los periodistas publicaban diariamente una relación de las personas fallecidas El día 9 de julio, volviendo de un retiro espiritual para secerdotes que se había realizado en Bourbonnais (Illinois), el padre Tolton, al bajar del tren se vió atrapado por una temperatura de 45ºC, que hacía que ardiera toda la ciudad. Según el Chicago Daily News, “el reverendo Augusto Tolton, parroco de la iglesia catolica romana de Santa Monica, en el 36 de Dearborn Street, ha muerto en el Mercy Hospital a las 8,30 de la tarde, victima de un golpe de calor”. Tenía proyectado realizar varias visitas a los enfermos de su parroquia antes del mediodía. Murió con 43 años de edad.

Los periódicos informaron sobre los miles de personas que, juntos a su madre y hermana, rindieron homenaje al difunto sacerdote, expuesto solemnemente en la iglesia de Santa Mónica; también en Quincy, donde por expreso deseo quería ser sepultado. Un imponente monumento en forma de cruz fue puesto sobre su tumba en el cementerio de San Pedro.

Detalle del sepulcro del Siervo de Dios.

El padre Augusto Tolton demostró lo que el espíritu humano puede lograr a pesar de las dificultades insuperables, en su caso, los males del racismo y de la discriminación. Demostró que los negros también pueden ser fieles ministros del Señor y que la comunidad católica negra tenía mucho que ofrecer a la Iglesia si se la reconocía y se le daba la oportunidad de utilizar sus capacidades y sus talentos. Sigue siendo tarea de la Iglesia, reconocer ahora su santidad para la edificación de la propia Iglesia.

El ministero pastoral con los negros continuó en la iglesia de Santa Monica hasta el año 1945, cuando la iglesia, aun sin terminar, fue arrasada hasta los cimientos. La parroquia fue unida a la de Santa Isabel, donde las Hermanas del Santísimo Sacramento de la madre Catalina Drexel siguieron cumpliendo el ministerio de la educación en la escuela parroquial.

La Diocesis de Chicago ha abierto la Causa de canonización el día 24 de febrero del año 2011.

Oración por la causa del padre Augusto Tolton
Oh Dios, te damos gracias por tu siervo y sacerdote, el Padre Augusto Tolton que trabajó entre nosotros en tiempos de contradicción y paradójicamente hermosos. Su ministerio contribuyó a poner en nuestro tiempo, los fundamentos de una asamblea verdaderamente católica en la fe. Nosotros estamos bajo la sombra de su ministerio. Que su vida siga inspirando e infundiendo en nosotros la fe y la esperanza de una nueva evangelización en la iglesia que tanto amamos.

Padre del cielo, los sufrimientos del padre Tolton en el desempeño de su ministerio de iluminar nuestros dolores, lo vemos a traves del prisma de la pasión y muerte de Tu Hijo. Si es tu voluntad, oh Dios, glorifica a tu siervo el padre Tolton, concediéndome la gracia que ahora te pido por su intercesión (decir la petición), para que todos podamos conocer la bondad de este sacerdote cuya memoria permanece en la iglesia que él amó.

Completa en nosotros lo que él ha comenzado, para que podamos trabajar para lograr el advenimiento de tu reino. No sea para nosotros la gloria, sino para ti, oh Dios, a través de Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. Padre, Hijo y Espíritu Santo, tu eres Dios que vives y reina por siempre. Amen.

Obispo Joseph N. Perry
Imprimatur: Francis cardinal George, OMI – Archidiócesis de Chicago, 2010

Damiano Grenci

Bibliografia y sitios
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
Biografia di P. Tolton è tratta dal pieghevole edito dalla Postulazione per la causa di canonizzazione del Servo di Dio padre Tolton presso l’ Archidiocesi di Chicago, e tradotto grazie all’aiuto della Sig. ra Dina G.
– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Fiume Giovanna – Schiavitù mediterranee. Corsari, rinnegati e santi di età moderna – Bruna Mondadori 2009
– Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2012
– Sito Web di santibeati.it
– Sito Web di newsaints.faithweb.com
– Sito Web di toltoncanonization.com
– Sito Web di prolocoavola.it
– Sito Web di ilgiornalediragusa.it
– Sito Web categero.org
– Sito Web di confraternitasbenedettoilmoro.diocesipa.it

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Santidad y esclavitud (II)

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Detalle de un lienzo de San Benito de Palermo, venerado en Giardinello (Italia).

San Benito el Moro de San Fratello
San Fratello (Messina), 1526 – 4 abril 1589
Martirologio Romano, 4 de abril: En Palermo, san Benito Massarari, llamado el Moro por el color de su piel, que primero fue ermitaño y después se hizo religioso de la Orden de los Frailes Menores; siempre fue humilde y lleno de fe en la divina Providencia.

Nació en el año 1526 en San Fratello (Mesina), hijo de Diana Larcari y Cristóbal Manassari, cristianos descendientes de esclavos negros traídos de África. Siendo adolescente, Benito cuidaba el rebaño de su amo aunque ya desde entonces y gracias a sus virtudes, fue llamado el “santo moro”. Con veintiún años de edad entró en la comunidad de los eremitas fundada en las cercanías de su pueblo natal por Jerónimo Lanza, que vivía bajo la regla de San Francisco de Asís.

Cuando los ermitaños se marcharon al Monte Pellegrino a fin de vivir en mayor soledad, Benito los siguió y a la muerte de Lanza, fue elegido superior por sus hermanos ermitaños. En el año 1562, el Papa Pío IV retiró la aprobación que Julio II había dado a aquel Instituto e invitó a los religiosos a entrar en la Orden que eligieran. Benito se agregó a los Frailes Menores, entrando en el convento de Santa María de Jesús en Palermo, convento que había sido fundado por el beato Mateo de Agrigento. En un primer momento fue enviado al convento de Santa Ana en Giuliana, donde permaneció por espacio de tres años, aunque posteriormente, fue reclamado de nuevo a Palermo, donde vivió veinticuatro años.

Imagen del Santo con su iconografía habitual: un franciscano negro portando al Niño Jesús.

Desde un principio ejerció el humilde oficio de cocinero y lo hizo con tanto espíritu de sacrificio y de caridad sobrenatural, que se le atribuyen varios milagros. Era tan querido que en el año 1578, siendo un simple hermano lego, fue elegido superior del convento, guiando a su comunidad por espacio de tres años con sagacidad, prudencia y una enorme caridad. Con ocasión del capítulo provincial de la Orden fue a Agrigento donde, gracias a su fama de santidad que rápidamente se había difundido, fue acogido calurosamente por la población. En seguida lo nombraron maestro de novicios, pués por las expectativas que creaban su modo de trabajar, indicaba que tenía el don de escrutar los corazones; posteriormente, volvió a su antiguo oficio de cocinero.

Un gran numero de devotos acudían a él a fin de consultarlo, entre los cuales había sacerdotes y teólogos e incluso el virrey de Sicilia. El, siempre humilde y devoto, redoblaba sus penitencias, ayunando y flagelándose hasta sangrar. En el proceso de su canonización se refieren numerosas curaciones realizadas por él en vida. Murió el 4 de abril del año 1589.

Su culto se difundió rápidamente por Sicilia, toda Italia, España y por el resto de Europa e incluso, por América del Sur donde lo nombraron protector de las poblaciones negras. El senado de Palermo, en el año 1713 lo eligió como santo patrono de la ciudad. Benedicto XIV lo beatificó en el año 1743 y Pío VII lo canonizó el 24 de mayo de 1807. Su festividad se celebra en Palermo el día 4 de abril, en San Fratello, el 17 de septiembre y en Acquedolci en el mes de agosto. Junto con Santa Rosalía, es copatrono de la diócesis de Palermo.

Detalle del cuerpo incorrupto de San Benito de Palermo.

Oración a San Benito el Moro
Benito, amigo de Dios, realmente el Señor te ha colmado de toda clase de bendiciones y te ha hecho santo y sin mancha ante Él. Llamándote para que siguieras a Cristo y enriqueciéndote con los dones de su Espíritu, has demostrado que cerca de Él no hay preferencia de personas y que en su benevolencia, llama a todos a la amistad y a la comunión de vida con Él, para servir a los hermanos y edificar a la Santa Iglesia.

Tú, que respondiste prontamente a la llamada de Dios y siempre has visto su rostro, obtén del Padre de la luz el que tengamos una ardiente sed de su palabra y buscar, sobre todas las cosas, con pobreza de espíritu, la comunión con Él.

Tú, que en el amor a la soledad y a la oración no has olvidado a tus hermanos, pide por nosotros al Dador de todo don perfecto, un corazón ardiente, humilde, pacífico y puro; amor generoso y desinteresado hacia los hermanos y atención delicada a sus necesidades; simplicidad y austeridad de vida.

Protege con tu intercesión de manera particular, a los emigrantes, a los exilados, a todos los que son despreciados y privados de su libertad a causa de su raza, religión o cultura. Que les demos respeto, ayuda y amistad y que sea reconocida en ellos la dignidad que se deriva de que son hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza, salvados por Jesucristo, en el cual no hay ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer y que a todos nos regala su Espíritu, el cual nos permite dirigirnos a El, llamándole Padre. Amén.

Estampa devocional italiana del Beato Antonio.

Beato Antonio el Etíope o de Catagerò o de Avola (1490 – 1550)
eremita y terciario franciscano

El Beato Antonio nació en Barce de Cirene (Libia) alrededor del año 1490, siendo hijo de padres mahometanos que lo educaron en la ley coránica. Las galeras de Sicilia lo tomaron como prisionero y lo desembarcaron en Siracusa junto con el botín expropiado ofreciéndolo como esclavo al mejor postor. Fue comprado por un agricultor de Avola que lo ocupó en el oficio de pastor cuidando a sus rebaños de ovejas y de cabras. El agricultor era un hombre bueno, lo trataba bien y lo inició en el cristianismo catequizándolo, contándole particularmente el drama del amor y de la pasión de Cristo.

Antonio, fascinado, solicitó el Sacramento del bautismo escogiendo para si el nombre del famoso santo de Padua. Desde aquel día se empeñó en poner en práctica todo cuanto había oído acerca de la palabra de Dios, con la intención de servirle y serle grato. En Avola Antica frecuentaba la iglesia de Santa Venera, donde confesaba, comulgaba y mantenía encendida la lámpara votiva del altar del apóstol Santiago. Así estuvo en aquel lugar durante treinta y ocho años. Mientras tanto, el agricultor que lo compró casó a dos nietos suyos en la ciudad de Noto, donándoles todo sus rebaños y al esclavo libio, por lo cual, Antonio tuvo que marchar a Noto.

Sus nuevos patronos, considerando las cualidades sobrenaturales y los milagros que realizaba el esclavo, le dieron la libertad, aunque Antonio continuó con ellos durante otros cuatro años. Por fin, dejándolos, se dedicó a servir a los encarcelados y a los enfermos, llevando vida eremítica como terciario franciscano en Pizzoni di San Corrado Fuori le Mura. Periódicamente, iba a Noto para recibir los sacramentos y recoger limosnas que donaba a los pobres.

Consumido por la ascesis eremítica durante muchos años y por la enfermedad, murió el día 14 de marzo del año 1550. Fue sepultado en la iglesia franciscana de Santa Maria del Gesù en Noto y su tumba se convirtió en meta de peregrinaciones y de gracias. En el año 1611 se permitió por parte de la Iglesia divulgar su imagen con la aureola de beato. La diócesis de Noto festeja al beato Antonio el día 14 de marzo. Sus reliquias se veneran en la Iglesia de San Francisco en Noto.

El pasado día 14 de marzo de este año ha sido inaugurada en Avola Antica una estatua de bronce del beato Antonio el Etíope. Su culto está muy vivo en Brasil (como San Antonio de Categerò), mientras que en el Netino fue descubierto gracias a la investigación de Monseñor Guastella en el año 1992, que lo ha propuesto como patrono de Cáritas de la diócesis de Noto.

Imagen yacente de San Benito de Palermo. Fuente: www.sottolapietra.com.

Oración al Beato Antonio el Etíope o de Catagerò o de Avola
Oh Dios, que has dado al beato Antonio el Etíope la gracia de seguir a Cristo pobre y humilde, concédemos vivir plenamente nuestra vocación bautismal para alcanzar el amor perfecto que nos has propuesto en tu Hijo. Él que es Dios, y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Del Misal Romano – Comun de los Santos (para un religioso)

Beato Antonio el Etíope de Camerano y Beato Antonio el Etíope de Caltagirone
La santidad siciliana negra gira en torno a la figura de Benito el Moro y Antonio el Etíope de Avola, pero existe un segundo y un tercer Antonio el Etíope. El primero, terciario franciscano en el convento de Santa Maria del Gesù en Camerano (Messina), muerto allí santamente en el año 1561. El segundo, esclavo de Juan Frumentino de Caltanisetta: el beato Antonio de Caltagirone, no solo es un negro de los montes Barca, sino que también había nacido y educado en la ley mahometana siendo hijo de moros o negros. Después de convertirse al catolicismo, abrazó la espiritualidad franciscana y siendo terciario, refulgió por la santidad de su vida. Está sepultado en el Santuario de Santa Maria del Gesù en Caltagirone (Catania) y allí murió el Viernes Santo del año 1592.

Santidad negra en Sicilia
Además de estos casos, la santidad siciliana negra incluye a un cierto Benito el Negro de Palestina, que participó en la búsqueda de las reliquias de Santa Rosalía en el Monte Pellegrino y que murió en el año 1647 con fama de santidad, en el convento de San Antonino de Palermo.
Recordemos también a Violante Nastasi, de padres esclavos y sobrina de San Benito el Moro, convertida en Sor Benedicta, crecida a la sombra de la fama de santidad de su tio, realizando milagros en vida y después de su muerte ocurrida en el año 1648. Finalmente, recordar a Eulalia Barbarici, terciaria franciscana y que se dedicó activamente a mantener vivo el culto de su ilustre linaje.

Damiano Grenci

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Santidad y esclavitud (I)

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Fotografía de las manos de un esclavo negro.

“NO SERÉIS MÁS SIERVOS, SINO AMIGOS”

Introducción
“No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Juan, 15, 15).
En el capítulo 15 del Evangelio de San Juan resuena esta advertencia de Jesús. Una profecía que ha traspasado todos los siglos y que aun hoy resuena, después de que la humanidad haya superado – aunque no en todos los lugares de la Tierra – la plaga de la esclavitud.

El Papa Pío II en el año 1462 declaró que la esclavitud era un “enorme crimen” (magnum scelus).
El Papa Pablo III en el 1537 prohibió la esclavitud de los indígenas, prohibición que fue renovada por Urbano VIII en el 1639 y por Benedicto IV en el 1741.
Pio VII en el 1815, en el Congreso de Viena, solicitó la prohibición del comercio de esclavos. Este triste comercio fue nuevamente condenado por Gregorio XVI en el 1839.
Pio IX definìó como sumamente nefasto (summum nefas) el comercio de los esclavos y León XII en el 1888 escribió a los obispos de Brasil, a fin de que eliminaran completamente la esclavitud en su país.

En el 1888 el cardenal Lavigerie fundó en Bruselas, con el apoyo del Papa León XII, la Sociedad Antiesclavista. En 1842, el cónsul general británico en Marruecos, solicitó al sultán la abolición de la esclavitud o al menos, interrumpir el tráfico de esclavos. El sultán respondió en una carta: “el tráfico de esclavos es un tema en el que todas las religiones y todas las naciones están de acuerdo desde los tiempos de los hijos de Adán hasta el día de hoy” y continuaba escribiendo “no se sienta preocupado por el hecho de que esté prohibido por las leyes de alguna religión, nadie debe plantear esta cuestión, que es manifiesta para todos y de lo cual no es necesaria más demostración que la luz del sol”. El sultán tenía razón en cuanto al pasado, pero estaba equivocado con respecto al presente.

Lienzo contemporáneo de Santa Josefina Bakhita, esclava sudanesa que ingresó en la Orden Canosiana.

Occidente, que había eliminado la esclavitud en su propio territorio a finales de la Edad Media, en los últimos decenios del siglo XVIII empezó a combatir el comercio de esclavos y la propia esclavitud en todos los países a los que podía hacer llegar su propia influencia. La mayor potencia marinera de la época, Gran Bretaña, abolió el comercio de esclavos en el año 1807. Pronto fue seguida por el resto de los países europeos. El intento de Occidente de liberar a los esclavos de todo el mundo, se encontró con los intereses de los propios países africanos, que se enriquecían con el comercio de esclavos y con la cultura tradicional islámica. Por desgracia, aun hoy en día, se ve obligada la ONU a intervenir para condenar a países que en el siglo XXI protegen y toleran la esclavitud tanto en África como en Asia.

La santa más famosa que vivió el abominio de la esclavitud es Santa Bakhita, que un día dijo: “Si encontrase a los negreros que me robaron y también a aquellos que me torturaron, me inclinaría para besar sus manos, porque si no hubiese ocurrido eso, hoy no sería cristiana y religiosa…”

La santidad es la voz del Espíritu Santo, que crea nuevos modelos culturales, nuevas respuestas a los problemas y a los grandes desafíos de los pueblos y nuevos desarrollos humanitarios en el camino de la historia. Esa es la herencia de los santos, que no se debe perder, sino para debe entregarse a un permanente deber de gratitud y a un renovado propósito de imitación. A través de la historia de los santos, se puede releer nuevamente “un gran crimen”, como es la esclavitud, pero también a muchos otros holocaustos que tienen desvastada a la humanidad.

Concluyo con la afirmación del Cardenal José Saraiva Martins: “En un mundo cambiante, los santos no solo no siguen estando desplazados histórica o culturalmente, sino que se están convirtiendo en un tema cada vez más interesante y fiable. En una época de caída de las utopías colectivas, en una época de desconfianza e inapetencia de todo lo que es teórico e ideológico, está surgiendo un nuevo enfoque de los santos, figuras singulares en los cuales se encuentra no una teoría, ni siquiera simplemente una moral, sino un patrón de vida que contar, que descubrir mediante el estudio, de amar con devoción y de actuar imitándolos”.

Lienzo contemporáneo de la Sierva de Dios Teresa Juliana Tshikaba, esclava guineana que llegó a religiosa dominica.

Sierva de dios Teresa Juliana de Santo Domingo Chikaba (Chicaba o TSHIKABA) Guinea, 1676 – Salamanca (España), 6 de diciembre de 1748
Teresa Chikaba había nacido en el año 1676 en Guinea, región descubierta en el siglo XVI por los portugueses, junto con Angola y Mozambique y que llegó a ser sus colonias; Chikaba era una princesa africana de aquella región.
Según la costumbre de su pequeño pueblo, estuvo con su familia adorando a Lucero, el dios de aquel pequeño reino. Pero cuando todos estaban postrados en acto de adoración, la joven princesa sentía dentro de sí, desilusión, insatisfacción, ya que había tenido contactos con los misioneros católicos.

Prestaba a ayudar a los niños y a los enfermos e infundía coraje a quienes sentían miedo; esta actividad suya alarmó a sus hermanos mayores, ya que pensaban que el pueblo la elegirían como su reina después de la muerte de sus padres, pero Chikaba les aseguró que aquello no entraba en sus planes. Se sabe que cuando tenía unos diez años fue robada por unos marineros españoles y reducida a la esclavitud; cuando ellos se dieron cuenta de que era de estirpe real, la vendieron a una rica familia española, los duques de Mancera, de Madrid, que la trataron como a un miembro más de la familia.

En el año 1700, con veincuatro años de edad, la joven africana convertida ya al catolicismo, intentó que la aceptaran en un convento de hermanas católicas, pero fue rechazada. Después de varios intentos, en el 1708, fue acogida en el convento de las Hermanas Dominicas de la Tercera Orden de Santa María Magdalena, en Salamanca y, con el permiso del obispo, se dedicó al servicio doméstico del convento, tomando el nombre de Teresa. Pasados muchos años y comprobada su sincera vocación y su crecimiento espiritual, también con el consentimiento del obispo, Teresa Chikaba fue aceptada como hermana dominica e hizo su profesión. Vivió santamente durante cuarenta años según la Regla de Santo Domingo y murió en su convento de Salamanca, el 6 de diciembre de 1748. Actualmente, sus reliquias reposan en el monasterio de las Dueñas, en Salamanca.

Por su intercesión se han realizado muchos milagros y son muchas las personas que han solicitado que la Iglesia incluya a esta princesa africana, esclava colonial y hermana ejemplar dominica, entre los santos. Su Causa fue abierta en el año 2000 y concluyó en el 2006. Ahora se está a la espera del reconocimiento de la heroicidad de sus virtudes y del milagro que la lleve a la beatificación.

Estampa contemporánea de la Venerable María Josefina Benvenuti (Zeinab Alif), esclava sudanesa que llegó a religiosa clarisa.

Venerable María Josefina Benvenuti (Zeinab Alif)
1845/6 – 24 de abril de 1926
Zeinab Alif (Sor María Josefina Benvenuti), más conocida con el apelativo de la “Moretta” por el color ébano de su piel y por su origen africano, nació en el 1845 – 46 en un pueblecito del Kordofan (Sudán). Siendo niña, fue robada por unos negreros árabes y fue vendida y revendida a unos dueños muy crueles. Rescatada por el Siervo de Dios don Niccolò Olivieri, fundador de la Pía Obra del Rescate de las niñas moras, fue llevada a Italia, el 2 de abril de 1856 y confiada a las Clarisas de Belvedere Ostrense (Ancona) a fin de que la formaran humana y cristianamente.

El 24 de septiembre de ese mismo año recibió los sacramentos de la iniciación cristiana y en el Bautismo, asumió el nombre de María Josefina y el apellido Benvenuti, que era el de su madrina. La consagración bautismal fue para ella el inicio de una vida mucho más íntima con Dios. Inteligente y vivaz, sensible y afectuosa, logró cambiar su carácter inquieto, haciéndose más humilde y más amable. Atraída por el ideal franciscano, desde su juventud se orientó hacia la vida consagrada. Estaba especialmente dotada para la música llegando a ser en muy poco tiempo una excelente organista, superando incluso a su maestro por su perfecta técnica y por sus versiones originales, llenas de inspiración.

El sonido del órgano reflejaba su exquisita sensibilidad psicológica y litúrgica y sus actuaciones eran un reclamo para los músicos de renombre y para el pueblo en general. En el año 1874 tomó los hábitos y en 1876, con su profesión, se consagró al Señor en la Orden de las Clarisas. En 1894, cuando fue suprimido el monasterio de Belvedere, fue enviada con otras hermanas al monasterio de Serra de’ Conti. Allí, llegó a ser vicaria, maestra de novicias y posteriormente, abadesa. Sabía hacerse amar y obedecer voluntariamente y fascinaba a todos por sus gentiles modales.

Su humildad le había inspirado un curioso estribillo que a menudo repetía: “Líbrame, Señor, primero del pecado y luego del Abadesado”; sin embargo, todos afirman que llevó el cargo de abadesa con sagacidad, competencia y un empeño admirable. En los treinta años que vivió en Serra de’ Conti, Sor Maria Josefina, a juicio de todos los que la conocieron, dio pruebas de grandes virtudes: siempre estaba disponible a la voluntad de Dios, al sufrimiento, fidelísima a la regla del monasterio, inmersa en Dios y en la oración, amable y paciente con todos, a todos socorría y aconsejaba y ayudaba económicamente a cuantos recurrían a ella.

Nunca faltó a la caridad fraterna, nunca dejó escapar un gemido; a todo le daba un sabor sobrenatural. Como auténtica franciscana, contempló sobre todo los misterios de la salvación y su ascesis espiritual fue guiada por la Inmaculada a la que siempre amó filialmente. Solía decir: “Acude a María que te ayudará; ponte bajo su manto y no temas”. Recitaba con fervor el Santo Rosario. Ella misma le decía a sus novicias: “Solo por este medio sereis capaces de ser buenas religiosas”. Se llevaba horas enteras delante del Crucifijo y del altar de la Eucaristía rezando por todos. Al ver los delitos y la ingratitud de los hombres hacia Dios, multiplicaba sus penitencias y prolongaba su adoración; con infinita ternura contemplaba el Crucifijo.

Sus otras devociones eran San José, San Francisco, Santa Clara y Santa Cecilia. De San Francisco aprendió el amor al Crucifijo, de Santa Clara, el ardor de la oración, de San josé, la completa disponibilidad y de Santa Cecilia, sus maravillosas melodías, su recogimiento en Dios. Tenía el culto de la fraternidad: preveía las necesidades de las hermanas y utilizaba cualquier forma para ahorrar con su propio sacrificio el esfuerzo de los demás. Especialmente, en los últimos años de su vida, casi ciega, participó de la Pasión de Cristo en su cuerpo, mientras que su espíritu estaba lleno de una alegría celestial ante la certeza de que muy pronto habría alcanzado el cielo.

Murió la tarde del 24 de abril de 1926 y un día después, como le había prometido a una de las hermanas, le hizo saber que había entrado en la felicidad eterna de Dios. Temprano, por la mañana, el repique de una campana que nadie tocaba, hizo saltar de alegría en torno al monasterio a todos los habitantes de Serra de’ Conti. Se vio el milagro y todos repetían: “¡Ha muerto la “Moretta”, ha muerto una santa!”.
En el año 1985, el Postulador General presentaba a S.E. Mons. Oddo Fusi Pecci, obispo de Senigallia (Ancona) la súplica para que pidiera la introducción de la Causa de Canonización de Sor María Josefina. Después de ser introducida, la Santa Sede ha reconocido sus virtudes heroicas, el día 27 de junio del año 2011.

Oración por la Causa de Sor María Josefina Benvenuti:
Señor Jesús, te doy las gracias por los dones otorgados a tu humilde sierva Sor María Josefina que, siendo robada cuando era niña y convertida en esclava en tierras africanas, quisiste liberarla y totalmente consagrada a tu amor en la Orden de Santa Clara, fue preclaro signo de comunión eclesial entre nosotros. Dígnate glorificarla en la Iglesia para que resplandezca el ejemplo de su fe, de su esperanza y de su caridad.
Por su intercesión, Señor, concédeme siempre tu gracia y cuanto solicito humildemente, si esto es conforme con tu voluntad. Amén.

Imprimatur
+ Odo Fusi-Pecci
Obispo de Senigallia
6 julio 1992

Santa Josefina Bakhita
Oglassa, Darfur, Sudan, 1868 – Schio, Vicenza, 8 de febrero de 1947
Sobre la vida de Santa Josefina Bakhita publicamos un artículo en este blog, el día 8 de febrero del 2011.

Damiano Grenci

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