Santas de nombre Angélica

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Beata Angélica Leonti de Milazzo. Fresco del claustro de los Mínimos en Grottaglie, Italia.

Beata Angélica Leonti de Milazzo. Fresco del claustro de los Mínimos en Grottaglie, Italia.

Angélica, entre los testigos de Jesús: el significado del nombre
Deriva del griego ànghelos, “mensajero”, como Ángela, su variante más común, y refleja la devoción y el culto a los ángeles. Algunas obras literarias, como el Orlando Furioso de L. Ariosto, han contribuido a su difusión. La onomástica se festeja el 27 de enero para Santa Ángela Mérici o para los Santos Arcángeles (29 de septiembre, “la corte angélica”) porque no existe ninguna Santa o Beata de nombre “Angélica” conmemorada en el Martirologio Romano.

Angélica de Milazzo, dicha “Beata” (6 de diciembre, s. XVI)
La rama de la Orden de los Mínimos fundada en 1500 por San Francisco de Paula tuvo su propia Tercera Orden, abierta a laicos, hombres y mujeres. A la Tercera Orden de San Francisco de Paula pertenece la “Beata” Angélica, fallecida en 1559. Era oriunda de Milazzo, bellísima de aspecto, sensible y virtuosa. La joven de Milazzo debió, según los deseos de su familia, haber seguido el destino de tantas de sus contemporáneas, eligiendo un esposo o mejor dicho, aceptando el que sus padres le destinaran, para formar una familia terrenal. Pero Angélica se resistió con terca obstinación, más fuerte que las lisonjas y las amenazas, que no le faltaron al menos durante un cierto período de su vida. En el momento de tensión más grave, recurría al Crucificado, implorándole ayuda. Fue auxiliada por la Cruz con una cruz, esto es, con una gravísima enfermedad, que puso en peligro su propia vida. Fue entonces cuando, por promesa, tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco de Paula. En ese hábito, a modo de coraza mística, se sintió segura de poder quedarse para siempre con el estado deseado.

Superada su enfermedad, volvieron las insistencias y presiones. Pero, posteriormente devorada por un tumor maligno, su belleza se trocó en repulsión, mientras el sufrimiento punzante le afinaba el espíritu, consumiendo su cuerpo como un fuego hasta la muerte.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastrioti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastrioti.

María Angélica Mastroti de Papasidero, dicha “Beata” (26 de mayo 1851, Castelluccio Superiore 1896)
Vivió en olor de santidad. A los seis años enfermó de tuberculosis, quedándose paralítica durante 13 años. Cuando todos estaban a la espera de su inminente final, fue curada milagrosamente en 1870. Sin embargo, sus sufrimientos no cesaron: un cálculo en la vesícula le procuró sufrimientos indecibles hasta 1873, cuando una segunda intervención sobrenatural la liberó de su mal; pero su deseo de expiación la condujo a mortificar su cuerpo haciendo uso de cilicios, ropa de cama con espinas y sometiéndose a largos ayunos. Su vida ascética le procuró frecuentes éxtasis durante los cuales hablaba con la Virgen y el Hijo que tenía entre sus brazos.

Esta implicación espiritual tuvo consecuencias físicas. Una herida de la cual manaba sangre espesa se abrió espontáneamente en su costado y ya no se cerró. En 1890, para estar junto con su sobrino Nicolás que se había hecho sacerdote, se trasladó a Castelluccio Superiore (PZ) donde continuaron verificándose hechos prodigiosos vinculados a su persona, tanto que su fama se extendió por las comarcas vecinas. En Castellucció falleció el 26 de mayo de 1896. Su tumba es todavía meta de peregrinaciones de numerosos fieles.

Beata Angélica de Caicle, ermitaña del monte Guardia en Bolonia (s.XII)
Angélica, hija de Caicle y de Bolonia, aparece en la escena de nuestros documentos el 30 de julio de 1192: en el documento así fechado, Angélica (que tiene una edad presumible entre los 20 y los 28 años) declara querer dedicarse completamente al servicio de Dios en la soledad, de modo que llevará una vida eremítica (una opción religiosa muy difundida en el contexto del gran movimiento de renovación espiritual y reforma en la Iglesia de los ss.XI-XII). Elige como lugar de retiro un terreno de su propiedad en el monte de la Guardia y manifiesta la intención de construir un eremitorio, una casa para ella y para las otras ermitañas que quisieran unirse a ella y, si el Señor lo quiere, una iglesia. Como la comunidad religiosa necesitará asistencia sacerdotal (para la administración de sacramentos y celebraciones litúrgicas, si hay una iglesia), Angélica cede su propiedad a los Canónigos de Santa María de Reno y San Salvador a cambio de asistencia sacerdotal. Asimismo, se reserva el usufructo y el rendimiento de los bienes cedidos y de otros que pueda heredar o recibir en donación para el crecimiento de su fundación religiosa.

Fotografía coloreada de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza.

Fotografía coloreada de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza.

Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977)
Con María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977), religiosa contemplativa de la Orden de la Visitación de Santa María, el continente latinoamericano da un paso gigante en los caminos del espíritu, alineándose con la tradición secular europea, llena de célebres figuras de místicos. El México de los primeros decenios del siglo XX exalta su turbulenta existencia en un claustro, donde vivió en íntimo martirio de amor el sangriento devenir de su patria. En ella confluyó límpido el carisma de la Orden de la Visitación, inspirado en la doctrina del fundador, San Francisco de Sales, Doctor del Divino Amor, que añade al monte Calvario la morada de sus Hijas. También transparentó el reclamo de la experiencia de Santa Margarita María Alacoque, de modo que María Angélica Álvarez Icaza se unió a las discípulas predilectas del Sagrado Corazón del Verbo Encarnado.

Venerable Angélica Durà
La Venerable fue terciaria mercedaria en Valencia. Murió en olor de santidad después de que la Virgen María le revelase el día de su muerte. La Orden Mercedaria la recuerda el 22 de abril.

Sierva de Dios María Angélica Pérez (1897-1932)
La Sierva de Dios María Crescencia, argentina, fue religiosa profesa de la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Huerto (1897-1932). Es una Hermana Gianellina.

Sierva de Dios Madre María Luisa Angélica Clarac (Auch 1817 – Moncallieri 1887)
La Madre María Luisa Angélica Clarac, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, nació en Auch (Francia) el 17 de abril de 1817 y regresó al Señor en Moncallieri (To) el 21 de junio de 1887. Nuestro punto de partida es el 3 de mayo de 1871, día en el cual, por un providencial y misterioso designio de Dios, la Madre Clarac abandonaba su Congregación y, sufriendo por el desapego, dio origen a una nueva familia religiosa. El lugar de nacimiento del instituto es la ciudad de Turín, en la calle S. Pío V, donde, junto a la capilla dedicada a la Virgen venerada con el título “Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús”, reposan los restos mortales de la fundadora, cuya causa de canonización está en curso.

Estampa de la Venerable Angélica Juana María de Jesús.

Estampa de la Venerable Angélica Juana María de Jesús.

Venerable Angélica Juana María de Jesús (1861–1935)
La Madre Angélica Juana de Jesús, en el siglo Flora Bracaval, nació en Mouscron (Bélgica) el 3 de mayo de 1861. Entró en las Angélicas de San Pablo, fundadas por San Antonio Maria Zaccaria, y pronto fue reconocida como digna de los más altos cargos del instituto Angélico. De 1919 a 1931 fue la superiora general y difundió la Congregación en Italia, Brasil y Bélgica. Murió con fama de santidad en Arienzo (CE) el 26 de enero de 1935.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* sitio web newsaints.faithweb.com
* sitio web wikipedia.org
* sitio web santi beati.it

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Santidad Calabresa (I)

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Mapa de la zona de Calabria (Italia).

Mapa de la zona de Calabria (Italia).

Premisa: como la retama
Cuando era un niño, y luego un chaval… tuve la alegría de pasar muchos meses en la casa de los abuelos, durante el verano, en San Sostene (Catanzaro). Allí participé en la vida civil y en la Iglesia. Siempre recuerdo con alegría, emoción y devoción los gestos y ademanes que hacíamos los niños en el mes de junio, en la procesión del Corpus Christi… y posteriormente, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús: esparcíamos retama mezclada con pétalos de flores por los callejones y las calles de la localidad. Era un espectáculo… pasaba el Señor y poníamos la alfombra que se les pone a los invitados. ¡Los santos son un poco como la retama, como la alfombra, sobre la cual pasa el Señor! Así eran los Siervos de Dios María Antonia, Rosella, Concetta y María Angélica. Pero antes de avanzar en la santidad de Calabria, escuchemos…

La Calabria…., así escribe en una carta, San Bruno el cartujo a Rodolfo el Verde: “Vivo en una ermita, aislado de todos los hombres, que está situada en Calabria y lo hago con mis hermanos de religión, algunos de los cuales son personas de alto nivel. Montamos guardia obstinadamente, esperando el regreso del Señor, para abrirle inmediatamente cuando golpee en la puerta. ¿Cómo puedo hablar dignamente de la belleza de este lugar, de la dulzura y salubridad de su aire, de sus llanuras amplias y gratas que se extienden entre las montañas, donde hay verdes prados y florecientes pastos? ¿O si describiera adecuadamente lo que se ve por todas partes desde lo alto de las colinas, los oscuros recovecos de los valles, con abundancia agradable de ríos, arroyos y fuentes? No faltan los huertos de regadío, con todo tipo de árboles frutales, utilísimos por su fertilidad. La soledad y el silencio de la ermita, nos son útiles y fuente de una divina alegría que Dios da a quienes lo aman. Yo solo se que lo experimento, que lo siento. Aquí, a los hombres fuertes les es lícito recogerse cuanto quieran, permanecer en ellos mismos para, apasionadamente, cultivar las semillas de la virtud y alimentarse abundantemente de los frutos del paraiso. Aquí tratamos de conseguir esa visión, que hiere serenamente al esposo con su amor y a través de cuya pureza, se puede ver a Dios. Aquí se practica un ocio activo y una actividad ordenada y tranquila. Aquí Dios fragua a sus atletas, en la fatiga de la lucha, la recompensa deseada, la paz que el mundo desconoce y el gozo del Espíritu Santo”.

De la homilía de Monseñor Giancarlo Brigantini, obispo de Gerace-Locri, del 2 de mayo del año 2000: “Tertuliano decía que Dios puede hacer grandes cosas con cosas pobres. En esto consiste la santidad: grandes cosas con cosas pobres. Un poco de pan se convierte en su cuerpo, unas gotas de vino se convierten en su sangre, para que nuestra frágil comunidad se convierta en su presencia, en una joven muchacha que puede llegar a ser un modelo para muchas otras: este es el misterio de hoy, de una palabra que utilizamos desde el punto de vista afectivo, no jurídico, la santidad… Dios no ha pasado en vano, sino que ha dejado su semilla. Él entró en la historia y el soplo de su Espíritu ha dado vigor a todas las cosas”

Introducción
La santidad calabresa tiene sus orígines en el apóstol Pablo y en su discípulo, Esteban de Nicea, primer obispo de Reggio y de todos los brucios. A través de los siglos, el Espíritu Santo ha conquistado a muchas almas y las ha convertido en imágenes de Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios. Recordemos el gran grupo de mártires calabreses: desde los mártires de Locri a Daniel de Belvedere, el esplendor de los monjes italo-grecos y las grandes glorias de la tierra calabresa: San Francisco de Paula, San Cayetano Catanoso y San Humilde de Bisignano. Otros muchos están en la gloria del Padre que está en los cielos, pero en este artículo queremos hacer hincapié en algunos de ellos, menos conocidos, pero muy queridos e invocados.

La Sierva de Dios Concetta Lombardo, virgen y mártir. Lienzo de Ferruccio Mataresi.

La Sierva de Dios Concetta Lombardo, virgen y mártir. Lienzo de Ferruccio Mataresi.

El lirio de Stalettì: Concetta Lombardo
Concetta Lombardo nació en Staletti en la provincia de Catanzaro, el 7 de julio de 1924, y cuando sólo tenía siete meses, murió el padre y su madre, con enormes sacrificios, tuvo que cuidar ella sola a sus dos hijas: Concetta y Ángela. Siendo adolescente era admirada por su hermosura, pero aún más estimada por su fervorosa piedad, candorosa de corazón y espíritu de sacrificio. Su fe, simple pero sincera, le daba suficientes fuerzas para dedicarse con amor a los trabajos domésticos, a las labores del campo y a sus compromisos como costurera. Participaba con entusiasmo en las iniciativas pastorales de su parroquia, era miembro activo de la Acción Católica, desempeñaba con celo el trabajo de catequista y profesaba la regla de la Tercera Orden Franciscana.

Preparada para una propuesta de matrimonio que le habían hecho, soñaba con realizar su feminidad con un amor bendecido por el sacramento del matrimonio, pero sus sueños no pudieron hacerse realidad, a causa de la pasión de un hombre casado y con hijos, que la asediaba de todas las maneras posibles, con el pretexto de llevarla a vivir con él. Durante dos años tuvo que defenderse enérgicamente de este acoso, hasta que el 22 de agosto del año 1948, mientras trabajaba en el campo con una tía suya, en la colina de Copanello, el pretendiente, firmemente ofuscado, al verse rechazado le disparó un mortal tiro con una pistola; luego, volvió el arma contra sí mismo y se quitó la vida.

Este hecho causó un gran revuelo y muchos vieron la muerte de Concetta como un verdadero martirio. La Tercera Orden Franciscana hizo todo lo posible por poner en valor el heroico comportamiento de esta muchacha de tan sólo veinticuatro años, que era un verdedero modelo de constancia y de fidelidad evangélica, y que era un luminoso ejemplo para el mundo de hoy. Con la ayuda de los Frailes Menores Conventuales, se inició la Causa de beatificación, que fue introducida por el arzobispo de Catanzaro-Squillace, el 30 de enero del año 1990.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

La mística de Papasidero: María Angélica Mastroti
El 4 de febrero de 1851 vio la luz en Papasidero, hija de Nicolás y Cayetana Orofino, María Angélica Concetta Filomena Mastroti, que tenía, entre otros, “a su hermana Josefina y a su hermano Francisco”, que llegó a ser arcipreste, “además de un sobrino llamado Nicolino, también sacerdote”. María Angélica Mastroti (o Mastrioti), siendo pequeñísima, ella sola se encerraba “delante del cuadro de la Virgen con el Niño en brazos y pedía a la Virgen que le dejase al Niño, renovando todos los días esta petición”.

“Una vez su madre le regaló una moneda, cinco granas, y María Angélica, con la moneda y un trozo de papel que había rellenado de garabatos, se puso de rodillas delante del cuadro de la Virgen y le solicitó que quería casarse con el Niño porque ya tenía la dote, o sea, cinco granas”. Otro día, mientras estaba en la iglesia, en la capilla de Santa María de Constantinopla, desde la escultura del Ecce Homo una voz le dijo: “Hija mía, tienes que estar satisfecha”. Afectada con seis años de edad por una grave enfermedad, posiblemente tuberculosis pulmonar, se vio obligada a permanecer en cama en unas “condiciones de sufrimiento incalculables” durante trece años, durante los cuales empezó a tener su “primera visión”.

Una mañana vio entrar en la habitación a una Señora de incomparable belleza, que le dijo: “No temas, yo soy María de Constantinopla, tú no morirás aunque los tuyos, previendo tu próximo final, te han hecho construir ya una caja, pero yo, el Sábado Santo 16 de abril, al atardecer, vendré y te sanaré”. El 16 de abril, Sábado Santo, el día estaba a punto de acabar y “estando su familia en oración, ella estaba pendiente del péndulo del reloj; era la hora y la Señora no venía y, luego, tuvo una repentina visión: “Hija, es el reloj que no marca bien la hora. Estoy aquí y estás sana: Mañana ve a dar gracias al templo”. Poco después de esta prodigiosa curación, María Angélica tuvo otra manifestación el día 2 de julio de ese mismo año y en aquella ocasión, la Virgen le dijo: “Como potente arma contra las tentaciones, te dejo aquí en el taburete la huella de mi pie”… ¡y la impronta del pie, apareció! Este pedazo de madera es conservado celosamente en la capilla de la familia Mastroti en Papasidero.

En el año 1871 tuvo otra enfermedad: un cálculo en la vejiga. Durante esta segunda enfermedad, que la tuvo postrada dos años, el 14 de abril del 1871, se le apareció de nuevo la Virgen que le dijo: “El próximo 3 de junio, día que está consagrado a mí, a las tres de la tarde, vendré a curarte. Te recomiendo que avises a tu familia”. El doloroso cálculo, que pesaba 56 gramos como certificó el doctor Domenico Pandolfi en una larga y detallada relación, fue “expulsado de golpe” – algo que está fuera de lo natural – y ocurrió en aquel día y en aquella hora.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastroti.

Tuvo otras visiones e intervenciones: la muchacha estaba haciendo pan mientras los ángeles le ayudaban; para hacer penitencia, en el jardín comía las bayas del amor, mientras la Señora le amonestaba: “Hija, ¿qué haces? Te vas a envenenar. No tendrás nunca más necesidad de alimentos, siempre y cuando a mí me plazca”. Un día, la escultura de madera del Niño se le cayó de las manos y María Angelica oyó: “No he hecho nada, no he hecho nada”. Según se comentaba en el pueblo, a veces, los vecinos intercedían ante el Niño para que lloviera en algunos períodos de sequía, y… el agua venía abundante desde el cielo, pero cuando del cielo no llovía y corrían peligro las cosechas, la joven María Angélica ponía la escultura del Niño a la intemperie diciendo: “Ahora, prueba tú mismo que estás bajo el agua y actúa en consecuencia”.

Todos los días, ya fuera en Papasidero o en Castellucio, María Angélica distribuía panes entre los numerosos pobres que frecuentaban su casa. Su puerta siempre estaba abierta a todos y a todas horas, También tenía el don de la “premonición” y, al menos en una ocasión, se le vio en éxtasis delante del ostensorio “que manaba unas gotitas de sangre provenientes de “un fragmento de hostia consagrada que permanecía unida al cristal”, hecho entonces testificado por haberla recogido con un paño el reverendo padre Fulgencio, que era su confesor.

En el año 1890 María Angélica Mastroti se marchó a Castelluccio con su sobrino Nicolino que, en aquel centro, debía seguir los cursos de teología impartidos por el canónigo-arcipreste Don Giuseppe Taranto. En Castelluccio, la famiglia de la madre de María Angélica tenía una casa junto a la iglesia parroquial y allí la joven, impaciente por recibir la Eucaristía, todas las mañanas, le fue administrada repetidamente “por San Juan de la Cruz. Asimismo, la Virgen le anunció su muerte. Cuatro días antes de que anunciara este evento al párroco Don Jacinto Donati, quien iba a viajar a Agromonte, lo dijo a su familiar Vicente Gioia, al carpintero Antonio Rinaldi – al cual le dijo “tú me harás la caja mortuoria” – y a María Antonia Gazzaneo de Rotonda, que había venido a visitarla y a la que pidió que permaneciera esa noche con ella “porque tienes que estar en compañía de mi madre”. El 26 de mayo de 1896, a las cuatro y media de la tarde, de rodillas y mirando a la capilla de la Dolorosa, María Angélica Mastroti, muy serena, entregó su alma a Dios teniendo entre sus brazos al Niño que tanto había amado. Con su madre, estaba también en la casa su tío Angelo Orofino. El doctor Ignacio Catalano certificó que “la muerte se debió a una parálisis cerebral de apoplejía fulminante mientras estaba absorta en oración”.

Su cuerpo estuvo cuatro días donde había expirado, como contó el arcipreste Don Blas De Pasquale, que había sido testigo ocular de alguns eventos inexplicables y, al quinto día, se constató que la rigidez cadavérica había desaparecido en todo el cuerpo, del que emanaba un olor “sui generis”, como escribió el doctor Pietro Gioia: casi un perfume y una gran flexibilidad. Los parientes mandaron “sangrar el cadáver” y a las cuatro y media de la tarde del día 31 de mayo de 1896, el mismo doctor Pietro Gioia le practicó un pequeño pinchazo en una vena subcutánea, bajo el maxilar inferior, de la cual “salió sangre viva mezclada con unas burbujas de gas”, durando este fenómeno algunas horas. Algunos años antes, el 29 de febrero de 1828, este mismo fenómeno había sido registrado en el cadáver de un sacerdote de Lauria, Don Domenico Lentini, hoy beatificado, y que había muerto la noche del 27 al 28 del mismo mes: ¡flexibilidad en los miembros, perfume intenso a rosa y sangre viva en sus venas!

Sepulcro de la Sierva de Dios Angélica Mastroti. Cementerio de Castelluccio Superior, Calabria (Italia).

Sepulcro de la Sierva de Dios Angélica Mastroti. Cementerio de Castelluccio Superior, Calabria (Italia).

El día 1 de junio, día de los funerales, un hecho inexplicable conmovió a todos los castellucenses y a tantísimos pellegrinos venidos de Papasidero. Éstos últimos, después de haber participado en las exequias, se detuvieron en una posada para descansar y, antes de emprender el camino de regreso, se fueron a la iglesia, donde fueron testigos de un hecho extraordinario: “las pupilas de la Santísima Virgen de los Dolores de Castelluccio Inferiore se movían y de sus ojos salían lágrimas”. Advertido el arcipreste de Taranto, se acercó inmediatamente con otros sacerdotes y pudieron constatar personalmente este prodigio. La luz del aquel día, según cuentan los estupefactos testigos de la época, “duró más tiempo tal vez para permitir el regreso a Papasidero sin miedo a la noche”.

El Niño perteneciente a María Angélica Mastroti, junto con sus cosas personales, están hoy celosamente guardados bajo la escrupulosa guía del párroco de las Hermanas de la Preciosa Sangre de Castelluccio, que por desgracia pueden cerrar su casa de acogida. El pequeño icono, ahora vestido con la vestimenta que le había cosido María Angélica, “realiza”, según numerosos testimonios, muchos hechos considerados como inexplicables. Por ejemplo, se afirma que cuando debe suceder tanto en Castelluccio o en Papasidero o en Italia o en el mundo un evento extraordinario, desde por la mañana se encuentran a los pies del Niño, puntualmente, sueltos los lazos de los zapatos.

Durante muchos años, el director espiritual de María Angélica Mastroti en Castelluccio, fue el sacerdote Blas De Pasquale, originario de Praja d’Ajeta, donde luego regresó como párroco, ya siendo profesor del Seminario de Rotonda.

La Sierva de Dios María Angélica Mastroti está sepultada en el cementerio de Castelluccio Superiore, en una capilla mandada construir por su sobrino don Nicolino: allí florece, en todas las estaciones del año, un bonito arbusto de rosas y en aquel camposanto, todo el año, en recuerdo de su muerte, el pueblo simple y devoto de Calabria y de Lucania, acude numeroso para conmemorar a “esta pía señora” a la que piden con fuerza, interceda por los suyos y por todos. Actualmente, en el pueblecito de Pollino se ha realizado un milagro obtenido por la intercesión de la beata Mastroti en cuyo honor, el 26 de mayo, en Castelluccio Superiore (PZ) se celebra una festa con una fería y una Misa en sufragio y con la visita a su tumba, en la que participan muchos peregrinos venidos de Papasidero, lugar de nacimiento de la beata.

El 5 de diciembre del 2009 fue constituida la Asociación Histórico Cultural “Amigos de María Angélica Mastroti” con el objetivo de dar a conocer a la mística María Angélica Concetta Filomena Mastroti, con la esperanza de que sea abierta su Causa de canonización. Hasta el día de hoy no hay ninguna Causa abierta a favor de Angélica Mastroti, a la que popularmente se la conoce como “beata”.

Damiano Grenci

Bibliografía y fuentes:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Diocesis de Catanzaro – Squillace, Concetta Lombardo, Ed. Dehoniane Napoli
* Dora Samà, La vita nascosta in Cristo – La Monachella di San Bruno, Sud Grafica Marina di Davoli (2006)
* Película: “La Monachella di San Bruno”, dirigida por Enzo Samà y Gualtiero Manozzi (Julio 2004).
* G. Celico, L’originale storia di una mistica Calabro-Lucana, in L’Eco di Basilicata Campania e Calabria del 15 marzo 2006.
* G. Mongiardo, Mariantonia Samà “la monachella di San Bruno” (1875 – 1953) – 60 anni di Amore – Crocifisso, Ed. Parrocchia Santi Pietro e Paolo in S. Andrea s/Jonio
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* P. Ghedda e F. Polimeri, Rosella Stàltari: una contemplativa alle soglie del Duemila, Ed. Rubettino
* sitio web corredentrice.it
* sitio web newsaints.faithweb.com
* sitio web mariaangelicamastroti.it
* sitio web mariantoniasama.blogspot.it
* sitio web santibeati.it

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