San Silvestre papa y el canto del Te Deum en el día de hoy

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Escena de la vida del Santo. Miniatura gótica del Speculum Storiae, s.XV.

Hoy, último día del año, celebramos la festividad del Papa San Silvestre I y también en este día, a la hora de Vísperas, la Iglesia tiene la costumbre de cantar solemnemente el Te Deum, dando gracias a Dios por el año que acaba. Quiero hoy hablar de ambas cosas, además de desearos a todos un feliz Año 2012.

San Silvestre I, papa

En la “Depositio Episcoporum” tenemos la información más antigua acerca del culto a este santo papa que murió tal día como hoy del año 335. Esta festividad es recordada en todos los sacramentarios y martirologios históricos, y ¡cómo no!, en los Martirologios Romano y Jeronimiano, aunque en su biografía hay connotaciones legendarias. La Iglesia de Oriente lo conmemora dos días más tarde, el 2 de enero.

Había nacido en Roma en el año 270, siendo su padre un tal Rufino, que era sacerdote en tiempos del Papa San Marcelino. Como Sumo Pontífice, sucedió al Papa San Melquíades un año después de decretarse el célebre Edicto de Milán por el que se le devolvía la libertad a la Iglesia. Se le atribuyen una serie de escritos que forman parte de los llamados “apócrifos sinmaquianos”, algunos de los cuales se utilizaron en la elaboración del “Liber Pontificalis”, en el cual se atribuye a San Silvestre un papel importante dentro de la Iglesia y en sus relaciones con el emperador Constantino.

En enero del año 314 tuvo que esconderse, refugiándose en el Monte Soratte, a unas siete leguas de Roma, pues en ausencia del emperador, los magistrados de Roma iniciaron de nuevo la persecución contra los cristianos. Cuando volvió Constantino, fue llamado por este que estaba afectado por la lepra, de la que se curó milagrosamente después de recibir el bautismo. El emperador, agradecido, decidió construir la Basílica Vaticana, la Lateranense y algunas otras iglesias en Roma, como la de San Pablo en la vía Ostiense y la de la Santa Cruz en Jerusalén y aunque en esta actividad constructora hay quienes dicen que la intervención del Papa no fue decisiva, sin embargo se le atribuye la fundación de una basílica, la del “titulus Aequitii”, a la que desde el siglo VI se la reconocía como “titulus Sancti Silvestri”.

Urna de bronce con las reliquias del Santo. Abadía de Nonantola, Italia.

Su pontificado fue largo pues duró algo más de veinte años, pero su vida digamos que se vio oscurecida por la popularidad del emperador Constantino el Grande, contemporáneo suyo y que es considerado como el primer emperador cristiano.
Gracias a San Silvestre, la madre de Constantino, Santa Elena, que se había adherido al judaísmo, se convirtió al cristianismo después de escuchar una larga disputa entre el Papa y doce escribas judíos. Ya se ha hablado en otro artículo de este blog (el día 18 de agosto) sobre la influencia que tuvo Santa Elena sobre su hijo y lo mucho que ayudó en la reconstrucción y enriquecimiento de las iglesias en todo el Imperio.

Se dice que fue el primer Papa en utilizar la tiara y el que instituyó el domingo, como Día del Señor, en conmemoración de la Resurrección. Reglamentó la administración de los sacramentos, organizó la ayuda a los necesitados con numerosas obras de beneficencia y puso orden entre los clérigos romanos.
Durante su pontificado se agitaron las controversias donatista y arriana por lo que también bajo su pontificado se convocó el Concilio Ecuménico de Nicea celebrado en el año 325; en este Concilio, como todos sabemos, fue condenada la doctrina de Arrio.
Dice la leyenda que para reparar algunas lagunas que dejó el Concilio, Silvestre convocó un sínodo romano al que asistieron doscientos setenta y cinco obispos, que ratificaron los decretos de Nicea y promulgaron algunos cánones litúrgicos y disciplinarios: solo los obispos podrían consagrar el Santo Crisma, los diáconos debían utilizar dalmáticas, los corporales utilizados en la Misa tenían que ser de lino, en qué momento debía recibirse cada orden sagrada, etc.

El último documento apócrifo que se le atribuye es la “Donatio Constantini”, con la cual se pretende justificar el origen del poder temporal del Papa cuando Constantino le hizo donación de la ciudad de Roma decidiendo que la nueva capital del Imperio fuera Constantinopla, pero eso es falso pues se ha demostrado que ese documento es originario del siglo VIII y San Silvestre vivió en el siglo IV.

Relicario del Santo en Zadar, Croacia.

Su pontificado se caracteriza por ser el del primer Papa que gozó de tranquilidad y que no murió mártir. Y como consecuencia de haber vivido en este clima de libertad dado a la Iglesia por Constantino, su figura aparece como si tuviera una importancia secundaria en la historia de la misma Iglesia, cosa que no es cierta, pues es el primer santo al que se le rinde culto tanto en Oriente como en Occidente no habiendo muerto mártir. Con anterioridad, solo recibían culto los mártires.
Como he dicho, murió el 31 de diciembre del año 335 y su cuerpo fue enterrado en las catacumbas de Priscila, en la vía Salaria. En los Itinerarios del siglo VII se menciona una basílica en su honor en aquel lugar.

El 2 de junio del año 761, el Papa Paulo I trasladó sus restos al oratorio del monasterio de San Silvestre in Capite y un mes más tarde a la misma iglesia. Durante los trabajos de restauración realizadas en la misma en el año 1596, el Papa Clemente VIII encontró sus reliquias y las puso bajo el altar mayor. El cráneo se conserva aparte en un precioso relicario del siglo XVIII.
Reliquias insignes del santo se veneran en la iglesia romana de Santa Maria in Vía Lata y en la de Santa Cecilia. Sin embargo existe una tradición que confirma que sus reliquias fueron llevadas en el año 756 a la Abadía de Nonantola, en Modena (Italia). De estas reliquias, mostramos alguna foto.

El himno “Te Deum laudamus”
Es uno de los primeros himnos cristianos y, generalmente, su autoría se atribuye a San Ambrosio, arzobispo de Milán que vivió en el siglo IV. Sin embargo hay quienes afirman que lo compuso San Agustín cuando fue bautizado por San Ambrosio. En la forma en que actualmente lo conocemos, se encuentra por primera vez en el “Antiphonarium benchorense”, de finales del siglo VII.
Con este himno termina el Oficio de Maitines (o de Lecturas) y es cantado en determinadas ocasiones como himno de acción de gracias. Una de estas ocasiones es la tarde del día 31 de diciembre. A él le han puesto partitura los músicos más famosos del Renacimiento, el Barroco, el Clasicismo y el Romanticismo. La lista de estos compositores puede encontrarse aquí.

Aparte de transcribir su letra en latín y en castellano, al final damos los datos de dos vídeos distintos sobre el canto de este precioso himno ambrosiano.


Texto original en latínTexto en español
Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre

Oremus:
Deus, cuius misericordiae non est numerus, et bonitatis infinitus est thesaurus, piissimae Majestati tuae pro collatis donis gratias agimus, tuam semper clementiam exorantes: ut qui petentibus postulata concedis, eosdem non deserens, ad praemia futura disponas. Amen.

Antonio Barrero

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