Siervo de Dios Josyf Slipyi, cardenal y arzobispo mayor ucraniano

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Fotografía del Siervo de Dios.

Fotografía del Siervo de Dios.

Josyf Slipyj nació en la aldea de Zazdrist, del distrito de Tereboylja, en la actual Ternopil (Ucrania) – que en aquella época pertenecía al Imperio austro-húngaro -, el día 17 de febrero del año 1892, en el seno de una familia numerosa, cuyos padres eran Juan Kobernytskyj y Anastasia Dychkovska. A su abuelo lo conocían por el apodo de “Blind”, que provenía de uno de sus antepasados, quién en el año 1709 luchó contra el rey Pedro I, al lado de Ivan Mazepa y del rey sueco Carlos XII. Entre los años 1898 al 1901 estudió en la escuela primaria, llegando a aprender el polaco y el alemán en la escuela secundaria de Ternopil, donde se graduó.

En 1911 entró en el seminario greco-católico de Lviv, donde coincidió con el metropolita Andrey Sheptytskij, a quien solicitó consejo acerca de que, si iniciaba estudios universitarios, ésos serían un obstáculo para posteriormente acceder al sacerdocio. Una vez que se le disiparon sus dudas acerca de que ambos podían coincidir y de que las ciencias y la religión no estaban reñidas, en el segundo año de su formación fue enviado a la universidad austriaca de Innsbruck y a la teológica “Kaniziyanum”.

El 30 de septiembre de 1917 fue ordenado de sacerdote por el metropolita Andrey Sheptytskij, pero continuó su educación universitaria en Innsbruck, donde en 1918, defendió su tesis doctoral sobre “El concepto de la vida eterna en el Evangelio de San Juan, realizando asimismo otro trabajo en 1921 titulado: “Doctrina trinitaria bizantina del Patriarca Focio”.

Entre 1920 y 1922 estudió en el Pontificio Instituto Oriental de Roma y en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde se destacó por su fidelidad a las doctrinas de Santo Tomás de Aquino y su combate contra quienes se dedicaban a impugnarlas. En Roma recibió el título de “magíster agregatus” y se dedicó a estudiar inglés, italiano, polaco, francés y ruso, pero en 1922 regresó a Lviv donde ejerció como profesor de teología dogmática en el seminario greco-católico, iniciando asimismo la publicación trimestral de la revista “Teología”, cosa que continuó haciendo hasta el año 1939.

Fue nombrado rector del seminario en el año 1926 y en abril de 1929 se convirtió en el rector de la Academia Teológica de Lviv, dedicándose a publicar trabajos sobre temas teológicos, filosóficos, canónicos, literarios e históricos. En el año 1936 organizó un Congreso Uniata en conmemoración del trescientos aniversario de la muerte del metropolita Joseph Vylyamyna en Kiev.

En el centro de la foto, primera fila, como rector de la Academia Teológica de Lviv.

En el centro de la foto, primera fila, como rector de la Academia Teológica de Lviv.

El 22 de diciembre de 1939, con la autorización del venerable Papa Pío XII, fue consagrado como obispo por el metropolita Andrey Sheptytskyj, con derecho a sucederle como arzobispo de Lviv. Esta consagración se realizó en secreto debido a la persecución llevada a cabo por las autoridades soviéticas, lo que le llevó a decir: “En estos tiempos, esta ordenación no es un privilegio, sino más bien una carga”. A pesar de la Segunda Guerra Mundial, entre 1941 y 1944, él continuó con sus trabajos en la Academia Teológica y, después de la muerte del metropolita Andrey, el 1 de noviembre de 1944, se convirtió en la cabeza visible de la Iglesia greco-católica ucraniana.

Cuando el ejército soviético conquistó la ciudad de Lviv, en una carta abierta al clero de su diócesis fechada el 23 de noviembre de 1944, lamentó la victoria del comunismo en Ucrania, por lo que el 10 de abril de 1945 fue detenido en Kiev por el “Comisionado del Pueblo para Asuntos Internos” (NKVD). Desde el 11 de abril de 1945 hasta el 10 de mayo de 1946, pasó por las prisiones Lukianivska de Kiev, Lontskoho de Lviv y Lubyanka de Moscú, acusándole de colaboración con el régimen nazi durante la ocupación alemana. El veredicto final fue la condena a ocho años de trabajos forzados en un gulag en Siberia. Pasó por Novosibirsk, Kemerovo, Pechora… padeciendo torturas, hambre y temperaturas de hasta -40º C, por lo que quedó completamente exhausto. Llegó a enfermar de neumonía y disentería, aunque no recibió tratamiento alguno, e incluso a romperse algunas costillas y un brazo.

Mientras tanto, las autoridades soviéticas habían obligado a más de doscientos sacerdotes uniatas a convocar una asamblea o sínodo. El 9 de marzo de 1946, el llamado “Sínodo de Lviv” fue obligado a revocar la “Unión de Brest” – mediante la cual la Iglesia greco-católico ucraniana había entrado en comunión con Roma – y se proclamó su inclusión en la jurisdicción de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Esta mala noticia le llegó al arzobispo Slipyj cuando estaba detenido.

Foto tomada durante su tercera detención.

Foto tomada durante su tercera detención.

El 15 de mayo de 1953, las autoridades soviéticas le propusieron abiertamente integrarse en la Iglesia Ortodoxa, permitiéndole volver a su sede, pero él, desafiando a quienes se lo proponían, prefirió la fidelidad a la Santa Sede y se negó rotundamente, por lo que fue enviado a casa pero deshabilitado de su sede arzobispal. En la práctica, exiliado en su propia casa. Entre 1954 y 1956 fue enviado nuevamente a Siberia, donde llegó a escribir algunas cartas pastorales y un manuscrito sobre “la Historia de la Iglesia”, que llegó a enviar a sus feligreses a través de algunas personas de su confianza.

En el año 1957, con motivo del cuarenta aniversario de su ordenación sacerdotal, el Papa Pío XII le envió una carta de felicitación a “su metropolitano en el exilio”, pero esta carta fue confiscada, no llegó a sus manos y originó que nuevamente se le prolongara el arresto durante siete años más: Kamchatka, Tayshetski… y Kiev, donde siguió sufriendo todo tipo de torturas físicas y síquicas. En octubre de 1961 la Corte Suprema lo declaró “especialmente peligroso como delincuente reincidente” enviándolo a Mordovia, donde enfermó de neumonía. En total, dieciocho años de prisión, de exilio, de maltratos y de duros trabajos.

Forzado por la presión internacional, especialmente por el presidente John F. Kennedy y por el Papa San Juan XXIII, Nikita Krushchov lo liberó en el año 1963, aunque prohibiéndole la vuelta a Ucrania, por lo que pudo viajar a Roma y llegar a tiempo para participar en las sesiones del Concilio Vaticano II. Antes de viajar a Roma, solicitó permiso para despedirse de su familia y haciéndose pasar por un familiar, lo visitó el superior del convento redentorista de Ternopil (el beato mártir Basilio Vsevolod Velychkovsky) a quien en secreto consagró como obispo en la habitación de un hotel.

En Roma, convaleciente, siendo visitado por el Beato Papa Pablo VI.

En Roma, convaleciente, siendo visitado por el Beato Papa Pablo VI.

Llegado a Italia el 9 de febrero de 1963, visitó el monasterio basiliano de Grottaferrata y el día 10 fue recibido en audiencia solemne por el Papa San Juan XXIII. Cuando el Papa se acercó para abrazarlo, él se arrodilló besándole los pies, demostrando al mundo su inquebrantable fidelidad al Papa y a la Santa Sede. Se instaló en el Vaticano, donde varias veces se reunió con el Papa, a quien sobre un mapa, le mostró la localización precisa de los campos de concentración en la URSS.

El 11 de octubre de 1963 pronunció un discurso ante los padres conciliares en una de las sesiones del Concilio Vaticano II y en él, solicitó formalmente que la Iglesia greco-católica ucraniana fuera elevada a la dignidad patriarcal. Muchos obispos apoyaron esta solicitud pero el Papa no accedió al creer que no era el momento oportuno, aunque creó el Arzobispado Mayor de los Ucranianos, nombrando el 23 de diciembre de ese mismo año, a Slipyj como primer arzobispo mayor. Aunque en el año 1949, el Papa Pío XII lo había nombrado “cardenal in pectore”, el nombramiento se hizo efectivo por parte del Beato Papa Pablo VI, el 25 de febrero de 1965.

Pero las relaciones del cardenal Slipyj con un Vaticano postconciliar muy preocupado por tender la mano a Rusia en su llamada “ostpolitik”, no fueron muy cordiales. Era un testigo incómodo, que no desaprovechaba ocasión alguna para combatir al régimen que oprimía a su patria y a su Iglesia.

Desde 1968 hasta el año 1973 se dedicó a visitar a todos los católicos ucranianos que habían huido de la URSS y se encontraban en la diáspora y lo hizo con la intención de revitalizar la iglesia ucraniana y asegurarse su plena comunión con la Sede de Roma. Visitó Canadá y Estados Unidos, casi todos los países latinoamericanos, Australia, Nueva Zelanda, India y diversos países europeos, entre ellos, España. Asimismo, participó en los Congresos Eucarísticos Internacionales de Bombay, Bogotá y Melbourne.

Junto al Papa San Juan Pablo II.

Junto al Papa San Juan Pablo II.

Como arzobispo mayor convocó varios sínodos de la Iglesia católica greco-ucraniana, en el último de los cuales, en 1973, se decidió darle a la Iglesia la constitución del sistema patriarcal. Su fin era conseguir lo que en el año 1963 se le había negado: el Patriarcado. En 1975 llegó a utilizar el título de Patriarca, pero Roma no lo aceptó y durante la recepción de una audiencia con el Papa San Juan Pablo II, expresándole todos sus respetos pero saltándose el protocolo, se levantó y acercó a saludarlo aunque ambos estaban en desacuerdo sobre el tema del patriarcado. En este tira y afloja, el Papa Juan Pablo II llegó a decir de él: “La grandeza humana de Josef Slipyj se revela, entre muchas cosas, en que habiendo llegado a las puertas de la muerte, por no saber odiar, volvió sin haber aprendido a odiar”.

En el año 1977, en un acto de aspiración patriarcal y sin la aprobación del Papa, consagró como obispos a Ivan Choma, Stephan Czmil y Lubomyr Husar. Esto molestó a la Santa Sede ya que, según el Derecho Canónico Romano, las consagraciones episcopales realizadas sin la autorización del Papa son consideradas ilícitas, cosa que no lo es según el Derecho Canónico de las Iglesias Orientales.

Aunque durante su estancia en Roma realizó muchas actividades pastorales, no las menciono a fin de no alargar excesivamente el artículo. Murió en la iglesia de Santa Sofía, en Roma, el 7 de septiembre de 1984, con noventa y dos años de edad, siendo rehabilitado por la Santa Sede, a título póstumo, el 17 de abril de 1991. Después de la caída de la URSS, el 27 de agosto de 1992, sus restos mortales fueron trasladados a Lviv, siendo inhumados en la Catedral greco-católica de San Jorge. Su Causa de canonización está introducida en Roma.

Sus restos mortales en la catedral greco-católica ucraniana de Lviv.

Sus restos mortales en la catedral greco-católica ucraniana de Lviv.

Aunque sea de manera muy sucinta, hay que decir que su trabajo de investigación teológica fue muy extenso, intentando adaptar la escolástica tomista con las exigencias de la teología oriental, sobre todo en lo referente a los dogmas de la Santísima Trinidad y la práctica sacramental. Mencionemos el: “Die Trinitatslehre des byzantinischen Patriarchen Focio” (1921), “De principio spirationis in SS. Trinitate” (1926), “De Sacramentis” (1953) y “Die Auffassung des Lebens nach dem Evangelium und I. Briefe des Heiligen Johannes” (1965). Tampoco puede quedar en el olvido su intenso trabajo a favor del ecumenismo. Todas sus obras han sido publicadas en ocho volúmenes, por la Universidad Católica de Ucrania en Roma, fundada por él con la esperanza de poder un día trasladarla a Kiev.

En su vida se inspiró el escritor australiano Morris West para el argumento de su novela “Las sandalias del pescador”. Esta novela fue llevada al cine en el año 1968.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– PELIKAN, J., “Confessor Between East and West”, William B. Eerdmans Publishing Co., 1990.
– THOMAS, J., “Confesor José Slipyj, padre y mártir de la Iglesia Ucraniana”. Tipografía salesiana, Roma, 1992.
– YANIV, B., “El cardenal José Slipyj: la religión en la vida de los ucranianos”, Roma, 1966

Enlaces consultados (20/01/2014):
http://es.wikipedia.org/wiki/Josyf_Slipyj
http://www.voxpress.cl/cardenal-slipyj-y-el-holocausto-de-ucrania/

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