Santos Cancio, Canciano y Cancianila, mártires en Aquileya

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Cancio, Canciano y Cancianila junto a San Apolinar y Santa María Magdalena. Lienzo de Niccolò Rondinelli, Museo del Senado de la República, Roma, Italia.

Santos Cancio, Canciano y Cancianila junto a San Apolinar y Santa María Magdalena. Lienzo de Niccolò Rondinelli, Museo del Senado de la República, Roma, Italia.

En el Martirologio Romano, se lee el día 31 de mayo: “Hoy, en Aquileya, el martirio de los santos Cancio, Canciano y Cancianila, su hermana; de la ilustre familia de los Anicianos, los cuales, junto a su maestro Proto, fueron decapitados por su constancia en la fe, bajo los emperadores Diocleciano y Maximino”.

San Venancio Fortunato, obispo de Poitiers, en el poema “De vita Sancti Martini”, refiriéndose a estos tres hermanos, dice que eran originarios de Treviso: “Aut Aquileiensem si frotase accesseris urbem Cantianos Domini nimium venereris amicos”. Sólo la fama que la iglesia de Aquileya tenía en la Antigüedad puede explicar la difusión del culto de estos tres mártires tanto en sus alrededores como en toda la región de los Alpes.

Sus nombres aparecen en todos los martirologios: en el Romano, como acabamos de citar, el 31 de mayo, y en el Jeronimiano el 30 (sólo por poner dos ejemplos) y asociados con otros Santos (Proto, Crisógono y otros) aparecen en otros días del año. Pero aun así, poco sabemos de estos tres Santos, ya que su passio más antigua se ha perdido. Lo que sabemos de su existencia es básicamente lo que nos dice una homilía, erróneamente atribuida a San Ambrosio, pues parece que fue escrita por San Máximo, obispo de Turín. Esta homilía dice que los tres Cancianos (o Cancios) eran hermanos de sangre y que fueron martirizados juntos no muy lejos de Aquileya, mientras se marchaban montados en un carro.

Los Santos huyen en carro de la persecución. Altar de Krainburger (1510).  Iglesia parroquial de Kranj, Eslovenia.

Los Santos huyen en carro de la persecución. Altar de Krainburger (1510). Iglesia parroquial de Kranj, Eslovenia.

Esta historia sirvió de base a la Passio Sanctorum Cantii, Cantiani et Cantianillae, de la que se conservan varias redacciones bajo la forma de cartas enviadas por San Ambrosio a varios obispos de Italia. Vamos a seguir este texto para narrar la historia de nuestros Santos de hoy.

Passio de los Santos
Se cree que Cancio, Canciano y Cancianila pertenecían a la gens Anicia, eran hijos de Carino, gobernador de los galos, y nietos de Numeriano, tal y como expresa el obispo Pedro de Aquileya. Estos dos príncipes, de sobrenombre César, habían estado asociados al imperio por su padre Caro, al inicio de su reinado. Pero siendo apartado de la escena tras su gran victoria sobre los persas, su trono fue disputado por Diocleciano, quien acabaría constituyendo imperio en 284 junto con Maximino.

Los tres jóvenes, huérfanos desde niños, por tanto, estaban desencantados con las grandezas del mundo y pasaron a ser instruidos en la fe cristiana por su maestro Proto, sacerdote; haciendo especial hincapié en la resolución de verter la propia sangre por todas las virtudes cristianas. Cuando se emanciparon, se hicieron bautizar ellos y sus setenta y tres esclavos por este sacerdote, quien les había criado y educado.

Al estallar la persecución, optaron por vender todos sus bienes y distribuirlos a los pobres, así como liberar a sus esclavos, y se retiraron de Roma a Aquileya, a su villa de Istria, para reunirse con el sacerdote Crisógono, amigo suyo, que había sido nombrado obispo del lugar. Pero Crisógono, a quien conocemos por el relato de la mártir Anastasia, fue prontamente ejecutado “ad Aquas Gradatas” (lo que ahora es San Cancian d’Isonzo, a unos 15 kilómetros de Aquileya), un mes antes de que llegaran los tres hermanos. Dulcidio y el comes Sisinio, magistrados romanos encargados del proceso de los jóvenes, les mandaron aviso de presentarse para sacrificar a los dioses, pero ellos respondieron al emisario: “No es costumbre nuestra sacrificar a los demonios; diles a los que te han enviado que estamos dispuestos a perderlo todo antes que perder a Jesucristo.” O sea, que siendo citados ante el prefecto, se negaron a comparecer, argumentando también su parentesco con el emperador Carino; eso suponía que su condena a muerte tenía que ser confirmada por los emperadores Diocleciano y Maximiano.

Los Santos se niegan a sacrificar y son ejecutados. Altar de Krainburger (1510).  Iglesia parroquial de Kranj, Eslovenia.

Los Santos se niegan a sacrificar y son ejecutados. Altar de Krainburger (1510). Iglesia parroquial de Kranj, Eslovenia.

Entonces los gobernadores, dudando de si conducir ante su tribunal a personajes tan ilustres, resolvieron consultar a Diocleciano, al que, según un autor antiguo, enviaron las siguientes palabras: “Divino emperador, nos vemos obligados a darte parte de quienes aquí se alzan contra el honor a los dioses y el servicio a tu augusta majestad. Las leyes romanas desaparecerían si vuestra autoridad, que es nuestra alma y nuestra fuerza, no viniese en su ayuda. Los cristianos tienen tan gran desprecio por los dioses que sobrepasa todo lo que cabe imaginar. Tenemos constancia de la llegada a Aquileya de dos jóvenes príncipes, acompañados de su hermana, que adoran al Cristo y desprecian abiertamente a los dioses. Esperamos la orden que nos quieras mandar y la cumpliremos con la rapidez y la obediencia que debemos a tu divina majestad”. Si esta carta pudiera considerarse auténtica -que va a ser que no-, constituiría una prueba de que no había animosidad alguna en las intenciones de los magistrados que debían someterse al natural orden de su superior en medio de la embarazosa situación de llevar a juicio a dos príncipes.

En el tiempo en que tardó en llegar la respuesta del césar, los tres jóvenes, en lugar de desconcertarse, se renovaron con auténtico ardor. Puesto que ya habían pasado a ser célebres entre los locales, se dedicaron a visitar a los cristianos encarcelados, accediendo a las prisiones con sobornos de plata, consolando y dando valor a sus correligionarios. Pero por consejo de sus amigos y de los propios cristianos, decidieron abandonar Aquileya, de la cual huyeron en carro. Presintiendo la muerte, los tres hermanos junto con Proto, se acercaron a Aquas Gradatas, donde había sido martirizado Crisógono a fin de orar ante su tumba. Sin embargo, una de las mulas que tiraban del transporte se hirió en una pata y ello ralentizó su huida, cosa que dio ventaja a sus perseguidores, quienes les esperaron en un pueblecillo cercano a Aquileya, donde fueron detenidos por Sisinio. Esta villa recibiría, con el tiempo, el nombre del hermano mediano, San Canziano, como ya hemos indicado.

Estampa devocional italiana con el martirio de los Santos.

Estampa devocional italiana con el martirio de los Santos.

Entretanto había llegado la respuesta del emperador: “¡Cómo! ¿No soy yo emperador acaso tras la muerte de Carino? ¿La caída de su padre no implica la de sus hijos? ¿Corresponde a mí, o a los dioses, el juzgarles? Si corresponde a los dioses, son unos impíos, si me corresponde a mí, son unos rebeldes. En uno u otro caso deben ser reducidos, no pueden garantizar ya su cabeza. Si son sabios, dejarán sus errores para obedecer a mis leyes. Tengo piedad de su juventud, y me daría pena derramar tanta sangre. Como ya fue suficiente triunfar sobre su padre, podría tener piedad de sus hijos, tan largo alcanza mi brazo, que podría incluso acariciarles. Pero si se obstinan en contra, que no se hable más, pues, ¿qué es la pérdida de sus vidas comparado con mi gloria y con el bien del Estado?”.

En cuanto el gobernador de Aquileya recibió esta misiva, se trasladó al lugar donde estaban detenidos los jóvenes, y allí les notificó la postura del emperador, sus órdenes y promesas. Ellos, sin embargo, respondieron que preferían mil veces sufrir la muerte por Jesucristo, que traicionarlo por una vida indigna. El gobernador, después de haber empleado sin éxito todos los medios para vencer su constancia, los entregó al verdugo según las órdenes del emperador, quien los decapitó. El breviario de Aquileya dice que en el momento en que fueron golpeados por la espada, “la sangre que derramaron tenía el aspecto de leche”. Con ellos fue también decapitado el sacerdote Proto, su maestro, quien les había foralecido en el momento de la muerte.

Su martirio se ubica generalmente en el año 304. Fueron enterrados por el sacerdote Zoilo (o Zenón), que los depositó a los tres en la misma tumba, un sepulcro de mármol (in locello marmoreo) junto al sepulcro de Crisógono, a quien también había enterrado. Se dice que tuvieron lugar prodigios por la intercesión de estos mártires, quienes les dieron gran celebridad, voceada en sus discursos por el gran arzobispo de Milán, Ambrosio, y por Venancio Fortunato, que en su poema a San Martín, describe el honor que reciben los hermanos en Aquileya, a quienes llama amigos de Dios: Aut aquileiensem si fortè accesseris urbem/ Cantianos Domini nimium tum venereris amicos.

Reliquias de los Santos. San Canzian d'Isonzo, GO, Italia.

Reliquias de los Santos. San Canzian d’Isonzo, GO, Italia.

Interpretación
Esto es lo que dice esa passio, y podría parecer verídica, puesto que tantos datos se da sobre la identidad y filiación de los mártires con una de las principales familias romanas. Pero hay que decir que para los bolandistas no tiene valor alguno, porque es ficticia, y que, según Lanzioni, fue redactada a mediados del siglo V. El autor y sus sucesivos redactores fueron añadiendo a lo poco que se sabía sobre el martirio de los tres hermanos otros elementos copiados de la passio de los Santos Proto y Jacinto e incluso de la de San Crisógono, lo cual se descubre inmediatamernte si se cotejan los textos mencionados.

Con todo, no cabe en modo alguno dudar de la historicidad de estos mártires, como tampoco se duda de las de los Santos asociados a ellos, los mártires de Aquileya en general. Lo prueban sus propios nombres, totalmente auténticos -latinos y similares entre sí, como solía ocurrir entre hermanos de una misma familia-; su filiación con la gens Anicia, que es también probable -fueron decapitados, sin sufrir tormentos, lo que probaría su origen noble– y las numerosas pruebas arqueológicas y documentales sobre la antigüedad de su culto y la ubicación de su sepulcro, así como la repartición de sus reliquias. Como suele ocurrir en la mayoría de las ocasiones, lo que cabe coger con pinzas es la passio.

Lápidas que cubrían el sepulcro de los Santos. San Canzian d'Isonzo, GO, Italia.

Lápidas que cubrían el sepulcro de los Santos. San Canzian d’Isonzo, GO, Italia.

Este relato tiene numerosos errores históricos, como el calificar a estos nobles de la familia imperial como “príncipes” (?) o las floridas cartas intercambiadas entre emperador y magistrados, que son pura invención. Pero sí que hay un trasfondo histórico detrás de todo ello. La familia de los Anicianos o Anicios (gens Anicia) era una de las más ilustres de Roma, de la que surgieron filósofos, cónsules y emperadores. El primer senador cristiano era un Aniciano, como constatan dos versos de Prudencio en su libro Contra Símaco: Fertur enim ante alius generosus Anicius urbis / Illustrasse caput; sic se Roma inclyta jactat. Tito Livio comenta, en el libro 45 de sus Anales que un Aniciano, Lucio, triunfó sobre los Ilirianos y su rey Gentio. San Jerónimo, en su carta octava, felicita a la cristiana Demetríade, también Aniciana, por pertenecer a una familia que había recibido los honores del consulado.

La grandeza y la riqueza de los palacios Anicianos eran proverbiales en Roma, tanto que Segundino, queriendo elogiar las obras de San Agustín, le escribió: “Confieso que la belleza y la riqueza de los palacios y los mármoles de Anicio que todos admiran no son comparables a la belleza y la riqueza de tus escritos”. También destacó de esta familia la presencia de diversos mártires y confesores, entre las que destacan las Santas Proba, Juliana y Demetríade, y el confesor Anicio Manlio Severino Boecio, cónsul y filósofo cristiano. Se incluyen también San Benito y Santo Tomás de Aquino, emparentado con el emperador Federico II.

Iconografía
Los Santos aparecen representados como tres jóvenes nobles -adoptando la vestimenta típica de la élite contemporánea al momento en que se realiza su representación; o, a partir del siglo XIX, como nobles romanos- portando la palma, los Evangelios y la espada, instrumento de su martirio. También aparecen representadas escenas de su vida -particularmente, la huida en carro tirado de mulas, una de las cuales se hiere en una pata- y el momento de la decapitación. Hay una representación en Étampes donde aparecen como cefalóforos, es decir, sosteniendo su cabeza en sus manos después de ser ejecutados.

Relicario de los Santos. Colegiata de Nôtre Dame du Fort, Étampes (Francia).

Relicario de los Santos. Colegiata de Nôtre Dame du Fort, Étampes (Francia).

Culto y reliquias
El Chronicon gradense nos cuenta que hacia mediados del siglo VI, un sacerdote llamado Geminiano sacó de Aquileya los restos de varios mártires (entre ellos los de estos tres hermanos) y las llevó a la localidad de Grado, donde se encontraba el patriarca Pablo, quien las hizo sepultar en la iglesia de San Juan Evangelista, fijando su fecha el 31 de mayo, ya que en ese día habían sido martirizados. Este relato tiene una cierta verosimilitud, ya que Pablo (o Paulino) de Aquileya fue el primer obispo de la ciudad que ostentó el título de patriarca después de la invasión lombarda y en el año 568 se refugió en Grado, llevándose consigo los cuerpos de varios mártires a fin de evitar que fueran robados o profanados. Es probable que en el 579, cuando fue consagrada la catedral de Grado, los cuerpos de los mártires fueran puestos en el altar principal.

En el año 1871 se encontró allí una pequeña urna de mármol, que contenía dos cajitas de plata, en una de las cuales, de forma elíptica, había una inscripción que decía claramente contener las reliquias de los tres mártires, junto con las de San Quirino de Panonia y de San Latino, que fue obispo de Brescia. Dentro de las cajitas habían pocas reliquias, lo que explica el por qué existen tantas iglesias que presumen de poseer reliquias de estos Santos: a bote pronto, la catedral de Milán, la iglesia de San Crisógono de Seriate, Santa María in organis de Verona, la catedral de Hildesheim, el monasterio de Santa María d’Étampes en Francia, etc.

A estos tres santos aquileyenses se les atribuyen en Francia la realización de muchos milagros. Las reliquias que están en Étampes (llevadas allí por el rey Roberto II el Santo, 999-1031), en el año 1249 fueron puestas en una cajita de plata y en 1620 fueron trasladadas a otra mucho más hermosa. Una parte pasó a la catedral de Sens, por lo que en esa diócesis, no sólo se celebra su fiesta el 31 de mayo, sino que además tiene oficio propio. Se les considera patronos de la juventud católica militante.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es