Santos Sotero y Cayo, Papas mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura de San Sotero Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: stpetersbasilica.org

Escultura de San Sotero Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: stpetersbasilica.org

Introducción
El 22 de abril encontramos en las páginas del santoral los nombres de San Sotero y de San Cayo, quienes fueron sucesores de San Pedro, obispos de Roma y por tanto Papas. Nada tienen en común salvo su ministerio petrino, ya que sus vidas y obras se realizaron en diferentes siglos.

San Sotero
Son pocas e inciertas las noticias que tenemos sobre San Sotero, cuyo pontificado se extiende entre los años 166-175. Las fuentes principales que aportan datos son el “Liber Pontificalis” y la “Historia Eclesiástica” de Eusebio de Cesarea. Con la información de allí obtenida, podemos concluir que es uno de los Papas más representativos de la segunda centuria del cristianismo. Conforme a estas fuentes, San Sotero era originario de Fondi, en la Campania, fue hijo de un tal Concordio y a la muerte de San Aniceto, ocupó la Sede Apostólica. El “Liber Pontificalis” recuerda que este Papa prohibió a las mujeres tocar los corporales y quemar el incienso, también que ordenó once obispos y un buen número de sacerdotes y diáconos.

Sobre la primera noticia debemos aclarar que en ese tiempo estaba vigente la secta de los montanistas, un grupo herético que anunciaba como inminente el fin del mundo, por lo que prescribía ayunos y principios rigoristas, buscando una vida intachable, exenta de pecado, pues si se cometían pecados, especialmente los más graves (apostasía, adulterio y asesinato) éstos no podían ser perdonados por la Iglesia. En este rigorismo caerían luego el excelente escritor Tertuliano y el hereje Novaciano. Su fundado Montano, se autodeclaró profeta y paráclito, sobre quien había descendido el Espíritu Santo. Entre las extrañas ceremonias que celebraban, estaba la de amasar la harina para hacer el pan eucarístico con la sangre de niños que habían cumplido un año; si algún niño moría, lo declaraban mártir y si sobrevivía, lo destinaban al sacerdocio.

Arqueta con reliquias de los Santos Sotero Papa, Cayo, Nicasio, Dionisio y sus compañeros. Toledo (España).

Arqueta con reliquias de los Santos Sotero Papa, Cayo, Nicasio, Dionisio y sus compañeros. Toledo (España).

Para la propagación de este movimiento con su ideología, Montano se valió de dos mujeres influyentes: Maximila y Priscila, que tuvieron una amplia participación en la liturgia, la predicación y otras actividades que se oponían a las práctica eclesiásticas, provocando una atracción de las mujeres a este proceso. Frente a estos abusos y la tendencia rigorista, que angustiaba, confundía y perturbaba la vida de los fieles, conforme al espíritu y doctrina del Evangelio, San Sotero combatió con caridad y mano firme para mantener la unidad y el concierto. Así, propuso y fortaleció la seguridad de que la Iglesia puede perdonar todos los pecados, incluso los más graves y tocante a la intervención femenina en las asambleas, estableció la normatividad ya referida. Es preciso señalar que la participación de la mujer en las actividades eclesiásticas tendrá mejor oportunidad luego del Concilio Vaticano II, aunque es correcto decir que el camino a seguir apenas ha comenzado.

Otra noticia muy interesante sobre este Santo la refiere Eusebio al informar que él era un obispo extremadamente caritativo con los pobres y los necesitados, disponiendo durante su ministerio todos los medios posibles para remediar la pobreza y carencia de quienes a él acudían. Este autor refiere la Carta del obispo Dionisio de Corinto a los Romanos, la ayuda que brindó a los cristianos encarcelados en las minas: “Desde los principios de la religión ustedes introdujeron la costumbre de llenar de varios beneficios a sus hermanos y de enviar los necesarios socorros y medios de vida a muchas iglesias establecidas en cada ciudad. Así remediaron ustedes la pobreza de los necesitados y suministraron lo necesario a los hermanos que trabajan en las minas, conservando, como buenos romanos, las costumbres romanas de sus mayores. Y su Obispo Sotero no solo conservó esta costumbre, sino que la mejoró suministrando abundantes limosnas, así como consolando a infelices hermanos con santas palabras y tratándolos como un padre trata a sus hijos”.

El pontificado de San Sotero ocurre dentro del imperio de Marco Aurelio (161-180), siendo testigo de la persecución de esta época que dieron timbre al Martirologio con nombres como Justino el Filósofo, los Mártires de Lyón con San Potino y Santa Blandina a la cabeza. Según la tradición, San Sotero habría sido martirizado hacia el año 175, aunque no se conoce detalle alguno de su sacrificio. Igual oscuridad acontece sobre el lugar de su sepultura. En efecto, la segunda edición del “Liber Pontificalis” indica que fue inhumado en el cementerio de San Calixto, en lugar de la noticia acostumbrada de “junto a San Pedro, en el Vaticano. También debe considerarse sin fundamento la noticia de su traslación por Sergio II desde las catacumbas en la Vía Apia a la Iglesia de los Santos Martín y Silvestre ai Monte hacia el año 844.

Escultura de San Cayo Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: stpetersbasilica.org

Escultura de San Cayo Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: stpetersbasilica.org

San Cayo
Los datos de la vida de este santo son pocos y están unidos a las “Actas de Santa Susana, lo que los hacen poco fiables. Este documento asegura que San Cayo era hermano de San Gabino, padre de Santa Susana y por tanto, tío paterno de ella. A ambos santos se les adjudica un parentesco con el emperador Diocleciano y a esta tradición se une la noticia de que San Cayo vivía en una casa contigua a la de San Gabino y Santa Susana, que hoy se conoce como “Títulus Suzannae”, iglesia que lleva como subtitulo “ad duas domos” (junto a las dos casas). El Liber Pontificalis tomó estas referencias que en su primera edición reconoce el referido parentesco y en la segunda, recoge la noticia de que San Cayo murió mártir. Es aceptado en general como dato seguro que San Cayo era originario de Dalmacia y que su pontificado dio comienzo el 17 de diciembre del año 283, sucediendo al Papa San Eutiquiano. Su pontificado ocurre dentro de un tiempo de paz y bonanza, oportunidad aprovechada por el santo para fortalecer las instituciones eclesiásticas; en ese entonces el cristianismo comenzó a perfilar la fuerza y atracción que al final del siglo III sería imposible contener y contrarrestar. Bajo la protección de San Cayo florecieron las escuelas orientales de Alejandría y de Antioquía, que llegarían a conocer notable esplendor.

La duración de su papado se extiende por trece años, sin tenerse noticias concretas de su vida y obra. Hay una referencia que no obstante esa paz que disfrutó como obispo de Roma, se ensombreció por un peligro de persecución. Por este motivo vivió un tiempo escondido en las catacumbas de San Calixto, o bien, como otros piensan, que era tal su devoción a los Santos Mártires, que quiso vivir a su lado. No se tiene una fecha segura de cuando ocurrió este episodio, que pudo ser al comienzo de su pontificado, cuando el emperador Caro (282-283) inició una especie de acoso, o bien, al principio del imperio de Diocleciano, cuando se siguió viviendo con zozobra e incertidumbre.

Detalle de una reliquia ex-ossibus de San Cayo, Papa.

Detalle de una reliquia ex-ossibus de San Cayo, Papa.

Es de suponer que como pastor de su comunidad, invitó a sus fieles a prepararse ante el peligro siempre acechante y a confirmarlos en el depósito de la fe. De él se dice que aconsejó al patricio Cromacio que protegiera a los cristianos en peligro de ser perseguidos, dándoles asilo y hospedaje en su casa. Se le atribuye también haber ordenado de diáconos a San Marcos y San Marcelino y de presbítero a su padre San Tranquilino. La tradición le hace tener una relación muy cercana con San Sebastián, a quien habría nombrado protector de los fieles cristianos. El ya referido Liber Pontificalis le considera autor del decreto que establece los grados del sacerdocio: ostiariado, lectorado, acolitado, exorcistado, subdiaconado, diaconado y presbiterado, más esta noticia no es exacta, porque Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica” atestigua que hacia el año 250 ya existían estos grados dentro de la jerarquía. En todo caso, el santo no habría hecho otra cosa que ratificarlos. Así pues, fuera de las fechas determinadas, no es posible asegurar nada sobre él.

Tampoco sobre su muerte es posible asegurar que haya muerto mártir, pues murió en el año 296, antes de comenzar la persecución de Diocleciano. Además el nombre del Papa San Cayo está incluido en la “Deposición de los Obispos” y no en la “Deposición de los Mártires”, y aunque la segunda edición del Liber Pontificalis refiere que fue coronado con el martirio, esa noticia no tiene coincidencia con los hechos.

San Cayo fue sepultado en las catacumbas de San Calixto, donde se han encontrado fragmentos de su epitafio escrito en griego. Este Santo recibió pronto culto y veneración, recordándose su fiesta desde el siglo IV el día 22 de abril.

Humberto

Bibliografía:
– VV.AA., Año Cristiano IV abril, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 457-463
– VV.AA., Diccionario de los Santos, Volumen I, Ediciones San Pablo, pp. 477-478.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es