Santas Sabina y Serapia, mártires romanas

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Detalle de las Santas en un extremo del ábside de la Basílica de Santa Sabina, Roma (Italia). Fresco de F. Zucchari.

Hoy, día 29 de agosto, se conmemora a una mártir romana de nombre Sabina, prácticamente desconocida hoy en día salvo por la célebre Basílica paleocristiana que tiene consagrada en Roma; y que aparece asociada a otra mártir, de nombre Serapia (Serafia o Serafina) que es conmemorada, por su parte, el día 3 de septiembre.
Estas dos Santas constituyen un problema hagiográfico bastante intrincado y para solucionarlo hay que examinar sistemática y cronológicamente las complejas y oscuras fuentes que hay sobre ellas a fin de intentar hacer un poco de luz y establecer, en la medida en que sea posible, la verdad histórica sobre las dos.

Durante el pontificado del Papa Celestino I (422-432), un sacerdote llamado Pedro edificó una basílica en el Aventino, basílica que ya en los documentos de aquel siglo (por ejemplo, en los del Sínodo del año 499) es conocida con el titulus Sabinae, mientras que en el siglo VI ( documentos del Sínodo del año 595 y Liber pontificalis) la llaman titulus sanctae Sabinae. Según el Sacramentario Gelasiano de San Galo, así como el Sacramentario Gregoriano, anualmente, el 29 de agosto, se festejaba la dedicación de la basílica a esta Santa. Es decir, la misma fecha en la que actualmente celebramos a la Santa es, en realidad, la fecha de la dedicación de su Basílica en Roma.
Así pues, lo primero que se tiene documentado es la construcción y dedicación de una basílica romana a una Santa de nombre Sabina. No es hasta el siglo VI cuando aparece una passio que pretende dar voz y vida a la persona a la cual se intitula la Basílica.

Esta passio nos dice que Sabina era una noble romana, hija de un metallarius -explotador de minas- muy rico llamado Herodes, y viuda joven de un tal Valentín. Contrariamente a lo que era costumbre entre las viudas romanas, no volvió a casarse y vivió rodeada de lujos en su palacio del Aventino -el mismo lugar donde hoy se alza la Basílica-. Cierto día compró a una esclava virgen de nombre Serapia, que procedía de Antioquía de Siria y profesaba la fe cristiana. Durante mucho tiempo, la domina se dedicó a atormentar a su esclava con su carácter irritable y antojadizo, maltratándola de obra y de palabra, y vertiendo en ella todo su malhumor. Serapia sobrellevaba los maltratos con serenidad, alegría y resignación, y por fin, un día, cuando Sabina le preguntó cómo podía soportarla sin quejarse ni poner mala cara ni una sola vez, Serapia le confesó que era cristiana y que su fe la ayudaba a sobrellevar todos los pesares.
Su ama quedó admirada por estas palabras y dejó de maltratarla. Con el tiempo, quiso aprender sobre esta religión nueva para ella, se instruyó en ella, la abrazó con fervor y al fin se bautizó. Por consejo de Serapia, quien ahora era su amiga, decidieron retirarse a unas posesiones que la matrona tenía en Umbría, y allí hicieron vida solitaria, dedicándose a las tareas de hilado y a la oración; pero también a reunirse con mujeres lugareñas y a instruirlas en la fe cristiana.

Martirio de Santa Serapia. Iluminación gótica de M.François para el códice Speculum Historiale de Vincent de Beauvais (s.XV).

Pero pronto, el prefecto del lugar, de nombre Berilo, supo de estas reuniones femeninas y, aunque al principio no les dio importancia, pronto supo que se predicaba el cristianismo y montó en cólera. Averiguó que las predicaciones las llevaba una esclava de nombre Serapia y mandó a sus hombres a por ella. Cuando Sabina los vio llegar, mandó a sus esclavos que atrancaran las puertas; pero, como fueran muy violentos los golpes que daban y como Serapia no paraba de rogarle que no se pusiera en peligro por su causa, al fin abrió las puertas y los soldados echaron mano a la esclava. Indignada, Sabina hizo preparar su litera y se presentó ante Berilo, quien, impresionado por la nobleza, riqueza y dignidad de la aguerrida matrona; tuvo miedo de emprender acciones contra una patricia y mandó liberar a Serapia, a la que devolvió a su señora.

Pero tres días después, Berilo se las arregló para detener a la esclava sin que Sabina estuviese presente, y tras hacerla venir a su presencia; intentó hacerla sacrificar a los dioses. Como Serapia se negó enérgicamente a ello, Berilo la entregó a sus soldados para que la violaran; y después fue cruelmente torturada: la azotaron, le quemaron el cuerpo con antorchas y finalmente fue decapitada cerca del arco de Faustino, el día 4 de las calendas de agosto (o sea, el 28 de julio).

Sabina, en cuanto lo supo, acudió a recuperar el cuerpo de su esclava, y tras amonestar duramente a Berilo por lo que había hecho, ungió el cadáver de Serapia con aromas y le dio sepultura en la tumba que había construido para ella misma, en el solar de Vindiciano, junto al Aventino.

Santa Sabina entierra a Santa Serapia. Lienzo de Claude Lorena (1637-39). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Ya queda claro que Sabina tenía un carácter aguerrido, pero desde el martirio de su esclava, animada por su ejemplo, lo tuvo todavía más. Ya no ocultó más su fe sino que la mostró abiertamente, continuando con sus reuniones evangelizadoras, dando limosnas a los pobres, visitando a los enfermos y entrando hasta en los antros más inmundos para dar su consuelo y su ánimo a todos, sin recordar que era una rica matrona. Su actitud atrevida llamó la atención de un nuevo prefecto, de nombre Elpidio, que la mandó detener y traer ante sí. La amenazó muy seriamente, diciendo que debía detener aquellas acciones si no quería verse condenada a muerte; pero como Sabina lo despreció, mandó confiscar todos sus bienes y decapitarla también en el arco de Faustino, donde, un mes antes, su esclava Serapia había padecido el martirio. Era el 29 de agosto.

Viendo la coincidencia, ya mencionada, entre el martirio de Sabina y la dedicación de su Basílica, cabría preguntarse si la intención del autor de esta passio era ilustrar la fundación del titulus, o si Sabina es realmente una mártir auténtica; a la cual, debido a la falta de noticias fidedignas, se habría confundido e identificado con la santa titular de la basílica del Aventino. [1]
Por desgracia, ni en esta passio ni en los martirologios posteriores encontramos información que nos ayude a solucionar este problema: ni cronológica -¡¡no se especifica la época del martirio!!;- ni geográfica -no se dice bien dónde tiene lugar el martirio… ¿Umbría? ¿Roma?-. Adón, leyendo los nombres de los prefectos que condenaron a Sabina y Serapia -Elpidio y Berilo- dedujo que podría haber sido en tiempos de Adriano, pero esto no parece posible, primero, porque ya hemos comentado anteriormente, en otros artículos, que a pesar de su mala fama no se ha documentado verídicamente ninguna persecución en tiempos de este emperador; segundo, porque existe una aportación de un obispo de Vienne -por lo demás, muy confusa- donde da algunas pistas geográficas que de hecho, he mencionado también cuando hablaba de la passio: oppidum Vendinensium, arcus Bini, arcus Faustini y area vindiciani. Estos datos hacen pensar que podría tratarse de una localidad distinta a la ciudad de Roma, pero no se puede identificar qué lugar es, aunque algunos estudiosos tienden a pensar que se trata de indicaciones a ciertos lugares concretos de Roma.

Juicio y martirio de Santa Sabina. Iluminación gótica de M. François (s.XV) para el códice Speculum Historiale de Vincent de Beauvais.

Para empeorar las cosas, en los martirologios históricos se nota una progresiva contaminación entre las noticias que van apareciendo, referidas a la basílica del Aventino. Por ejemplo, Beda dice que el día 29 de agosto se recuerda a la virgen Sabina martirizada en Roma (dice virgen, no viuda, como afirma la passio); Floro especifica que fue martirizada en el Aventino, confundiendo lugar del martirio con lugar donde la basílica estaba situada; Adón, siguiendo en esta línea, escribe: Romae in Aventino, in oppidum Vindinensi, ad arcum Faustino… Sabinae martyris… quae passa est Adriano imperante… iuxta aream Vindiciani (esto es, recoge y mezcla todo lo dicho por unos y por otros anteriormente) e incluye por primera vez en su martirologio la fecha del 3 de septiembre para referirse al martirio de Serapia, en contra de lo que decía la passio -la cual, recordemos, ubicaba el martirio de la esclava el 28 de julio, un mes antes del martirio de su ama- diciendo: Romae… natale beatae Seraphiae virginia… passa est auten IV Kalendas augusti, et sepulta iuxta aream Vindiciani in monumento illustris martyris Sabinae, II Kalendas augusti. Compositum vero et ornatum est venerabile sarcophagum ambarum, et locus orationis condigne dedicatus III Nonas septembris. Todo esto es un puro invento de Adón, que mejor se hubiera ceñido a los datos de la passio para no liar más la madeja. [2]

Pero todavía no hemos acabado con los atropellos. Usuardo copió a Adón el 3 de septiembre como dies natalis de Santa Serapia, pero no dice nada sobre el día de la dedicación de la basílica. Más tarde, por fortuna, Baronio corrige el error de Usuardo. En la actual edición del Martirologio Romano (año 2001) pasa el día 3 de septiembre al 28 de julio, que es el dies natalis de Serapia según la passio y añade por su cuenta que el 3 de septiembre es el día del traslado de los restos de Serapia… ¿Alguien da más? Es obvio que cada autor ha ido añadiendo y corrigiendo lo que le ha dado la gana, guiados únicamente por su gusto personal e impresiones particulares, sin criterio científico y sin pruebas ni datos que respalden sus arbitrarias conclusiones.
El Martirologio Jeronimiano recuerda sólo a Sabina el día 29 de agosto, diciendo que es una virgen martirizada en Roma (tampoco la pone como viuda).

Detalle de Santa Savina en el cortejo de vírgenes de San Apolinar el Nuevo, Rávena (Italia).

Viendo todo esto, se puede concluir que es imposible dar una respuesta segura a la historicidad y a la personalidad de las dos mártires. Sí se pueden proponer algunas hipótesis que pueden ser más o menos verosímiles según quien las vea:
1. Serapia, la esclava siria de Sabina, es un personaje ficticio inventado por la fantasía del autor de la passio.
2. Sabina, la titular de la basílica del Aventino, no fue mártir, pero el hecho de que le dedicaran esta iglesia hace que se la haya considerada como tal (tal y como ocurre en el caso de Balbina).
3. Es dudoso que haya existido una mártir llamada Sabina que haya vivido y muerto en un lugar apartado de la Umbría italiana (el oppidum Vendinensium), lugar que el hagiógrafo De Rossi identifica con Vindena. Esta ciudad aunque actualmente ha desaparecido, pero estaba en la provincia de Terni.

Sin embargo, cabe decir que existen una mártir llamada Savina -con V- que figura en el grandioso cortejo de las vírgenes, mosaico paleocristiano de San Apolinar el Nuevo de Rávena (s.VI); pero sobre la cual no sabemos nada: ¿representa a la presunta mártir de Vindena? ¿Es, en realidad, la titular de la basílica del Aventino, sea o no mártir? No hay respuesta.

Dicha basílica del Aventino, actualmente una de las joyas más valiosas del arte paleocristiano, fue construida en el siglo V, restaurada en el IX y donada posteriormente por el papa Honorio III (1216-1227) a la Orden de Santo Domingo (los dominicos), quienes actualmente la gestionan, de ahí la abundancia de representaciones artísticas de santos dominicos y la casi total ausencia de la representación de estas mártires, arrinconadas en un extremo del ábside.

En el sarcófago que hay bajo el altar mayor están los restos de las mártires Sabina y Serapia y de los santos Alejandro, Evencio y Teódulo, llevados a este lugar desde las catacumbas de la Via Nomentana por el papa Eugenio II (824-827); y colocados en dicho sarcófago en 1586. El papa Sixto V hizo un reconocimiento de estos restos y actualmente se cree que el dicho mártir San Alejandro es el papa Alejandro I (105-115).
Existe también otra imagen y presunto sepulcro de una mártir de nombre Sabina en la iglesia de los Santos Lucas y Martina al Foro Romano, pero ésta se trata, sin duda alguna, de una mártir de las catacumbas; lo mismo que se puede decir de muchos otros corposantos que son erróneamente considerados como Sabina la romana.

Sepulcro de las Santas Sabina y Serapia (urna detrás de la rejilla de mármol, bajo el altar mayor). Basílica de Santa Sabina, Roma (Italia).

Resumiendo todo lo dicho hasta ahora: de las Santas mártires Sabina y Serapia nada se sabe con certeza. Es muy probable que la mencionada Sabina sea simplemente la mujer que puso los medios para dedicar la Basílica de Santa Sabina y no una mártir del mismo nombre; que podría haber existido pues así consta en el cortejo de las vírgenes de San Apolinar (aunque escrito su nombre con V); pero de la cual no sabemos nada de nada. Es muy importante no confundirla con otra Santa Savina, matrona de Milán.

Meldelen


[1] Recordemos que algo muy similar lo vimos en los casos de Santa Balbina y Santa Prisca, donde es casi imposible decir si realmente existen tales santas mártires, o son simplemente las fundadoras de sus respectivas basílicas, identificadas erróneamente con santas mártires del mismo nombre.
[2] Esto viene a confirmar, una vez más, que no pocas veces los autores de martirologios y passio hacen lo que les da la santa gana a la hora de redactar vidas de Santos, que luego, para más inri, son tenidas -casi- como palabra de Dios.

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