Sierva de Dios María Antonia Pereira y Andrade

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Lienzo de la madre María Antonia, su retrato más fiel, mandado hacer por su benefactor.

Lienzo de la madre María Antonia, su retrato más fiel, mandado hacer por su benefactor.

Siguiendo la línea de estos últimos artículos, hoy queremos dar a conocer a otra Sierva de Dios poco conocida fuera de su entorno. Su vida y obra tan extraordinarias son un claro ejemplo de santidad y así lo está estudiando la Santa Sede, para que poco a poco se avance en las etapas necesarias hacia su beatificación.

El día 5 de octubre de 1700, en el albor del siglo XVIII, viene al mundo en la localidad de Cuntis (Pontevedra), la niña María Antonia Pereira y Andrade. Hija del matrimonio formado por Manuel Pereira y María do Campo Andrade, fue la primogénita de los cuatro hijos que tuvo el matrimonio. Al siguiente día de haber nacido recibió las aguas del bautismo en la parroquia de Santa María de los Baños, en Cuntis. Aunque era la práctica habitual de aquellos años recibir el bautismo al poco tiempo nacer, su madre quería hacerlo a toda prisa, por riesgo de que la niña María Antonia muriera. Y es que, como ella misma cuenta, nació sietemesina y muy débil de salud.

Durante su infancia fue una niña normal, se crió entre juegos con sus hermanos menores. Pero a veces esta felicidad se veía truncada por las fuertes reprimendas de su padre, que se comportaba con ella muy severamente. La Sierva de Dios siempre recordará el trato distante que mantuvo con su padre y el temor que a menudo le tenía. Al contrario sucedía con su madre, que era muy piadosa y desde muy pequeña, ésta la animaba a rezarles a la Santísima Virgen y a San José. También la instruyó en algunas tareas, como hilar y hacer encajes, tarea en la que sobresalía. La severidad de don Manuel hacia ella fue motivo de discusiones en el matrimonio y fue por esta causa que la niña María Antonia fue llevada a la casa de una tía paterna suya, que a su vez hacía las veces de maestra con otras niñas.

Esta tía suya la acogió con mucho cariño y la educó como si de su misma hija se tratara. Al ver la piedad de la niña María Antonia, su tía pronto la tomó como compañera para asistir a la misa diaria y para practicar las piadosas devociones. Pero pronto tuvo que volver al hogar paterno. En 1709, a su padre le sobrevinieron unas fuertes molestias en el costado y siete días después murió en el monasterio Franciscano de Herbón, dejando así a la familia huérfana.

Estampa contemporánea de la Sierva de Dios.

Estampa contemporánea de la Sierva de Dios.

Aunque la Sierva de Dios regresó por un tiempo a la casa de su tía, donde había estado los últimos años, pronto tuvo que volver con su madre y sus hermanos, que se habían trasladado a vivir a la fortaleza (castillo) de Bayona, donde el abad le había dado un modesto trabajo a la viuda. Retomada la vida como familia, María Antonia, que contaba con 14 años, fue desarrollando sus virtudes cristianas, además de seguir dedicándose a la costura. Según ella misma relata en su autobiografía, era muy dada a la caridad, ayudando a los pobres con todas sus pocas pertenencias. Con el permiso del mismo abad repartía todo y cuanto había en la despensa de éste.

Matrimonio
Llegados los 22 años, su madre vio la necesidad de que María Antonia se casara, incluso le presentó algunos pretendientes de familias acomodadas. Ella se lo pensó mucho, porque desde muy temprana edad tenía inclinación por ser religiosa, pero a esto añadía el inconveniente de tener una gran tribulación por la castidad. Esta tribulación venía de años atrás: ella misma cuenta cómo, a muy temprana edad, escuchó unas palabras obscenas por parte de una señorita que la marcaron casi durante 10 años. Finalmente optó por casarse con un joven llamado Juan Antonio Valverde. Éste destacaba por ser de familia muy humilde y trabajadora. Rechazando a todos los jóvenes de buenas familias, decía: “No podía pensar en bienes temporales ni deseaba vivir con ellos ni con personas que tuviera muchas riquezas, por parecerme más conforme a Dios ser pobres que ricos”. (Autobiografía. T.I, P.I, f.29-29v). El matrimonio tuvo lugar en la Colegiata de Bayona, el día de San José, por expreso deseo de la Sierva de Dios, al tener una gran devoción al Santo Patriarca.

Ya casada, pensó mucho en que había desobedecido a Dios, y probablemente su idea de casarse no fue del todo acertada. Pero como no se podía deshacer lo que hicieron ante Dios, se dedicó a vivir feliz y fiel a su matrimonio. Para esto imitaba las virtudes de la Sagrada Familia de Nazaret. A los diez meses de haber contraído matrimonio, nace su primer hijo, Sebastián. Juan Antonio, al ver que la familia aumentaba, decidió emigrar, con el permiso de María Antonia, al sur de España, a Cádiz.

Firma de la Sierva de Dios como María Antonia de Jesús.

Firma de la Sierva de Dios como María Antonia de Jesús.

Experiencias místicas y deseo de ser fundadora
En la soledad de su hogar, tuvo que encargarse ella sola de la educación y cuidados de su primer hijo, además del mantenimiento del hogar. En su misma situación quedaron muchas mujeres gallegas (la escritora Rosalía de Castro se referiría a ellas como “viudas de vivos”). En este tiempo de soledad, Dios fue cultivando en la Sierva de Dios grandes aspiraciones que con el tiempo se fueron cumpliendo. Una noche, en el silencio absoluto de su oración frente a la Cruz, escucha una voz en el interior de su alma que le dice: “¡Sígueme!”. Desde este momento empieza a recibir unas gracias especiales, avanzando muy rápidamente en el camino espiritual. También se suceden en ella unos hechos extraordinarios que nada tenían de diferentes a los de los grandes místicos del s.XV y XVI.

Después de casi tres años, su marido regresa a casa y, a los pocos meses, el matrimonio espera su segundo hijo. Dio a luz en difíciles condiciones a su hija Leonor el día 22 de junio de 1727. Cuando esta niña no contaba ni con tres meses de vida, Juan Antonio decide marcharse a retomar su trabajo; esta vez, parte para Sevilla. Con esta nueva partida, el matrimonio ya nunca volverá a convivir como tal; y mientras tanto, Dios se encarga de inspirarle a la Sierva de Dios deseos de “vivir en pureza de cuerpo y alma”. Con la marcha de su marido, ella vio la necesidad de emprender el camino que Dios le tenía destinado. Nunca más se refirió a Juan Antonio como su marido, si no como “el hermano” pues, como ella dice: “No le llamaré sino hermano siempre que le nombre, pues la vida de marido se acabó aquí, y así no tengo para que nombrarle con este nombre”.(Autobiografía. T.I, P.I, f.90).

Lienzo de la Sierva de Dios en el carmelo de Santiago de Compostela (España).

Lienzo de la Sierva de Dios en el carmelo de Santiago de Compostela (España).

Como si el Señor tuviera prisa en obtener de ella lo que deseaba, la Sierva de Dios se transformó interiormente de una forma extraordinaria: cada vez era más frecuente que la voz de Dios se le manifestaba en su interior, y una de estas veces entendió estas palabras de la Divina Majestad: “No es mi voluntad ahora que mueras; sino que vivas en Mí”. La intimidad con Dios se acrecienta en la Eucaristía, oración, pruebas interiores y hasta calumnias. En medio de una fuerte tribulación, María Antonia escucha de nuevo unas palabras que le dicen: “En el corazón humilde y obediente reposa mi cabeza. Tú serás fundadora de un convento”. (Autobiografía. T.I, P.I, f.163v).

En vista de este Divino proyecto, empieza a reunir a algunas jóvenes en su casa. Allí las instruye en el catecismo. También empieza a vestir, con permiso de su confesor y de su marido, el hábito descubierto de terciaria carmelita; empezó a vestirlo en la ermita de Santa Liberata. Esta forma de vestir de la Sierva de Dios y de sus jóvenes seguidoras fue motivo de mucho dolor para ella, hasta tal punto llegó la cosa, que el obispo retiró a su confesor de poder confesarla y ella fue rechazada en todos los confesionarios a los que se acercaba. Impulsada fuertemente por Dios, no se doblegó y sacó fuerzas para emprender un viaje por el reino de Portugal para hacer conocer la fundación que pretendía y hacer saber a los HH Carmelitas de Zafra (Portugal) su estado. Animada por haber sido aprobado su espíritu, se dirigió a Sevilla en busca del “hermano” (su marido). Pretendía hacerle saber sus deseos de ser religiosa. De tal modo transcurrió la conversación del 18 al 19 de marzo de ese mismo año, que Juan Antonio, convencido de tal forma por Dios y por la Sierva de Dios, decidió consagrarse, al igual que ella, en la Orden del Carmelo Descalzo.

Con tan feliz resultado, emprende un viaje a Madrid, en busca de la aprobación del monarca para fundar el convento en Santiago de Compostela. El monarca Felipe V le dio su aprobación para esta fundación; desgraciadamente, esta buena noticia duró poco, porque al llegar a Santiago de Compostela encontró la total oposición del arzobispo. No quedando aquí la cosa, prohibió el acompañamiento de las doncellas, mandándolas a sus casas. Después de sucederse estos desagradables episodios, la Sierva de Dios pasó un año sometida a duras reprobaciones y recluida en esta ciudad. Regresó a Madrid sin haber podido emprender su gran deseo. En la ciudad de Alcalá de Henares encontró una poca de la felicidad que era característica en ella. En la festividad de San José de 1734, pudo entrar como carmelita descalza en el monasterio del Corpus Christi de dicha ciudad, profesó con el nombre de María Antonia de Jesús, en honor a Santa Teresa de Jesús. La Providencia quiso que el mismo día entrara su marido como fraile en la rama masculina de esta Orden. Trascurridos unos años, en 1738 empieza a escribir su autobiografía, obedeciendo a su confesor, que fue de él de quien nació la idea. Es en este año cuando de nuevo empiezan a reavivarse los deseos de la fundación en su tierra natal.

La Sierva de Dios y su fundación de Santiago de Compostela. Ilustración contemporánea.

La Sierva de Dios y su fundación de Santiago de Compostela. Ilustración contemporánea.

Fundación del Carmelo descalzo
En este convento del Corpus Christi sus virtudes y mansedumbre no pasaron desapercibidas para ninguna hermana. En 1741 fue elegida priora de esta comunidad, y según ella misma dijo, fue en este momento cuando retomó la empresa que Dios le mandó llevar a cabo años antes. Con incansables esfuerzos y desvelos, fue abriendo camino, hasta llegar finalmente a Santiago de Compostela, el día 15 de octubre de 1748. A su llegada a la ciudad del apóstol Santiago, fue enorme el recibimiento y acogida que tuvieron ella y sus seis primeras hijas. Todas ellas asistieron a misa y pidieron la bendición del apóstol Santiago, y durante toda la noche estuvieron descargando todo el mobiliario que traían; en concreto, se esmeraron por dejar listo el altar, para que estuviera decente a la mañana siguiente. Así sucedió todo, por la mañana bien temprano se celebró la Santa misa, se estableció el Santísimo y de esta manera quedo establecida la fundación en aquella humilde casita que la Sierva de Dios habilitó para su convento.

Aquí no acabó de sufrir la madre María Antonia de Jesús las incomodidades del lugar, la pobreza casi extrema, y sobre todo las desavenencias entre las primeras fundadoras. Este cúmulo de cosas causaron mucho dolor a la Sierva de Dios. El 5 de agosto de 1750 se celebraron las primeras elecciones canónicas en este convento y la madre María Antonia de Jesús es elegida priora. Establecida y mejorada la situación, retoma la parte final de sus autobiografía, siempre dirigida y animada por su confesor, el padre José de Jesús María OCD. También es éste quien la obliga, en cierto modo, a dejar una guía espiritual para sus hijas, y de esta idea sale su obra “El edificio espiritual”. El 19 de agosto de 1753 se pone la primera piedra del nuevo y definitivo convento, trasladándose toda la comunidad el día 22 de octubre de 1758.

Vista del sepulcro actual de la Sierva de Dios.

Vista del sepulcro actual de la Sierva de Dios.

Con sesenta años de edad, el día 10 de marzo de 1760, pocos días antes de la festividad de San José (fecha tan importante en su vida), viendo realizada su tarea en la tierra, muere santamente en este Carmelo que ella y Dios fundaron. A su muerte fue reconocida como la primera mística gallega y la carmelita más eminente del s.XVIII. Al año siguiente fue abierto el proceso, estudiándose a fondo su vida y virtudes. Por deseo del Superior General de la Orden, se estudiaron a fondo sus numerosas cartas, autobiografía, apuntes espirituales y, sobre todo, se recogieron más de ciento treinta testimonios. Por diferentes avatares históricos, este proceso queda estancado y prácticamente olvidado. En el año 1993, Año Santo Compostelano, es cuando se abre oficialmente el proceso de beatificación y actualmente la causa se encuentra avanzando en Roma, donde según el postulador se está avanzando muy favorablemente.

David Garrido

Enlace consultado (21/05/2014):
– http://mariaantoniadejesus.blogspot.com.es

Información biográfica, fuente oral: Hna Mónica de la Cruz.

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