El Señor de la Penitencia de Mexicaltzingo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la imagen completa. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Vista de la imagen completa. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Introducción
Hasta hace unos años, la semana laboral en Guadalajara era compaginada con devociones que los tapatíos dedicaban a un día especial. En efecto, el lunes se visitaba, en la Catedral Metropolitana, la Capilla del Señor de las Aguas, para honrar a Dios Padre, por lo que dicha capilla también se le conoce como del Padre Eterno. El martes, San Antonio de Padua era visitado en su parroquia de la Colonia Moderna. El miércoles estaba dedicado a Santa Edwiges, en la parroquia de San Juan de Dios o de la Santa Cruz. El jueves estaba dedicado a Santa Filomena, recibiendo culto en la parroquia de San Pío X en la Colonia Morelos: el fervor era tan grande que este templo se conoció popularmente como Santa Filomena; vestigio de este fervor es la estación del tren eléctrico que pasa por afuera de este templo y que se conoce oficialmente como Santa Filomena. Concluía este peregrinar de templos los viernes, con la visita al templo parroquial de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, para venerar un crucifijo, llamado “El Señor de la Penitencia” y suplicarle su ayuda y protección. Si bien la devociones antes mencionada continúan con sus días establecidos, la afluencia ha mermado, pero el cariño de los devotos continúa y permanece de frente ante el paso del tiempo, la secularización y la indiferencia religiosa; con menor cantidad de personas pero con un compromiso por vivir la fe con mayor calidad.

Mexicaltzingo
La Ciudad de Guadalajara se fundó el 14 de febrero de 1542, luego de un itinerario que sus moradores hicieron para buscar el lugar más apropiado y fue en el valle de Atemajac donde finalmente se asentó la población. El fundador de la ciudad fue Cristóbal de Oñate, quien puso el nombre a la ciudad en honor a la ciudad donde nació Nuño Beltrán de Guzmán, principal colonizador de estas tierras del occidente de México. Entre los días 14 y 16 del mismo mes y año, se fundó el barrio de Mexicaltzingo, creado por el Virrey Antonio de Mendoza para que lo habitaran los indígenas que el mismo trajo para sofocar la rebelión de los indígenas caxcanes en el cerro del Mixtón, la que puso en peligro la conquista de México. Luego de este episodio, ellos se quedaron a vivir en ese lugar y por ello recibió el nombre de Mexicaltzingo, que significa “donde están las casitas de los mexicanos”.

Detalle del rostro de la imagen. Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

Detalle del rostro de la imagen. Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

La ciudad entonces fundada tenía como eje el río de San Juan de Dios, que dividía al poniente este barrio y al oriente el barrio de Analco, creado para ser habitado por los españoles. Como 1.5 km. Al norte estaba el centro de la incipiente ciudad y más al norte se ubicaba el barrio de Mezquitán. Al comienzo del S. XVII, Mexicaltzingo era atendido espiritualmente en una capilla de adobe dedicada a San Juan Bautista, la cual era dirigida por los frailes franciscanos, quienes habitaban el convento de San Francisco de Guadalajara. En este lugar tiene su origen la historia del Santo Cristo sobre quien trata ese artículo.

El Señor de la Penitencia
Como todas las imágenes famosas y antiguas, la historia del Señor de la Penitencia tiene parte de leyenda y parte de historia. Se cuenta que hacia finales del S. XVI, en el referido convento de San Francisco, moraba un religioso que tenía muchas ganas de tener un Crucifijo; en una ocasión el portero atendió a unas personas que llegaron buscando a tal hermano para venderle un crucifijo de tamaño natural que representaba a nuestro Señor muerto en la cruz. El portero avisó al superior, quien atendió a los visitantes diciéndoles que un fraile, por su voto de pobreza, no podía tener una imagen propia, por lo que era imposible que el hermano que buscaban comprara la imagen pues estaba limitado por su voto. Más los personajes no se desanimaron, insistiendo en dejar allí la imagen de Cristo y que luego de un tiempo, regresarían por el pago del mismo. El religioso que deseaba la imagen entonces rogó tanto al superior que aceptara, que éste finalmente accedió y la imagen se quedó en el convento.

Detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

El M.I. Sr. Cango. Don Luis Enrique Orozco Contreras, en su magnífica obra de varios tomos “Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo”, refiere al respecto que es muy probable que la imagen date de 1585 y que lo más seguro es que fuera elaborada en los talleres de Matías y Luis de la Cerda en Pátzcuaro, donde los misioneros se surtían de imágenes del Señor y de la Santísima Virgen para llevarlas en sus correrías apostólicas. Se tiene casi por seguro que fue Fray Lorenzo de Zúñiga quien consiguió esta imagen con otra muy semejante para traerlas a Guadalajara. La segunda de ellas permaneció en la iglesia del convento desde fines del S. XVI hasta la madrugada del 14 de abril de 1936, en que un incendio destruyó gran parte del templo, quemando totalmente esta imagen conocida como Señor de los Desamparados.

La otra imagen, la que nos concierne, estuvo colocada en el ángulo noroeste del convento, al pie de una escalera del antecoro del claustro y es de este lugar donde obtiene su nombre, pues cuando los estudiantes coristas no sabían dar la lección a sus maestros o cometían alguna falta, eran enviados a rezar su penitencia en lugar ante este Cristo, por esta causa se le quedó el nombre del Señor de la Penitencia. Este Cristo fue luego trasladado a una capilla llamada De Profundis, que era donde se velaba a los difuntos.

A comienzos del S. XVII, la imagen se hallaba en mal estado y desgastada por los efectos del tiempo, estaba desfigurada y apolillada. Esto hizo que los frailes la retiraran del culto público en el convento y encargaran a un indio vecino de Mexicaltzingo, responsable de estos menesteres, que se deshiciera de misma y la incinerara, para obtener cenizas y usarlas en el Miércoles de Ceniza. Este hombre quedó tan prendado del Crucifijo, que rogó a los frailes que mejor se la regalaran como finalmente sucedió. Le llevó entonces a su domicilio y viéndola tan picada, determinó llevarla al Convento de Jesús María, para que las monjas la restauraran, le hicieran una cabellera y la dotaran de un cendal. (Cabe recordar que en ese convento, atendido por las madres dominicas, es donde se venera a Nuestra Señora del Rayo, de quien ya se ha escrito un artículo.)

La imagen colocada en su altar. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

La imagen colocada en su altar. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

En este lugar la imagen del Crucificado se renovó a si sola, quedando como recién hecha, ante la admiración de todos. Allí el Señor de la Penitencia curó a una monja paralítica y se dice que otra monja se desposó con este Cristo, de cuya imagen se desprendió la mano derecha de la cruz, presentándole el dedo anular para colocar el anillo de sus desposorios eternos. La religiosa tomó entonces el nombre de Sor María de Jesús de la Penitencia. (No hay una fecha precisa del suceso que se puede ubicar no antes de 1722 en que se fundó el convento de Jesús María y no después de 1762, en que el párroco del Sagrario Metropolitano, de donde dependía entonces la ermita de Mexicaltzingo, daba cuenta a la curia de lo abrumado que se sentía por el gran número de devotos que visitaban a ese milagrosa imagen. La tradición refiere el año de 1760).

El indígena llevó luego la imagen a su casa, donde ésta recibía muchas visitas y peregrinaciones, pues muchísimos llegaron atraídos por la noticia de la restauración milagrosa; entonces la Sagrada Mitra determinó que fuera colocada en la pequeña capilla de San Juan Bautista de Mexicaltzingo para ser allí venerada. Esta capilla fue ampliada por disposición del Siervo de Dios Don Fray Antonio Alcalde, Obispo de Guadalajara quien luego la erigió en parroquia el 29 de julio 1782. Este mitrado, aparte de tener un gran amor a Nuestra Señora de Guadalupe, tuvo un particular afecto al Señor de la Penitencia a quien visitaba con cierta frecuencia, al grado que a su muerte, dejó estipulado en su testamento, que era su voluntad que su carroza fuera donada a esta parroquia para ser “estufa” del Santísimo Sacramento. Además de su bolsillo hizo una donación para la edificación del curato de la parroquia, cuyo edificio tuvo una construcción que resultó defectuosa, por lo que se han tenido que hacer más restauraciones: en 1844, 1858, 1880 y 1912. Durante la gestión del Señor Cura, el M.I. Sr. Cango y Mons. Don Hermión Aranda (1994-2003) se continuó con la construcción de las torres inconclusas de la iglesia, terminándose hasta la fecha únicamente la torre oriente tras muchos desacuerdos.

Mas la historia de esta imagen todavía incluye otra renovación: el 11 de octubre de 1872. Ya el párroco de esta iglesia había constatado en la tradicional bajada del Santo Cristo en el Martes de Carnaval que la pintura de la imagen sufría un grave deterioro y pasó que en la fecha referida, siendo ya muy noche y estando el templo cerrado, unos vecinos se percataron de que las ventanas de la iglesia despedían mucha luz; temiendo un incendio, avisaron entonces al sacristán y éste al párroco, quienes con unos vecinos ingresaron al recinto y constataron que del templete donde estaba la imagen brotaba un resplandor notabilísimo pero no de fuego. Esperando que llegara el día para despejar el enigma, se dieron cuenta que la imagen no solo estaba intacta sino inexplicablemente restaurada. Se levantó una relación canónica de lo sucedido pero lamentablemente se ha perdido.

Otro detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Otro detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Descripción de la imagen
La imagen del Señor de la Penitencia es de tamaño natural y está elaborada en Tzatzengui, pasta de caña de maíz. La obra en sí es realista y expresiva, lo que le ha causado la devoción de quienes lo veneran. Representa a Nuestro Señor Jesucristo muerto en la cruz, está sangrante pero no causa desagrado. Representa con crudeza los tormentos que el Señor padeció al ser sacrificado por nosotros, resaltando de manera particular las huellas de la flagelación. El tono de su piel es blanco, tiene la particularidad de pender en forma “Y” de la cruz. La delgadez de su cuerpo acusa origen patzcuareño y por la forma piramidal del abdomen, lo marcado de las costillas, la herida del costado muy abierta y la abundante sangre renegrida, se acentúa su estilo tarasco. La sangre de las heridas es profusa en todo el cuerpo y está bañado lastimosamente en ella desde el cuello.

Su semblante tiene una mezcla de dolor y angustia que despiertan veneración y respeto, su gesto es una mezcla de virilidad, ternura y compasión. Un fino bigote está sobre los labios y se pierde en una barba partida a la mitad, la cual está tallada. Sobre su cabeza se coloca una peluca postiza y se le sobrepone una corona de plata dorada con las tradicionales tres potencias. Su cintura aparece cubierta por cendales de diferentes colores, bordados y adornados con primor artístico. La cruz es de madera pintada de negro y de forma rolliza, de palos delgados; tanto la cabeza de la cruz como los brazos rematan en cantoneras de plata; el asta lleva en la parte superior el letrero tradicional de INRI.

Culto
En un principio, la imagen del Señor de la Penitencia se cubría con un velo, el cual se descorría los viernes para ser venerada, costumbre que se mantuvo hasta muy entrado el S. XIX; esto tuvo como resultado que el día dedicado a su culto fuera el viernes. El día de su fiesta desde antiguo es el Jueves de Ascensión, fiesta que ha sido trasladada a domingo con la reforma del calendario litúrgico. Fray Luis del Refugio Palacio refiere en sus apuntes que en el S. XIX, cada viernes del año era innumerable la afluencia de peregrinos al templo desde el amanecer hasta que era cerrado y que el día de la fiesta, la iglesia no daba cabida a todos los devotos que iban a visitarlo.

Otra vista de la imagen colocada en su altar.  Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

Otra vista de la imagen colocada en su altar. Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

En 1971 se creó la guardia de Honor del Señor de la Penitencia; en 1972 se celebró con esplendor el primer centenario de la segunda renovación, fecha en que se ciño su cabeza con una corona de oro elaborada por el afamado orfebre Manuel Peregrina. Esta ceremonia la presidió el entonces Arzobispo Primado de México, Cardenal Ernesto Corripio Ahumada. Actualmente la imagen del Señor de la Penitencia preside el retablo del altar mayor, ubicado en la hornacina superior. Cada año, como es tradicional, el Martes de Carnaval, la imagen, que está a la intemperie, es bajada y se limpia con bolitas algodón, las que son luego distribuidas como reliquias entre sus devotos.

En octubre de 2007, con motivo de las bodas de oro sacerdotales del ahora Arzobispo Emérito de Guadalajara, Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, se reunieron luego de una procesión, varias imágenes célebres del Señor Crucificado hechas de pasta de caña de maíz en la Catedral de Guadalajara. De esta manera, el Señor de la Penitencia volvió a la Iglesia Madre de la Diócesis una vez más luego de mucho tiempo, pues en otras ocasiones ya había sido llevado para pedirle su protección durante el temporal de lluvias. En 1809 se le hizo en esa misma iglesia un novenario para pedirle por la independencia de España, que estaba entonces bajo el dominio de los franceses.

Vista completa del altar mayor, con el Cristo coronándolo. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

Vista completa del altar mayor, con el Cristo coronándolo. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

Este jubileo dio pie para dar una revisión profunda a la escultura, la que se encontró deteriorada nuevamente. La comunidad parroquial no contaba con fondos para hacer una restauración adecuada, pero hizo un gran esfuerzo para recabar fondos con que pagar los gastos de la misma, la que finalmente pudo hacerse con un resultado exitoso. Esta vez, sin necesidad de sucesos sobrenaturales, el Señor de la Penitencia luce como nuevo en su sede. Esta restauración la hizo Felipe Flores con el método tradicional con que fue elaborada; se descubrió entonces al revisarse la espalda, que la imagen era hueca, sostenida por una penca de maguey, la que se llenó de haces de caña de maíz y con ello se vino abajo la conseja que aseguraba que al renovarse, se había transformado en una materia sólida y pesada.

En el año 2008, el referido Arzobispo Cardenal Juan Sandoval, elevó al grado de Santuario Diocesano del Señor de la Penitencia a la Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo; no es posible dejar de referir que en el interior de esta Iglesia se conserva la pila bautismal donde recibió el primer sacramento San José Jenaro Sánchez Delgadillo, uno de los Santos Mártires mexicanos. También conviene destacar que la Beata María Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco vivió en este barrio y por influencia del Hospital sostenido por las Damas de las Conferencias de San Vicente de Paul, nació su carisma fundacional de la Congregación de la Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres.

Un signo característico de esta devoción tiene su origen el 27 de abril de 1896, cuando un robo sacrílego despojó a la imagen de una corona de espinas de oro, los clavos y algunas sortijas puestas en sus dedos. El mortificado párroco aunó el disgusto de los tapatíos por este crimen y para desagraviar a Dios por este suceso, implementó un acto de desagravio que causó la práctica piadosa de imponer cada viernes la Corona del Señor de la Penitencia a los peregrinos que la visitaban. El Arzobispo de Guadalajara, Don José de Jesús Ortiz, además de aprobar este acto de piedad, concedió 100 días de indulgencia a los que la practicaran. Al ser impuesta la corona se dice: “Veneramos Señor tu corona, adoramos tu gloriosa Pasión, concédenos la gracia de la conversión”.

Fachada de la parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, México, donde se venera la imagen.

Fachada de la parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, México, donde se venera la imagen.

Cada viernes se celebran en esta iglesia cuatro misas debido a la gran afluencia de devotos: 8.00. 12.00, 19.00 y 20.00. Quienes visitan al Señor de la Penitencia en este día, se les coloca su corona lo invocan con esta plegaria:

“¡Oh Dios de suma bondad
pues eres toda clemencia,
de nosotros ten piedad,
Señor de la Penitencia!”

Humberto

Bibliografía:
– HÍJAR ORNELAS, Tomás de, Bicentenario del Templo Parroquial de Mexicaltzingo. Fe, Historia y Arte, Guadalajara, Jalisco, 2008.

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