Santos Eustaquio, Teopista, Teopisto y Agapio, mártires de Roma

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de la familia de mártires en la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

Detalle de la familia de mártires en la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

San Eustaquio en realidad se llamaba Plácido y era un rico y victorioso general del emperador Trajano, el cual aunque era pagano, tenía una gran bondad natural, por lo que se dedicaba a hacer grandes obras de beneficencia. Un día, mientras estaba de caza, siguió a un ciervo grande y hermoso que, asentándose sobre una gran roca, se volvió hacia él. Entre su gran cornamenta llevaba una cruz luminosa y sobre ella, la figura de Cristo quién le dijo: “Plácido, ¿por qué me persigues? Yo soy Jesús, a quién tu no conoces, pero a quién con tus obras me honras”. Plácido se quedó pasmado y cuando se recuperó, fue invitado a ser bautizado junto con el resto de su familia. En el bautismo, Plácido se cambió el nombre por el de Eustaquio (Ευστάθιος), su esposa por Teopista y sus hijos tomaron el nombre de Teopisto y Agapio.

Vuelto a su casa, tuvo que soportar una gran prueba, pues una enfermedad – posiblemente la peste – le quitó todos sus criados, sus caballos e incluso el resto de su ganado. Lo poco que le quedó, le fue quitado por unos ladrones. Por todo ello, decidió emigrar a Egipto, pero durante el viaje, no teniendo suficiente dinero como para pagárselo, tuvo que aceptar que su esposa cohabitara con el capitán del barco, el cual se había enamorado de ella. Cuando pudo bajar a tierra, continuó el viaje a pie con sus dos hijos. Poco después, un león intentó arrebatarle a uno de ellos; y un lobo, al otro, pero salvados por los habitantes de aquel lugar, los dos jóvenes crecieron en la misma localidad, aunque sin tener conocimiento el uno del otro.

Habiéndose quedado solo, Eustaquio se estableció en una aldea vecina llamada Badiso, ganándose el sustento diario con su trabajo. Pasados quince años y habiendo invadido los bárbaros los confines del Imperio, el emperador Trajano se acordó de Plácido y lo hizo venir. Dos comisionados enviados por el emperador lo encontraron y lo llevaron a Roma. Fue puesto de nuevo al frente de las tropas imperiales y, encontrándolas insuficientes, hizo que fuesen reclutados nuevos soldados. Entre los nuevos reclutas y sin conocerse entre sí, se encontraron sus hijos, fuertes y bien educados, a los cuales hizo suboficiales cercanos a él.

Martirio de los Santos (dcha.) Lienzo de Alexey Markov.

Martirio de los Santos (dcha.) Lienzo de Alexey Markov.

Rechazados los invasores y recuperado el territorio perdido, las tropas se detuvieron en una lejana aldea por un corto espacio de tiempo. En aquella aldea estaba Teopista, que allí se había refugiado cuando murió el capitán del barco; y que llevaba una vida de aldeana, cultivando un huerto ajeno y viviendo en un estrecho habitáculo. Los dos suboficiales – o sea, sus hijos -, le solicitaron hospitalidad. Allí, contándose el uno al otro sus propias vidas, los dos hermanos se reconocieron, pero Teopista, que también los reconoció, les ocultó sin embargo su identidad. Al día siguiente, al presentarse Teopista ante el general para pedirle que la llevase a su tierra natal, reconoció en él a su propio esposo. De esta manera, la familia volvía a reunirse.

Mientras tanto, Adriano sucedió a Trajano, el cual le dio la bienvenida en Roma al general vencedor, o sea, a Eustaquio (Plácido), a quién invitó a dar gracias a los dioses en el templo de Apolo. Eustaquio se negó a participar en dicho rito, argumentando que era cristiano, por lo que, junto con su familia, fue condenado a morir atacado por las fieras en el circo. Las fieras ni los tocaron, por lo que fueron introducidos dentro de un buey de bronce al rojo vivo. Aunque murieron de asfixia al instante, el fuego no consiguió quemarles ni uno solo de sus cabellos. Sus cuerpos fueron recogidos por los cristianos, quienes les dieron honrosa sepultura. Sobre sus sepulcros, una vez conseguida la paz de Constantino, se erigió un oratorio donde cada año, el día 1 de noviembre era celebrado su “dies natalis”.

Martirio de los Santos. Lienzo de Fernando Ferdinandi. Iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia).

Martirio de los Santos. Lienzo de Fernando Ferdinandi. Iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia).

Hasta aquí, la leyenda de estos santos, que tuvo un éxito extraordinario en la Edad Media. Existieron y nos han llegado multitud de redacciones y versiones en lenguas antiguas: griego, latín, armenio, siríaco, georgiano, copto, eslavo, etc., así como en lenguas modernas: italiano, francés, castellano, inglés, alemán, etc., cada una de ellas con diversos matices, pero todas concordantes en el fondo. W. Meyer argumentando sobre el hecho de que se trata de un mártir romano, defiende que la versión original de esta leyenda es la escrita en latín.

Sin embargo, el hagiógrafo Delehaye, nombrado tantas veces en este blog, lo excluye de una manera absoluta, ya que ni la “Depositio martyrum Ecclesiae Romanae” ni el Martirologio Jeronimiano dicen absolutamente nada sobre estos mártires, por lo que deduce que la versión original es la griega. Delehaye dice que el autor de esta leyenda no se basó en ningún dato real – ni histórico, ni litúrgico -, sino que se basó en los motivos más recurrentes de la novelística popular y de la hagiografía cristiana. En esta obra (leyenda de San Eustaquio) distingue claramente tres relatos o historias: la conversión milagrosa, las aventuras familiares y el martirio. El relato de este último entra de lleno en el llamado género de las “passios” legendarias o romances, de las que también hemos hablado tantísimas veces.

El relato del ciervo milagroso repite un motivo que aparece a menudo en la hagiografía cristiana: San Meinulfo, San Juan de Mata, San Félix de Valois, San Fantino, San Humberto de Lieja… y que tiene sus raíces en la literatura indígena de muchos lugares de Europa; y lo mismo argumenta en el tema de las aventuras familiares de Eustaquio. El primer motivo recurrente se dio en la India en el caso de Buda y desde allí, pasó a la novelística universal. También se encuentra en la antigua literatura griega, en la árabe, armenia, judía… y en muchísimos romances medievales e incluso en las “Homilias pseudoclementinas” y en la leyenda de los Santos Xenofonte, María e hijos. Concluyendo su estudio, Delehaye dice que ningún texto hagiográfico es más conocido que el de San Eustaquio, pero que al mismo tiempo, ningún otro se ha revelado con menor valor histórico.

Urna de los Santos. Basílica de San Eustaquio, Roma (Italia).

Urna de los Santos. Basílica de San Eustaquio, Roma (Italia).

Sin embargo, gracias a la habilidad del narrador de esta leyenda, Eustaquio se impuso a la credibilidad popular, que llegó a hacer de él un personaje real. La primera pista que tenemos sobre un culto en su honor es la “diaconia Sancti Eustachii” o Basílica de San Eustaquio que aparece nombrada, en los inicios del siglo VIII, en unos documentos del Papa Gregorio II. El “Liber Pontificalis” la menciona en las biografías de los Papas San León III y Gregorio IV. Era conocida como “basílica platana” porque estaba rodeada de plátanos entre las ruinas de las termas de Nerón y de Alejandro Severo “iuxta templum Agrippae”. Fue reconstruida durante el pontificado de Celestino III, quién la consagró el 12 de mayo del año 1196, después de haber puesto bajo el altar mayor los presuntos cuerpos de Eustaquio, su esposa e hijos.

La celebridad de este santo explica el resurgimiento de otras leyendas, como aquella que identifica el lugar del prodigio del ciervo en los montes de Mentorella, donde está el santuario de Santa María in Vulturella, que es el lugar más alto de la región italiana del Lazio. Existe otra leyenda que hace descender al santo desde la casa de Octavia hasta la del emperador Octaviano Augusto.

Relicario del presunto cráneo de San Eustaquio. Museo Británico de Londres (Reino Unido).

Relicario del presunto cráneo de San Eustaquio. Museo Británico de Londres (Reino Unido).

La leyenda dice que su festividad se celebraba el día 1 de noviembre, fecha en la que también aparece en las “Corbeise maius” del siglo XII, en posteriores ediciones del Martirologio Jeronimiano y en las Actas de los santos del mes de Noviembre. Después de la conmemoración de todos los santos en esa fecha, fue trasladada al día siguiente. El 20 de septiembre aparece en algunos evangeliarios romanos de mediados del siglo VIII y en el Sinaxario de Constantinopla. En esta fecha pasó al Martirologio Romano en la edición que hizo el cardenal Baronio en el año 1586. Finalmente, fue incluido en la lista de los llamados Santos Auxiliadores, siendo el protector de los cazadores y de los arqueros.

Sobre su iconografía se podría escribir otro artículo, porque no creo que exista ningún santo más representado que él, pero como este tema no es mi fuerte, ni siquiera lo esbozo. Total, si posiblemente se trata de un grupo ficticio de mártires…

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DELEHAYE, “Les Passions des martyrs et les generes littéraires”, Bruselas, 1921.
– DANIELE, I., “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.
– KRAPPE, A.H., “La leyenda de San Eustaquio”, L’Aquila, 1928.
– MONTEVERDI, A., “La leyenda de San Eustaquio”, Bérgamo 1910.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es