Siervo de Dios Saturnino García Lara, presbítero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios.

En la Ciudad de Morelia, cerca del Bosque Cuauhtémoc, lugar favorito de paseo de los morelianos, existe una pequeña y recoleta capilla construida en 1780 dedicada a la imagen de Jesús al momento de ser flagelado, conocida popularmente con el sencillo sombre de La Columna. Esta capilla fue el escenario donde discurrió entre la sencillez y la caridad la discreta vida sacerdotal de un sencillo hombre que es tenido como santo por diversos sectores de la sociedad moreliana que aún con cariño lo recuerda como el “Padre Nino”.

En vida, fue una persona muy apegada a los niños, los enfermos y ancianos que necesitaban de ayuda, principalmente de tipo espiritual. Quienes lo conocieron expresan la caridad que lo distinguió, la nobleza y los sabios consejos que daba.

Saturnino García Lara nació el 21 de noviembre de 1903 en el rancho Los Martínez del municipio de Valle de Santiago, Guanajuato, donde pasó su infancia. Fue alumno del Seminario de Morelia y durante la persecución, del Pontificio Colegio Pio Latino Americano en Roma, Italia, donde recibió la ordenación sacerdotal el 31 de octubre de 1932. Después de su ordenación fue capellán de las Madres Adoratrices y vicario en algunas parroquias. Desde finales de los años 60 y hasta su muerte fue destinado como capellán del Templo del Señor de la Columna en el Centro Histórico de Morelia.

Aprovechó todas las oportunidades de su ministerio para formar cristianamente la conciencia de los niños y cultivar en ellos la vocación a la vida consagrada. Así fundó una escuela apostólica bajo el nombre del Señor San José, de la Santísima Virgen de Guadalupe y de San Juan Bosco, donde por más de 50 años dio frutos en beneficio de esta Arquidiócesis moreliana. De esta escuela salieron numerosos sacerdotes y obispos, entre ellos Mons. Manuel Castro Ruíz, III Arzobispo de Yucatán con sede en Mérida y nuestro actual Arzobispo Alberto Suárez Inda. Lo que hace extraordinaria la vida del Padre Nino es su caridad, su celo apostólico, su vida interior y su alegría.

Fotografía del Siervo de Dios en su juventud, cuando seminarista, superpuesta con la imagen del templo de San José, en Morelia (México).

Muchas personas de Morelia aún recuerdan el itinerario diario del Padre: a las cinco y media de la mañana se veía encendida la luz de su habitación, a las 6 meditaba en su breviario para con calma y sosiego revestirse y celebrar la misa en su capilla. Después de la misa y de un frugal desayuno (casi siempre pan dulce, jugo y café) se dirigía a Catedral para concelebrar la misa conventual con los demás canónigos. Una vez terminada la misa atendía algunos asuntos de su Escuela Apostólica y al mediodía, después del Ángelus, recorría toda la Calzada de piedra del siglo XVII que separa el acueducto del Santuario de Guadalupe, rezando el rosario todo el recorrido y generalmente acompañado de algún seminarista para postrarse largo rato en oración ante la Morenita.

Por la tarde después de comer pobremente visitaba a los enfermos o acudía con las familias de clase alta para solicitar “de limosna” como solía decir, alimentos, cobijas, dinero para los pobres en primer lugar y para sus seminaristas en segundo. Debo agregar que por medio de testimonios de mi familia (mi abuela, tías y mi padre) y de otras personas que se confesaban con él, se que muchas de las cosas que le regalaban a él para su uso personal o para su comida las regalaba a los necesitados. Era tal su desprendimiento que siempre traía la misma sotana raída por el uso y tomando en cuenta que en los años 60, 70 y 80 muchos sacerdotes y hasta obispos no usaban sotana en público por las restricciones gubernamentales el Padre nunca se vistió de civil, pues solía decir “el obrero viste su overol y yo como obrero de la viña del Señor debo vestir como tal”.

La gente que lo conoció recuerdan de el que nunca manifestó disgusto y si algo le molestaba reía y movía los brazos pero sin señales de enojo. Como capellán restauró materialmente la Capilla y la imagen del Señor de la Columna.

Tenía el don de consejo pues los primeros viernes de mes, ya fuera en la Catedral o en La Columna eran largas filas de fieles las que se formaban para confesarse con él.

Vista de la Capilla del Cristo de la Columna, en Morelia (México), restaurada por el Siervo de Dios Saturnino García Lara.

Aún se le recuerda por su manera tan calmada y devota de celebrar la misa y por su paciencia y bondad en el confesionario, pues muchos de sus dirigidos espirituales son sacerdotes o laicos comprometidos de la Arquidiócesis. Incluso llegó a escribir algunos cuentos, leyendas y fábulas morales y catequéticas para niños que leía en las posadas y que han sido recopiladas recientemente por varios escritores de la ciudad.

Por su dedicación, Mons. Estanislao Alcaráz Figueroa lo nombró Canónigo de la S.I. Catedral Metropolitana y en este oficio se distinguió siempre por su puntualidad y disposición.
Falleció de muerte natural en los anexos de su amado Templo, en su pobre habitación el 18 de diciembre de 1995, a la avanzada edad de 92 años, rodeado de varios sacerdotes, ex alumnos de la Apostólica y algunas religiosas. Sus últimas palabras fueron “Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía”.

Su causa de canonización fue abierta recientemente en 2008 por Don Alberto que ha expresado de su maestro “Dios Nuestro Señor se manifestó a nosotros a través de la fe con que el Padre Saturnino celebró diariamente el Santo Sacrificio de la Misa, y la caridad que practicó con todas las personas”.

Vista del seoulcro del Siervo de Dios.

Se ha creado una Asociación civil, casi todos los miembros ex alumnos del Padre y morelianos que promueve la causa y que pronto dispondrá de una página web y un museo en la casa que habitó para promover el conocimiento de su vida en que supo hacer de las cosas ordinarias algo extraordinario. Aunque en Morelia goza de fama de santidad, en algunas partes de la misma Diócesis es desconocido pero espero que con este breve semblanza podamos difundir su obra y su vida.

Rogamos a Dios que si es su voluntad podamos verlo elevado a los altares como modelo de caridad y vida sacerdotal.

Daniel

BIBLIOGRAFÍA:
– Patronato AMIGOS DEL PADRE SATURNINO, A.C.
Oficina para las causas de los santos, Arquidiócesis de Morelia
La Jornada, Diario de Michoacán; jueves 5 de septiembre de 2008, sección sociales.

FUENTES ORALES:
-Aída Roa García, Familia Loaiza Díaz, Loaiza Gutiérrez, Pbro. Rafael Tirado (Postulador de la Causa), Pbro. Diego Carrillo Cortés, Pbro. Enrique Cortés Castro, Mons. Alberto Suárez Inda.

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