San Simón Stock, presbítero y religioso carmelita

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa devocional holandesa del Santo, perteneciente a la serie "Flores del Carmelo".

Estampa devocional holandesa del Santo, perteneciente a la serie “Flores del Carmelo”.

Introducción
Una de las devociones marianas más queridas por los fieles católicos es la del escapulario de Nuestra Señora del Carmen. Esta devoción tiene su origen en la Orden del Carmen y se atribuye su difusión a San Simón Stock, de quien trata este artículo. Su vida se pierde en la lejanía de los tiempos y son realmente muy pocos los datos seguros sobre ella, sin embargo, gracias a su trabajo y esfuerzo, la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, que es el nombre real de esta orden, logró sobrevivir a los cambios que fueron necesarios implementarse, para poder dar un mensaje de vida a los bautizados de ayer y de hoy.

Biografía
La figura de este Santo es central para la vida de la Orden Carmelita, y referencia obligada al espíritu de esta orden, pues tuvo el tino de adaptar la vida eremítica que llevaba para que fuera de estilo mendicante durante el s.XIII y así se encarnara en la vida de esa época; y porque se considera que él recibió de la Santísima Virgen María una promesa de esperanza para los que portaran el escapulario propio.

Noticias de su origen y de fechas de su nacimiento no se tienen a la mano. Se tiene la referencia de que es originario de Inglaterra y que allí profesó en esa Orden luego de que llegaran a esta isla los primeros carmelitas. Su apellido Stock pudiera ser un sobrenombre que deja entrever que, como monje, vivía dentro de un árbol. Otra noticia nos hace conocer que fue el sexto Superior de la Orden, cuyo mandato duró veinte años y, durante los cuales, la Orden conoció el desarrollo y la fecundidad. Fue bajo su mandato que San Luis IX, rey de Francia, introdujo esta Orden en este país. Fueron los Papas Honorio III, Gregorio IX e Inocencio IV quienes confirmaron, mitigaron y corrigieron la regla de su orden. Se le conoce como “El Amado de María”, por la gran devoción que sentía a Nuestra Señora y por la propagación que hizo del Santo Escapulario.

La historia de su vida nos ha hecho conocer dos milagros que realizó: la conversión de agua en vino para poder celebrar la misa y la resurrección del un muerto. Sin embargo, es su relación con el escapulario la que le ha dado mayor fama y que se referirá aparte. Baste decir que el pueblo sencillo y grandes magnates del mundo medieval vistieron el Escapulario: Eduardo II rey de Inglaterra y Enrique I, duque de Lancaster. Casi centenario, murió en una visita que realizaba en Vasconia, probablemente en Burdeos el 16 de mayo de 1265. Se le tributa culto desde 1435. Sus reliquias se conservan en la catedral de Burdeos, las cuales se salvaron afortunadamente durante la Revolución Francesa. En 1951, parte de su cráneo fue donado a Aylesfor, en Kent, que algunos consideran su lugar de origen.

Detalle del cráneo del Santo en su relicario. Aylesford, Kent (Reino Unido).

Detalle del cráneo del Santo en su relicario. Aylesford, Kent (Reino Unido).

Una promesa de la Madre de Dios
La Orden Carmelitana tuvo su origen en Palestina y su estilo de vida era eremítica. Sus miembros se consideraban herederos de los profetas Elías y Eliseo, y del grupo de profetas que ellos lideraban. Al estar su sede establecida en el Monte Carmelo, donde Elías vio cómo salía del mar una nubecilla que se convirtió en un gran temporal, luego de los tristes años de sequía que aquejaban a Israel, se consideraron siempre como miembros de una familia donde la Santísima Virgen María era la fundadora y promotora de la misma, pues la Iglesia, con la exégesis, vio en esa nube la prefiguración de la Madre de Cristo, que con su lluvia devolvió la vida a esa región.

Durante los siglos XII y XIII las órdenes religiosas van a tener un papel importante dentro de la Iglesia, porque se buscaba una reforma del clero y con él, de la Iglesia misma. Por ello surgirán muchos movimientos que provocaron que la jerarquía tuviera el cuidado de discernir si era necesario y bueno nuevas fundaciones y reformas. La vida monástica dará origen a la vida del religioso itinerante y evangelizador que vivirá las promesas de castidad, obediencia y pobreza de manera radical, por eso se llamarán “mendicantes”, porque como los mendigos que piden caridad, ellos también tendrán un sustento de la limosna que pidan para poder vivir con dignidad. Las primeras órdenes mendicantes fueron la de los Hermanos Menores y de los Padres Predicadores, conocidos popularmente como franciscanos y dominicos, en honor de sus fundadores San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. La vida de los frailes, ya no de los monjes, será la de llevar un testimonio del Evangelio en un mundo donde el clero y su jerarquía, sin faltar la de Roma, daban un antitestimonio con los lujos en que vivían, los pecados que cometían y la ignorancia intelectual que padecían. Esto hizo que muchos movimientos reformistas buscaran el cambio, pero hubo algunos que se salieron del orden y, contaminados por doctrinas extrañas, enturbiaron la doctrina cristiana, tal es el caso de los albigenses o cátaros. Las Órdenes mendicantes pronto obtuvieron la simpatía del pueblo y, gracias a su trabajo, los escándalos se redujeron. Su testimonio fue tan grande que muchos jóvenes ingresaron en sus filas, pues hasta en los centros universitarios tuvieron mucha influencia para renovar la vida cristiana.

Sepulcro del Santo en la catedral de Burdeos, Francia.

Sepulcro del Santo en la catedral de Burdeos, Francia.

La Orden Carmelitana conoció la expansión gracias a los cruzados que llegaron de Europa y conocieron su estilo de vida. Muchos de ellos ingresaron en ella y la difundieron en su tierra de origen, sin embargo, la orden enfrentaba la crisis configurada por varias razones: la falta de vocaciones, la expansión que se presentaba y que muchos de sus miembros fueran ancianos. San Simón Stock enfrentó estas circunstancias con la sentencia de renovarse o morir. Se puede decir que la Orden vivía una incipiente y rápida agonía.

Se hicieron los trámites ante la Santa Sede para que la Orden Carmelita cambiara de estilo y, de ser monacal, se transformara en mendicante. Roma no accedió, porque conforme con los Cánones del IV Concilio de Letrán, se impedía la creación de nuevas órdenes. Las que se quisiera renovar o instituir era casi imposible que sucediera. Para poder subsistir, se proponía que se unieran a las ya existentes o tomaran como base la regla de San Agustín. Ante este panorama, el futuro de la Orden era incierto.

Así, se dice que el 16 de julio de 1251, San Simón Stock oraba muy afligido y lleno de fervor a la Santísima Virgen María, para que protegiera su Orden Carmelita de la extinción. Se refiere que ésta era su plegaria: “Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular. Oh Madre dulce, de varón no conocida: a los carmelitas da privilegios, estrella del Mar”. Se le apareció entonces la Celestial Señora, que portaba en sus manos el escapulario, y le dijo esto: “Éste será el privilegio para ti y para todos los carmelitas, quien muriese con él, no padecerá el fuego eterno; es decir, el que con él muriere se salvará”. Hay que entender esta aparición en la floreciente devoción mariana que se vivía en la Edad Media, sobre todo, a partir de San Bernardo. Era común, entre los monjes primero y entre los frailes después, que vestir el hábito de su orden y perseverar en su vocación hasta la muerte era signo de salvación.

Visión del Santo: la Virgen le entrega el escapulario de la Orden carmelita.

Visión del Santo: la Virgen le entrega el escapulario de la Orden carmelita.

Es a partir de este evento que la Orden comienza a ser fértil en vocaciones, pues todos los fieles querían aprovechar esta promesa. Esta visión es considerada por muchos como una leyenda o fantasía. Sin embargo, vale la pena citar al P. Bartolomé F. María Xiberta (+ 1967): “Me atrevo a decir que la visión de San Simón Stock está avalada por documentos históricos, niegue quien quiera la historicidad de la visión de San Simón, pero cuide de despreciar nada con la vana confianza, de que obra así, con fundamento de documentos históricos”. A esta gran promesa se añade otra gracia, llamada la del Privilegio Sabatino y que, según la tradición, fue dada al Papa Juan XXII en 1322, que consiste de que quien muera en gracia de Dios portando el escapulario, saldrá del Purgatorio al sábado siguiente de su muerte.

Aunque no se pudiera probar estos sucesos, vale la pena recordar la aprobación que ha dado la Iglesia a la Orden y la difusión del Santo Escapulario. Su utilidad en la perfección de vida de muchísimos cristianos, los grandes favores concedidos por Dios a través de la intercesión de la Madre de Cristo, son señales de la sana y recomendable espiritualidad carmelitana. Sin embargo, el escapulario, que debe considerarse como un sacramental, no debe tratarse como objeto mágico o como un pagaré seguro. Quien quiera gozar de sus privilegios, debe actuar con una buena vida cristiana, viviendo, según su estado, las responsabilidades que se contrajeron en el bautismo.

Relicario que contiene el cráneo del Santo. Aylesford, Kent (Reino Unido).

Relicario que contiene el cráneo del Santo. Aylesford, Kent (Reino Unido).

Mensaje
El mensaje que ofrece San Simón Stock es que los religiosos amen a su Orden con seguridad, que todos acudamos a María en nuestras necesidades, que merezcamos ser amados por María y que practiquemos las virtudes evangélicas que representa el Santo Escapulario.

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, J. Antonio, Nuevo Año Cristiano, Mayo, Editorial Edibesa, Madrid, 2002, pp 275-280.

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Origen y milagros del escapulario del Carmen (I)

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San Simón Stock recibe el escapulario de manos de la Virgen. Grabado para la edición inglesa "Lives of The Saints".

A finales del siglo XII o principios del XIII nacía en el Monte Carmelo, de Palestina, la orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a occidente, donde tampoco fueron muy bien recibidos. Por ello, el Superior General de la Orden, San Simón Stock, suplicó con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen. En el año 1251 la Virgen le concedió un privilegio. Un santoral del siglo XIV así lo cuenta:

Se le apareció la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el Escapulario de la Orden y diciendo estas palabras;”Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas: quien muriere con él no parecerá el fuego del infierno, es decir, el que con él muriese se salvará“.

Esta gran promesa de morir en gracia de Dios a quien llevando el escapulario, piadosamente muera con él las recordaba el Papa Pío XII el 11 de febrero de 1950:

Y en verdad no se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen…Es ciertamente el santo Escapulario como una librea mariana, prenda y señal de la protección de la Madre de Dios. Mas no piensen los que visten esta librea que podrán conseguir la salvación eterna abandonándose a la pereza y a la desidia espiritual.”(Carta “Neminen profecto”).

Desde entonces se difundió esta devoción y uso del santo Escapulario del Carmen hasta que fue el vestido de reyes y nobles, pobres y ricos, clérigos y seglares, de todos los tiempos y lugares. Por ello el Cardenal Gomá la llamo “devoción católica como la misma iglesia”. A lo largo de siete siglos de historia, se ha ido enriqueciendo este “sacramental de María” que representa el compromiso de seguir a Jesús como María, la primera discípula del maestro. El Papa Pío XII en su carta sobre el Escapulario, del 11 de Febrero de 1950 decía:

Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad, vean en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor,vean, sobre todo, en esta librea, que visten día y noche, significada con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino y reconozcan, por fin, en él su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada”.

Vista de un escapulario de la Virgen del Carmen.

Lo que han dicho algunos santos sobre el Escapulario del Carmen.

San Pompilio María Pirrotti: “La Santísima Virgen del Carmen nos regala su vestidura a fin de que, con su auxilio, podamos vivir bien y logremos nuestra salvación”.

San Claudio de la Colombière: “Ella, la Virgen del Carmen, os anuncia su promesa de salvación en tales términos que no encontramos nada oscuro, nada ambiguo”.

San Antonio María Claret: “Teniendo en la mano un medio tan cierto y tan fácil para aseguraros de vuestra eterna salud, ¿por que miráis con tanta indolencia la devoción del santo Escapulario?”

San Alfonso María de Ligorio: “Así como los grandes del mundo se honran con que otros lleven sus libreas, así también María Santísima se complace en que sus devotos lleven su Escapulario”.

San Pío X: “El uso del Escapulario contribuye poderosamente a fomentar la devoción y a excitar propósitos de vida mas santa”.

San José María Escrivá de Balaguer: “Lleva sobre tu pecho el santo Escapulario del Carmen. Pocas devociones tienen tanto arraigo entre los fieles y tantas bendiciones de los Pontífices. Además,¡es tan maternal ese privilegio sabatino!”.

San Pedro Poveda: “Un cristiano sin el Escapulario del Carmen, es como un militar desarmado”.

San Nuño Álvarez Pereira: “Dádiva sublime de la Madre de Dios”.

A continuación y también durante un segundo articulo dedicaré a contra algunos de los milagros y hechos sorprendentes ocurridos en España en relación con el Escapulario del Carmen.

Hacha prodigiosa:
En Aranda  de Duero (Burgos), vivían unos esposos: el, a quien las lecturas antirreligiosas y los amigos libertinos le habían inducido hasta la incredulidad y el escepticismo, increpaba continuamente a su esposa, fervorosa cristiana, por sus practicas religiosas.

Un día, volvía la esposa después de asistir a la función religiosa, y traía en la mano, junto con el devocionario, el Santo Escapulario del Carmen, con el que se había acercado a recibir la Sagrada Comunión. El esposo, en un arrebato de cólera se lo quito de las manos, lo coloca sobre el poyo en el que partía la carne y, lleno de coraje toma el hacha y se dispone a partirlo en pedazos; pero el hacha cayó repetidas veces sobre el santo Escapulario, sin lastimarle lo mas mínimo.

En uno de los golpes reboto el hacha, dándole al carnicero en la frente. Este abrió los ojos de la fe ante aquel repetido prodigio y, arrodillado ante el santo Escapulario, pidió perdón a la Santísima Virgen de su sacrilegio. Acto seguido se fue a la iglesia, donde con muchas lágrimas, se confeso y recibió la Sagrada Comunión y también el santo Escapulario, que llevo con singular devoción durante toda su vida. Desde entonces se portó como un modelo de esposo cristiano.

Óleo contemporáneo de la Virgen del Carmen.

La cubría con un delantal
En “La Lectura Popular” de Orihuela del 15 de Noviembre de 1896, su director, Don Adolfo Claravana publicaba la siguiente noticia:
Una niña de tres años y tres meses se extravió a la mitad de la tarde del sábado 18 de enero, y buscada por todas partes, no apareció. Llegada la noche, sus padres afligidisimos, acudieron a las autoridades; alarmose todo el mundo, y el vecindario en masa, movido por el resorte del mas vivo interior, púsose en movimiento para encontrar a la criatura. En vano fue todo; la noche paso en la mas viva ansiedad, pues a pesar de haber recorrido el monte y huertas vecinas palmo a palmo, nada se logró.
A la mañana siguiente, apenas apunto el día, volvióse a la faena; se publicaron edictos en los pueblos vecinos; aumentó a centenares el numero de personas que buscaban a la niña, y sin embargo tampoco se logro hallarla. Iba ya transcurrido un día entero; hacia mas de veinticuatro horas que la niña no se había alimentado; la noche había sido una de las mas frías del año; la niña, descubierta la cabeza y vestida ligeramente, era imposible que hubiese podio resistir; estaría muerta. Además, el monte cercano esta sembrado de hondanadas y precipicios horribles que, a obscuras es muy difícil salvar.
Mas he aquí que a las tres de la tarde unos tíos de la niña, rebuscando por aquellos peligrosos sitios, ven a la inocente criatura tendida al amparo de un extraño saliente de la montaña, y junto a un precipicio de muchos metros de profundidad, cortada casi verticalmente.
“Aquí está, exclaman; pero,¡ay!,indudablemente está muerta”. Entonces se acercan a ella y ¡oh sorpresa! La niña se levanta, serena y tranquila abre sus bracitos y se dirige a sus tíos como si tal cosa.
“Hija mía, gritan estrechándola contra su corazón,¿qué te ha pasado? ¿cómo has podido sufrir esta horrible noche de frío?”
“Si no he tenido frío”. Dice la niña en su infantil lenguaje.
“¿Como es posible?”
“Si ha estado toda la noche conmigo una mujer y me tapaba con el delantal”
“¿Una mujer?”
“Sí, una mujer”
“Pero esa mujer ¿no te hacía nada? ¿No oías tú, cuando cruzábamos por aquí con luces y hacíamos ruido y te llamábamos a gritos?
“Sí que lo oía, pero la mujer me decía: No te muevas hija mía, que ya vendrán por ti”
El estupor de los que escuchaban estas palabras llego a su colmo: aquello,¡era un milagro! Trasladada la niña al pueblo, celebrose al día siguiente en la Iglesia Parroquial una solemne misa de acción de gracias por el hallazgo de la niña. Y ahora viene lo admirable… al entrar la niña al templo ve una imagen de la Virgen del Carmen, y exclama dando un grito como si volviese a encontrar a una persona querida:
“Madre, ésa es la mujer que me tapaba con el delantal”
Calcúlese la sorpresa que producirían estas palabras. Cerca de la imagen de la Virgen había una de San Juan Evangelista.
“¿Es ésa?”, le preguntaban para ver si la niña había dicho aquello por capricho.
“No, aquélla”, contesta insistiendo en señalar a la Virgen del Carmen.

El entusiasmo de la muchedumbre, que literalmente llenaba la iglesia, se trocó en lágrimas de fervor; todo el mundo lloraba. Sacaron a la niña, terminada la función, y la llevaron de casa en casa. Una de ellas fue la del vicario del pueblo. La niña entró en el despacho del sacerdote; en él hay un cuadro de la Virgen del Carmen.
“Ésa es la mujer que me tapaba con el delantal”, repite la niña. Sigue visitando muchas casas, y entra en otra donde había otra imagen igual.
“Ésa es la mujer que me tapaba con el delantal”, repite por tercera vez.
“Ya no cabe duda, dice el pueblo entero a una voz; esta niña ha sido objeto de un verdadero milagro. Milagro del Escapulario de la Virgen, y la niña llamaba delantal”.

Fotografía de una comunidad de frailes carmelitas en Kintambo (República Democrática del Congo).

Ampara a un albañil bajo su manto blanco

Sucedió en Estepa (Sevilla) en 1932. Se hallaba trabajando en el revestimiento de un pozo, un maestro albañil de la localidad, fervoroso cofrade del Santo Escapulario, quien jamás se desprendía de él para sus trabajos. Le sobrevino un desprendimiento de materiales de mas de seis metros de altura que, cayendo sobre él, lo dejo sepultado en las profundidades del pozo, sin que nadie creyese que pudiera sobrevivir.

Comenzaron los trabajos de desescombro, que duraron mas de tres días, en la seguridad de extraerlo cadáver; pero cual no seria la sorpresa y alborozo de los circunstantes cuando al tercer día de inauditos trabajos pudieron percibir muy lejana la voz del albañil, quien desde el fondo les gritaba con voz firme y alegre: “No se precipiten, pues junto a mi y amparándome bajo su blanco manto, está la Virgen del Carmen, a quien tanto frecuento desde niño y cuyo bendito Escapulario llevo”.

Publicó este relato el “Correo de Andalucía”, en un articulo bellísimo, y lo aprobó como hecho verdaderamente milagroso el Cardenal Ilundain y Esteban, Prelado a la sazón de la diócesis hispalense.

(En el próximo artículo continuaremos con un repertorio de diferentes tipos de milagros documentados acaecidos en suelo español).

Abel

Bibliografía:

– LÓPEZ MELÚS, Rafael, “Prodigios del Escapulario del Carmen”, Ed. Apostolado Mariano.

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El Monte Carmelo y la Virgen del Carmen

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Panorámica del monte Carmelo, Palestina.

El Carmelo es una cadena montañosa situada en Palestina y que se extiende sobre el Mar Mediterráneo formando un acantilado, un escarpado promontorio. En el promontorio llamado cabo del Carmelo es donde está el monasterio carmelita del que a continuación hablaremos y que está situado a ciento setenta metros sobre el nivel del mar. Esta cadena montañosa es mencionada en el Antiguo Testamento, llamándola Hakkarmel; los árabes le llaman Kurmul, siendo el significado de estos nombres, “el jardín” o “el huerto” ya que es una montaña con abundante y riquísima vegetación, matorrales y árboles de hoja perenne.

Aunque este monte nunca es mencionado en el Nuevo Testamento, en el Antiguo, si. Su conquista se remonta a los tiempos de Josué y era el límite sur de la tribu de Aser. El Cantar de los Cantares habla de él, así como los profetas Isaías, Jeremías, Amós y otros. En este monte se había erigido un altar a Yahweh, cuyas ruínas fueron reparadas por el profeta Elías y es este profeta el que en más de una ocasión celebró allí alguna asamblea con el pueblo elegido, con el pueblo de Israel. Allí se reunían los israelitas para celebrar la luna llena y el sabbath y allí se establecieron los profetas Elías y Eliseo; de hecho, aun es conocida alli la llamada gruta de Elías, venerada por las tres religiones monoteistas.

El III Libro de los Reyes habla de la disputa entre el profeta Elías y los profetas de Baal acerca de cual era el verdadero Dios y como parte del pueblo se inclinaba por adorar al ídolo fenicio, Elías predijo una gran sequía, que se  produjo para castigar a los adoradores de Baal. Al tercer año, Elías consigue que el rey Acab reuna allí a todo su pueblo y a los sacerdotes de Baal y en presencia de todos consigue el milagro divino de que un fuego bajado del cielo consumiera el sacrificio ofrecido a Yahweh. Cuando todos adoraron al Dios de Israel, el profeta rogó al Señor en esta montaña, para que enviase la lluvia que paliara los daños producidos durante esa desastrosa sequía que azotó a Israel y a todos los pueblos vecinos; entonces vió en el cielo una formación de nubes, que se expandió rápidamente cubriendo todo el cielo y que produjo una refrescante y copiosa lluvia, que hizo fertilizar abundantemente a aquella tierra reseca. Pero no sólo el pueblo de Israel, sino también otros pueblos circundantes, consideraron a estos montes, como lugar sagrado; aún en tiempo de los romanos, como lo señala Tácito.

El profeta Elías arrebatado al cielo en carro de fuego. Estampa devocional italiana.

Posteriormente, las tres religiones monoteistas han seguido teniendo a este lugar como lugar sagrado y prueba de ello es que se sigue relacionando al Carmelo con el profeta Elías y que esa montaña sigue llevando el nombre de “Jebel Mar Elias”.

Estas nubes que vio el profeta Elías y esta lluvia milagrosa que cayó abundantemente del cielo, es considerada como una de las muchas premoniciones proféticas de María, fuente de toda gracia y lluvia de santidad contra el mal. Según la tradición, el mismo Elías estableció allí, en el Monte Carmelo, una comunidad de eremitas, que en soledad y oración veneraban a una virgen aún no nacida, que estaba destinada a ser la Madre del Mesías.

Este santo profeta del Antiguo Testamento, tan mencionado por los Santos Padres de la Iglesia es desde antiguo venerado en Oriente, tanto en el Monte Carmelo y en el santuario de Sarepta, como asimismo, en el cerro desde el cual, según la tradición, fue arrebatado por un carro de fuego que lo llevó a los cielos.

Pero hablar del Carmelo no se puede si no se hace mención a los Carmelitas, frailes católicos que se caracterizan por su doble condición de elianos y marianos. El origen de esta Orden está intimamente relacionado con el profeta Elías como lo atestigua la Regla dada por San Alberto, patriarca de Jerusalén a principios del siglo XIII a unos eremitas que procedían de Occidente y que se habían quedado en el Carmelo muy cerca de la llamada “fuente de Elías”, a quienes ordena construir una iglesia y vivir alrededor de ella, dedicandola a la Virgen y así, lo mismo que Elías había vivido como eremita en esa montaña, ellos también lo hicieron a imitación del santo profeta, pero bajo el amparo de Santa Maria, a la que los ermitaños consideraban su patrona. Esta Regla dada por San Alberto, fue confirmada por el Papa Honorio III en el año 1226 cuando San Simón Stock era Superior General de la Orden. Serán llamados hermanos de Nuestra Señora del Carmelo e hijos del profeta Elías, afirmando siempre que la Orden se había fundado en honor de Santa María.

Pero para hablar de la Orden del Carmelo hay que volver a recordar la figura venerable de San Simón Stock, que con doce años huyó de su casa y se refugió en el tronco hueco de un gran roble con la intención de vivir como ermitaño. El había nacido en Kent (Inglaterra), en el año 1185 y años más tardes se convertiría en el Superior General de la Orden cuando fue elegido en el Capítulo celebrado en Inglaterra. Gobernó la Orden durante veinte años y fue entonces, como he dicho antes, cuando obtuvo del Papa la aprobación definitiva de la Regla. Aunque no se sabe qué número de orden ocupaba en la lista de los Superiores Generales Carmelitanos, hay quienes dicen que fué el quinto, distinguiéndose por su piedad y por su amor a la Virgen a la que le solicitaba diese algún tipo de privilegio a su Orden como prenda de salvación eterna.

La Virgen entrega el escapulario a San Simón Stock. Estampa devocional italiana.

Y así, uno de los hechos más conocido e importante en la historia de la Orden religiosa de los Carmelitas fue la visión que tuvo San Simón Stock en el año 1251. Se le apareció la Virgen, rodeada de una multitud de ángeles, vestida como Nuestra Señora del Carmen y le entregó al anciano penitente y Superior General un escapulario milagroso del que anunció que libraría del infierno a cuantos lo usaran.
San Simón murió en Burdeos (Francia) el día 16 de mayo del año 1265 y allí está sepultado, en la catedral de la ciudad. El último reconocimiento canónico de sus reliquias se realizó en el año 1950, enviándose una parte de su cráneo al convento de Aylesford, en Inglaterra. Debido a esta aparición milagrosa de la Virgen y a la difusión del escapulario del Carmen, ligada a la Orden Carmelita, esta floreció, tuvo una gran difusión entre los siglos XIII y XIV.

Cuando en el año 1226, la Regla fue aprobada por el Papa Honorio III, los carmelitas establecieron la festividad de Nuestra Señora del Carmen, con el fin de festejar el reconocimiento de su Regla y al mismo tiempo, para recordar el antiquísimo origen de la espiritualidad carmelitana. Desde el siglo XIII, la Orden Carmelita tuvo una amplísima difusión en todos los países cristianos, difusión similar a la que tuvieron las Ordenes de los Franciscanos y de los Dominicos. No existía una ciudad que no tuviese una iglesia dedicada a María, flor del Carmelo y su correspondiente convento de carmelitas, que eran los continuadores de aquella antigua tradición de piedad mariana.

Actualmente existen las ramas masculina y femenina de la Orden, tanto en los de la Antigua Observancia como en los Descalzos y ligados de alguna manera a esta Orden, todas aquellas personas que tienen especial devoción al escapulario de la Virgen del Monte Carmelo, comúnmente llamada la Virgen del Carmen, cuya festividad se conmemora el día 16 de julio. Esta fiesta mariana es celebrada por la Iglesia Católica en todo el mundo. En la última reforma litúrgica se transformó en fiesta de IV clase, o fiesta de memoria libre.

Virgen del Carmen. Estampa devocional italiana.

En la fiesta de Nuestra Señora del Carmen existe un punto de encuentro entre los tiempos de la Antigua Alianza y el tiempo de la Redención en Cristo (Antigua y Nueva Alianzas) y no deja de tener un profundo significado el que este punto de encuentro se haga a traves de la figura y del amor de María, fuente de toda salvación, lluvia de toda las gracias y flor del Carmelo.

María es la Madre de Dios, es la Virgen entre las vírgenes, la concebida sin mancha alguna de pecado y su escapulario es un sacramental que vincula especialmente a los cristianos con María. La Virgen del Carmen es la madre y patrona de todos aquellos que viven vinculados al mar.

¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo!
Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. (Isaías 7, 10-14)

Felice

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es