Santo Tomás Becket, arzobispo mártir de Canterbury (II)

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Pintura decimonónica del Santo. Iglesia de Saint Gervais, Rouen (Francia).

Pintura decimonónica del Santo. Iglesia de Saint Gervais, Rouen (Francia).

Ayer escribimos sobre la vida, muerte y culto de Santo Tomás de Canterbury, pero es tan abundante su representación iconográfica que, aunque este no sea un tema que domine, basándome sobre todo en la Bibliotheca sanctórum, quiero dedicarle un segundo artículo a este santo.

La figura de Santo Tomás Becket, desde inmediatamente después de su muerte asumió un papel tan importante que se le identificó con la libertad, con la dignidad humana y con una indómita fidelidad a la Iglesia de Roma, por lo que no tenemos por qué extrañarnos de que su culto se difundiese por toda Europa y la riqueza iconográfica ligada a tal culto, especialmente entre los siglos XII al XVI, cuando su memoria fue abolida por Enrique VII en su país natal.

Como consecuencia de esto, encontramos representaciones del santo por toda Italia, Francia y Alemania, a menudo asociado a sus dos homónimos: Santo Tomas apóstol y Santo Tomás de Aquino. Se podría iniciar una recopilación iconográfica, aunque no exhaustiva, con las representaciones disponibles en Italia, ya sea porque algunas de ellas están entre las más antiguas, ya sea por su localización en iglesias emblemáticas por su contenido artístico o por su tradición histórica, aunque entre estas representaciones no existan muchas que sean contemporáneas del santo.

Los frescos del oratorio de Santo Tomás en la catedral de Anagni y que son atribuidos al Maestro de la Translación (siglo XII), fueron pintados en una época cercana a los acontecimientos de Canterbury y aunque se encuentran en un estado de grave deterioro, nos ofrecen el modelo de aquella que posteriormente será la imagen inmortalizada en todas las demás obras. Lo mismo podríamos decir de los mosaicos de la Catedral de Monreale, también del siglo XII y del fresco del siglo XIII que se encuentra en el Sacro Speco de Subiaco.

Santo Tomás aparece casi siempre representado como un obispo solemnemente ataviado, con un aspecto relativamente joven y con la mitra sobre su cabeza. Aunque en Monreale aparece revestido con el palio de arzobispo, barbudo y con la cabeza descubierta y en Subiaco, con un libro cerrado en su mano izquierda y bendiciendo con la derecha. En otras imágenes aparece con el pectoral. A veces es representado con un hacha incrustada en el cráneo, recordando el modo de su martirio e incluso, alguna vez, montado a caballo.

"La muerte de Santo Tomás Becket", lienzo de Albert Pierre Dawant (1852-1923). Museo de Fécamp, Francia.

“La muerte de Santo Tomás Becket”, lienzo de Albert Pierre Dawant (1852-1923). Museo de Fécamp, Francia.

Quedándonos en Italia, recordemos el políptico de Andrea Bonaiuti de Florencia (que actualmente se encuentra en la National Gallery of London), o la estrada de Giovanni del Biondo en la capilla Bardi en el templo Santa Croce de Florencia, en las cuales, Santo Tomás aparece junto a San Juan Gualberto. En lo referente a los ciclos y episodios singulares de su vida, entre los cuales está naturalmente la escena de su asesinato en la catedral, recordemos entre otras la del fresco de la iglesia de los Santos Juan y Pablo en Spoleto (Perugia) atribuida a Alberto Gotrio (siglo XII) y la miniatura de la escuela de Facino de Buonaguida, perteneciente a la colección Hoepli de Milán. Encerrado en el bucle de una gran S inicial, se ve el santo en el altar, con el cáliz cogido entre las manos, con un acólito a su lado, mientras un hombre armado le golpea la cabeza con una espada.

Entre las representaciones más antiguas en Francia está la escultura de la catedral de Sens, en la que aparece el santo en actitud de bendecir y que es del siglo XIII y también el fresco del mismo siglo, que se encuentra en Saint Junien, en el Limousin. Pero las representaciones artísticas que mejor encajan en el arte francés en el culto a Santo Tomás Becket, están las planchas de esmalte fabricadas en las célebres manufacturas de Limoges, reproduciendo la escena del martirio y que forman parte de los recuerdos que los peregrinos traían de Canterbury.

El episodio del martirio es reproducido en numerosísimas miniaturas de salterios y de libros de oraciones, como por ejemplo, el “Salterio de San Fusciano” en Amiens, que es del siglo XII o “El libro de Horas del Mariscal de Boucicault”, que se encuentra en el Museo Jacquemart-André de París. No faltan las esculturas como por ejemplo, los bajorrelieves del pórtico de la catedral de Chartres y un vitral con la misma escena, ambos del siglo XIII. Ventanales o vidrieras con las escenas completas de su vida, las hay por ejemplo en Sens (siglo XII), Angers (siglo XIII) y otras muchas.

Relicario en Arrás (Francia).

Relicario en Arrás (Francia).

Si nos vamos a Alemania, encontramos imágenes del santo en la iglesia de St. Jürgens de Wismar, donde aparece con los otros dos Tomases, o el tríptico de Santa Valburga, en Baviera, que es del siglo XV. En otras muchas iglesias alemanas se encuentran pinturas que representan las escenas de la vida, culminando con el martirio del santo. Entre estas existen algunas del siglo XIII, como los frescos de la catedral de Brunswich, aunque gran parte de estos pasajes están datados como del siglo XV.

Recordemos el gran cuadro del Museo de Hamburgo, realizado bajo el mecenazgo de los mercaderes que comerciaban con Inglaterra. Originariamente, la obra estaba compuesta de numerosos paneles de los cuales, cuatro estaban dedicados al santo. De estos, se conservan dos que representan la fuga de Rochester entre las burlas del populacho y el asesinato en la catedral. Otros episodios de su vida están representados por Michele Pacher en dos paneles, que hoy se encuentran en el Museo Johanneum de Gratz. La representación más popular del martirio es la de Réau, donde los agresores son cuatro, uno de los cuales lleva un hacha. El santo tiene el cáliz sobre el altar y con su mano bendice a quienes lo atacan.

No se puede concluir este brevísimo repaso sin recordar algunas de las representaciones de Santo Tomás Becket en España, como por ejemplo, la iglesia de Santo Tomás Canturiense, en Toro (siglo XII), los frescos de la iglesia de Santa María en Tarrasa (siglo XII) y algunos otros. Con respecto a los países escandinavos, recordemos la escultura de madera realizada por Bernt Notke, del siglo XV y que se encuentra en el Museo de Estocolmo o el ciclo pictórico de Björsäter, del siglo XIV, que también se encuentra en el mismo museo.

Relicario en Petersborough Abbey.

Relicario en Petersborough Abbey.

Como dijimos al principio, la iconografía de Santo Tomás Becket en Inglaterra se ha visto afectada por las vicisitudes de aquella Iglesia, existiendo pocas obras en el país que le vio nacer y donde murió. Aun así, recordemos el fresco de la iglesia Halexton en Cambridgeshire (siglo XIII), el ciclo de vidrieras de la catedral de Canterbury (siglo XIII) y la escena del martirio en la catedral de Exeter (siglo XIV).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Celletti, M.C., “Bibliotheca sanctórum, Tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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Santo Tomás Becket, arzobispo mártir de Canterbury (I)

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Vidriera del Santo en la catedral de Canterbury, Reino Unido.

Vidriera del Santo en la catedral de Canterbury, Reino Unido.

Santo Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, fue asesinado por instigación del rey Enrique II de Inglaterra en el año 1170 e inmediatamente fue venerado como mártir de la libertad de la Iglesia, siendo canonizado tres años después de su muerte.

Era hijo de un rico comerciante normando de la ciudad de Londres y su madre, que también era de Normandía, era una mujer excepcionalmente piadosa. Un amigo de su padre, Richard de L’Aigle, que estaba enamorado de una de sus hermanas, le enseñó a montar a caballos, a cazar y a participar en torneos. Desde joven, Tomás de vio dotado de una aguda sensibilidad, de una memoria extraordinaria, de una enorme facilidad de palabra y una gran capacidad de actuación, aunque como nos lo demuestran sus escritos, no era un gran pensador. Tal era su personalidad que muchos creen que si no hubiera sido martirizado, nunca hubiera sido canonizado.

Con diez años de edad realizó sus primeros estudios en la Abadía de Merton. Posteriormente marchó a Francia y después de un período de estudios en París y de trabajar durante un tiempo como oficial de la seguridad financiera de un magistrado de Londres, llegó a la famosa y bien dotada Curia del arzobispo Teobaldo de Canterbury. Desde allí fue enviado a Bologna (Italia) y a Auxerre (Francia) a fin de que estudiara derecho, llegando a ser archidiácono de Canterbury en el año 1154 y preboste de Beverley y al año siguiente, canciller de Inglaterra.

Su estrecha amistad con el nuevo rey Enrique II, su personal capacidad, su pródiga hospitalidad e incluso su valor militar, contribuyeron al éxito de sus siete años de gobierno y le garantizaban un futuro prometedor. Fue compañero de caza y de diversiones del rey y su amistad llegó hasta tal punto que Enrique II envió a uno de sus hijos a vivir en la casa de Tomás. Enrique, basándose en las costumbres de sus antepasados, quería ser soberano absoluto eliminando los privilegios del clero, ya que consideraba que estos privilegios menoscababan su autoridad y como canciller de Inglaterra, Tomás expresó su apoyo a los intereses del rey contra la Iglesia. En el año 1162, muerto el arzobispo Teobaldo y en contra de la voluntad del capítulo catedralicio, creyendo el rey que esta situación de amistad perduraría en el tiempo, lo promovió a la sede arzobispal de Canterbury. Tomás Becket fue consagrado como obispo el día 3 de junio de 1163.

Lugar donde estuvo sepultado desde el 1220 al 1538. Catedral de Canterbury, Reino Unido.

Lugar donde estuvo sepultado desde el 1220 al 1538. Catedral de Canterbury, Reino Unido.

Pero siendo ya arzobispo, Tomás adoptó deliberada y ostentosamente una austera conducta de vida, renunciando a su cargo de canciller. Su transformación fue radical, aunque sin embargo, incluso sus más acérrimos defensores no creen que esta fuera una conversión en el sentido más profundo de la palabra. Vistió como un monje, comenzó a utilizar cilicios y disciplinas, oraba por las noches, lavaba los pies a los pobres y otras nuevas actividades de ese estilo, pero que sin embargo no hicieron mella ni en su obstinación, ni en su orgullo personal.

Sus anteriores obligaciones y amistad con el rey, le impidieron oponerse a él, primero en las cuestiones de las tasas y tributos y posteriormente, en la reivindicación de los jueces seculares para juzgar y castigar a los eclesiásticos por delitos que ya eran juzgados en los tribunales eclesiásticos y en la libertad de apelar a Roma. El rey reivindicaba la autoridad de los derechos consuetudinarios durante los reinados de sus predecesores. Tomás lo rechazó, después lo admitió y finalmente, se volvió a oponer a ellas, inclinándose a favor del Papa Alejandro III, quién le impuso el palio de arzobispo en el Concilio de Tours.

De vueltas a Inglaterra puso en marcha un proyecto a fin de liberar a la Iglesia de Inglaterra de las limitaciones que él mismo había consentido que se aplicaran: quería la independencia de la Iglesia del poder civil, la libertad para elegir obispos y el respeto a las propiedades eclesiásticas. Viendo el rey el cambio de actitud del arzobispo, convocó al clero en la abadía de Westminster exigiéndose el sometimiento a su única autoridad civil. Aunque algunos clérigos estaban dispuestos a admitir los deseos del rey, Tomás se negó rotundamente. Como el rey no quiso mantener una disputa pública con el arzobispo, llegaron a una especie de compromiso, aunque sin resolver las cuestiones de fondo que les separaban. Todo quedó envuelto en una larga lucha en la cual, ni el arzobispo ni el rey cedían lo más mínimo. Tomás fue objeto de represalias e incluso se le reclamó el dinero recibido durante su etapa de canciller.

Lugar donde fue asesinado.

Lugar donde fue asesinado.

El 30 de enero de 1164 el rey convocó una asamblea en Clarendon en la que imponía sus criterios en un documento de dieciséis puntos. El clero se sometió pero Tomás se negó y no firmó el tratado. A partir de ese momento la lucha solapada entre ambos se convirtió en una guerra abierta entre Enrique y Tomás. El rey lo convocó el 8 de octubre de ese mismo año a un consejo celebrado en Northampton acusándolo de oponerse a la autoridad real y haber abusado de su cargo de canciller. En este consejo Tomás Becket se quedó solo, se opuso a las reivindicaciones reales, apeló al Papa y huyó a Francia llegando a Sens. En esta ciudad se encontró con el Papa, quién, aunque no quiso romper totalmente con el rey se negó a sus pretensiones y mostró su total apoyo a Tomás. Aunque Enrique siguió persiguiendo al arzobispo, este, en su exilio recibió la ayuda del rey francés Luís VII, quién lo protegió en la abadía cisterciense de Pontigny por espacio de dos años.

Mientras, Alejandro III trataba de buscar una solución aceptable para ambas partes, no queriendo abandonar por completo la ayuda del rey Enrique; el Papa, aunque simpatizaba con las ideas del arzobispo se negó a excomulgar al rey como Becket le solicitó. Dado el empecinamiento de Tomás, las relaciones con el Papa empeoraron cuando Alejandro III en el 1167 envió a unos legados suyos a Inglaterra a fin de actuar como árbitro entre ambos. Tomás pactó con los delegados pontificios que se sometería a las condiciones del rey si este respetaba los derechos de la Iglesia. Como el rey seguía empecinado en sus pretensiones, el Papa estuvo a punto de excomulgarlo en el año 1170 y ante esta amenaza papal, Enrique permitió el regreso de Tomás a Inglaterra, aunque sus tierras estaban confiscadas y sus defensores eran perseguidos; la reconciliación era solo aparente. Tomás permaneció en el exilio por espacio de siete años convenciéndose por si mismo de que las leyes canónicas, por si solas, no resolverían la cuestión y que dicha controversia solo se resolvería mediante la muerte de alguno de los dos o de ambos.

Martirio del Santo. Grabado de 1220 conservado en la British Library de Londres, Reino Unido.

Martirio del Santo. Grabado de 1220 conservado en la British Library de Londres, Reino Unido.

Pero la lucha personal entre ambos seguía siendo feroz, sus posiciones eran irreconciliables, ya que el rey se negaba a devolver a la Iglesia las propiedades que le había confiscado. El rey estaba convencido de que tenía que utilizar mano dura contra Tomás, que a su vez no dudó en utilizar la censura eclesiástica contra algunos de los defensores del rey, llegando incluso a amenazar con el interdicto, que es una censura eclesiástica por la cual se prohíbe a los fieles la asistencia a los oficios divinos, la recepción de los sacramento y incluso el recibir sepultura cristiana.

Tomás excomulgó a dos obispos que habían secundado las posiciones del rey y este fue el motivo decisivo por el cual Enrique II, en un ataque de furor ordenó a sus cortesanos que se deshicieran de ese embarazoso arzobispo. La tradición pone en boca del rey estas frases: “¿No habrá nadie capaz de librarme de este obispo turbulento?” y “Es imprescindible que Becket desaparezca”. Cuatro caballeros le tomaron la palabra y después de un altercado con Tomás lo asesinaron dentro de su propia catedral, el martes 29 de diciembre de 1170, mientras asistía al Oficio de Vísperas.

Sea cual sea el juicio que podamos hacer sobre su vida, una cosa es cierta y es cómo fue su muerte: Encomendó su causa a Dios y a los santos diciendo mientras lo asesinaban: “Acepto la muerte en el nombre de Jesús y por la Iglesia”. La noticia de su muerte sacudió a toda la cristiandad. Muy pronto se le atribuyeron numerosos milagros, sus responsabilidades fueron pronto olvidadas, siendo declarado mártir por la causa de la Iglesia. De hecho, como dije al principio, fue canonizado por el Papa Alejandro III tres años después de su muerte. El 12 de junio de 1174, el rey Enrique II tuvo que hacer penitencia pública arrodillándose ante la tumba de Becket como un peregrino más y, despojado de sus insignias reales, fue flagelado en presencia de los obispos, los abades y los monjes.

 Relicario en el Albert Victoria Museum de Londres, Reino Unido.

Relicario en el Albert Victoria Museum de Londres, Reino Unido.

Las representaciones de su martirio no se hicieron esperar y se difundieron rápidamente por toda Europa, incluida Islandia por el oeste y Armenia, por el este. Su biografía fue inmediatamente escrita en inglés, francés, islandés, castellano, italiano y en otros idiomas. En Canterbury, su culto sustituyó a los de los otros santos más antiguos venerados en aquella sede. Una serie de vidrieras de colores fueron instaladas en la catedral ilustrando la historia de su vida y de su muerte. Las peregrinaciones a Canterbury, inmortalizadas por Chaucer, fueron de las más importantes en toda Europa.

Inmediatamente fue conmemorado el 29 de diciembre, día de su muerte y el 7 de julio, día en el que en el año 1220 se hizo la traslación de sus reliquias a la capilla de la Trinidad. En Canterbury también se estableció la fiesta del regreso del exilio, el día 1 de diciembre. Pero en tiempos de Enrique VIII, concretamente en el año 1538, su tumba fue destruida, se prohibieron todas sus imágenes y se quitó su nombre en todos los libros litúrgicos. Actualmente es venerado tanto por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Foreville, R., “L’église et la royauté en Engleterre sous Henri II”, París, 1943.
– Knowles, D., “El arzobispo Tomás Becket: estudio de su carácter”, Cambridge, 1963.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, Tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.
– Walberg, E., “La vida de santo Tomás el mártir”, Lund, 1922.

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