El Señor del Buen Despacho

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Imagen del Señor del Buen Despacho. Catedral Metropolitana de Ciudad de México (México).

Una de las capillas laterales en la catedral metropolitana de la ciudad de México, está dedicada a una imagen de Cristo crucificado llamado “el Señor del Buen Despacho”, imagen de pasta de caña del siglo XVII que se dice fue un regalo de Carlos V, según se cuenta se le dio el nombre de “Buen Despacho” debido a la prontitud con que “despacha” las peticiones a sus devotos. Una leyenda bastante peculiar es la que rodea a esta imagen según esta:

En lo que alguna vez fue la capital de la Nueva España (actual México) había un hombre muy pobre que había perdido su familia y que muchas veces no tenía nada para comer. Una noche en que, desvelado, se encontraba reposando cercano a una puerta y escuchó una misteriosa voz que le repetía: “ya no sufras, si quieres pan, anda y roba”. Aquel hombre asustado empezó a rezar pensando que no era otro que el mismo demonio quien le daba tales consejos, decidió cerrar los ojos y dormir esperando que al despertar esa extraña voz se hubiera esfumado.

Al amanecer aquel hombre decidió acercarse a una casa a pedir agua, aun no se había abierto la puerta cuando nuevamente se dejo escuchar aquella voz que le repetía: “si quieres pan, anda y roba”, “Quiero pan”, contesto el mendigo, “pues ve a robarlo”, dijo aquella voz, “me ahorcaran”, “Ve a robar”. Entonces el hombre se atrevió a preguntarle a la voz: “¿Quién me lo ordena? ¿Dios o el diablo?” y aquella voz guardo silencio ante tal cuestión, volvió a insistir el pordiosero: “¿No hay quien responda?”, “Ve a robar” le repitió nuevamente la voz. Aquel hombre asustado en sobremanera salió corriendo y entro en la catedral, trato de rezar pero tal era su nervio que no podía concentrarse, cuando ante sus ojos pudo ver una beata mujer que se acercaba a uno de los altares a prender una vela, pero lo que más llamó su atención fue la maravillosa alhaja que colgaba del cuello de la dama, escondido aquel hombre espero el momento preciso y entonces arrebato el preciado collar del cuello de la mujer y se dio en fuga. Cuando estaba a punto de huir con su botín, un caballero le detuvo y le preguntó: “¿Por qué robas?”, “Quiero pan”, contesto en ladrón. El caballero le aseguro que le daría pan si regresaba lo que se había robado y que no lo denunciaría, el hombre regreso su botín y siguió a aquel extraño hombre.

El extraño caballero llevo al mendigo a una callejuela apartada y escondido y le metió en una casa vieja y en bastante mal estado. En el interior se encontraban otros mendigos que con látigos en mano y disciplinas, golpeaban sin parar un gran paquete, cubierto con lienzos sucios y agujereados, pero eran tantos que no dejaban ver que se encontraba debajo de ellos. El hombre le propuso como a los demás mendigos que se uniera a esa tarea que a cambio de pegar a ese bulto le daría todo lo que quisiera comer y le amonesto diciéndole que no debería contarlo a nadie y que a las tres de la tarde en el momento en que todas las iglesias tocaran las campanas, ellos deberían incrementar la fuerza en sus latigazos; el hombre satisfecho con el trabajo y la comida decidió aceptarlo, a lo que el caballero le dijo que no olvidara agradecerle a Astaroth (uno de los nombres del demonio) por haber conseguido este tan buen trabajo, a lo que el mendigo no comprendió pues jamás había escuchado tal nombre; al anochecer el mendigo había pedido poder quedarse a pernoctar en aquel lugar a lo que accedieron, pero a la media noche la curiosidad le gano y decidió ir quitando aquellos lienzos y descubrir que se encontraba debajo de ellos, enorme es su sorpresa al encontrar debajo de ellos un Cristo clavado en una cruz. Lleno de angustia y arrepentido el mendigo se arrodilló ante la imagen y saliendo a la calle corriendo, gritaba pidiendo perdón por haber ultrajado una imagen del crucificado; el mendigo fue llevado a los cuarteles donde testifico lo que había visto y hecho a lo que el Santo Oficio no tardó en tomar manos a la obra y apresando a aquel hombre adinerado que se había apoderado de la imagen a través de engaños, fue condenado a la hoguera y su casa derribada. El Cristo fue llevado a la catedral en donde se le ofrecieron varias novenas en desagravio por las ofensas recibidas.

La capilla en la que actual se encuentra en un principio perteneció al gremio de los plateros, por lo cual estaba dedicado a San Eligio patrón de los mismos y poseía una bella imagen elaborada en plata de dicho santo, al desaparecer los gremios en 1867 el cabildo de Catedral pidió cambiar el patronazgo de la capilla a lo que se accedió con la condición de poner una imagen de San Eligio en algún lugar (cabe decir que de la imagen de San Eligio en plata no queda rastro alguno) a lo que la capilla comenzó a tener por patrón al Señor del Buen Despacho, la leyenda que ya se narró pudiera haber sido propiciada por el mismo cabildo para tratar de dar un nuevo auge a las ganancias económicas y a las fiestas en catedral debido a la perdida de las ganancias de los gremios sobre todo en el caso del de los plateros que era uno de los de mayor poder económico y que al dejar de existir dejo de llevar las grandes limosnas a catedral, por otro lado no hay que olvidar que durante la época colonial en Nueva España, la gente estaba tan imbuida en la religiosidad que muchos terminaban tratando de ir en su contra con sacrilegios, no es el único de este tipo que la inquisición trató, existían peores lo cual le da varios visos de realidad a la leyenda.

Bibliografía:

– Aguilar Valdés, José de Jesús, Mini guía Catedral metropolitana de la Ciudad de México, s/e, México, s/a.

– Ross, María Elena, Machorro Malija, Patria, et. al., “Las rutas de la fe: arte, devociones y maravillas del fervor en el centro histórico” en, Centro: Guía para caminantes, Núm. 13,  Año 3, México, publicación bimestral, octubre-noviembre, 2004.

– Ross, María Elena, Machorro Malija, Patria, et. al., “El origen y el desarrollo de un monumento extraordinario”, en: Centro: Guía para caminantes, Núm. 18, Año 3, México, revista mensual, 2005.

– Sierra, Loreto, “El Señor del Buen Despacho”, en Centro: Guía para caminantes, Núm. 47, año 6, México, revista mensual, diciembre, 2007.

André Efrén

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