San Sebastián de Roma, mártir

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Óleo del Santo obra de Gerrit Van Honthorst. National Gallery de Londres (Reino Unido).

Ha sido y es uno de los santos antiguos más venerados en todos los tiempos y considerado como uno de los siete santos defensores de la Iglesia romana. Desde el punto de vista etimológico, el nombre de Sebastián viene de la palabra griega Σεβάσμιος, que significa “venerable”.

Desde los primeros siglos existen noticias suyas, aunque algunos textos son muy escuetos. El más antiguo es la “Depositio martyrum” del cronógrafo romano del 354, que dice: “Decimotercia Kalendas februarii, Fabiani in Callisti et Sebastiani in Catacumbae”. Este escueto texto da cuatro datos: el nombre (Sebastián), la cualidad (mártir), el lugar del sepulcro y culto (las catacumbas) y la festividad (20 de enero). Existen otros documentos posteriores que confirman el nombre y el lugar del culto al mártir: los calendarios Cartaginés y Jeronimiano, los sacramentarios Gelasiano y Gregoriano y los itinerarios romanos de la Edad Media, especialmente el “Notitiae ecclesiarum urbis Romae” y el “De locis sanctis martyrum”. Otro texto importante es el comentario de San Ambrosio al salmo 118, donde dice su origen milanés (hic mediolanensis oriundus est), su madre milanesa desposada con un funcionario romano oriundo de las Galias meridionales y admite que el martirio fue en Roma (ibi passus est), pero no da datos del martirio. ¿Y cuándo fue este martirio? O a finales del siglo III o a principios del IV. Resumiendo: martirio en Roma, sepultura en las catacumbas y festividad el 20 de enero.

Pero hay además, leyendas y tradiciones. La primera de ellas es una “Passio Sancti Sebastiani” compuesta por un romano anónimo del siglo V. Y es romano el autor porque por el texto se deduce que conoce con precisión el ambiente romano de la época. Esta “passio” es un romance “histórico” que aporta muchísimos datos de los que cabe destacar:
– Que nació en Milán o en Narbona (región mediolanense), que pertenecía a la guardia pretoriana siendo ascendido a oficial y que por su fidelidad y lealtad lo destinan a la guardia personal de los emperadores Diocleciano y Maximiano.
– Que era cristiano y que fue el sostén de los cristianos en la cárcel y apóstol entre las familias nobles y los magistrados, pues conforta a los mártires: a los hermanos Marcos y Marceliano (mártires en la Via Ardeatina), a Cástulo y a Tiburcio (mártires en la Via Labicana), a los Cuatro Mártires Coronados, a Victorino (mártir en Albano) y a Tranquilino y María (padres de Marcos y Marceliano).
– Convierte a nobles: Claudio, prefecto de Roma, Sinforosa (su esposa) y a Félix y Felicísimo (sus hijos), a Cromacio, nuevo prefecto romano y a su hijo Tiburcio y a otros, todos martirizados; todos venerados como santos.

Escultura barroca del Santo obra de Gian Lorenzo Bernini (1617). Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España).

Todo esto que hace Sebastián no puede pasar desapercibido, por lo que es denunciado, sometido a juicio y sentenciado a muerte. Se le lleva a las afueras de la ciudad, a un campo, donde es atado desnudo a un palo y asaeteado. Dado por muerto, es recogido por Irene, viuda del mártir Cástulo, que se lo lleva a su palacio en el Palatino. Lo cura y le aconseja que abandone Roma a fin de salvar su vida, pero él hace caso omiso y un día en el que los emperadores estaban en el templo de Hércules, se presenta ante ellos confesando nuevamente su fe. Diocleciano, que lo daba por muerto, se sorprende, lo captura y lo matan a palos en el hipódromo del Palatino. Su cuerpo es arrojado a las cloacas de Roma, pero los cristianos recuperaron su cuerpo y lo sepultaron en las catacumbas. Hasta aquí lo que dice la “passio”. De este texto pueden deducirse muchas cosas: debió ser un joven astuto y decidido propagandista de la fe, que predica y convierte, siendo al mismo tiempo fiel y leal en su profesión y que debió tener claro que la caridad cristiana consistía, entre otras cosas,  en ayudar a quienes estaban prisioneros y en sepultar a los mártires. Como fue mártir en tiempos de Diocleciano, su martirio debió acaecer un 20 de enero entre los años 284 al 305.

Muy pronto se le rinde culto. San Gregorio Magno lo consideró como el tercer patrono de Roma después de los Santos Pedro y Pablo, siendo muy celebrado en todo Occidente el día 20 de enero, aunque en Oriente se le conmemora el día 18 de diciembre. El centro principal de su culto en Roma estaba localizado en las catacumbas de la Via Appia, pues allí lo recuerda la “Depositio martyrum” de la que antes hice mención. Y esto es confirmado por el “Liber pontificalis” y por los itinerarios romanos. Allí, en la Via Appia, en el siglo IV se construye la basílica “in memoria apostolorum”, basílica que cambia de nombre en el siglo IX, llamándose de San Sebastián.

El Papa Eugenio II, el día 9 de diciembre del 826 le envía reliquias a San Medardo de Soissons; Gregorio IV, que le sucedió como Papa, puso su cabeza en el oratorio de San Gregorio en el Vaticano. Este relicario del cráneo de San Sebastián, lo llevó más tarde el Papa San León IV a la iglesia romana de los Cuatro Santos Coronados, donde actualmente es venerado. En el Vaticano existieron otras reliquias del santo, pero en el año 1218, el Papa Honorio III se las dio a los cistercienses, que eran los custodios de la basílica romana de San Sebastián y allí están. Hay reliquias menores en Fulda (Alemania), Abadía de Farfa (Italia), Madrid (España), Tongeren (Bélgica), Augsburg (Alemania) y en muchísimas otras localidades.

Sepulcro del Santo. Basílica de San Sebastián, Roma (Italia).

Fue un santo muy famoso en la Edad Media porque en aquellos tiempos la peste hizo estragos en toda Europa y hasta el siglo XVI fue considerado santo protector contra esta enfermedad. ¿Y cuales fueron las razones para otorgarle este patronazgo? Pues muy curiosas: salió indemne de las flechas y como la peste era considerada como un castigo divino, como flechas enviadas por Dios… pues San Sebastián, patrón contra esa enfermedad. Se comprobará que esta interpretación no pudo ser “más elaborada”. Pero se dieron otros argumentos. En el año 680 la peste asoló Roma y se le hicieron rogativas al santo; al desaparecer la epidemia, lo consideraron milagroso y esto lo cuenta Pablo diácono en su “Historia longobardorum”, tomo VI. Lo mismo sucedió en Pavía y al acabar la epidemia, se lo achacaron a él.

San Sebastián es el patrono de los atletas, arqueros (parece obvio), arcabuceros, comerciantes y elaboradores de productos hechos de hierro (¿serían de hierro las fechas?), así como de los tapiceros (!!) Iconográficamente se le representa joven, desnudo, asaeteado atado a un árbol y con los atributos de oficial romano. Pronto empezaron a aparecer imágenes suyas: frescos en las catacumbas de Priscila y Sebastián (siglo V), pintura en la cripta de Santa Cecilia, en las catacumbas de Calixto (siglo V); fresco del siglo VI en San Apolinar Nuevo de Ravenna junto a otros ventiseis mártires; fresco del siglo VII en la basílica de San Pietro in Vincoli, etc. Lo han pintado Fabriano (XIV), Puccinelli (Museo de Amberes), Jerónimo de Juan (Pinacoteca de Camerino), Jan Matas (Museo Catalán de Barcelona), Rubens, el Veronés, Agostino Tassi, Ribera el Españoleto, El Greco, etc.

He consultado: la “Passio Sancti Sebastiani”; “Il martirio di San Sebastiano”, de S. Minocchi,  (1911); “El calendario de Enrique de Auxerre” en Analecta bolandista LXXVII,  (1959) y “Una vida inédita de San Sebastián”, de L. Mills (1966).

Antonio Barrero

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