Santo Rey David (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tabla gótica flamenca del Santo en su atuendo real.

Tabla gótica flamenca del Santo en su atuendo real.

Estando David en Jerusalén, durante el asedio de Rabba por parte de los amonitas, cometió adulterio con Bethsabé, mujer de Urías el Hitita, que era uno de sus oficiales más valientes. Para ocultar su pecado, hizo venir desde el frente al marido traicionado, ordenándole que fuera adonde estaba su esposa. No consiguiendo su propósito, lo hizo emborrachar y posteriormente, ordenó a Joab que lo hiciera morir en una acción de guerra, culpando de ello a los amonitas. Así, desembarazándose de Urías, tomó como esposa a su viuda, que posteriormente sería la madre de su hijo Salomón. Este episodio es la parte más oscura de la vida de David, pero ante la dura reprimenda que le hizo el profeta Natán, él se arrepintió de su pecado. Yahvé lo perdonó, inflingiéndole sin embargo algunos castigos ejemplares: el hijo fruto del adulterio moriría y la ofensa que hizo al honor de Urías reclamaba una humillación ejemplar.

En aquella época se iniciaron una serie de desórdenes en la Casa de David: primero, Amnón que era su primogénito, cometería incesto con su hermana Tamar y Absalón lo vengaría matando a Amnón. Más tarde, Absalón se revelaría contra su propio padre, por lo cual David humilló a su mujer y lo excluyó del trono forzando su fuga; asimismo, las revueltas de Sheba ensombrecerían a Israel. Otro pecado de David fue el censo que intentó realizar de todo Israel, ya que lo hacía para vanagloriarse, descuidando el aspecto teocrático de su reino y la propia voluntad de su pueblo. A pesar de que no fue acabado y registrado, como nos cuentan los dos Libros de las Crónicas, Dios castigó a todo el reino de Israel con una epidemia de peste que mató a setenta mil personas, y esto, aunque el rey se había arrepentido de aquel fallo.

Podríamos decir sumariamente, que los últimos eventos de la vida de David fueron los siguientes: dominada la revuelta de Absalón, él retornó al trono con solemnes manifestaciones populares, no pudo ocultar su enorme dolor por la muerte de su hijo, depuso a Joab como cabeza del ejército sustituyéndolo por Amasa, que sin embargo, fue muerto a traición, organizó internamente su reino, perdonó a Semei que lo había maldecido y ofendido durante su fuga y entregó a los gabanoitas los dos hijos de Resfa, que era la concubina de Saúl y a cinco hijos de Merab, hija mayor de Saúl. Posteriormente, ya viejo y enfermo, se vio forzado a intervenir en la sucesión al trono. No tuvo el coraje suficiente para reprender a Adonías que era su segundo hijo y que llegó a hacerse aclamar como rey y solo bajo la presión del profeta Natán, decidió que fuese consagrado como rey su hijo Salomón, el cual fue aclamado por el pueblo.

David espía a Betsabé durante su baño. Lienzo de Francesco Hayez (1859). Pinacoteca de Brera, Milán (Italia).

David espía a Betsabé durante su baño. Lienzo de Francesco Hayez (1859). Pinacoteca de Brera, Milán (Italia).

David dio gracias a Dios porque vio que su dinastía continuaría, aconsejó al nuevo rey para que fuese fuerte, para que observara todo lo prescrito por las leyes de Moisés y le dio instrucciones sobre cómo comportarse con Joab, Barzilai y Simi. Hizo entronizar a Salomón por segunda vez y así, murió en Jerusalén con setenta y un años de edad, colmado de riquezas y coronado de gloria (I Par., 29, 26-28).

De diversas mujeres, había tenido seis hijos en Hebrón y nueve en Jerusalén, sin contar a aquellos que tuvo con las concubinas, además de una hija. El Libro del Eclesiástico, en su capítulo 47, elogia su fuerza física, su victoria contra Goliat, sus victorias militares y las derrotas infringidas a los filisteos, su obra a favor del culto divino por medio de los salmos y de los instrumentos musicales, por el esplendor y la solemnidad de las fiestas y por haber alabado a Dios todos sus días y amado de todo corazón a su Creador, el cual le perdonó sus pecados, exaltó su poder y le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel (Eclesiástico, 47).

En el Segundo Libro de Samuel se le llama “Hombre de Dios exaltado”, “el ungido del Dios de Jacob y “el suave salmista de Israel”. En el Nuevo Testamento es mencionado en numerosas ocasiones, aún por boca del mismo Cristo.

Con sus virtudes y culpas, David, de alguna manera, es el centro de la revelación, por cuanto el Mesías está en estrecha relación con su persona, con su reino, con su dinastía, con su descendencia. Isaías dice que el Mesías será el brote de la raíz de Jessé, San Mateo dice que Jesús es descendiente de David, los Libros de las Crónicas y San Lucas dirán que David estará sentado en su trono eternamente y otras muchas alabanzas que a su persona, aparecen en distintos Libros Sagrados.

Es cierto que sus sombras ofuscaron su virtud: en el Primer Libro de Samuel, se le atribuyen mentiras, ficciones, exterminios de tribus y de pueblos, venganzas y maquinaciones para matar a personas e incluso traición a su propia patria. Pero todo esto es anterior a su ascenso al trono y está conectado con las guerras dirigidas contra él por parte del rey Saúl. Esta guerra era injusta y David tenía el derecho a defenderse por lo que, todas sus acciones de guerra, tenían un propósito defensivo. Dios intervenía en los momentos justos para impedir que cometiera otros crímenes.

Natán reprende a David por su adulterio con Betsabé. Iluminación griega de un salterio bizantino.

Natán reprende a David por su adulterio con Betsabé. Iluminación griega de un salterio bizantino.

Es verdad que según los criterios evangélicos, David debería ser condenado, pero se trataba de acciones de guerra que serían justificadas actualmente según el derecho internacional. El exterminio completo de los pueblos vencidos se practicaba en gran escala fuera de Israel, pero David aparece como más comprensivo, más suave si se le compara con los antiguos conquistadores asirios y babilónicos.

Su grave pecado fue el adulterio y el homicidio subsiguiente. En este caso, David actuó como un despótico rey que le quitó su esposa a uno de sus más valerosos soldados, que intentó esconder su pecado engañando y emborrachando al marido y que posteriormente, fue el culpable de su muerte. Pero David se arrepintió, lloró amargamente su pecado – se le atribuye en ese momento la composición del salmo “Miserere mei Deus” – y Dios le perdonó ese pecado, que llevó sobre sus espaldas durante toda su vida.

Es verdad que cometió otro pecado con el intento de hacer el censo de Israel, pero también en este caso, se arrepintió y pagó su pena. Después de haber sido proclamado rey de todas las tribus de Israel, se nota un cierto período de decadencia en su corte: incesto, venganza, asesinato – ya lo hemos relatado anteriormente – y David no tuvo la fuerza necesaria para prevenir ni para reprimir estos abusos, fue débil, aunque en otros muchos momentos – como también hemos relatado – fue astuto. Podríamos decir que fueron debilidades de padre. Todo esto es reprobable, pero valga como atenuante la situación política de entonces y la disminución de sus energías físicas; esto no puede impedirnos reconocerle una fe inquebrantable en Dios, una confianza constante e inquebrantable y un amor a Dios como padre.

Todo esto destaca porque su vida estuvo llena de tribulaciones y de mortales emboscadas. Sería demasiado larga la enumeración de sus virtudes, pero resaltemos el perdón a sus perseguidores y calumniadores, el amor y la observancia de la Ley escrita por Moisés tanto desde el punto de vista moral como litúrgico y su celo por el culto y la gloria de Dios. David quiso darle al Arca una sede conveniente, proveyó de todo lo necesario para construir el Templo, dio una sólida organización al servicio divino con respecto a los sacerdotes, levitas y ministros de rango inferior. El Primer Libro de las Crónicas resalta esta obra de David: estuvo en contacto continuo con los sumos sacerdotes Abiatar y Sadoc y con los profetas Samuel, Natán y Gad. Consultó al Señor en todas las vicisitudes de su vida y Yahvé siempre le respondió.

El rey David cantando los Salmos. Fresco ortodoxo griego.

El rey David cantando los Salmos. Fresco ortodoxo griego.

Tuvo el don de la inspiración divina para componer el Libro de los Salmos y el diseño del Templo; el mismo Samuel lo exalta como un gran santo y el Espíritu de Dios estuvo con él desde su juventud hasta su muerte y continuó en su descendencia. Caminó en la presencia de Dios con un corazón sincero, fiel, justo y recto, como es mencionado en el Segundo Libro de las Crónicas y en el Primero de los Reyes, los cuales, refiriéndose a Dios lo denominan como “el Dios de David”. Fue realmente un modelo para los futuros reyes de Judá. Y además, se puede decir también que fue un profeta porque algunos de sus salmos son ciertamente mesiánicos.

Flavio Josefo hizo un elogio muy noble sobre el rey David, ofreciendo además algunas noticias sobre su sepulcro (Antiq., VII, 12, 2). Estas noticias fueron precedidas por varias leyendas que decían que Salomón había escondido un tesoro de incalculable valor, que había sido saqueado por Juan Ircano, quién sustrajo tres mil talentos de plata. Este saqueo, posteriormente fue repetido también por Herodes el Grande, que se encontró oro en abundancia. Sin embargo, también se dice que Herodes, queriendo hacer un exacto reconocimiento de los huesos de David y de Salomón, tuvo que desistir porque dos de sus sirvientes que estaban sobre la tumba, fueron devorados por unas llamas misteriosas que salieron del sepulcro. Herodes, para reparar la ofensa, erigió en la entrada un monumento de mármol blanco, que es mencionado también por el historiador Nicolás de Damasco. Flavio Josefo atribuye las desgracias que abatieron a la familia de Herodes, a la violación del sepulcro de David.

Dos son las tradiciones existentes sobre el presunto sepulcro de David: una lo coloca en Belén y la otra, que es más creíble, lo sitúa en Jerusalén, pero en el Monte Sión y no en el Cenáculo. En tiempos de Cristo, este sepulcro era muy conocido, pero fue destruido por Adriano en el año 133. Actualmente hay un cenotafio en el lugar del Cenáculo.

Presunto sepulcro del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

Presunto sepulcro del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

El Martirologio Romano lo conmemora el día 29 de diciembre: “Hierosolymis Sancti David regis et prophetae” (En Jerusalén, San David rey y profeta). Los griegos lo conmemoran, junto con San José y San Jacobo el hermano del Señor, el domingo después de la Navidad; los armenios lo hacen el 14 de khalots (22 de diciembre); los coptos, el 23 de khoiak (9 de diciembre) y los melquitas, el 2 de diciembre. Los hebreos festejan su nacimiento y su muerte el segundo día de Pentecostés. Es el santo patrono de los poetas y de los músicos.

Homilía de San Nicolás Velimirovich sobre el arrepentimiento del rey David
“Y David dijo a Natán:” He pecado contra el Señor” (II Samuel 12:13). “Mis lágrimas son mi pan de día y de noche” (Salmo 42:3).
El rey David pecó en contra de Dios y se arrepintió, y Dios lo perdonó. El pecado del rey era grande, pero más grande aún fue su arrepentimiento. Era culpable ante Dios de dos graves pecados: el adulterio y el asesinato. Pero cuando Natán, el profeta de Dios le denunció, él lanzó un grito de angustia: “¡He pecado contra el Señor!” Así confesó su pecado y se arrepintió amargamente. Desconsolado, oró a Dios, con llanto y con ayuno, tirado en el suelo y soportando dócilmente los terribles golpes que Dios envió sobre él, su casa y su pueblo a causa de sus pecados.

En sus salmos penitenciales, dice: “Yo soy un gusano, no un hombre” (Salmo 22:6), “Por la voz de mi gemido mis huesos se aferran a mi carne” (Salmo 102:5), “Yo he comido ceniza como pan y mi bebida mezclada con lágrimas” (Salmo 102:7, 9), “Mis rodillas están debilitadas por el ayuno” (Salmo 109:24).
Aquí está el verdadero arrepentimiento, aquí está un verdadero penitente. No se endurece en el pecado ni tampoco cae en la desesperación pero, con la esperanza en la misericordia de Dios, se arrepintió sin cesar. Y Dios, que ama al penitente, mostró misericordia con este modelo de penitencia. Dios lo perdonó y glorificó por encima de todos los reyes de Israel, y le dio la gran gracia de componer las oraciones penitenciales más bellas y profetizar la venida al mundo del Santísimo Salvador, el cual, sería de su descendencia.

Escultura contemporánea del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

Escultura contemporánea del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

Hermanos, ¿verdad que es maravillosa la misericordia de Dios para con los penitentes? Tanta misericordia tenía Dios en este arrepentido David que Él no se avergonzó de tomar sobre sí la carne de la semilla de David. Bienaventurados los que no se endurece en el pecado y que no caen en la desesperación a causa del pecado. El arrepentimiento salva del mal, tanto a unos como a otros. ¡Oh Señor misericordioso!, ablanda nuestros corazones con lágrimas de arrepentimiento. A ti sea la gloria y la alabanza por siempre. Amén”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– AMSLER, S., “David, Roi et Messie”, Neuchâtel, 1963
“Biblia de Jerusalén”, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A., Bilbao, 1967
– MARIANI, B. “Bibliotheca sanctorum” vol. IV, Città N. Editrice, Roma, 1987
– RICCIOTTI, G., “Storia d’Israele”, Torino, 1932

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Santo Rey David (I)

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Escultura del Santo, obra de Paris Nogari (ca. 1536-1601). Capilla Borghese, Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Escultura del Santo, obra de Paris Nogari (ca. 1536-1601). Capilla Borghese, Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

El rey David fue el fundador de la dinastía de Israel que reinó hasta la destrucción de Jerusalén en el año 587 antes de Cristo, fue un profeta y el escritor del libro de los Salmos. Según algunos, su nombre proviene del acádico Dawidum, que se podría traducir por “comandante o cabecilla”, aunque en hebreo significa “querido, acariciado”. El relato de su vida aparece en las Sagradas Escrituras, concretamente en los libros Primero y Segundo de Samuel, en el Primer libro de los Reyes y en el Primero de los Paralipómenos (o Crónicas). Es también citado en otros libros profanos, no pertenecientes a las Escrituras Sagradas, pero nosotros, inevitablemente, para hablar de él, nos tenemos que basar en los Libros Sagrados.

David descendía de la tribu de Judá, de la línea Fares-Esron. Su genealogía aparece en I Par., 2, 3-17 y en el libro de Ruth (Ruth, 4, 13-18). Había nacido en Belén de Efratá y era el octavo de los hijos de Jessé. “Era rubio, de ojos bellos y de aspecto agradable” (I Samuel, 16, 12) y pastoreaba el rebaño de su padre. Pero era también estimado en la corte del rey Saúl por tocar la cítara, por ser un buen guerrero y por su don de palabra. Durante la guerra de Saúl contra los filisteos, había sido introducido en la corte “como hábil cantor al son de la cítara” (I Samuel, 16, 17), ya que con su canto y con su música levantaba la melancolía del rey.

Al principio, Saúl cogió afecto a David y lo ascendió a su servicio en calidad de escudero, mientras que al mismo tiempo, cuando el rey sufría ataques de melancolía, la música y el canto de David lo calmaban. Muy pronto se hizo amigo de Jonathan, hijo de Saúl, pero la admiración y el afecto de Saúl se transformaron en odio cuando entrevió que él podría ser su sucesor en el reino y, por tanto, un adversario a eliminar. Nos sigue diciendo el Primer Libro de Samuel que Dios rechazó al rey Saúl y que sin el consentimiento de éste, el profeta Samuel ungió a David como rey. Saúl lo llamó a la corte y le dijo que prescindía de él y que se volviera a casa de su padre Jessé. Pero su padre lo envió para que se informara sobre la situación en la que se encontraban sus hermanos que habían partido al frente para luchar contra los filisteos y es allí donde sucede el combate entre David y el gigante Goliat, al que mató con su honda, provocando así la desbandada de los filisteos.

icono ortodoxo griego de David tocando la lira.

icono ortodoxo griego de David tocando la lira.

La popularidad que consiguió David con este acto fue tan enorme que produjo el célebre canto de las israelitas: “Saúl ha matado a mil, pero David ha matado a diez mil” (I Samuel, 18, 7), lo que provocó aun más los celos de Saúl. En dos ocasiones intentó en vano atravesarlo con una lanza, luego lo puso al frente de un grupo de soldados esperando que muriese en alguna estratagema militar, pero el valor, la suerte, la victoria y la popularidad de David aumentaba cada vez más los celos de Saúl. Lo humilló al negarle a su hija Merab, que le estaba prometida como esposa y le concedió a Micol, después de haberlo expuesto a la muerte en una acción militar contra los filisteos.

Habiendo estallado nuevamente la guerra contra los filisteos, David les infringió una estrepitosa derrota. La manía homicida de Saúl hizo que intentara de nuevo matarlo con una lanza pero fue salvado por una estratagema un tanto tragicómica de Micol (I Samuel, 19, 13-17). David se refugió junto a Samuel en Ramá y posteriormente en Naiot, pero delatado por algunos traidores, Dios lo salvó invistiendo a Saúl y a sus hombres con un espíritu profético: “Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban y a Samuel que también estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl y ellos también profetizaron” (I Samuel, 19, 20). Esto ocurrió por tres veces. David hizo un pacto de amistad con Jonathan, que no llegó a calmar a su padre Saúl, el cual quería tenerlo entre sus manos a cualquier precio. David huyó a Nob, a casa del sacerdote Abimelec, que consultó al Señor y le donó los panes sagrados y la espada de Goliat.

Traicionado por Doeg el idumeo, que era el siervo principal de Saúl, se refugió en Gat entre los filisteos, junto al rey Aquis. Descendió hasta Odollam, donde fue alcanzado por su familia y juntó una banda de forajidos formada por seiscientos hombres. Con su familia se estableció en Moab, pero el profeta Gad le ordenó que volviera a Judá y se estableciese en el bosque de Haret. También llegó el sacerdote Abiatar, llevando consigo a Edof. Se asentó en Kelia, conquistada a los filisteos y luego marchó al desierto de Zif, siempre perseguido por Saúl. Este, en el momento de estrechar el cerco en torno a David, se vio obligado a desistir debido a un nuevo brote de guerra contra los filisteos. Concluida la guerra, Saúl lo intentó de nuevo, pero David, por motivos religiosos, respetó la vida del rey que había caído en sus manos junto a la caverna de Engadi.

David, expectante con la honda, aguarda la llegada de Goliat. Escultura de Miguel Ángel Buonarruotti (1501-1504) en mármol de Carrara. Galleria dell'Accademia, Florencia (Italia).

David, expectante con la honda, aguarda la llegada de Goliat. Escultura de Miguel Ángel Buonarruotti (1501-1504) en mármol de Carrara. Galleria dell’Accademia, Florencia (Italia).

En el desierto de Faran, estuvo listo para tomar venganza contra Nabal, el cual le negó alimento para su gente, más fue calmado por Abigail, quién se había convertido en su esposa junto con Aquinoam, mientras que Saúl, fue herido por Micol. David perdonó nuevamente la vida a Saúl en Hakila y se puso a seguro en Gat, junto al rey Aquis, el cual le regaló la ciudad de Siklag que, desde ese momento, pasó como propiedad al rey de Judá. Allí David se estableció durante dieciséis meses, saqueando las zonas del sur y, sin misericordia, matando a todo ser humano vivo.

Estallando de nuevo la guerra, David marchó contra Saúl, pero los filisteos no se fiaron de él y lo obligaron a huir a Siklag. Allí se encontró con que la ciudad había sido devastada por los amalecitas, a los que persiguió y venció. Con el botín conseguido hizo regalos a sus aliados, a sus parientes y a los ancianos de Judá. Entretanto, sobre los montes de Gelboé, Israel fue derrotado y Saúl encontró la muerte junto con sus hijos Jonathan, Abinadab y Malquisua. David los lloró amargamente.

Pero David, había atraído hacia sí las simpatías de la tribu de Judá y no solo por sus capacidades o por sus victorias militares, sino por su reacción ante la lucha que mantuvo contra él el rey Saúl, que era de la tribu de Benjamín. Con la muerte de Saúl y la derrota de Israel, la oposición hacia el rey y su Casa, explotó. El antiguo antagonismo entre Judá y Efraín, encontró una razón más para reabrirse de nuevo. Como posteriormente ocurriría con la muerte de Salomón, que Efraín no quiso saber nada de Judá, era ahora Judá el que no quería saber nada de la Casa de Saúl.

David, triunfante sobre Goliat. Escultura de bronce obra de Andrea Verrocchio (ca. 1472-1475). Museo del Bargello, Florencia (Italia).

David, triunfante sobre Goliat. Escultura de bronce obra de Andrea Verrocchio (ca. 1472-1475). Museo del Bargello, Florencia (Italia).

Pero la unción clandestina que Samuel había realizado a David, tenía que hacerse de dominio público, así que la adhesión a su causa por parte de los sacerdotes Sadoc y Abiatar y de los profetas Samuel, Gad y Natán, sí como el enorme éxito de sus hazañas, tenían que eliminar cualquier duda a la elección de David como rey de Judá. David consideró que tenía que tomar las riendas de su tribu y, aconsejado por Yahvé fue a Hebrón donde fue ungido como rey por los hombres de la tribu de Judá. Él, sin embargo, no se aprovechó de esta situación para extender su reinado sobre las otras tribus, las cuales, bajo la guía de Abner, seguían a Ishbaal, que era el único hijo superviviente de Saúl.

Después de reinar durante siete años en Hebrón, apareció una nueva circunstancia favorable a David y era que Abner se separó de Ishbaal, poniéndose a favor de David. El hijo de Saúl fue asesinado y posteriormente, también lo fue Abner por traidor. Así, desaparecieron todos los contendientes al trono. David se mostró magnánimo con todos y fue reconocido como rey por todas las tribus de Israel. Transfirió su capital a Jerusalén, que era una ciudad más neutral, que había echado a los jebuseos y que tomó el nombre de “Ciudad de David”. Allí reinó durante treinta y tres años, que sumándole los siete de Hebrón, hizo que su reinado fuese de cuarenta años.

Su reino se caracterizó por múltiples acciones bélicas y por una intensa actividad religiosa y social. Entre las primeras, caben destacar dos episodios contra los filisteos en el valle de Refraím, la anexión de Gat, sus victorias sobre los moabitas, sobre Adadezer rey de Soba, sobre los arameos, idumeos, amonitas y amalecitas, muchos de los cuales tuvieron que rendirle tributos después de haber sido derrotados. Su reino se extendió desde el paso de Emath hasta el río Nilo.

Pero como he dicho antes, su reinado también se distinguió por una intensa actividad religiosa y social: transportó el Arca de la Alianza a Jerusalén, proyectó la construcción de un Templo y organizó el culto divino. El transporte del arca se vio empañado, ya que por la muerte de Uza, no estuvieron presentes los levitas, no aplicándose las prescripciones de Moisés.

El rey David, en una tabla gótica de Pedro de Berruguete (s.XV).

El rey David, en una tabla gótica de Pedro de Berruguete (s.XV).

La construcción del Templo, que fue una iniciativa espontánea de David y que el profeta Natán le hizo saber en un primer momento, que contaba con la bendición de Yahvé, al final no pudo hacerlo, pues fue considerado un hombre de guerra, que había derramado mucha sangre y el Templo tenía que ser considerado un lugar de paz, aunque en compensación por este contratiempo, Dios le prometía una descendencia duradera: su reino y su Casa, no tendrían fin.

Fue su hijo Salomón quien finalmente construyó el Templo, siendo “Dios para él como un padre y él para Dios, como un hijo” (I Par., 17, 13). Dios castigará a David cuando éste se lo merezca, pero nunca le negará su asistencia divina.

Pero en la vida de David hubo un hecho pecaminoso que lo marcó, aunque posteriormente se arrepintiese amarga y sinceramente. De esto trataremos en el artículo de mañana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– AMSLER, S., “David, Roi et Messie”, Neuchâtel, 1963
“Biblia de Jerusalén”, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A., Bilbao, 1967
– MARIANI, B. “Bibliotheca sanctorum” vol. IV, Città N. Editrice, Roma, 1987
– RICCIOTTI, G., “Storia d’Israele”, Torino, 1932

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es