El Señor de la Misericordia de Ocotlán, Jalisco

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la venerada imagen en Ocotlán, Jalisco (México).

Vista de la venerada imagen en Ocotlán, Jalisco (México).

Introducción
La Región Ciénega del Estado de Jalisco comprende varios municipios que están en torno a la rivera de la Laguna de Chapala, el lago más grande de México. Por esta razón esta zona es rica en tierras fértiles que hacen de la agricultura una actividad económica muy fuerte junto con la ganadería. La cabeza de esta región se encuentra en el municipio de Ocotlán, que tiene rango de ciudad y cuya etimología de origen náhuatl significa: “lugar donde abundan los ocotes”. En esta localidad está la Parroquia del Señor de la Misericordia, que alberga una imagen de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, misma que le da nombre a la iglesia y que es el tesoro más preciado de los habitantes de Ocotlán.

Historia
Luego de la Guerra de Independencia, la vida social de Ocotlán tuvo un deterioro moral entre sus habitantes. Las crónicas refieren como hacia el año de 1847 (año de la invasión norteamericana en México), las costumbres se habían degradado, tornándose en vicios y crímenes, sucediendo asaltos y asesinatos a plena luz del día, los valores cristianos se habían perdido en las luchas que se hicieron por obtener la independencia de España; la vida cristiana se enfrió y la indiferencia religiosa con el libertinaje sentaron su presencia en los corazones de los habitantes del lugar. Más la mano de Dios, que siempre se hace presente en el destino de la humanidad, se manifestó para que en medio del dolor y el sufrimiento, los que estaban alejados volvieran a su presencia. Él siempre busca que el que ha perdido su amistad vuelva a recuperarla y que quien como el Hijo Prodigo, ha caído en el pecado, experimente con su arrepentimiento, el perdón, su misericordia y la reconciliación.

El Párroco de Ocotlán, Julián Martin del Campo, narra en carta del 3 de octubre de 1847 al Gobernador de la Mitra de la Diócesis de Guadalajara y en otra fecha el 4 de octubre al Obispo Diocesano, el fenómeno que ocurrió en ese lugar dando origen a esta advocación del Señor de la Misericordia. En sábado 2 de octubre de 1847. un gran temblor de tierra azotó la región como a la 7:15 de la mañana, mismo que tuvo una réplica como entre las 9.00 y las 10:00; los destrozos causados fueron terribles, pues además de caerse la iglesia parroquial y el curato, todas las viviendas se vinieron abajo, quedando los moradores de Ocotlán a la intemperie; hubo desgajamiento de cerros, los animales huyeron a los potreros sin control alguno y quedaron muchos heridos y damnificados; entre los días 2 y 3 fallecieron cuarenta y seis personas. La situación a que quedo reducida la población no se podía describir.

Pintura en la parroquia de Ocotlán reproduciendo la aparición.

Pintura en la parroquia de Ocotlán reproduciendo la aparición.

No bien pasaron las veinticuatro horas de la catástrofe, como era domingo, el pueblo se reunió en lo que quedaba del templo o más bien dicho, en el cementerio que estaba en el atrio para participar en la misa. Entonces, como entre las nueve y diez de la mañana, ocurrió que en el cielo se figuró en una nube la imagen exacta y perfectamente definida de Jesucristo Crucificado por espacio de una media hora, mientras cerca de dos mil personas eran testigos de ese suceso, las cuales, de rodillas, imploraban con lágrimas en los ojos, misericordia a Dios con gritos incontenibles. Dicho acontecimiento con palabras parecidas fue notificado por José Antonio Jiménez, Alcalde de la Villa, al Gobierno del Estado. A estos testimonios se unen otros veintinueve, los cuales se integraron a un expediente que está resguardado en el Arzobispado de Guadalajara. Dichos testimonios se efectuaron el día 4 de octubre siguiente y recaban noticias sobre lo que vieron otras tantas personas entre ellos, los dos sacerdotes del lugar y otros ciudadanos que se consideraron por su probidad, como dignos para deponer la noticia bajo juramento. Todos los cuales coinciden en una aparición en el cielo de una cruz formada de nubes muy reluciente y sobre ella, la perfecta imagen de nuestro Redentor, misma que parecía descender sobre los presentes, causando honda emoción y llevando a todos a llorar por sus pecados e invocar la misericordia divina. La visión desapareció luego de poco más de media hora, mientras el crucificado movía su brazo derecho.

Como consecuencia de estos sucesos, el Obispo de Guadalajara, Don Diego Aranda y Carpinteiro se hizo presente en el lugar para dar apoyo material y espiritual a sus fieles, mandando también que se hiciera una investigación para dejar asentado el prodigio y poder emitir una sentencia eclesiástica al respecto, la que aunque se hizo, no tuvo el dictamen oficial. Así en 1871, los vecinos de Ocotlán pidieron por escrito al Párroco que se hiciera otra investigación, recabando testimonios de los sobrevivientes de ese año para tener una formal opinión de la Jerarquía. Entre los treinta y cinco testimonios sobresalen los de diez mujeres y de cinco sacerdotes, todos coincidieron que era cierta la piadosa creencia de la aparición del Señor Crucificado.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Hecho este expediente, el caso fue retomado en 1911, en que el Arzobispo de Guadalajara, Don José de Jesús Ortiz hizo una vista pastoral a Ocotlán, pidiendo al P. José María Cornejo el estudio del hecho histórico de la aparición del Señor de la Misericordia. Dicho sacerdote, analizando los expediente y en base a tres líneas:
1. Si hay información testimonial que obra en actas y esto es afirmativo,
2. si tales hechos son sobrenaturales y
3. si es factible aprobar la devoción que la Parroquia de Ocotlán profesa a una imagen llamada “Señor de la Misericordia”, emitió un juicio favorable, en el que vale la pena transcribir lo siguiente: “para este fin, basta que el hecho no sea un fraude o una alucinación y que sea históricamente cierto, esto último es evidente; en cuanto a lo demás las circunstancias de modo, lugar, tiempo, hace imposible cualquier suposición de fraude o ficción, o engaño o superchería, así como hacen imposible suponer la alucinación de un hecho que a plena luz del día presenciaron más de dos mil personas. Haciendo un esfuerzo de incredulidad, se podría decir que la cruz y hasta la imagen de Nuestro Señor Jesucristo que se dieron en el cielo fueron una de tantas formas caprichosas de las capas atmosféricas, las corrientes de aire, la desigualdad condensación y la multiforme expansión de los vapores de aire y los variadísimos efectos de la reflexión y refracción de la luz solar, concediendo que así hubiera sido, es decir, calificado este hecho de puramente natural, nadie negará que en aquellas circunstancias fue un medio de que Dios Nuestro Señor se valió para significar su Misericordia con su pueblo… fenómeno natural es el arcoíris y eso le bastó a Dios nuestro Señor para significar su alianza y misericordia al afligido Noé”.

Por esto expuesto, con Edicto del Arzobispo Don José de Jesús Ortiz, fechado el 29 de septiembre de 1911, se aprueba el culto y veneración de los fieles de Ocotlán a la venerada imagen, señalando en dicho edicto que la aparición no tenía duda, reservando un dictamen sobre el carácter milagroso a la Santa Sede. Dicho edicto dispone que “Para que nunca se desatienda la misericordia del Señor con aquel pueblo, queremos y mandamos que todos los fieles se congreguen y juren solemnemente en la presencia de Dios, por si y por sus descendientes, que año por año, celebrarán el 3 de octubre, con el esplendor posible, con acciones de gracias, la expresión de su reconocimiento a la multitud y grandeza de los favores recibidos”. Siendo este el origen de la fiesta en honor del Señor de la Misericordia. Cabe señalar que la legislación litúrgica impide que sea declarado o constituido o jurado por Patrón de un lugar a ninguna de las personas de la Santísima Trinidad; este juramento entonces no es para declarar Patrón de Ocotlán al Señor de la Misericordia, sino para jurarle vasallaje de amor, fidelidad y gratitud por parte de sus habitantes.

Monumento afuera de la parroqua en el espacio que ocurrió la aparición.

Monumento afuera de la parroqua en el espacio que ocurrió la aparición.

Descripción de la imagen
La imagen actual del Señor de la Misericordia es el resultado de un proceso que los fieles de esta ciudad siguieron para lograr una efigie que fuera lo más idéntica a la que se apareció en el cielo la mañana del 3 de octubre de 1847. La primera que se veneró fue una pintura que se presentó al Obispo en su vista pastoral en noviembre de ese año. La siguiente imagen es un crucifijo que actualmente se halla en la Capilla del Santísimo Sacramento en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de esa ciudad. La posterior es otra que se halla en la Sacristía de esta parroquia y la actual, que se halla en el altar mayor.

Ésta es una obra de Antonio Robledo, natural de Ocotlán, que data de finales del S. XIX y principios del S. XX y que cuando el autor la labró, lo hizo bajo la estricta vigilancia de varios testigos oculares y que cuando iba a poner mano sobre dicha escultura, oraba de rodillas pidiendo al cielo luz y acierto para realizar la imagen que se le había pedido. La tradición popular asegura que esta imagen de Nuestro Señor Jesucristo es idéntica a la que se apareció en el cielo. La descripción de la misma la hace el M.I.Sr. Cango. Don Luis Enrique Orozco Contreras en su libro de Los Cristos de Caña de Maíz y otras venerables Imágenes de Nuestro Señor Jesucristo: “Este Santo Cristo es casi del tamaño natural, los músculos de los brazos, antebrazos, piernas y tibias aparecen bien modelados y las formas de pies y de manos son perfectas. No tiene exageradas las costillas, ni aparece un Cristo sangriento. Son muy patentes, pero discretas, las llagas de sus rodillas, de los hombros y la herida del costado. Su rostro es hermoso y con manifiestas señales de dolor, con los ojos bajos, el ceño un poco fruncido, la nariz recta, la boca cerrada y la llaga de la mejilla izquierda poco sangrante. La cabeza dulcemente inclinada sobre el hombro derecho y el pie derecho sobre el izquierdo. Lleva sobrepuestas una peluca y porta la tradicional corona de espinas con las potencias hecha de oro”. Con motivo del 150° aniversario de la aparición se hizo una revisión y restauración de la imagen, que consistió en fumigación, limpieza de la cruz y la imagen, quitar los retoques y descubrir el color original, resane de grietas y craqueladuras, repintar la sangre, hidratación de la imagen. El trabajo estuvo a cargo del Escultor Felipe de Jesús Flores Domínguez y se realizó entre el 24 de julio y 20 de agosto de 1997.

Culto
Los habitantes de Ocotlán tienen un fervor enorme por este Santo Cristo y han tratado de varias maneras hacer patente ese cariño. Hacia 1936, el 3 de octubre, en un acto sin precedente, la imagen fue coronada y por tal motivo se compuso el himno en su honor. La coronación fue realizada por el Excmo. Sr. Obispo de Tabasco, Dr. Don Vicente Camacho, en sustitución del prelado diocesano Don José Garibi Ribera, quien por obstáculos que malintencionadamente pusieron hombres maliciosos para impedirlo, no pudo realizar la ceremonia. En 1947 se celebró el centenario de la aparición con un derroche de esplendor en honor al Señor de la Misericordia. En 1997, con la dirección del Párroco Don Rafael Martínez Sainz, ahora Obispo Auxiliar emérito de Guadalajara, se efectuó la celebración del siglo y medio de esta aparición con bastante fruto espiritual y alegría externa.

Decoración del templo parroquial durante el novenario a la venerada imagen.

Decoración del templo parroquial durante el novenario a la venerada imagen.

Cada año, el 20 de septiembre se hace la renovación del juramento de vasallaje al Señor de la Misericordia, en que los ocotlenses manifiestan el gran amor que profesan al Señor de la Misericordia, jurando por la Santa Cruz y los Santos Evangelios, celebrar en su nombre y el de las generaciones venideras, el 3 de octubre como fiesta. Tras un solemne novenario, las fiestas en honor del Señor de la Misericordia concluyen el 3 de octubre; estas celebracines tienen la particularidad de que todos los ciudadanos se unen por gremios para tomar un día de la novena, con el significativo detalle que cada día se cambian los adornos de la iglesia parroquial, apareciendo cada uno de ellos con diversos y muy hermosos arreglos compuestos por cortinajes, flores, luces y accesorios, rivalizando con el diseño del día anterior pero con el afán de honrar al Señor de la Misericordia.

Humberto

Bibliografía
– VVAA, Una mirada al pasado, 150 años de Misericordia. Impre-Jal, Guadalajara, Jalisco, 1998.

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