Santos Aurelio, Sabigoto, Félix, Liliosa y Jorge, mártires mozárabes

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Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Hoy conmemoramos a un grupo de mártires cordobeses, ejecutados en tiempos de Al-Andalus, que tuvieron contacto con las Santas Flora y María, vírgenes y mártires de las cuales hemos ya escrito, y murieron al año siguiente del martirio de éstas, en 852, en tiempos del emir Abd-Al- Rahman II, cuarto omeya gobernante de Al-Andalus.

Conocemos muy bien la historia de este grupo de mártires gracias a la misma fuente por la que conocimos la de Flora y María y otros mártires mozárabes, es decir, a través de San Eulogio. Siguiéndole a él y completando con otras informaciones, iremos reconstruyendo los sucesos en torno al martirio de estos cristianos cordobeses.

Contexto histórico
Es muy importante recordar que no puede aplicarse a estos mártires el mismo contexto que los mártires de la Antigüedad. La comunidad mozárabe residente en Al-Andalus nunca dejó de sentir y de transmitir de generación en generación una conciencia de reducto cristiano frente al resto de la sociedad andalusí, mayoritariamente musulmana, además de la comunidad judía. Parte de esta conciencia fue su resistencia a la aculturación, es decir, a las presiones para que abandonaran las lenguas latinas y romance en pro del árabe, lengua oficial religiosa y administrativa.

Cualquier chispa bastaba para hacer estallar el polvorín de esta difícil convivencia cultural y religiosa, y esa chispa fue la ejecución de San Perfecto, sacerdote cordobés que fue decapitado en 850 por declarar que Mahoma era un falso profeta. Aunque habían existido precedentes, esto generó una reacción en cadena que llevó a 48 cristianos cordobeses a desafiar deliberadamente las leyes contra la blasfemia, la apostasía y el proselitismo cristiano, siendo conscientes, en todo momento, que tal actitud les reportaría la muerte, y deseándolo. Poco antes de la fecha que nos ocupa, el mismo año de su muerte -852- el emir Abd-Al-Rahman II logró que un concilio de obispos mozárabes prohibiera estas actitudes, pero como no se condenó específicamente la actitud de los mártires, hubo todavía algunos martirios más hasta el fin de la resistencia, en 859.

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Dos matrimonios mozárabes
Entre ellos contamos a Aurelio, hijo de un musulmán cordobés y de una cristiana, que le instruyó en su religión. Al quedar huérfano, fue acogido por una tía cristiana hasta que tuvo edad de casarse. Entretanto, según nos dice San Eulogio, estudió literatura árabe forzado por sus parientes y asimiló la cultura en la que había nacido y crecido, manteniéndose cristiano en la intimidad.

Tomó por esposa a una cristiana llamada Sabigoto, un nombre visigodo que ciertamente se nos antojará raro a los oídos, pero que era una manifestación de su fe cristiana. En realidad su nombre de nacimiento había sido Natalia, nombre latino asociado al paganismo, por ser hija de musulmanes y musulmana también, hasta que su madre, enviudando de su primer marido, se casó en segundas nupcias con un cristiano. Instruida por su padrastro, abrazó la fe cristiana y se hizo bautizar, momento en que había cambiado de nombre. “A esta Sabigoto, nos cuenta San Eulogio, aceptándola por esposa el piadoso joven Aurelio, una vez firmados los esponsales y cruzados entre ambos los regalos de boda según la ley, recibieron el sacramento ante el sacerdote conforme la prescripción de la Iglesia y, convenidos, vivieron algún tiempo ocultamente como cristianos, sin atreverse a revelar en público su fe, un poco por respeto humano, sin dejar por eso de ser fervorosos.” Aquel matrimonio tuvo dos hijas, a las que naturalmente educaron como cristianas pese a que en su calidad de ricos, estaban emparentados con gente importante de la ciudad, de cultura y fe árabe.

Por su parte, Liliosa, también cristiana, era la esposa de Félix, amigo cristiano de Aurelio, que por miedo al tormento y a la muerte, había renunciado a su fe ante el juez. Avergonzado por ello, no asistía a las asambleas y había ocultado su apostasía a los demás. “Casó este con una hija de padres cristianos llamada Liliosa, pero que en público simulaba practicar la ley musulmana. Tan íntimamente convivían y se amaban y se compenetraban estos matrimonios, que unos mismos eran sus afectos y sus sentimientos, tanto en las prosperidades como en las adversidades”.

Como vemos, se trataba de una pareja de matrimonios cristianos que vivían su fe de forma discreta e incluso oculta, lo cual era lo más viable en una sociedad multicultural como la andalusí que, si bien era tolerante con los dimníes (judíos y cristianos) estaba lejos de ser un oasis de paz e igualdad entre todas las confesiones, como ya hemos avanzado.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Una paz inestable
Entonces empezó a haber los conflictos de religión ya mencionados en la ciudad emirada, por lo que cambió la situación de los dos matrimonios. Aurelio fue testigo, cierto día cuando iba al mercado de cómo humillaban a un cristiano llamado Juan, llevándolo por las calles mientras era insultado y golpeado con cuerdas: Azotado sin compasión, iba montado en el lomo de un jumento, de espaldas, encorvado sobre el aparejo de la bestia bajo el peso insoportable de las cadenas que colgaban de sus pies; le precedían pregoneros de burla y le paseaban por toda la ciudad, escarneciéndole toda la chusma entre gritos e injurias. Decían las gentes que no castigaban a aquel reo como merecía su crimen, pues quien con tan grande irreverencia había blasfemado de su Profeta, convenía que muriese con la muerte más afrentosa. Tal espectáculo conmovió al futuro atleta hasta desear ardientemente el martirio (…)”, cuenta San Eulogio.

Entonces, Aurelio volvió a casa y contó a su esposa lo que había presenciado y le propuso “(…) ante todo, observando la continencia y la caridad más perfectas, entreguémonos a la oración para ir más fácilmente a la práctica de la santidad. Sea ahora mi hermana la que fue mi esposa, conviértase el lecho conyugal en afecto fraterno, crezcan las obras de nuestras almas, engendremos los frutos del espíritu y renunciando al cieno de la unión corporal, se esfuerce el alma sobre todo, en producir hijos de salud perdurable, sin entregarnos a los deleites de la carne. Así, de algún modo, con la meditación de estos trabajos, podremos merecer dignamente el premio del martirio”. Sabigoto aceptó esta propuesta de renunciar a la satisfacción sexual conyugal y en prepararse física y mentalmente para el martirio. Y así, según Eulogio, “(…) Se acuestan en cama distinta pero rezan juntos. Sus camas lucen ropas de diversos colores para así ocultar en público, su vida; más en sus habitaciones interiores, extienden sobre el desnudo ladrillo sus lechos y los cubren sólo con el cilicio, durmiendo separados. Ayunaban muchas veces, oraban sin cesar y durante la noche meditaban los salmos, que sabían de memoria; vencían el sueño con el trabajo de manos, evitando así los lazos y asechanzas del demonio; curaban a los enfermos y repartían limosnas entre los más necesitados.”

Y además, visitaban a los prisioneros cristianos en las cárceles, donde conocieron a San Eulogio, autor de su vida, que se dedicaba a este menester: “Aurelio visitaba a los hombres y Sabigoto visitaba a las mujeres. (…) Allí le conocí yo; allí trabé amistad con él y allí me preguntó con instancia lo que debía hacer con sus bienes y de dos hijas que les había dado el cielo.” Eulogio les aconsejó, sin reparos, el renunciar a sus bienes y a sus hijas porque no debían tener ningún obstáculo para salvar sus almas, pero para evitar que los primeros fueran incautados por el fisco y las segundas, convertidas al Islam, aconsejó vender los primeros y repartir el precio obtenido, y entregar a sus dos hijas, aún niñas -una tenía cinco y otra ocho años-, al monasterio de Tábanos, donde serían mantenidas en la fe cristiana.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Fue precisamente en la prisión donde conocieron a las mártires Flora y María, quienes, como ya vimos, habían sido condenadas a muerte por sacrílegas. Sin embargo, las dos mujeres, luego de haber flaqueado inicialmente y haber sido fortalecidas y consoladas por Eulogio, tenían el semblante tan alegre y decidido que parecían estar a punto de recibir un premio. Ellos quedaron profundamente impresionados por ello. Tras el martirio de Flora y de María, Sabigoto las vio en un sueño en la gloria divina y éstas le aseguraron que obtendrían el mismo premio si persistían en la fe, por lo que tras esto, definitivamente se desprendieron de todo y entregaron a sus hijas al monasterio: “Una parte del precio de sus haciendas lo separaron para sus hijas y, todo lo demás, lo destinaron a socorrer a los menesterosos. Dedicáronse a visitar los monasterios de varones y mujeres, en especial el cenobio Tabanense, porque la observancia y regularidad de sus moradores eran conocidísimas en todo Occidente”.

A su propuesta se unió Jorge, un monje de origen sirio, nacido en Belén, que había sido enviado a África por limosna, el cual era diácono y erudito por su conocimiento del latín, del griego y del árabe; y que había llegado a Al-Andalus para evangelizar aquellas tierras. También Félix y Liliosa quisieron unirse al martirio: “Allí, con ellos, hablé al venerable Félix y a su muy santa consorte Liliosa. Ellos también habían vendido sus bienes y hecho donación de su importe a los santos lugares y a los pobres, estando preparados para soportar toda clase de tormentos por amor de Jesucristo”.

Detención
Naturalmente, y a diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad romana, estamos en una época donde la religión cristiana no era perseguida, sino tolerada, legal, aunque la convivencia fuese, desde luego, inestable y convulsa. Esto hacía que, como ya adelantamos, cualquier chispa hiciese saltar por los aires la frágil paz, por lo que nuestros mártires de hoy -hay que decirlo- hubieron de buscar por ellos mismos el martirio provocando a las autoridades, como queda atestiguado por Eulogio.

“Empezamos a preguntarnos mutuamente cómo llegaríamos a la tan codiciada corona del martirio y, como por inspiración divina, determinamos que nuestras hermanas fuesen a la iglesia con la cara descubierta, lo cual diera ocasión a que las apresaran, como en efecto, así sucedió, pues al volver ellas el templo, se presentó un oficial que había presenciado el acto religioso de las mujeres y que preguntó a sus maridos qué significaba aquel acudir de las mujeres a los santuarios de los cristianos. Ellos les respondieron que era costumbre de los fieles visitar las iglesias y venerar devotamente las casas de los mártires, pues como cristianos que somos, llevamos en alto con mucha honra, el estandarte de la fe. Sin pérdida de tiempo, el delator corrió ante el juez contándole falsamente quienes éramos y qué hacíamos (…)” Recordemos que, hasta ese momento, nuestros protagonistas de hoy habían fingido exteriormente ser musulmanes y seguir estos ritos, por lo que la presencia de Sabigoto y Liliosa en los templos cristianos a cara descubierta -y no con velo, propio de las mujeres musulmanas- debió chocar considerablemente a quien les había conocido hasta ese momento.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

“Presentada, pues, la acusación al juez y enterado éste de que Aurelio era el autor del hecho, resentido en su interior, mandó compareciesen cuanto antes los acusados en su presencia. Los soldados, acordonaron en seguida la vivienda del venerable Aurelio, donde estaban reunidos todos los mártires (…) Inmediatamente, maridos y esposas, como invitados a un festín nupcial, se ponen en camino. Van alegres, saltando de contento; hubiérase creído que esperaban en el tribunal del juez, recompensas en vez de tormentos. Viendo San Jorge que los soldados no le apresaban, les interpeló de este modo: “(…) ¿Por qué obligáis a la fuerza a adorar a un falso profeta, a quienes la santa fe cristiana reclama como suyos? ¿Para qué os empeñáis en arrastrar con vosotros, a la perdición, a los predestinados a la vida, siendo vosotros enemigos de Dios? ¿Es que no podéis entrar en los infiernos sin llevarnos por compañeros? ¿Acaso no os van a atormentar los fuegos eternales, sin que nosotros estemos en ellos? ¡Idos vosotros, marchad en buena hora, hijos de perdición, allá donde gocéis con vuestro capitán Mahoma, las delicias del tártaro! (…)”. Naturalmente, al provocar Jorge a los soldados, “apenas hubo pronunciado estas palabras, las manos de los verdugos se lanzaron sobre el monje para castigar su insolencia. Derribándole al suelo, le surcaron el cuerpo con muchos garfios, dándole patadas y puñetazos. Como Santa Sabigoto, creyéndole ya muerto, dijese: “Arriba, hermano, vámonos”, el monje habló así: “Todo esto, hermana, contribuye a acrecentar los méritos y a hacer más preciosa la corona”. Los musulmanes lo levantaron del suelo medio muerto y le arrastraron, juntamente con los otros mártires, hasta el estrado del juez”.

Y así lograron los cinco ser apresados y comparecer ante el juez, ellas por revelarse como cristianas, Aurelio, como instigador, y Jorge por haberse referido a Mahoma como un falso profeta.

Juicio
Sigue refiriendo Eulogio que en principio, el juez les trató de forma amable, preguntándoles por qué habían abandonado la fe musulmana y renunciaban de aquella manera a la vida ventajosa y cómoda que habían adquirido. Pero ellos respondieron: “(…) Todo culto o religión que no reconoce la divinidad de Jesucristo, que no profesa la esencia de Dios trino, que rechaza el bautismo, que desprecia a los adoradores de Jesucristo y deroga el sacerdocio, le consideramos falso y reprobable”, por lo cual el juez los mandó a la cárcel, cargados de cadenas, tras avisarles de que les daba cinco días para reflexionar, en los cuales reuniría al consejo para decidir sobre su suerte. Narra en este punto Eulogio diversos prodigios que supuestamente habrían acontecido en la prisión, como la visita de ángeles, la revelación de la dicha que iban a ver en el Paraíso, y que se les soltaran milagrosamente las cadenas, quedando libres ante el estupor de los guardias, que no se atrevieron a volver encadenarlos.

Cinco días después, ante los nuevos jueces, daba la impresión que tenían más empeño ellos en morir que los jueces a condenarles: “En el momento de sacarlos a presencia del juez, la venerable Sabigoto empezó a preparar con santos consejos a su marido, exhortándole, instruyéndole y confortándole. Fueron introducidos en el palacio, los carearon con los oficiales mayores, se les ofrecieron riquezas y les prometieron honores de todo lo cual gozarían si renegaban a su fe. Persistiendo ellos, inmóviles, confesando la fe, los magistrados les entregaron a los verdugos para que los rematasen.”

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Siendo ya sentenciados a muerte los dos matrimonios, sin embargo, el tribunal aún quiso dejar libre a Jorge, pero éste redobló sus descalificativos contra el Islam, para asegurarse de que no le respetaran la vida: “Determinaron soltar a San Jorge porque los oficiales y magnates del palacio no le habían oído proferir injuria alguna contra el profeta. Más este ilustre maestro de santidad, tan pronto como se percató de que le dejaban libre y que no moriría con un solo golpe de cimitarra, exclamó juntamente con sus compañeros: “(…) ¿Por qué pensáis que abrigo en mi pecho buenos sentimientos acerca del seducido por el demonio, vuestro falso profeta? Para que lo sepáis bien, os digo claramente de aquel ángel que, transformándose en espíritu de luz, se apareció a vuestro legislador: le tengo yo por un demonio y a vuestro profeta como el hombre más abyecto, pues fue él, crédulo ministro del Anticristo y laberinto de todos los vicios; el cual, no solo se lanzó a si mismo al piélago infernal, sino que a vosotros, seguidores de sus vanas doctrinas, os ha entregado a las llamas eternas”. Naturalmente, esto provocó la irritación de los magistrados que habían determinado soltarlo, por ello, finalmente se resolvió que fuera degollado, por maldecir al Profeta y declarar abyecta su religión.

Martirio y sepultura
Así pues, los cinco cristianos fueron decapitados, según dice Eulogio: “(…) mataron primero a San Félix, después a San Jorge, luego a Santa Liliosa y, los últimos, a los atletas Aurelio y Sabigoto, el 27 de julio de la era 890”, lo que equivale al año 852, como decíamos, en tiempos de Abd-al-Rahman II, el cual moriría el 22 de septiembre de ese mismo año.

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Los cuerpos de los cinco ajusticiados permanecieron insepultos durante tres días. Luego fueron robados, recogidos y depositados en diferentes lugares: “San Jorge y San Aurelio se conservan en el cenobio de Peñamelaria; el de San Félix en el de San Cristóbal sito al otro lado del Guadalquivir. Los restos de Santa Sabigoto, están reunidos en la basílica de los Tres Santos (Fausto, Jenaro y Marcial). En la iglesia de San Ginés descansa Santa Liliosa y las cabezas de San Jorge y Santa Sabigoto están en otra parte”.

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Conclusión
Realmente poco es lo que se puede añadir a lo narrado por San Eulogio, que constituye la fuente principal para conocer a los mártires mozárabes que fueron coetáneos suyos. Es muy importante remitirse a sus obras para ampliar la información sobre ellos, que esta servidora, forzosamente, ha tenido que recortar en demasía para no alargar más el ya prolongado artículo.

Las matizaciones hechas por San Eulogio sobre la ubicación de las reliquias de los mártires deben ser actualizadas según su estado hoy en día: en verdad, del grupo de mártires que hemos tratado hoy, sólo se conservan las reliquias de Santa Sabigoto (Natalia), que están en la urna de reliquias en la iglesia de San Pedro de Córdoba, junto a muchos otros mártires cordobeses (caso de Flora y María), pero no su esposo San Aurelio ni sus compañeros de martirio Félix, Liliosa y Jorge, cuyas reliquias se han perdido.

Meldelen

Bibliografía:
– S. RUIZ, Agustín, Obras completas de San Eulogio, edición bilingüe latín-castellano, Real Academia de Córdoba, 1959.

Enlace consultado (23/07/2014):
– www.santiebeati.it/dettaglio/64550

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es