Siervo de Dios Silviano Carrillo Cárdenas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato contemporáneo del Siervo de Dios.

De las congregaciones religiosas mexicanas, ninguna puede estar más orgullosa que las Siervas de Jesús Sacramentado, fundadas por el Siervo de Dios Silviano Carrillo. Fruto de una experiencia trascendental en su vida que cambió el rumbo y panorama que tenía de la sociedad del principios de siglo XX.

Había nacido este insigne varón, según datos proporcionados por Sor Luz Margarita Guzmán R., SJS en Pátzcuaro, Michoacán el 4 de mayo de 1861, siendo sus padres los cristianos Juan Carrillo Z. y Librada Cárdenas R., siendo llevado a bautizar al día siguiente en la parroquia de la Virgen de la Salud. Bástese decir, que según los usos y costumbres de la época, fue educado en las más altas prendas de la virtud y del conocimiento de Dios. Por lo general, la existencia del respeto y el amor a las virtudes cristianas eran las flores del campo en la católica Michoacán de mediados del siglo XIX. No podría omitirse que, a pesar dela Constitución de 1857 que hacía la separación dela Iglesia y el Estado y las constantes persecuciones a que era sometida la jerarquía eclesiástica con la expulsión de sus prelados, exclaustración de monjas y supresión de conventos, los estados periféricos al Altiplano Central (México D.F. en primer lugar) mantuvieron intacta su fe y buenas costumbres, éste es el panorama donde se injerta la vida de Silviano, que con un poco más de buena disposición y el apoyo de sus padres, ingresa al Seminario de Zamora.

El perfeccionamiento de los estudios del seminario, lo llevan a continuarlos en el Seminario Conciliar del Arzobispado de Guadalajara, este periodo abarcó de 1872 cuando entró a Zamora hasta 1884 que terminó en Guadalajara. Recibiendo el privilegio de su ordenación sacerdotal, que con gran fervor y devoción, previos ejercicios espirituales, recibió de manos de Mons. Pedro José de Jesús Loza y Pardavé, Arzobispo de Guadalajara el 26 de diciembre de 1884.

En la Primera misa, le ven transformado, y como en la primera se le verá siempre. En Cocula, en Zapotlán el Grande (hoy la Diócesis de Ciudad Guzmán), en Culiacán dirán: “parecía un ángel cuando celebraba”. Para el buen párroco, era preocupación constante los niños. ¡Cómo los amaba! Cuentan tener grabada indeleblemente la sonrisa del Señor Carrillo cuando  los veía; sienten aún la caricia en su corazón de aquella mirada del Siervo de Dios. Veamos como les hablaba antes de premiarlos: “Y vosotros, mis queridos niños, venid a recoger los laureles debidos a vuestro saber y a vuestras tempranas y hermosas virtudes; que el recuerdo de esta mañana quede fotografiado con colores de cielo en vuestra memoria; sed siempre buenos y seréis la alegría de vuestros Padres y el objeto querido de las ternuras de vuestro Dios”.

El señor Silviano Carrillo tomó posesión el 20 de julio de 1895. Llegó a Zapotlán después de haber sido Ministro en Cocula. Enérgico, activo, inteligente, abordó todos los problemas de Zapotlán. A él se le debe la terminación de la construcción del Templo Parroquial, la introducción del ferrocarril y de la luz eléctrica. Dedicó su atención a importantes obras sociales y, sin duda, fue uno de los párrocos más notables de Zapotlán. Sufrió persecuciones y tuvo que estar oculto algún tiempo.

Fotografía de juventud del Siervo de Dios.

“El Sr. Carrillo vivió en época de crisis y de transformaciones ya que una nueva era económica se había abierto al mundo. La revolución industrial impulsaba la producción en alta escala y en la sociedad se respiraba una ideología liberal, individualista, de carácter filosófico social, con proyección política, jurídica y económica, a la que se le denominó “capitalismo”, que se tradujo en un extraordinario desenvolvimiento de las actividades económicas. No tardaron en darse los abusos en la explotación de los trabajadores con el afán de lucro; la riqueza se acumuló en unos cuantos, dejando a la mayoría en la miseria.”  El Señor Cura Silviano Carrillo a 58 años de distancia del Vaticano II analizó y respondió, con acción, a los grandes cuestionamientos del contexto histórico que enmarcó su misión evangélica. Esto escribe en el año de 1907:

Voy a ocuparme de la cuestión social; pero no considerada en general y como vista desde la altura de las águilas sino examinada en el teatro humilde en que vivo, es decir, entre mis feligreses, cuyo bien por todos los medios posibles debo procurar. He podido presenciar verdaderos conflictos entre el capital y el trabajo, porque las diferencias que surgen a diario entre patrones y obreros, por razón del mucho trabajo o del aumento del salario, no son sino la lucha del fuerte contra el débil. Y hay que considerar que es fuerte no sólo el que goza de la fuerza del dinero sino también el que disfruta de la fuerza que el trabajo proporciona; y que es débil muchas veces el que para conservar o aumentar su capital necesita de mano de obra que escasea o que no coopera a impulsar sus empresas.”

En Cocula ayuda al mejoramiento de los barrios indígenas. En Zapotlán a la construcción del mercado y, con audacia de pobre, compra un dínamo e instala la luz eléctrica por primera vez en esa población.

Zapotlán es víctima de un gran terremoto con movimientos oscilatorios y trepidatorios; tuvo lugar el día 7 de junio de1911 alas 4.27 hrs. Una ocasión propicia para que la solidaridad dinámica del Siervo de Dios Silviano Carrillo, se manifieste en toda su plenitud. Presintiendo las desgracias ocurridas a causa del terremoto, sale de la casa cural, corre hacia el templo parroquial y lo ve con grandes cuarteaduras y destrozos. Luego se dirige hacia las decenas de casas que se han venido abajo. Se acerca a los escombros e inicia su labor de rescate de heridos y de auxilio de los moribundos. Quisiera multiplicarse para consolar y ayudar a tantos heridos, casi vuela de un lado para otro entre adobes, vigas, tejas y tierra, sacando a sus queridos feligreses, sus ovejas heridas y moribundas. Un campesino le ofrece su caballo para que con mayor rapidez pueda trasladarse y su presencia llegue hasta los límites de la ciudad, repartiendo por doquier el pan del consuelo y la cristiana resignación.

Organizó la ayuda nombrando cuatro comisiones de sacerdotes y señores para los cuatro cuarteles de la ciudad y una Comisión Repartidora de Socorros cuyos miembros, señoras y señoritas, por turnos de una hora, repartían dinero, ropa y alimentos a los damnificados que eran enviados al Curato por las Comisiones de Señores. Estas Comisiones recogían a los muertos para darles sepultura, a los heridos los conducían al hospital de Sn. Vicente, a los niños los llevaban a los salones dela Escuela Parroquialdonde eran atendidos por las siervas de Jesús Sacramentado y algunas señoras y señoritas. Al día siguiente, el Sr. Carrillo nombró subcomisiones con la consigna de investigar cuáles eran las familias pobres damnificadas, para prestarles ayuda.

Había en Zapotlán el Grande 13 escuelas; cinco de ellas dependían directamente del Sr. Carrillo; seis particulares y dos oficiales, a las que estimulaba en su trabajo. Sus escuelas eran: – El Orfanatorio Josefino destinado a niñas huérfanas pobres, fundado en 1895. -La Escuela Parroquial de Niños, 1895. -La Escuela Parroquial de Niñas, 1896; que en 1899 se transformó en la Escuela y Superior Católica, con miras a una Normal. – La Escuela de Artes y Oficios, 1897. -La Escuela de Adultos. Nocturna. 1898.

El robo sacrílego:
El día jueves 18 de julio de 1901, ocurrió el más dolido suceso que dio origen a la Congregación de Siervas de Jesús Sacramentado. Una sacrílega persona robó del Sagrario de la Iglesia de La Purísima en Zapotlanejo el copón con las Hostias Consagradas dentro, desafortunadamente no se lograron encontrar, pero Silviano en desagravio a Jesús escondido, hizo trae a los niños para ayudarle a pedir perdón por esa terrible ofensa cometida contra su Cuerpo, y haciendo un novenario en satisfacción, colocando al mismo tiempo una lámpara que duraría durante mucho tiempo para recordarles a todos la presencia sagrada de Jesús Sacramentado. A raíz de esto, unió la Eucaristía a la Educación propiciando en los niños ese amor a Dios y el respeto al Sacramento del Altar. 3 años después de este suceso en 1904, un 25 de noviembre de manos del Arzobispo de Guadalajara, Mons. José de Jesús Ortiz recibían su consagración desposándose con Jesucristo. ¡Bendito Sea Dios! Es el lema que hasta el día de hoy caracteriza este Instituto.

En 1915 fue nombrado Canónigo Arcediano de la Catedral Metropolitana de Guadalajara. Su Santidad Benedicto XV, lo preconizó Obispo de Sinaloa el 30 de julio de 1920, aunque la noticia fue dada hasta el 27 de enero de 1921. El humilde y bondadoso Canónigo Silviano Carrillo se preparó para recibir la plenitud del sacerdocio con unos Ejercicios Espirituales realizados bajo la guía de su director espiritual el Sr. Canónigo Miguel Cano en el Hospital dela Santísima Trinidad de Guadalajara. El 24 de Febrero de 1921 fue consagrado como 5º. Obispo de Sinaloa por el Excmo. Sr. Francisco Orozco y Jiménez, Arzobispo de Guadalajara. Los co-consagrantes fueron los Excmos. Sres. Dn. Francisco Uranga (que fuera Obispo de Sinaloa) y Dn. José Othón Núñez (Obispo de Zamora).La Catedral de Guadalajara se llenó de zapotlenses, de innumerables familias tapatías y de las Hnas. Siervas de Jesús Sacramentado, todos querían estar presentes en la importante ceremonia por la que su amado padre iba a ser investido con la dignidad de Sucesor de los Apóstoles.

Estampa del Siervo de Dios con reliquia de segunda clase.

El Excmo. Sr. Carrillo envió ante todo un saludo para sus hijos sinaloenses y también su primera y única Carta Pastoral en la que descubría su corazón semejante al  Corazón de Jesús, Buen Pastor. Después de visitar, para complacer a sus antiguos feligreses, Zapotlán El Grande y de celebrar allí su primera pontifical y las primeras confirmaciones, continuó su camino hasta Manzanillo, Colima. En este puerto se embarcó rumbo a Mazatlán, Sin., para llegar por mar a su dilatada diócesis, el 12 de marzo de 1921. Dos días después  llegó a Culiacán sede de su Obispado. Fue recibido con grandísima alegría  y luego conquistó el corazón de  los sinaloenses, con su bondad, caridad, humildad y su sonrisa.

Al llegar organizó inmediatamente Ejercicios Espirituales para Señoras y con gran confianza en Dios se dio a la obra de la reorganización del Seminario Diocesano, suprimido por varios años. Había invitado en Guadalajara y Zapotlán a varios seminaristas para que se fueran a su diócesis.  Logró su deseo de reabrir el Seminario el 19 de junio de 1921. En Culiacán inicia una serie de arreglos en la Catedral y luego emprende la obra de empedrado de las calles del centro de la ciudad que había encontrado enfangadas y con la lluvia, intransitables.

Con los seminaristas fue siempre manifiesta su comprensión y su ternura de padre. En su Diario constatamos los siguientes datos: “Culiacán 13 de mayo de 1921: Le compré calzado a Francisco Cabrales. Culiacán, lunes 6 de junio: Regalé $ 20.00 a Agustín Arreola Moreno para calzado. A Lucio Sevilla $ 5.00 para unas pastillas. A todos los estudiantes del Seminario $ 3.00 para nieve. Miércoles 6 de julio: Les di a los Seminaristas $ 14.00 para paraguas. Miércoles 20 de julio: Regalé a Lucio para hechura de su ropa, $ 9.00. Domingo 24 de julio: Se vinieron hoy a comer conmigo los estudiantes (del seminario). Les regalé $6,00 para sus cigarros y unos cuadernos de papel. Se fueron muy contentos”. Ciertamente no se puede hablar solamente de ser un excelente administrador, sin unirlo a ser un verdadero héroe de la caridad. Un ejemplo para nuestros Obispos mexicanos, saber dar, sin esperar nada a cambio.

Con el fin de iniciar un resurgimiento en Cristo de toda Sinaloa, planeó una gran misión e invitó a los padres jesuitas a darla. Desprendido y pobre, como era, encauzaba todos los recursos que eran posibles para sostener al Seminario y para preparar y costear la gran misión. El 4 de septiembre se sintió enfermo; continuó así las confirmaciones, pero otro día no pudo levantarse pues le había subido la calentura. Dos o tres días, continuó enfermo aunque no de gravedad, pero la misteriosa aplicación de una inyección aceleró la muerte en medio de dolores intensísimos que soportó contemplando el crucifijo. Los seminaristas lo asistieron y quedaron edificados de la paciencia y fortaleza de su Pastor.

El sábado 10 de septiembre, de 1921 después de haberse confesado con el  Rector del Seminario Pbro. Dn. Ismael Duarte y de haber recibido a Jesús Sacramentado como Viático de manos del Sr. Cura Dn. Ernesto Verdugo Flaquees, entró en la casa del Padre, de su Dios y Señor para recibir el abrazo definitivo como premio a su fidelidad. Fue sepultado a los pies de la Sma. Virgen de Guadalupe, en el Santuario construido en “La Lomita” de Culiacán.

La información está tomada de su proceso de Beatificación y Canonización, las publicaciones de la época, periódicos y revistas editadas por él, testimonios de personas que le conocieron, su carta pastoral a los sinaloenses, documentos escritos por él y del AAS.

Fray Marcelino de Jesús

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