Santo Tomás Moro, mártir

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Retrato del Santo, obra de Hans Holbein el Joven (1527). Frick Collection, Nueva York (Estados Unidos).

Retrato del Santo, obra de Hans Holbein el Joven (1527). Frick Collection, Nueva York (Estados Unidos).

Santo Tomás Moro nació el 7 de febrero del año 1477, siendo hijo del juez Sir John. Fue admitido como paje en la residencia del arzobispo de Canterbury, el cardenal Thomas Morton. Durante dos años frecuentó la universidad de Oxford y probablemente allí inició sus estudios de griego en los años académicos de 1492 a 1494. Comenzó sus estudios de derecho en Londres, alrededor del año 1494 y en febrero de 1496 comenzó a frecuentar el Instituto Lincoln, que era uno de los cuatro institutos destinado al estudio de las leyes en Inglaterra. Su carrera fue una de las más brillantes y llegó a la cima de la fama con el nombramiento de Canciller de Inglaterra, después de la caída del cardenal Wolsey, en el año 1529.

El primer encuentro de Tomás con Erasmo de Rotterdam tuvo lugar probablemente en 1499, durante la primera visita de Erasmo a Inglaterra; la amistad entre ellos se hizo muy profunda y continua, aunque por desgracia, durante algunos años, no tuvieron ocasión de reencontrarse. En el año 1501 ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, viviendo como laico en un convento cartujo hasta el año 1504. Durante este período de tiempo, Tomás dio algunas conferencias sobre la obra de San Agustín “De Civitate Dei” en la iglesia de San Lorenzo Jewry, donde estaba como rector su amigo Grocyn. A pesar de que estas conferencias fueron escuchadas por un numeroso público, no ha trascendido nada de ellas, a excepción de una referencia que hace Vives en una edición de esta obra de San Agustín, en el año 1530. A final de este período, Tomás entró activamente en la vida pública, aunque sin embargo, hasta su muerte, continuó con sus prácticas devocionales y con sus penitencias.

Como abogado, progresó rápidamente llegando a conseguir el alto cargo de miembro del Consejo Real. Los hechos que más sobresalen en esta excepcional carrera fueron: miembro del Parlamento de Londres en el 1504 (lo fue también en el 1523), vicesheriff de Londres de 1510 a 1519, docente y magistrado en el Instituto Lincoln, enviado especial del rey de Inglaterra a Flandes en el año 1515, misión, en el curso de la cual comenzó la redacción de su famoso libro “Utopía”. En el 1521 fue nombrado caballero y vicetesorero del rey y dos años más tarde, orador de la Cámara de los Comunes y Canciller del ducado de Lancaster. En 1525, superintendente de Cambridge y desde 1529 hasta 1532, Canciller de Inglaterra.

Detalle de "Tomás Moro defendiendo la libertad de la Cámara de los Comunes" ante el cardenal Wolsey. Óleo de Vivian Forbes, (1927), St Stephen’s Hall, Parlamento Inglés, Londres (Inglaterra).

Detalle de “Tomás Moro defendiendo la libertad de la Cámara de los Comunes” ante el cardenal Wolsey. Óleo de Vivian Forbes, (1927), St Stephen’s Hall, Parlamento Inglés, Londres (Inglaterra).

La vida pública de Tomás Moro fue una vida muy intensa y muy rica en obligaciones importantes en el terreno legal. Como abogado, probablemente era el más docto de toda su generación, extendiéndose su trabajo desde el derecho de propiedad a la representación de grandes compañías londinenses, incluso hasta el derecho marítimo. Como juez, presidió varios tribunales con gran habilidad e indiscutible integridad. Fue todo un experto administrador, negociador y consejero real, un defensor del humanismo y un amigo de la universidad. Fue traductor, historiador y poeta y tuvo una gran influencia en el desarrollo de la lengua inglesa. En 1505 contrajo matrimonio con Jane Colt, con la que tuvo cuatro hijos: Margaret, Elizabeth, Cecily y John; su esposa murió en el año 1511. Contrajo segundas nupcias con Alice Middleton, que era viuda y mayor que él.

Pero toda esta actividad humana y profesional era compatible con una vida privada muy religiosa. Acostumbraba a levantarse a las dos de la madrugada para rezar y estudiar hasta las siete de la mañana. Después, antes de cualquier otra actividad, siempre iba a misa. Nada, ni siquiera la convocatoria del rey, le hizo interrumpir esta costumbre. Todos los días, por la mañana y por la tarde, rezaba sus oraciones a las que siempre añadía los siete salmos penitenciales y las letanías. Con frecuencia, añadía al rezo de estos salmos, el gradual y el salmo 118. Tenía su propia colección de oraciones privadas, unas en latín y otras en inglés e hizo, para uso propio, como un pequeño salterio, con algunos salmos seleccionados según para qué ocasión.

Otra de sus devociones era el peregrinar a los lugares sacros cercanos a Londres, caminando siempre a pie y cada vez que iniciaba una nueva actividad o tenía que vérselas ante asuntos difíciles sacaba fuerzas de la Sagrada Comunión. En su casa de Chelsea, durante la última década de su vida, construyó una capilla donde dedicaba la mayor parte de los viernes a la meditación sobre la Pasión de Cristo, acompañando esta meditación con oraciones y penitencias corporales. Todos los años, el Viernes Santo, se reunía con toda su familia en su capilla y entre todos, leían el texto de la Pasión. También diariamente, durante la comida, una de sus hijas leía textos de las Sagradas Escrituras o de los comentarios de Nicolás de Lyra, teólogo franciscano y uno de los exegetas más influyentes de los siglos XIV-XV.

"Tomás Moro, su padre, sus criados y sus descendientes", óleo copia de Hans Holbein el Joven. National Gallery de Londres, Reino Unido.

“Tomás Moro, su padre, sus criados y sus descendientes”, óleo copia de Hans Holbein el Joven. National Gallery de Londres, Reino Unido.

En la parroquia de Chelsea, incluso cuando era Canciller, Tomás cantaba frecuentemente en el coro parroquial, servía al sacerdote en la misa y participaba en las procesiones parroquiales. Sobresalía por sus obras de caridad, interesándose especialmente por los pobres, los enfermos y los ancianos y como abogado, atendía gratuitamente a quienes no podían pagarle, especialmente a las viudas y a los huérfanos.

En un decreto de la Congregación de Ritos fechado el 29 de diciembre del 1886, en el que se confirma el culto de Santo Tomás Moro y San Juan Fisher, se dice de él que “era excelente en los estudios sagrados y valiente defensor de la verdad”. De sus conocimientos y estudios, dan testimonios sus cartas escritas desde el 1515, en las que defendía el humanismo y versaba sobre teología y Sagradas Escrituras. Son notables sus cartas a Martin Dorp donde le explicaba la necesidad del estudio de las humanidades bajo la influencia de la teología y las Escrituras. En su “Responsio ad Lutherum”, escrito en 1523, se opone a las tesis de Martín Lutero, mientras que entre 1528 al 1533 se dedicó a escribir copiosamente y de forma polémica contra Tendal, Christofer St. German y otros.

Se ha dicho que su obra, “Utopía”, escrita durante el V Concilio Lateranense, es en parte, una invitación a la superación del cristianismo; sin embargo hay algunas expresiones mucho más directas de su superación en la cultura religiosa, de las que hay en sus escritos más polémicos. En un tratado incompleto sobre “Las cuatro últimas cosas” (iniciado en el 1522 y publicado de manera incompleta en el año 1557), Santo Tomás Moro se ocupa de la muerte, del juicio final, del paraíso y del infierno en el ámbito de la corte real, poniendo a menudo en evidencia los contrastes inevitables que en ella se daban. Doce años más tarde, cuando estaba prisionero en la Torre de Londres, compuso su eficaz y elocuente “Diálogo del consuelo contra las tribulaciones”, que es uno de los diálogos mejores escritos en inglés y una de las obras maestras de la larga tradición clásico-patrístico-medieval de los llamados “libros de consolación”. También en la prisión, además de numerosas oraciones y meditaciones, escribió el “Tratado sobre la Pasión”, en el que, aunque bajo la influencia de Gerson, desarrolló su propio estilo y su propio pensamiento.

"Sir Thomas More y su hija", óleo de John Rogers Herbert (1844). Tate Gallery, Londres (Reino Unido).

“Sir Thomas More y su hija”, óleo de John Rogers Herbert (1844). Tate Gallery, Londres (Reino Unido).

El último legado de la santidad y de la inmensa cultura de Santo Tomás Moro, se encuentra en su libro de oraciones que también escribió en la prisión. Se trata de dos volúmenes: el “Libro de las Horas”, en latín y un “Salterio” litúrgico, escrito también en latín, cuyos originales se encuentran en la Universidad de Yale. Al margen de las diecinueve páginas del “Libro de las Horas” escribe en inglés algunas oraciones, que son conocidas como “Una devota meditación”, título que le dio un sobrino suyo que hizo que se publicara en el año 1557. En sus líneas resalta la intensa espiritualidad de Santo Tomás. En el “Salterio” litúrgico se puede penetrar mejor en la profundidad de sus ideas y de su espíritu durante su período de prisionero en la Torre de Londres, porque como escriben los editores de la universidad de Yale en la introducción de su publicación, “en sus márgenes Moro escribió más de ciento cincuenta anotaciones, algunas de las cuales se refieren escrupulosamente a los versos de los salmos con los cuales él se encontraba muy identificado en aquellos momentos”. Las anotaciones reflejan sus aflicciones personales y los temores que él sentía mientras leía el “Salterio” el cual le servía como consuelo espiritual. Por otra parte, muchas de ellas están en estrecha relación con su “Diálogo del consuelo contra las tribulaciones”, que es su mejor obra en lengua inglesa y que, como todos estos demás testimonios, fueron escritos mientras era prisionero.

Los motivos por los cuales Santo Tomás Moro se negaba a reconocer bajo juramento la supremacía del rey sobre la Iglesia en Inglaterra, son extraordinariamente complejos, pero fueron puestos en evidencia el día 1 de julio del 1535 en el proceso abierto contra él en base a cuatro supuestos: negativa maliciosa a reconocer al rey como Suprema Cabeza de la Iglesia de Inglaterra, conspiración con Juan Fisher declarado y condenado por traición, decir que la Ley era una espada de doble filo – coincidiendo en esta expresión con las respuestas que había dado Fisher – y haber declarado que el Parlamento no debía ser obedecido si declaraba al rey como Suprema Cabeza de la Iglesia.

La hija del Santo sale a su encuentro después de emitida su sentencia de muerte. Óleo de William Frederick Yeames (1827).

La hija del Santo sale a su encuentro después de emitida su sentencia de muerte. Óleo de William Frederick Yeames (1827).

Durante todo el juicio, su defensa fue el silencio. Solo después de haber sido declarado culpable, él liberó su conciencia hablando en contra de la ley que había establecido el rey. Acusado de arrogancia y de querer ser considerado más sabio y más serio que los obispos y nobles del reino, Tomás respondió que “por un solo obispo de los vuestros, yo tengo a mi lado más de cien santos; y por cada Concilio o Parlamento de los vuestros, yo tengo todos los Concilios realizados durante los últimos mil años; y por este reino, yo tengo a Francia y todos los otros reinos cristianos”. En su alegato final, terminó diciendo: “No puedo decir más, mis lores, sino solo que al igual que el bienaventurado apóstol Pablo, como leemos en los Hechos de los Apóstoles, estuvo presente y consintió en la muerte de Esteban y guardó las ropas de los que le apedrearon hasta la muerte, y aun así, los dos son santos ahora en el cielo y allí permanecerán amigos para siempre, así también confío de verdad y por eso voy a rezar de todo corazón, para que aunque vuestras señorías han sido ahora aquí en la tierra los jueces de mi condena, podamos luego en el cielo, alegrarnos todos juntos de nuestra eterna salvación”. Como podemos comprobar estas palabras están extraordinariamente llenas de un gran amor hacia sus perseguidores y hacia quienes le habían condenado a muerte.

Se le condenó como reo de alta traición a la pena de muerte con los crueles procedimientos reservados para los reos comunes: “será arrastrado en una valla a través de la ciudad de Londres hasta Tyburn, y allí será colgado hasta estar medio muerto y, tras ello, estando todavía vivo, será troceado y se le extraerán las entrañas del cuerpo, que se hervirán frente a sus ojos, se le cortarán las partes privadas y la cabeza y el cuerpo se dividirá en cuatro partes, y la cabeza y el cuerpo se colocarán en los lugares que el rey disponga”. Este terrible martirio al que fue condenado, le fue permutado por el rey con la decapitación en la colina de la Torre de Londres.

Margaret Roper, hija del Santo, recuperando la cabeza de su padre.

Margaret Roper, hija del Santo, recuperando la cabeza de su padre.

Es famoso el sentido del humor que tenía Santo Tomás, que no le falló incluso cuando subió al patíbulo, ya que bromeando le dijo a todos los presentes que rogasen por él y que dieran testimonio de que era ejecutado en la fe y por la fe de la Iglesia Católica. También exhortó a los presentes para que rogasen por el rey, diciéndoles que moría como siervo fiel al rey, pero que sobre todo, como siervo fiel a Dios. Después, se inclinó y rezó el salmo “Miserere”, bromeó con el verdugo para tranquilizarlo, se vendó los ojos y puso su cabeza sobre el cepo o taburete. Así murió el día 6 de julio del año 1535.

La cabeza de Tomás fue expuesta durante un mes, clavada en un palo en el Puente de Londres y cuando iba a ser tirada al río Támesis, Margaret Roper, que era su hija predilecta, pagó al hombre encargado de hacerlo para que se la diera. Ahora yace en la cripta familiar de los Roper en la iglesia de San Dunstano en Canterbury. No se sabe en qué lugar concreto de Londres está el cuerpo del santo, aunque en esa ciudad existe un “presunto” sepulcro en el que se le venera como si allí estuviese. En el Colegio de Stonyhurst se guardan algunas reliquias suyas: sus cilicios, su sombrero (capelo), una copa, su sello, su cruz y algunos otros objetos. Durante el bombardeo de Londres en la Segunda Guerra Mundial, la antigua iglesia de Chelsea fue casi totalmente destruida a excepción de la capilla dedicada en su memoria. Hoy es una iglesia anglicana.

La noticia de la ejecución de Tomás Moro sorprendió a toda Europa, afirmando el cardenal Pole en su “Pro Ecclesiae Unitatis Defensione” que si esto lo oyen algunos extranjeros, seguro que dicen de Tomás que era un “Homo omnium Anglorum optimus”. El Papa Paulo III alabó a Tomás diciendo de él que era “un excelente estudioso de las cosas santas y un intrépido defensor de la verdad”. Se dice que el emperador Carlos V dijo que hubiese preferido perder su mejor ciudad en una batalla antes que perder tan excelente consejero.

Vista de la celda donde el Santo estuvo prisionero. Torre de Londres, Reino Unido.

Vista de la celda donde el Santo estuvo prisionero. Torre de Londres, Reino Unido.

El mismo año de su muerte se publicó en Paris un libro muy ilustrado cuyo título era: “Expositio fidelis de Morte Thomas Mori et quorundam aliorum insignium Virorum in Anglia”, reeditándose al año siguiente (1536) en Amberes dando aun más detalles sobre la muerte del mártir. Este documento casi de inmediato fue traducido al alemán, francés y castellano.

En el año 1572, el Papa Gregorio XIII concedió al Colegio Inglés de Roma el privilegio de dar veneración pública a Tomás. Durante la Contrarreforma, todos los católicos y especialmente, los disidentes ingleses y los institutos ingleses en el continente, lo pusieron como modelo a imitar. Es muy probable que, en ese período, la mayor parte de las obras dramáticas escritas y representadas sobre Santo Tomás, estén relacionadas con el Colegio Inglés de Roma o con los colegios de Douai y de Reims. Asimismo, en Lovaina y en Basilea se editaron todas sus obras.

Desde los siglos XVI al XX fueron muchas las representaciones, los poemas y las novelas que se escribieron sobre él, siendo el más famoso, el drama escrito por Robert Bolt. Durante la segunda mitad del siglo XVII y todo el siglo XVIII se le tributó culto en todo el continente europeo y durante el siglo XIX se notó un considerable interés hacia sus escritos y sus estudios. Todas estas circunstancias contribuyeron a la beatificación, acaecida en el año 1886 y a la canonización en el año 1935. Su fiesta fue introducida en el calendario de la Iglesia Universal, promulgado el 14 de febrero del 1969 por el Beato Papa Pablo VI, asignándosele el 22 de junio, junto con San Juan Fisher.

Vista del presunto sepulcro del Santo en Canterbury (Reino Unido).

Vista del presunto sepulcro del Santo en Canterbury (Reino Unido).

Quién esté interesado en profundizar en el proceso de Santo Tomás Moro, encontrará información más que suficiente en esta web.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es