Santos Cleto (o Anacleto) y Marcelino, Papas

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Estatua de San Cleto en su iglesia de Roma, Italia.

Estatua de San Cleto en su iglesia de Roma, Italia.

Introducción
El 26 de abril, el santoral recuerda bajo una sola mención a dos santos que fueron papas, sin embargo, ninguno de los dos tiene que ver el uno con el otro, pues la distancia del tiempo entre ambos, de casi dos siglos y medio, los separa. La liturgia de entonces (previa al Concilio Vaticano II) reunió en una sola celebración su memoria, aprovechando su categoría de Sumos Pontífices de la Iglesia Católica y su atribución de ser mártires.

Nos encontramos por tanto ante dos santos muy antiguos, a los que por causa de las persecuciones y la pérdida de documentación no es posible dar datos precisos sobre su vida y obra, aunque resulta necesario comentar que ambos han sido causa de bastantes estudios porque su identificación resulta compleja y en el caso del segundo, hubo una campaña para desprestigiar su nombre y utilizar el resultado en beneficio de sus promotores.

San Cleto
Comencemos hablando de este Papa con un problema nominal. En efecto, las relaciones que nombran a los primeros obispos de Roma se encuentran en un atolladero al referir al tercer pontífice o segundo sucesor de San Pedro: este santo es referido con tres nombres propios: Cleto, Anacleto y Anencleto. Tales nombres pueden hacer pensar que se tratan de tres personas distintas y que por lo menos en el segundo caso, se cometió el error de considerarlo como tal. Tras investigaciones que han durado siglos, se ha llegado por fin a la conclusión de que los tres nombres se refieren a la misma y única persona, por lo cual es válido referirse al mismo personaje con las variantes que presenta la nominación. Es San Ireneo quien presenta el más antiguo y confiable catálogo de los sucesores de Pedro en Roma y su testimonio, escrito casi un siglo después, sigue siendo referencia obligada. Tal documento relata: “A Lino le sucede Anacleto”; el historiador Eusebio da la noticia de la duración de su pontificado: doce años y también le llama Anacleto. San Epifanio y San Jerónimo identifican a Cleto con Anacleto y le dan el siguiente lugar posterior a San Lino, haciendo de él, el tercero de los Papas.

El problema surge con el “Catálogo Liberiano” en el siglo IV y con el “Liber Pontificalis” en el siglo VI, que hacen una separación de nombres y de personas, dando a Cleto el tercer lugar y el quinto a Anacleto en la sucesión apostólica. Este desdoblamiento se debió tal vez a escrúpulos de exactitudes como lo propone en sus estudios de los primeros Papas el alemán E. Casper. Así, a ambos nombres se les da sendos personajes con historia diferente y asignándoles a cada uno una fecha diferente en el santoral: 26 de abril y 13 de julio respectivamente.

Detalle del papa San Cleto. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Detalle del papa San Cleto. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

La confusión gramatical en los nombres y el orden de la sucesión provocaron un largo debate sobre la distinción e identidad de los dos personajes, lo cual revela la falta de compilación segura de noticias desde antiguo, aunque la solución al problema puede resultar sencillo: el nombre de Anacleto se abrevió en Cleto y este apodo se convirtió en nombre propio.

El “Liber Pontificalis” da doce años de papado para Cleto durante los imperios de Vespasiano y Tito, lo llama coadjutor o vicario de Pedro y refiere que hizo algunas ordenaciones (sacerdotales). Para Anacleto, la misma fuente le da un lugar después de San Clemente I, le considera nueve años de pontificado y la edificación del memorial sobre el sepulcro de San Pedro en el Vaticano. Así, hay pinturas que representan a este santo como Anacleto; tal es el caso en la Basílica de San Clemente en Roma, de San Pedro in Grado en Pisa y en los nichos de la Capilla Sixtina, cuya imagen es autoría de Ghirlandaio.

Cleto o Anacleto, según esos documentos referidos es de origen ateniense, convertido al cristianismo por San Pedro, al que es posible que acompañara en sus correrías apostólicas. En Roma, él formará parte de un selecto grupo de colaboradores y se dice que el gobierno de la Sede Romana le era confiado cuando el Príncipe de los Apóstoles iba en misiones evangelizadoras. Con la muerte de San Lino hacia el año 76, la comunidad de Roma lo elige para sucederlo en la Cátedra, durando su pontificado hasta el año 88 y hasta el 90 según otras opiniones. Durante su ministerio, le tocó fortalecer a la comunidad sacudida por la reciente persecución, teniendo también el cuidado de proteger y embellecer los sepulcros de los Apóstoles y de los mártires.

Se tiene como segura la opinión de que hizo construir un túmulo o memoria para señalar a las próximas generaciones el lugar preciso de la tumba de Simón Pedro. A él se le atribuye el saludo en las cartas que adoptarían sus sucesores: “Salud y bendición apostólica”. La tradición le da a este Santo Papa una muerte provocada por el martirio, insinuando que fue lapidado, pero no hay nada que confirme esta noticia. Es probable que haya muerto bajo el imperio de Domiciano entre los años 81 y 86, aunque muchas fuentes señalan el año 88 como el de su muerte. Fue sepultado en el Vaticano, junto a San Pedro.

Detalle de San Marcelino Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: www.stpetersbasilica.org

Detalle de San Marcelino Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: www.stpetersbasilica.org

San Marcelino
Al igual que San Cleto, no son muchas las noticias sobre la figura y pontificado de San Marcelino. Como sucede con aquel santo, también San Marcelino presenta problemas de identificación. Efectivamente, luego de San Cayo, que murió en el año 296, continúa nuestro santo, y luego de él, San Marcelo I. El hecho de que los nombres de Marcelo, Marcelino y Marceliano, nombres muy comunes en esta época, tengan la misma raíz, hace que varios estudiosos consideren la posibilidad de que San Marcelo I y San Marcelino sean la misma persona.

Según el “Catálogo Liberiano”, comenzó su pontificado el 30 de junio del año 296, gobernando la sede de Roma cinco años aproximadamente y que murió entre los años 304/305. Algunas opiniones indican que habría muerto el 24 de octubre del año 304, aunque otros piensan que sería precisamente el 26 de abril, cuatro días después de que se publicó el Edicto de persecución de Diocleciano. Ésta comenzó a atacar a la jerarquía aunque terminó por afectar al pueblo común. Esta cacería fue tan intensa que entre sus anales se cuentan innumerables víctimas, muchas de ellas conocidas en los registros del santoral.

El Pontificado de San Marcelino conocerá luchas externas e internas, presentándose otra vez en el segundo caso, el asunto de los “Lapsi”, que eran los cristianos que para no enfrentar el martirio, llegaron a ofrecer incienso a los ídolos o a comprar el documento que los presentaba como si lo hubieran hecho. Se entabló la discusión para decidir si se podía volver a recibir a los caídos que parecían apóstatas. Por un lado estaba la corriente intransigente, que negaba el perdón con el pretexto de no contaminarse con los caídos y por otro, la posición de la misericordia, que optaba por reincorporar a esos creyentes que ciertamente habían pecado, pero que podían ser perdonados con un arrepentimiento sincero y con la gracia de la penitencia. Esta fue la posición de San Marcelino. Por esta actitud, este santo fue acusado de favorecer la herejía y sin más se inventa la leyenda de ser él mismo un “lapsi” que sí ofreció incienso a los ídolos. Se debe a la secta de los donatistas la propagación de esta calumnia que asegura la prevaricación del santo y que después, arrepentido, volvió a presentarse ante el tribunal y ser martirizado en compañía de Claudio, Cirino y Antonino. Lo interesante del caso es que el “Liber Pontificalis” recoge y acepta esta teoría que asegura que los presbíteros Marcelo, Melquiades y Silvestre, que luego serían Papas, también eran unos “lapsis”.

Detalle de San Anacleto en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Detalle de San Anacleto en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Este relato, redactado en la primera mitad del siglo VI, procedería, según Duchesne, de una pasión compuesta hacia finales del siglo V y que está perdida. Además, se cuenta que San Marcelino se presentó ante un sínodo de trescientos obispos en Sinuessa para acusarse y recibir su sentencia: su autodestitución, originándose así la fórmula que dice: “Prima sedes a nemine judicatui”.

Esta falsa acusación contrasta con la veneración de su tumba, con el silencio de los historiadores y escritores contemporáneos que no dan espacio para tomarla en cuenta, y con el argumento de que su origen proviene de los donatistas, por lo que no debe ser considerada. Además está comprobado que las actas del sínodo de Sinuessa, fueron falsificadas desde el principio del siglo VI, en tiempos del Papa San Símaco y del rey Teodorico, con el fin de que se juzgara al Papa y amañando esta historia se trajo a colación el “lapsus” de San Marcelino para favorecer este torpe interés. San Agustín de Hipona interviene para defender la memoria de San Marcelino afirmando en su obra “De unico baptismo”, que las acusaciones carecían de pruebas y debían rechazarse sin discusión. Lo que sí es seguro afirmar o por lo menos concluir, es que San Marcelino, durante su pontificado tuvo la preocupación de acrecentar y adecentar las catacumbas para dar más cabida a los fieles. En la Catacumba de San Calixto, hay una capilla llamada de San Marcelino como prueba de ello.

El “Liber Pontificalis” también recoge los datos inciertos de su martirio por decapitación en compañía de los mártires antes referidos y que su cuerpo permaneció veinticinco días insepulto, hasta que hallado por el presbítero Marcelo fue sepultado en el cementerio de Priscila junto a la Vía Salaria. Este último dato es seguro ya que está comprobado que fue inhumado junto al sepulcro del mártir Crescención. De igual manera es el referido “Liber Pontificalis” el que refiere la fecha de su martirio el 26 de abril, aunque la “Deposicion Episcoporum” lo refiere el día 15 de enero.

Grabado español de San Anacleto, Papa.

Grabado español de San Anacleto, Papa.

Como conclusión de este artículo hay que comentar que los nombres de estos dos Santos Papas no están incluidos en el Nuevo Martirologio Romano, pero sería ocioso tratar con ello de comprobar la inexistencia de estos personajes. La razón más justificable de esta ausencia es la falta de datos históricos ciertos para poderlos referir.

Humberto

Bibliografía:
– VV.AA., Año Cristiano IV abril, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 567-572.
– VV.AA., Diccionario de los Santos Volumen I pp. 162, Volumen II pp1549-1550, Ediciones san Pablo, Madrid.

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