Santidad Silvestrina

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Pinturas ovales de los Beatos Bonaparte, Jacobo de Fabriano, Juan el Solitario y Jacobo de Attigio.

“A muchos nos parecen que los santos están lejanos. Están lejos de aquellos que están alejados, pero cercanos de los que guardan los mandamientos de Cristo y poseen la gracia del Espíritu Santo. En el cielo todo vive y se mueve gracias al Espíritu Santo, pero eso ocurre también en la tierra: vive en nuestra Iglesia, actúa en los sacramentos, inspira las Escrituras y vive en las almas de los fieles. El Espíritu Santo une a todas las personas y es por eso, que los santos están cerca de nosotros. Y cuando nosotros rogamos a ellos, en el Espíritu Santo, escuchan nuestras súplicas y nuestras almas perciben su intercesión por nosotros. Por eso, somos afortunados nosotros, los cristianos, porque el Señor nos ha dado la vida en el Espíritu Santo”, así escribe San Silvano del Monte Athos, el gran santo moderno de la vida monástica ortodoxa.

El Espíritu Santo ha sembrado las semillas de la santidad en el pueblo de Dios, en el que con sus correspondientes carismas, han florecido muchas órdenes religiosas para el bien de la Iglesia. Entre ellas, recordamos la santidad en el interior de la Orden Benedictina Silvestrina, nacida en la región italiana de Las Marcas en el año 1227, gracias a la inspiración de Silvestre Guzzolini. La nueva Orden obtuvo la aprobación pontificia en el año 1248 con una bula papal de Inocencio IV.

Pero ¿qué es específico de esta Congregación? San Benito, en su Regla, se muestra muy atento a las necesidades humanas y espirituales de sus monjes y de todas las personas que se relacionan con el monasterio. Con especial atención trata de los más vulnerables: de los pobres y de los enfermos, de ellos tanto física como espiritualmente. Se resume con una frase que llama poderosamente la atención: buscar en el otro el rostro de Cristo. Una espiritualidad que trasciende los tiempos y que queda expresada en las enseñanzas del papa San Juan Pablo II. Es una espiritualidad de acciones concretas. Esto es introducido por San Benito como una respuesta a los mensajes contenidos en el Evangelio: “Cada vez que hagáis esto a mí me lo hacéis”. Por lo tanto, la espiritualidad benedictina tiene un fundamento cristológico y se presenta en un amplio espectro de aplicaciones. San Benito, de hecho, quiere acoger a todos los huéspedes, como se acoge a Cristo. Para San Benito, la hospitalidad monástica ha de estar verdaderamente presente en el mundo, de una forma adecuada y concreta, teniendo también un puesto importante en la oración comunitaria.

La Congregación Silvestrina, con la devoción a la Santa Faz (Santo Rostro), participa en esta obra, recuperando las más potentes tradiciones monásticas. En todos los continentes, la acogida a los demás es también un instrumento de misión, lo que significa saber interpretar las necesidades, promoviendo diversas actividades en la educación de los jóvenes, en el campo de la medicina o en cualquier otro importante sector que ayude al progreso de la civilización. Éste es en síntesis, el carisma de la espiritualidad silvestrina, enraizada en la Regla monástica de San Benito.

Brevemente, pongamos las biografías de las flores de santidad que han aparecido en los claustros de la Orden Benedictina Silvestrina.

Beatos Simón de Ripalta, Felipe de Varano, San Silvestre Guzzolini, Beatos Bienvenido de Piticchio y Paulino Bigazzini.

San Silvestre Guzzolini

San Silvestre, miembro de la noble familia Guzzolini, nació en Osimo (Ancona) en el año 1177. Con unos veinte años de edad, enviado por su padre, marcha a Bologna para estudiar leyes y convertirse en abogado. Aunque estudió derecho se sentía vacío en su interior. Volvió a Osimo (Ancona) en el año 1208, pero doctorado en teología. En el año 1217 se ordenó de sacerdote recibiendo una canonjía en la catedral, pero él decidió retirarse del mundo y, deseoso de complacer a Dios, se refugió en una cueva en la región de Las Marcas, llamada Gruta Fucile. En el 1230, Silvestre se fue al Monte Fano (Montefano), cerca de Fabriano y en el año 1248 obtuvo del papa Inocencio IV la confirmación de su nueva Congregación. Murió el 26 de noviembre del año 1267. Su fiesta litúrgica es ese día, 26 de noviembre.

Beato Juan del Bastón

Fue uno de los primeros discípulos de San Silvestre, siendo sin duda el discípulo más cercano al fundador. Su larga vida monástica está marcada por las muchas enseñanzas impartidas a sus hermanos, siendo su símbolo un palo (un bastón), que aún se conserva en Fabriano y que ha adquirido un profundo significado espiritual, pues era el sostén físico del santo. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 31 de agosto.

Beato Paulino Bigazzini

Pertenecía a la noble familia de los Bigazzini y entró como monje en el monasterio de los Santos Marcos y Lucía del Sambuco, fundado alrededor del año 1260 en la provincia de Perugia, no lejos del castillo de Coccorano, que era un feudo de su familia. Fue recibido por el mismísimo San Silvestre y muy pronto alcanzó un alto grado de perfección monástica, como lo demuestra la realización de diversos milagros. A la muerte de Silvestre, Paulino, desde la distancia, escuchó el toque de la campana mayor del eremitorio de Montefano. Ella anunció a los hermanos la muerte de su padre espiritual, recibiendo más tarde la confirmación de que esto había ocurrido a la hora señalada por el toque de campana. Cuando murió fue sepultado en el monasterio de Sambuco y posteriormente fue trasladado a la iglesia de Santa Maria Nuova en Perugia. Su culto en Perugia está atestiguado desde finales del siglo XIV. La Congregación lo conmemora el día 4 de mayo.

Beato Hugo degli Atti

Hugo degli Atti de Serra San Quirico era hermano del Beato José, sucesor inmediato de San Silvestre. Fue recibido por San Silvestre en el monasterio de San Juan de Sassoferrato, donde murió el día 26 de julio del año 1270, después de toda una vida dedicada a las obras de misericordia y a la edificación espiritual de los fieles a través del ministerio de la predicación. Actualmente está sepultado en Sassoferrato, en la iglesia de Santa Maria del Piano. En el año 1756, el papa Benedicto XIV aprobó su culto y lo incluyó en la lista de los beatos. Es el patrono de Sassoferrato y su fiesta se celebra el día 26 de julio, pero sin embargo, la Congregación Silvestrina y en Serra de San Quirico, donde es el copatrono, se celebra el día siguiente.

Beato Bartolo de Cíngoli, tercer Prior de la Orden

Nació en Cingoli, en Las Marcas en la primera mitad del siglo XIII, perteneciendo a la familia de los Simonetti. Entró en la Congregación fundada por San Silvestre y fue elegido tercer Prior General de la Orden, gobernándola durante venticinco años, desde el 1273 hasta el 1298. Fundó ocho monasterios y se distinguió por su prudencia y por la observancia estricta de la Regla. Murió el 3 de agosto del año 1298 en el monasterio de San Pedro Della Castagna, en Viterbo. Fue sepultado en la iglesia del Eremitorio de Montefano, donde existe un altar a él dedicado. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 3 de agosto.

Beatos Bartolo de Cíngoli y José degli Atti, priores de la Orden. Esculturas contemporáneas.

Beato José degli Atti, segundo Prior de la Orden

El beato José degli Atti era el hermano del beato Hugo degli Atti. Después de la muerte del santo fundador, San Silvestre, gobernó la Congregación desde el año 1268 hasta el 1273, año en el que murió el día 24 de agosto mientras se encontraba en el monasterio de San Benito, en Perugia. Su priorato no se valora en demasía por las luchas externas que tuvo que sostener a fin de extender su Congregación, para fortalecer la disciplina interna frente a las injerencias externas; pero su gobierno fue fructífero y verdaderamente providencial. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 25 de agosto.

Beato Juan el Solitario

Fue monje bajo la dirección de San Silvestre llevando vida de eremita en una celda apartada de Montefano, en Fabriano y es el por eso por lo que se le llama “el solitario” o “el de la celda”. Por humildad no quiso ordenarse de sacerdote, prefiriendo permanecer como hermano lego. Estuvo vinculado especialmente con el beato Juan del Bastón. No se sabe la fecha exacta de su muerte y la tradición ha asignado la celebración de su memoria el día 31 de agosto.

Beato Bienvenido de Piticchio

El beato Bienvenido de Piticchio fue muy atormentado por el demonio, contra el cual luchó con las armas de la oración y de la mortificación. Descansaba poquísimo, poniendo únicamente en reposo sus miembros cansados en la pared de su celda sobre un duro asiento. Un día, siendo golpeado por el maligno mientras estaba en oración, se cayó del techo del eremitorio de Montefano. Sobrevivió diez días con dolores indescriptibles, pero soportándolos pacientemente. La Congregación Silvestrina y la diócesis de Senigallia celebran su memoria el día 6 de diciembre.

Beato Simón de Ripalta

Vivió en el siglo XIII y murió a finales del siglo XIV en el monasterio silvestrino de San Marcos en Ripalta. Fue discípulo de San Silvestre Guzzolini que lo acogió como hermano converso. Su cuerpo estuvo en la iglesia de San Marcos, en Ripalta y posteriormente, fue trasladado en secreto a una iglesia de Serra Sant’Abbondio. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 26 de agosto.

Beato Felipe de Varano

Felipe de Varano de Recanati fue el primer discípulo de San Silvestre en Grottafucile y durante un cierto período de tiempo fue su compañero de viaje, quien le acompañaba en sus desplazamientos. San Silvestre lo recompensó con un milagro, curándole una enfermedad en las rodillas. Murió en el monasterio de San Pedro del Monte, cerca de Osimo. Oficialmente, no recibe culto.

Beato Jacobo de Attiggio

Jacobo de Attiggio de Fabiano fue un monje de una maravillosa sencillez y humildad. Mereció ver el Montefano iluminado cuando murió San Silvestre. No recibe culto oficialmente.

Beato Bonaparte

El día 26 de noviembre de 1267, el beato Bonaparte, mientras estaba en el monasterio de Santo Tomás en Jesi (Ancona), tuvo una visión: vio la gloria de San Silvestre en el momento de su muerte. No recibe culto oficial.

Beato Juan del Bastón, Siervos de Dios Bernardo Regno e Ildebrando Gregori, y Beato Hugo degli Atti.

Siervo de Dios Ildebrando Gregori, abad

Nació en Poggio Cinolfo, en el municipio de Cursoli, provincia de L’Aquila el día 8 de mayo del año 1894. Con doce años y orientado por el Cardenal Segna, conciudadano suyo, entró en la Orden Benedictina Silvestrina e inició su noviciado en el protocenobio de San Silvestre en el Monte Fano (Montefano). Cuando recibió los hábitos tomó el nombre de Ildebrando. Era estudiante de filosofía pero al iniciar los cursos de teología tuvo que alistarse en el ejército durante la Primera Guerra Mundial. Fue destinado al departamento sanitario, siendo ascendido a cabo encargado de la sección nº 20. Allí estaba también, de capellán, don Pedro Ciriaci, que más tarde se convertiría en arzobispo, nuncio apostólico y cardenal.

Después de la guerra regresó al monasterio y estudió teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, ordenándose de sacerdote en Roma, en la Basílica de los Santos Apóstoles, el año 1922. Con cuarenta y cinco años de edad, en 1939, fue elegido Abad General de la Congregación Benedictina Silvestrina y estaría en ese puesto durante veinte años. Mientras fue Abad General, fue también un popular predicador y director espiritual de muchas personas, algunas de las cuales tienen abiertas Causas de beatificación o canonización, como la Beata Maria Pierina de Micheli (de la Congregación de Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires), de la Madre Gertrudis Billi, (co-fundadora de las Siervas del Sagrado Corazón de Città di Castello) y de la Madre Laura Curlotta (tercera Superiora General de las Hermanas de Ravasco). La característica más inconfundible de su dirección espiritual  fue la devoción al Santo Rostro de Cristo (Santo Volto).

En la posguerra (1945-1946), por circunstancias providenciales recogió a algunos niños pobres y abandonados ofreciéndoles su completa ayuda. Esta forma de apostolado se extendió rápidamente y, desde el primer centro creado en Bassano Romano, nació su imponente obra asistencial que condujo al Padre Gregori a fundar una congregación femenina: Las Hermanas Benedictinas Reparadoras de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo. Por deseo suyo, se creó en Roma, en la Via della Conciliazione, 15, la Casa y Comunidad religiosa “Deo gratias”, donde vivió los dos últimos decenios hasta que murió, con noventa y un años de edad el día 12 de noviembre de 1985. Su cuerpo descansa en Bassano Romano, en el coro de la capilla de la Casa Madre Generalicia de su Congregación.

Siervo de Dios Bernardo Regno

Obispo misionero de Kandy, en Japón (1886-1977).

Beato Jacobo de Fabriano

Monje silvestrino representado en el protocenobio de San Silvestre Abad sul Monte Fano en Fabriano. No está claro que sea el mismo “De Attoggio”.

Damiano Grenci

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