Santos Juan y Pablo, mártires romanos

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Tabla de los Santos, obra del Maestro de Messkirch, 1535. St. Martinkirche, Messkirch (Alemania).

Tabla de los Santos, obra del Maestro de Messkirch, 1535. St. Martinkirche, Messkirch (Alemania).

Hoy celebramos la festividad de los Santos Juan y Pablo y por eso, hoy deseo escribir sobre ellos. La “passio” de estos santos mártires romanos nos dice que eran hermanos de sangre y hermanos en la fe, que fueron asesinados secretamente en su casa romana en el Celio y que allí mismo fueron sepultados la noche del 26 de junio del año 362, en tiempos del emperador Julián el Apóstata. Esta “passio” nos ha llegado en tres relatos o códices distintos: una primera enlazada con la “passio” de San Gallicano y compañeros mártires de Alejandría, una segunda en la que solo se relata la historia de estos mártires y una tercera que adjunta además la revelación de su sepultura y la edificación de la llamada basílica celimontana o basílica romana de los Santos Juan y Pablo al Celio.

Si resumimos la “passio”, vemos que en sus tres relatos, Juan y Pablo inicialmente son representados como mayordomo y “primicerius” (término que se aplicaba al jefe de una administración) de Constantina, hija del emperador Constantino, pero también se dice que eran soldados del grupo de San Gallicano, quienes obtuvieron una gran victoria en el ejército romano y finalmente se nos presentan como unos ciudadanos a los cuales se les confisca su casa en el Celio construida con los salarios y regalos recibidos por sus servicios a Constantina.

Cuando Juliano asumió las riendas del Imperio, intentó atraerlos hacia si y los invitó a retornar a la Corte, donde a través del jefe de la guardia imperial llamado Terenciano los intimidó para que sacrificaran ante el dios Júpiter. Como ellos se negaron, fueron secuestrados en su propia casa por espacio de diez días para que recapacitaran. Informados de lo que pasaba, para confirmarlos en la fe, fueron a visitarlos el sacerdote Crispo junto con otros cristianos llamados Crispiniano y Benedicta, pero al llegar el décimo día, Terenciano (jefe de la guardia imperial) acompañado por numerosos soldados, se presentó en casa de los dos hermanos a los cuales encontraron rezando. Después de tres horas de inútiles lisonjas y amenazas – con la intención de granjearse la simpatía del emperador -, Terenciano decapitó personalmente a los dos hermanos y los sepultó en una fosa excavada dentro de su propia casa corriendo al mismo tiempo la voz de que habían desaparecido, se habían escapado. Pero a Crispo, Crispiniano y Benedicta les fue revelado lo que había ocurrido y cuando fueron a visitar el sepulcro de los dos mártires, ellos también fueron ajusticiados.

Martirio de los santos, obra de Il Guercino, 1632.

Martirio de los santos, obra de Il Guercino, 1632.

Días más tarde, el hijo de Terenciano, que estaba loco, perturbado (endemoniado, según la “passio”), salió gritando como un alma en pena diciendo que Juan y Pablo lo habían curado mientras rezaba ante su sepulcro. Este supuesto milagro hizo que ambos, padre e hijo, se convirtieran a la fe muriendo también por orden del emperador. Cuando Joviano sucedió a Julián el Apóstata ordenó al senador Bizante que rescatara los cuerpos de los mártires y mandó construir una basílica sobre el sepulcro de los mismos. En resumen, esto es lo que nos dice la “passio”.

El examen de estos textos demuestra que son un añadido posterior al relato de San Gallicano. Sin embargo, aparecen como más fiables los pasajes de los Santos Crispo y compañeros y lo referente a la construcción de la basílica. Aislada en su contenido más primitivo, sin otros añadidos posteriores, la “passio” de los Santos Juan y Pablo, puede ser el reflejo de una tradición anterior que, sin embargo, encontró ecos en otros documentos que también son considerados como históricos. De hecho, los Santos Juan y Pablo son recordados en los dípticos del canon tanto en las revisiones romana como en la ambrosiana, en el Martirologio Jeronimiano y en los Sacramentarios Gelasiano, Leoniano y Gregoriano, con prefacios y oraciones propias que revelan la celebridad de su culto, la aceptación de que eran realmente hermanos y de que fueron martirizados y sepultados en la ciudad de Roma. A estos dos santos se les atribuyen un epígrafe de estilo damasiano (por San Dámaso) cuyos fragmentos fueron encontrados en las excavaciones realizadas bajo su basílica.

Según algunos códices del “Liber Pontificalis”, San León Magno construyó en su honor un monasterio al noroeste de la basílica vaticana que llegó a existir hasta bien entrado el siglo XV. También el “Liber Pontificalis” nos dice que el Papa San Símmaco hizo en la basílica celimontana una doble escalinata “post absidam” y San Gregorio Magno hizo que esta basílica fuera el destino de una de las estaciones que los romanos hacían en Cuaresma, llamadas también estaciones cuaresmales. En Roma se les erigió una segunda iglesia en el Janículo (el monte Gianicolo es una colina de la ciudad de Roma, la cual no se encuentra entre las siete colinas tradicionales y que se localiza en el famoso barrio del Trastévere), junto al acueducto de Trajano. Ya más tarde, en el año 597, se les construyó otra en Ravenna donde fueron esculpidas sus figuras en el ambón de mármol del templo.

Lápida que indica el lugar del martirio.

Lápida que indica el lugar del martirio.

Los Santos Juan y Pablo están representados entre los santos del mosaico de San Apolinar Nuevo en Ravenna y son recordados por San Gregorio de Tours, en el célebre papiro de Monza de la época de San Gregorio Magno, en varios de los “Itinerarios romanos” del siglo VII y siempre han estado presentes en el culto oficial, tanto en el Misal, como en el Breviario, Letanías de los Santos y en el Martirologio.

En el año 1588 sus reliquias fueron extraídas de la sepultura primitiva y puestas en la iglesia que estaba construida encima. En el pavimento sobre la antigua cripta se puso una lápida con un epígrafe que dice: “Lugar del martirio de los Santos Juan y Pablo en su propia casa”. En el 1677, el cardenal Howard colocó las reliquias debajo del altar mayor y en el 1725, el cardenal Paolucci las puso en una urna de pórfido bajo el altar. Esta urna de pórfido era un antiguo baño termal romano. En las “Actas Sanctorum Iunii”, Papebroch dice que hay reliquias de estos dos santos en diversas iglesias europeas y que en el año 1363 los dos cuerpos enteros fueron llevados a la catedral de Viena y desde allí, al monasterio de Rheinau. Son muchos los hagiógrafos que ponen en duda esta cuestión, manifestando que los cuerpos continúan en Roma.

Las excavaciones arqueológicas realizadas bajo la Basílica de los Santos Juan y Pablo al Celio han sacado a la luz un complejo de casas romanas adornadas con notables frescos y con trazas de culto “ad corpora”, o sea, a sus cuerpos. Escenas del martirio y otras de incierta interpretación también han sido pintadas en el pequeño compartimento de la “confessio”, bajo la cual se ha encontrado una tumba que bien pudiera ser la primitiva sepultura de los mártires.

Estos santos tan antiguos y tan populares no se han librado de algunas reservas que sobre su historicidad y sobre su “passio” han planteado algún que otro hagiógrafo. Aunque Dufourcq dice que su existencia es innegable, también manifiestan que su martirio ocurrió en una época anterior, quizás a la época de Diocleciano, ya que no existe ninguna prueba histórica de que en tiempos de Julián el Apóstata existiese ninguna persecución cruenta en Roma. Asimismo dice que la “passio” fue escrita en tiempos del Papa San Sínmaco (498-514). Franchi de’ Cavaglieri dice que esta “passio” es un plagio de la de los Santos Juventino y Maximino, mártires antioquenos en tiempos de Julián el Apóstata, por lo que defiende que el martirio si puede ser coetáneo a este emperador. Incluso algunos hacen conjeturas sobre una probable identificación de Juan y Pablo, con Cipriano, Justina y Teoctisto, que como sabemos, son personajes de una “leyenda famosa”. Sobre este tema no me quiero explayar porque sobre estos santos ya hemos escrito y discutido bastante en este blog.

Urna de pórfido que contiene los restos de los santos en su Basílica al Celio.

Urna de pórfido que contiene los restos de los santos en su Basílica al Celio.

El bolandista Delehaye acepta la hipótesis del plagio y hace derivar la mención de los Santos Juan y Pablo en el Martirologio Jeronimiano de la “passio Gallicani”, viendo en la basílica celimontana a los homónimos santos apóstoles (Juan Evangelista y Pablo de Tarso). Lanzoni acepta esto último, aunque dice que es San Juan Bautista y que los santos Panmaquio y su esposa Paulina (sepultados también en dicha basílica), quisieron honrarlos allí por lo que consiguieron algunas reliquias suyas y las pusieron en la “confessio”. Es más: como en las actas del sínodo romano del año 499 a la basílica del Monte Celio se la denomina “títulus byzantii et Pammachii”, llega a afirmar que en lugar de ser el sitio donde recibieron martirio ambos santos, era una “Domus Ecclesiae” instalada en la propia casa familiar de Bizantio y Panmaquio y que fue con posterioridad cuando se recibieron allí las reliquias. O sea, vemos que sin negar su historicidad, hay relatos y opiniones para todos los gustos.

No se puede excluir del todo que en la época de Juliano el Apóstata no hubiese ningún otro mártir en Roma, aunque nosotros no podamos citar otros nombres distintos a los de Juan y Pablo, así como que tampoco faltan otros pocos nombres en Oriente. El denominado “sabor julianeo” de esta “passio” prueba más bien su veracidad, mientras que si no la confrontamos de manera apasionada con el martirio de los Santos Juventino y Maximino, si se es más neutral, se puede comprobar que existen más diferencias que analogías entre ambos episodios. Para concluir hay que decir que las pistas mencionadas anteriormente en las trazas de culto “ad corpora” en el santuario subterráneo de la basílica, demuestran que aquel fue el primer lugar del culto en el Celio a estos dos santos.

Díptico de los santos. Pollina (Palermo), Italia.

Díptico de los santos. Pollina (Palermo), Italia.

Por lo tanto, los Santos Juan y Pablo tuvieron después partidarios muy valiosos y no solo en el bolandista Daniel Papebroch, sino en Allard, Juan Bautista De’ Rossi, Horacio Marucchi, E. Leblant y muchos otros, especialmente en Germán de San Estanislao que es el autor de las excavaciones realizadas bajo la basílica. Aún son más actualizados y completos los estudios llevados a cabo por E. V. Gasdia y por A. Prandi, que han demostrado aun de manera más concluyente, más positiva, la tradición basada en el culto practicado en la basílica al Celio.

Recientemente, el problema ha sido examinado aún más a fondo por el doctor en Derecho Canónico, don Joaquín De Sanctis, quién de los datos litúrgicos, arqueológicos e históricos, de la crítica del texto de la “passio” y de todas las hipótesis contrarias a ella, extrae la conclusión de que sin lugar a dudas el núcleo de la tradición de los Santos Juan y Pablo, es completamente verídico, es completamente histórico.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Allard, P., “La casa de los mártires Juan y Pablo en el Monte Celio”, París, 1907.
– De Sanctis, G., “Los Santos Juan y Pablo, mártires celimontanos”, Roma, 1962
– Gasdia, E.V., “La casa pagano-cristiana del Celio”, Roma, 1955.
– Germano de San Estanislao, “La casa celimontana de los Santos Juan y Pablo”, Roma, 1894.
– Germano de San Estanislao, “La memoria de los Santos Juan y Pablo, reivindicada por la historia de Roma”, Roma, 1907.
– Prandi, A., “El complejo monumental de los Santos Juan y Pablo”, Roma, 1955
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

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