Santo Niño de la Peña de Atlixco

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Vista del Santo Niño en su pesebre.

Vista del Santo Niño en su pesebre.

El Santo Niño de la Peña y las Clarisas de Atlixco
La ciudad de Atlixco es una de las ciudades más pintorescas del estado de Puebla, famosa por su clima que favorece la producción de flores. A la llegada de los españoles, el poblado indígena que existía era Acapetlahuacan. Una vez conquistado el territorio y al crecer la comunidad española, se realizaron las gestiones necesarias ante la Corona para que se les autorizara la fundación de la Villa de Carrión. Don Pedro del Castillo Maldonado y Cristóbal Ruiz Cabrera fundaron la Villa de Carrión, hoy Atlixco, pasando a ser los primeros Alcaldes Ordinarios. La evangelización de la zona fue confiada a la Seráfica Orden Franciscana. La fertilidad del valle hizo que la Villa de Carrión pronto fuera una importante zona agrícola, convirtiéndose ya para principios de siglo XVII en el primer granero de la Nueva España, lo que llamó la atención de otras órdenes religiosas como la de los agustinos, carmelitas, mercedarios, juaninos y la de las monjas clarisas, que llegaron hasta el valle para edificar sus conventos.

El Monasterio de Santa Clara de Asís es la única fundación religiosa para mujeres que hubo en esta localidad, realizada entre 1617 y 1618, con monjas del convento de San Juan de la Penitencia de la Ciudad de México. A finales del siglo XVI, siendo Provincial franciscano de San Pedro y San Pablo de Michoacán Fray Pedro de Leiva, salió de visita a los conventos de su provincialato, y una mañana, pasando por un despoblado, hacia un lado del camino oyó junto a sus compañeros de viaje llorar tiernamente un niño; esto causó extrañeza al oír en aquel paraje desolado semejante llanto, se fueron acercando a un cerrillo de donde venia el sonido infantil y vieron cómo salían de aquella parte unos resplandores semejantes al brillo de la plata expuesta al sol. Se acercaron para observar el origen de tales destellos luminoso y con asombro vieron que se trataba de la imagen del Niño Jesús a media talla en una peña. Fray Pedro, dando gracias por el prodigio, recogió la imagen y resolvió que lo ideal es que fuera depositado donde continuamente se le ofrecieran alabanzas por almas dedicadas totalmente a la oración. Así que lo envió a su prima, Sor Mariana de la Santísima Trinidad, monja profesa del Convento de Clarisas de San Juan de la Penitencia.

El 2 de febrero de 1618 llegaron las ocho hermanas fundadoras, procedentes del Convento de San Juan de la Penitencia, entre ellas venía como monja fundadora Sor Mariana de la Santísima Trinidad, y ese mismo año, el día de la Navidad, fue colocada la imagen milagrosa del Santo Niño en el coro bajo con mucha devoción, llevándola la Prelada con la comunidad con vela en mano; desde ahí sus milagros lo hicieron consuelo de los enfermos en toda la ciudad. Uno de esos milagros, quizá el más famoso, archivado en el Convento de Santa Clara de Atlixco y firmado por el visitador de la Hermanas Clarisas Fray Francisco Rodríguez, sucedió el día de la Purísima Concepción de 1620:

Exterior del Templo del Exconvento de Sta. Clara de Asís,  Cdad. de Atlixco, Puebla (México).

Exterior del Templo del Exconvento de Sta. Clara de Asís, Cdad. de Atlixco, Puebla (México).

“Habiendo las religiosas acabado de rezar la corona franciscana en honor a la Inmaculada Reina de los Ángeles, una de ellas tomó el Santo Niño y se le cayó de las manos, haciéndolo pedazos, y tan pequeños que los más eran del tamaño de una lenteja. Comenzaron a llorar y la desgraciada (!) se puso en cruz delante del Santísimo, pidiéndole hiciera una de sus maravillas, y que este monasterio se quedara sin un tesoro tan grande, otra religiosa dijo a la comunidad que hicieran oración, ella comenzó a juntar los pedazos con trabajo, pues el suelo estaba lleno de flores y hojas de árboles. Comenzó a unirlo con clara de huevo, y acabado reconoció faltarle un ojo; lo fue a buscar y lo vio relumbrar como un diamante, siendo tan chico que se perdía entre los dedos, se lo puso y toda comunidad dios gracias al Señor por esta maravilla. Al día siguiente, llamaron a un escultor, el cual halló tan bien al Santo Niño, que dudaba que lo que había sucedido…”

La devoción en torno a la sagrada imagen, que apareció entre unos riscos, desarrolló durante la época virreinal un tierno afecto, llamándolo de la Peña, dedicándole pequeñas figuras en oro y plata como exvotos por las gracias concedidas. La imagen representa al Niño Jesús en su nacimiento que surge del mismo pedrusco. A principios del siglo XIX, el templo y convento fueron dedicados al Corazón de Jesús, tras este acto el obispo de la Diócesis, Dn. Pablo Vázquez, le tomó devoción, al grado que, junto con otros obispos, decretaron en 1845 la concesión de 200 días de indulgencia al rezar un Triduo ante la sagrada imagen de Cristo Niño, hecha por una monja anónima. A raíz de las Leyes de la Reforma, fue suprimido el monasterio y expulsadas las religiosas, quedando como casa de vecindad el inmueble. Las religiosas llevaron consigo la sacra imagen del Santo Niño y algunas piezas de arte que hasta hoy se conservan. Para evitar el despojo de los exvotos de oro y plata, resolvieron fundirlos y hacer una primorosa cuna para mayor resguardo de la imagen. A pesar de los avatares sociales y políticos de la época, los fieles siguieron teniendo devoción a la imagen milagrosa. El convento ha sufrido adaptaciones y modificaciones, sin embargo se conservan las arcadas que delimitan el patio, algunas crujías, restos de muros y vestigios de la pintura original de este inmueble, que fue en su momento un bello conjunto arquitectónico, y sin duda, debido a su ubicación geográfica, un caso único entre los conventos de monjas en el Estado de Puebla, actualmente se le conoce como “La Casa del Pueblo”.

Imagen del Santo Niño en un Belén. Portería del convento de las Clarisas en Atlixco, Puebla (México).

Imagen del Santo Niño en un Belén. Portería del convento de las Clarisas en Atlixco, Puebla (México).

Mientras, la comunidad de las Clarisas logró sobrevivir, ubicándose una calle atrás de su antiguo templo hacia el norte, sobre la avenida 6 poniente. En su portería tiene a la veneración pública la imagen del Santo Niño, acompañado por una imagen de San José y la Virgen María; siendo objeto devocional especialmente por habitantes de los pueblos aledaños a la ciudad de Atlixco, circulando entre ellos la idea que conforme va pasando el tiempo, la imagen va saliendo de las misma peña, ideas poéticas en la que está envuelta la imagen por la piedad que le profesa la gente sencilla. Las religiosas festejan a la sacra imagen el día de la Navidad y los devotos llenan su nicho con juguetes como agradecimiento por los favores recibidos, que las mismas religiosas una vez lleno el nicho, regalan a niños pobres.

Los devotos, al contemplar esta imagen de Cristo en su infancia, harán suyas seguramente las palabras del villancico:
“Duerme, no llores, Jesús del alma;
duerme, no llores, mi dulce amor.
Duerme, no llores que esas tus lágrimas
parten el alma de compasión…”

Tacho de Santa María

Bibliografía:
Guía Puebla-Atlixco-Cholula. Arquitectura Representativa, Semana del Patrimonio. Secretaría de Cultura del Estado de Puebla. Gobierno del Estado de Puebla, 2005-2011.
Triduo en honor al Sto. Niño de la Peña, que se venera en el Monasterio de Nuestra Madre Santa Clara en esta Ciudad de Atlixco, 1998.

Enlace consultado (24/07/2014):
– http://atlixco.gob.mx/historia-de-atlixco/

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