Santos larineses

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Santos Primiano, Firmiano y Casto. G. Petroschi, Archivo histórico-diocesano de Termoli-Larino.

Santos Primiano, Firmiano y Casto. G. Petroschi, Archivo histórico-diocesano de Termoli-Larino.

Larino, Lesina y Lucera son tres localidades cercanas entre si, pertenecientes a las actuales provincias italianas de Campobasso y Foggia, en las regiones de Molise y Puglia, relacionadas desde el punto de vista hagiográfico, con unos santos sobre los cuales queremos escribir hoy. Estos santos son:

Santos Primiano, Firmiano, Casto, Alejandro y Tellurio, mártires
A principios del siglo IV, durante la persecución de Diocleciano, en la región italiana de Molise fueron sacrificados los mártires de Larino, Primiano, Firmiano y Casto. El culto a estos santos se asentó firmemente durante el primer milenio, como lo demuestra la existencia de una basílica paleocristiana del finales del siglo IV dedicada a ellos, construida sobre un templo dedicado el dios Marte, que se cree fue el lugar donde estos mártires fueron decapitados. Entre los siglos VIII y X, cerca de esta basílica se construyó un monasterio benedictino, que alrededor del año 1300 fue absorbido por la Orden de Malta dándole el título de “Commenda de San Primiano”. Este antiguo templo, por estar en ruinas, fue demolido en el siglo XVIII por el obispo de Larino, Carlos María Pianetti. Los cuerpos de dos de estos santos – Primiano y Firmiano – se han visto trasladados de aquí para allá y vamos a ver el por qué, aunque lo veamos desde los tiempos más modernos a los más antiguos.

El 28 de abril del año 1598 fueron llevados a Nápoles y puestos en la iglesia de la Anunziata, las reliquias de los santos Primiano, Firmiano, Alejandro y Tellurio. ¿Por qué? Porque estando completamente en ruinas la ciudad y catedral de Lesina (Foggia) a causa de unas inundaciones producidas por el Mar Adriático, el sacerdote Aurelio Marra recibió el encargo de la casa real de Nápoles de preocuparse de la restauración del templo, pero juzgando que irremediablemente tenía que ser reconstruido, cosa que no era posible, entró en la cripta para recuperar las reliquias que en ella se guardaban. Y así encontró sepultados bajo el altar de la cripta, los cuerpos de estos santos dentro de unas urnas de mármol que contenían dentro unas láminas de plomo con sus respectivos nombres. De entre ellos, Primiano era considerado mártir porque en la catedral de Lesina existía una pintura en la que estaba representado con la palma del martirio en la mano. Todo esto nos lo narra así el propio sacerdote Marra, en un texto que fue publicado en las “Actas de los santos de Abril”.

Litografía de San Primiano. F. Apicella,

Litografía de San Primiano. F. Apicella,

Existe otro documento aun mas antiguo, la “Vita sancti Pardi episcopi”, escrita en el siglo XI por un diácono de Larino llamado Radoino, que también es considerado como un documento digno de toda credibilidad. En esta “Vita” se cuenta que cuando los bizantinos destruyeron la ciudad de Lucera en tiempos del emperador Constante II (641-668), el obispo y los fieles de aquella ciudad se marcharon a un lugar más cercano al mar y allí fundaron la ciudad de Lesina.

En el año 842, los sarracenos, en una de sus periódicas y sanguinarias incursiones en las costas italianas, destruyeron también la antigua ciudad de Larino y fue entonces cuando los habitantes de Lesina, viendo el abandono en el que se encontraba la ciudad y para proveer a sus iglesias de reliquias sagradas se llevaron las de los santos Primiano y Firmiano. Así quedó narrado: “Furtim tulerunt duo corpora sanctórum Primiani et Firmiani ibi quiescentium et duxerunt Lesinam” (creo que no hace falta traducción).

El hecho es plenamente verosímil en una época en la que “estas rapiñas sagradas” estaban a la orden del día. De esta información sabemos que en Larino eran venerados estos dos mártires que eran oriundos de la misma ciudad, que de Larino pasaron a Lesina y que desde Lesina fueron trasladados a Nápoles. Pero ¿y los otros dos?, ¿qué se sabe de Alejandro y de Tellurio? Pues de estos dos, de sus vidas y si fueron o no fueron mártires, no sabemos absolutamente nada, aunque sin embargo, los cuatro han sido unificados en una única celebración del calendario napolitano, fijándose esta fecha en el 28 de abril, que es el día del traslado desde Lesina a Nápoles.

 Reliquias de los santos Primiano y Firmiano, mártires de Larino, Nápoles.

Reliquias de los santos Primiano y Firmiano, mártires de Larino, Nápoles.

Pero al principio dijimos que con Primiano y Firmiano fue sacrificado también San Casto. ¿Qué ha sido de él?, ¿donde están sus reliquias?, ¿por qué no hemos hecho hasta ahora ninguna mención suya? Existe un documento sobre la inauguración del templo larinese de La Visitación (que es la actual iglesia de Nuestra Señora de las Gracias), en el que se dice que el obispo de Larino, Monseñor La Rocca, entre el 28 de julio y el 5 de agosto de 1833 llevó desde la catedral hasta esta iglesia el cuerpo de San Casto, que probablemente siempre estuvo en Larino ya que, según la tradición, no fue encontrado por los lesineses que robaron los otros dos cuerpos de Primiano y Firmiano.

San Pardo, obispo
Mientras que Ferrari defiende que San Pardo era un obispo de Larino, Ughelli mantiene que no, sino que era un obispo de una ciudad del Peloponeso repitiendo las noticias aportadas por una leyenda según la cual, el santo se vio obligado a huir de su sede a causa de la persecución contra los cristianos, buscando refugio en Roma cerca del Papa, el cual le ofreció una sede episcopal que él rechazó porque quería vivir en soledad en un eremitorio cercano a Lucera, en el cual pasó los últimos años de su vida. Después de su muerte, los habitantes de Larino recogieron su cuerpo y lo sepultaron en una iglesia que con el tiempo llegó a ser la catedral de la diócesis.

Relicario de San Tellurio mártir. Chiesa dell’Annunziata, Nápoles.

Relicario de San Tellurio mártir. Chiesa dell’Annunziata, Nápoles.

Como patrono de la ciudad y de la diócesis, San Pardo era celebrado el 26 de mayo, mientras que el 17 de octubre se conmemoraba el descubrimiento de su cuerpo. En unas notas posteriores añadidas por Coleti a la obra de Ughelli, se dice que San Pardo era obispo de Larino, considerándolo como el primer obispo de dicha sede. Sin embargo, la “Vita sancti Pardi episcopi” escrita por el diácono Radoino, que tiene toda la credibilidad de los bolandistas, quienes la han publicado, no proporciona ningún dato histórico que pueda fijar una cronología segura sobre San Pardo, aunque todo parece indicar que vivió en el siglo VII y que el traslado de su cuerpo se realizó en el siglo IX.

Expliquémoslo un poquito más. Existen dos biografías de San Pardo: una la del diácono Radoino y otra de autor anónimo del siglo X, pero sin embargo, como ha escrito el historiador Salvatore Moffa, ninguna de ellas ayuda a arrojar suficiente claridad sobre la vida del santo. Ambas coinciden en que el obispo Pardo, tuvo que abandonar su sede en el Peloponeso, buscar refugio en Roma y ser autorizado por el Papa a vivir en soledad cerca de Lucera. Lo que está en dudas es si fue o no fue obispo de Larino.

Como ya hemos dicho antes, aprovechándose de la devastación de Larino, los habitantes de las localidades cercanas se llevaron los cuerpos de los santos existentes en aquella ciudad. Pero los larineses, dándose cuenta del robo decidieron buscar los restos de sus conciudadanos y cerca de Lucera encontraron la tumba de San Pardo, decidieron coger su cuerpo y lo llevaron a Larino en un carro tirado por bueyes.

Busto relicario de San Pardo. Catedral de Larino, Italia.

Busto relicario de San Pardo. Catedral de Larino, Italia.

De los datos aportados por Radoino hay quienes deducen que el Papa que estaba en Roma en tiempos de San Pardo era San Cornelio y ya sabemos que este pontífice ocupó la sede de Pedro desde marzo del 251 a junio del 253. Este dato sería muy importante para poder fijar la época en la que vivió San Pardo, si es que este dato fuera cierto. También los habitantes de Lucera dicen que San Pardo fue su primer obispo, pero los datos históricos nos dicen que la presencia de una primera sede episcopal en Lucera fue en el siglo V, aunque es cierto que esto no implica que con anterioridad no hubiese llegado a dichas tierras el mensaje evangélico.

Monseñor Tria, basándose en las dos biografías antes mencionadas, que fueron publicadas en Roma en el año 1741, mantiene que San Pardo vivió entre finales del siglo VI y principios del siglo VII. El historiador Francisco Lanzoni en sus estudios sobre la historia de las diócesis italianas dice que un obispo dauno de nombre Pardo participó en el año 314 en el Concilio de Arlés convocado por el emperador Constantino para resolver la controversia donatista y no descarta que este Pardo sea el obispo venerado en Larino.

Algunos estudiosos contemporáneos como Giorgio Otranto, Pietro Di Biase, Antonio Papagna o Ada Campione sostienen que el Pardo del año 314 pertenece a la comunidad dauna de Salpi, que era una ciudad romana fundada en el siglo I, que surgió a poco más de veinte kilómetros al sur de Siponto, en la actual Manfredonia, justo al norte de Trinitápoli. Teniendo en cuenta que un obispo de los primeros siglos del cristianismo llamado Pardo se nombre en un documento histórico y que es aquel cuyo nombre figura claramente como el tercer firmantes de las actas conciliares aprobadas en Arles en el 314, es lógico aceptar la hipótesis de Lanzoni de que este Pardo y el patrono de la diócesis de Larino sean una misma persona.

Reliquias de San Pardo en la catedral de Larino, Italia.

Reliquias de San Pardo en la catedral de Larino, Italia.

Sobre su culto en Larino digamos que sus reliquias llegaron a Larino el 29 de mayo del año 842, que fueron puestas en la iglesia dedicada a la Virgen María, que con toda probabilidad se identifica con la parte más antigua de la actual catedral. En el año 1320 las reliquias fueron puestas en el altar mayor. El 18 de mayo del 1492, el obispo Bonifacio hizo trasladar el sepulcro de mármol que contenía las reliquias a una especie de catacumba existente en la nave derecha de la catedral. Posteriormente fueron trasladadas nuevamente al altar mayor de la catedral, habiéndosele hecho en el siglo XX dos reconocimientos canónicos: uno en el 1918 y otro en el 1997.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Lucchesi, G., “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”; Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– Mongelli, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990
– VV.AA. “Analecta bollandista, XXXVIII”, 1929.

Enlaces consultados (27/12/2014):
– www.cattedralesanpardo.it
– www.pinomiscione.it/historica/status-qu%C3%A6stionis

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