Santos de nombre Sóstenes

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Antigua estampa de San Sóstenes, mártir de Calcedonia y patrón de la ciudad homónima en Catanzaro (Italia).

Introducción
La vida cristiana está marcada por el don del Espíritu Santo que, hablando en nosotros, nos hace reconocer a Dios como nuestro Padre. El Espíritu de Jesús es el regalo que si aceptamos libremente, nos vincula a Cristo y nos une a su destino: la santidad. Por eso dice la Plegaria Eucarística II: “Padre Santo, fuente de toda santidad”; es el Padre, quién en Cristo y por obra del Espíritu Santo, aceptándolo nosotros libremente, nos da la plenitud de la gracia para ser aquello que ya somos: santos. Así que, cada uno de nosotros, podemos decir como el apóstol Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia en mí, no ha sido vana”.

El Espíritu Santo, la gracia de Dios, ha sido concedida a todos, es un don gratuito de Dios igual para todos, porque es uno e indivisible. Lo que crea la diversidad se debe únicamente a las respuestas de la libertad de cada uno y es por eso que esta es la única diferencia entre nosotros y los Santos.

La Iglesia Católica recuerda en el Martirologio Romano (en la edición más antigua, ya que ahora la memoria del culto se encuentra sólo en la Bibliotheca sanctorum), a dos santos con el nombre de Sóstenes (un nombre griego que significa “por el vigor intacto”, que en latín deriva del vocablo “sustines”, que quiere decir, “aquel que sostiene”): el 10 de diciembre, San Sóstenes de Calcedonia y el 28 de noviembre, San Sóstenes de Corinto; los dos, según la tradición, murieron como mártires.

Los primeros santos venerados en la Iglesia fueron los propios mártires (los que dan testimonio), o sea, aquellos hombres y mujeres que derramaron su sangre por ser fieles a Cristo que había sacrificado su vida por todos nosotros en la cruz. “Nadie tiene un amor más grande que aquel que da la vida por los propios amigos” (Juan, 15, 13).

Jesús había anunciado las persecuciones de sus discípulos: “Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos… y por mi causa seréis llevados ante los gobernadores y reyes para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengais que hablar se os comunicará en aquel momento, porque no sereis vosotros los que hablareis, sino el Espíritu de vuestro Padre será el que hablará en vosotros”. (Mateo, 10, 16-20). La historia de la Iglesia de todos los tiempos y todos los lugares, desde la época apostólica hasta nuestros días, está marcada por los testimonios de innumerables cristianos que han sido arrestados, torturados y matados por odio a Cristo. Los cristianos siempre han considerado al martirio como un don, una gracia, un privilegio, la plenitud del Bautismo porque se es “bautizado en la muerte de Cristo (Romanos, 6, 3-5).

Imagen de San Sóstenes, mártir de Calcedonia, venerara en Mili San Pietro, Italia.

El Concilio Vaticano II nos enseña: “Desde los primeros tiempos algunos cristianos han sido llamados a dar este supremo testimonio de amor ante todos y también delante de los perseguidores y otros más serán llamados. El martirio hace que el discípulo sea similar a su Maestro, que aceptó libremente la muerte para salvar al mundo, confirmándolo también con el derramamiento de su sangre; por lo cual, el martirio es estimado por la Iglesia como un don eminente y una prueba suprema de caridad” (LG 42).

Los primeros cuatro siglos de la Iglesia se caracterizaron por feroces persecuciones y de esta manera se desveló que aquel nuevo grupo religioso no era el fruto de pensamientos humanos, sino del de su fundador que era el mismo Dios: “¡Va a ocurrir que incluso os encontreis luchando contra Dios!”, dijo Gamaliel en su discurso en defensa de los Apóstoles. Los mártires nos revelan la fuerza del Espíritu del Padre, que ha resucitado a Jesucristo y con su poder transforma a aquellos que “participando de nuestra naturaleza humana, son transformados en imagen de Cristo… y vivamente manifiestan a los hombres, su presencia y su rostro”, tanto que Tertuliano llegó a decir a los paganos: “La sangre de los mártires, siempre será semilla de nuevos cristianos”.

San Sóstenes de Calcedonia
Sóstenes nació en el seno de una familia pagana de Calcedonia en Bitinia, en el siglo IV. Bitinia está en la actual Turquía. Nada se sabe de su infancia y solo podemos decir que se alistó en el ejército romano bajo el mando de Maximiano Hércules y que consiguió importantes victorias. Vivió en un período de encarnizada persecución contra los cristianos: primero bajo el reinado de Decio y posteriormente, de Diocleciano.

En su vida, seguramente oyó hablar de los cristianos, pero no supo lo que era la fe y la firmeza hasta que recibió la orden de martirizar a la joven Eufemia. Sóstenes quedó impresionado por el comportamiento de la joven y frágil mártir. Ciertamente, él, en su corazón, se preguntaba de dónde salía esa fortaleza, quién era ese Dios por el que se podía soportar tan atroces tormentos.

Podemos imaginarnos la lucha interior del joven soldado y su búsqueda de respuestas a muchas preguntas que se le planteaban a su conciencia. Como un nuevo Pablo se encontró a Eufemia en el camino de Damasco y oyó la voz de Dios que le habló a través de Eufemia. No era un dios como el de sus padres, un dios patrono, sino un Dios Padre que lo amaba y que por su inmenso amor nos había entregado a su propio Hijo, que había muerto y resucitado. ¡Ésa era la fuerza y la esperanza que había animado a la joven virgen de Calcedonia!

Imagen de San Sóstenes de Calcedonia, imitación de la original italiana. Iglesia de San Antonio de Waterford, Nueva Jersey, EEUU.

Por fin, había descubierto al verdadero Dios, al Creador y Señor del Universo. No transcurrió mucho tiempo hasta que fue descubierto como cristiano y, como santa Eufemia, fue llamado a dar testimonio públicamente de su fe.
En aquel tiempo, gobernaba en Bitinia el cónsul Prisco. El lo hizo arrestar como cristiano y encerró en la cárcel; esta era la prueba de su fidelidad a Cristo, pero era solo el principio. Fue sometido a diversos interrogatorios en los cuales, el cónsul esperaba persuadirlo para que abandonara su fe, pero Sóstenes se mostró inflexible. De las palabras persuasivas y promesas de riquezas y de honor, se pasó a la tortura. Fue azotado, desgarrado su cuerpo con anzuelos, pero esto no lo amilanó sino que alababa a Dios por hacerle digno de sufrir en su nombre. Pero le esperaban más pruebas, porque fue arrojado a las fieras, aunque por la gracia de Dios pasó esta prueba.

Su final estaba decidido: se preparó una pira de leña y se encendió un gran fuego y Sóstenes fue conducido allí para ser quemado vivo. Él, como Eufemia, estaba demostrando su firmeza en la fe y esto originó un primer fruto: tuvo un compañero en su última prueba: Víctor. Ambos, después de intercambiarse el abrazo de paz, fueron echados al fuego, dando así testimonio de Cristo con el derramamiento de su sangre. Ésta fue su victoria: los discípulos son semejantes al Maestro. Sóstenes y Victor nos enseñan cómo morir heroicamente por Cristo; cada uno de nosotros estamos llamados para dar testimonio de nuestra fe en Cristo en la caridad. ¡Aspirar a los carismas más grandes!

“Procurad pues los mejores dones y yo te mostraré el mejor camino” (1º Corintios, 12, 31). “Si yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles y no tengo amor, soy como el metal que resuena o el címbalo que retiñe…. El amor es paciente, es bondadoso, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia sino que se goza en la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser….” (1ª Corintios, 13, 1-7).

Las reliquias de San Sóstenes de Calcedonia
“Incluso cuando el alma ya no está presente, existe una fuerza en los cuerpos de los santos” (San Cirilo de Alejandría)

En el libro: “Sóstenes de Calcedonia. Testimonio de Cristo” no existen noticias sobre las reliquias del mártir. En realidad, yo había venerado siempre una reliquia del santo guardada en la parroquia de Santa Maria del Monte en San Sostene (CZ), pero en mi investigación he descubierto las huellas del culto del santo mártir en los lugares siguientes:
Roccella Jonica (RC), loc. S. Sostene, iglesia de su nombre.
San Sostene (CZ), Parroquia de S. Maria del Monte
Mili San Pietro (ME), santuario de San Sóstenes
Waterford (NJ – USA), Iglesia de San Antonio
Piacenza, Basilica de Santa Eufemia
Irsina (MT), Catedral.
Estos son los lugares más significativos con trazas de culto al santo mártir de Calcedonia. Lo contrario puede decirse acerca de la iconografía del santo. Excepto en Roccella Jonica e Irsina, los otros centros de culto tienen un rico testimonio iconográfico. De manera particular, la basílica de Santa Eufemia, en Piacenza, la cual posee diversas obras pictóricas que retratan al compañero de martirio, esto es, a San Victor de Calcedonia. También está representado en una escultura de yeso de 35 centímetros y que es propiedad de su autor.

Urna con las reliquias de San Sóstenes, mártir de Calcedonia, veneradas en Piacenza (Italia).

Pero retornemos al tema de las reliquias:
En la parroquia de Santa Maria del Monte en San Sostene (CZ), existe un relicario antropomorfo de madera (un brazo) en cuyo interior hay una reliquia “ex ossibus” del mártir. La nora contenida lo confirma: “POLLEX S. SOSTHENIS M.”
Según la relación de Bianca Capone Ferrari, presentada en la 22º Conferencia de Investigación sobre los Templarios organizada por la L.A.R.T.I. los días 25 y 26 de septiembre del 2004 en Trieste, tambien en Irsina (MT) hay rastro de reliquias de los santos mártires calcedonenses. Por último, el descubrimiento más sorprendente es el relativo a Piacenza, en la Basílica de Santa Eufemia.

En el año 1881, en una carta autógrafa con ocasión del reconocimiento de las reliquias de Santa Eufemia, el Beato Juan Bautista Scalabrini, escribe: “El día 7 de aquel mes de enero, habíamos puesto en aquella urna las mismas reliquias tomadas del arca de piedra, que desde enero del 1880, con ocasión de la Sagrada Visita Pastoral, encontramos situada bajo el altar mayor del mismo templo en la parte del coro y en el que se realizó el reconocimiento canónico de las mismas, conservadas con algunos restos de los santos mártires Sóstenes y Victor. Allí están las reliquias y cenizas de la santa y de los dos susodichos santos. El día 10 de ese mes, la misma arca de piedra se ha puesto en el lugar primitivo… 29 de mayo del 1881, Juan Bautista, obispo”. Esta carta documenta la presencia de reliquias de San Sóstenes en Piacenza.

Pero también, el mismo beato obispo Scalabrini, en su discurso del 9 de enero de 1881, realizado al término de los festejos que se realizaron con motivo del reconocimiento de las reliquias de Santa Eufemia, afirma: “(Eufemia) sabemos que muchos, a través de ella, encontraron durante su vida la fe en Cristo, entre ellos, Victor y Sóstenes, de los cuales encontramos reliquias insignes en la misma urna de la mártir, como se sabía por tradición y por la memoria historica de nuestros padres”. Hoy, la urna de las santas reliquias está puesta en el lugar donde la puso el beato Juan Bautista Scalabrini.
Finalmente, una pequeña e insignificante reliquia “ex linteis” es guardada por mí y proviene del relicario de San Sóstenes de la ciudad de Catanzaro.

Brazo-relicario de San Sóstenes, mártir de Calcedonia, venerado en Italia.

Concluyo con un pensamiento del Papa Benedicto XVI: “Las reliquias (de los santos) nos conducen al mismo Dios: es Él, quien por el poder de su gracia, concede a esos seres tán frágiles, la valentía para dar testimonio suyo en el mundo. Invitando a venerar los restos mortales de los santos y de los mártires, la Iglesia no olvida que en última instancia, son solo huesos humanos que pertenecen a personas tocadas por el poder vivo de Dios. Las reliquias son huellas de esa presencia invisible pero real, que ilumina la oscuridad del mundo y revela el reino de los cielos que está dentro de nosotros. Claman con nosotros y por nosotros: “Maranathà!”, Ven, Señor Jesús”.

Oración a San Sóstenes de Calcedonia
(don Aristide Stillo, 1928)
Oh glorioso protector nuestro, San Sóstenes, ilustre campeón de la fe en Jesucristo, que con heróico coraje profesaste hasta el generoso holocausto de tu joven existencia, vuelve como siempre sobre tu mirada benigna y sonriente, sobre este pueblo, que con santo orgullo cuenta con tu invicto Nombre.
Tu que, entre las filas de los soldados legionarios ambiciosos, aduladores y corruptos, con un odio especial a la religión de Jesús, llevaste la palabra ardiente de la verdad y del amor para que a la sombra de tu gloriosa bandera, los hermanos de armas y de fe se sintieran protegidos y fortalecidos, ponnos también a nosotros bajo la sombra benéfica de tu protección, para que también podamos sentirnos apoyados en la fe.
En medio de la torbellina sucesión de las pasiones humanas, de la áspera y continua lucha para mantener intacto el patrimonio de las santas virtudes cristianas que nuestros padres nos han transmitidos, nosotros, con la mirada pura y confiada, de tí esperamos recibir una advertencia y una lección, a traves de tu santa reliquia que nos vuelva a nuestro invicto Carroccio.
Haz que el fuego del Amor Divino arda en los corazones de todos nosotros, hijos de tu amor, a fin de que en el Amor Divino podamos encontrar nuestra felicidad, nuestra paz verdadera. Si, oh gran protector, reine en nosotros el espíritu de fe sincera y devota y no esté entre nosotros, el pecado, las penurias y las enfermedades tanto del cuerpo como del alma.
Tú, que desde el horno de Calcedonia, con la palma de los fuertes entre tus manos, has volado al canto de la gloria y de la victoria, entre las llamas del inagotable amor de Dios, haz que también nosotros, después de las feroces batallas de la vida y la prueba moral del fuego de este mundo, podamos llegar al canto de la gloria del cielo, donde por toda la eternidad, bendigamos la bondad divina. Amén.

Miniatura gótica medieval de San Sóstenes de Corinto (dcha.) con el apóstol San Pablo (izqda.)

San Sóstenes de Corinto
Decimos que la Iglesia venera a San Sóstenes de Corinto, que fue el jefe de la sinagoga de Crinto y que es festejado el día 28 de noviembre. Este mismo santo es venerado por la Iglesia Ortodoxa, el 8 de diciembre y lo recuerda como primer obispo de Colofonia, en Asía y posteriormente, mártir en Corinto.

En la primera carta (epístola) de San Pablo apóstol a los Corintios, en el saludo inicial, se leen las siguientes palabras: “Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo nuestro Señor; Señor de ellos y nuestro. Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
No dejo de dar gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia que Él os ha concedido por Cristo Jesús. En efecto, vosotros habeis sido colmados en Él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento. En la medida en que el testimonio de Cristo se arraigó en vosotros, por eso, miestras esperais la revelación de nuestro Señor Jesucristo, no os faltará ningún don de la gracia. Él os mantendrá firmes hasta el fin para que seais irreprochables en el día de la Venida de Nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel y Él os llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro”
(1 Cor 1, 1-9).

Durante la larga permanencia del apóstol Pablo en Corinto, ocurrió un hecho dramático, al menos para nosotros y difícilmente explicable, según lo cuenta el evangelista San Lucas con su habitual claridad: Sóstenes fue golpeado en lugar de Pablo de Tarso; ¿por qué? Es probable que los judíos quisieran pegarle por su conversión al Cristianismo, ya que él que era el cabecilla de la Sinagoga; pero de la conversión de Sóstenes, cabeza de la Sinagoga de Corinto, los Hechos de los Apóstoles no dicen nada.

Su nombre aparece en la dirección de la carta que, desde Éfeso, San Pablo escribió a los inquietos cristianos de Corinto y Sóstenes parece que fue el portador de dicha carta. Por tanto, es natural que pensemos que el ex-jefe de la Sinagoga, fuera golpeado por sus hermanos en la fe, pues efectivamente había sido convertido por San Pablo, llegando a ser discípulo suyo, encargado de tener en contacto al apóstol con la comunidad de Corinto, donde era muy conocido y estimado.

Tabla bizantina del apóstol San Pablo.

Esta hipótesis, probabe pero no segura, fue bien recibida por los que redactaron los Martirologios, que recuerdan el 28 de noviembre a Sóstenes como santo, discípulo de San Pablo y ex-jefe de la Sinagoga de Corinto. Con la paliza que recibió delante del tribunal, él fue “consagrado como un glorioso comienzo de los primeros frutos de la fe”, madurando posteriormente su fe como obispo de Colofonia en el Asia Menor. Pero esto es solo tradición ya que no existe evidencia histórica alguna que lo confirme.

Damiano Grenci

Bibliografía
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
– Archivo Parroquial San Pietro in Mili, S. Pietro Superiore (ME)
– Archivo Parroquial Santa Maria del Monte “Pignatelli”, S. Sostene (CZ)
– Bianca Capone Ferrari – Relación presentada en la 22° Conferencia de Investigacion Templaria, organizada por la L.A.R.T.I. el 25 y 26 de septiembre del 2004 en Trieste – Sitio Web di Irsina.net
– Bolandistas , Acta Sanctorum Septembris, Tomus III , p. 488
– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editora Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Corrao Gaia – Eufemia. Una muchacha mártir por Cristo: suplemento a “Il Nuovo Giornale”, semanal diocesano de Piacenza-Bobbio” – n. 32, 15 septembre 2006
– D. M. Grenci – I. Coletti, San Sostene martire, dattiloscritto
– Enciclopedia Catolica, Città del Vaticano, Vol. II, pp. 954-957
– Grenci Damiano Marco – “Sostene di Calcedonia. Testimone di Cristo”, pp. 140, 30 ilustraciones in b\n, Ed. Tip. Rossini (Busto Arsizio – VA).
– Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconografico y hagiografico: 1977 – 2011
– Jacopo da Varagine, Leyenda Aurea, Libreria Editrice Fiorentina, Voll. 2, pp. 630- 632
– Lupoli Michele Arcangelo – Novena en honor de Santa Eufemia virgen y mártir calcedonense, protectora de la ciudad de Montepeloso (Irsina) – Ed. Comitato Feste Patronali, 2000
– Parroquia de Santa Eufemia. Istituto Paritario sant’Eufemia – Sant’Eufemia e la Basilica a lei dedicata: testimonianze di fede, storia e arte – Ed. Parroquia de Santa Eufemia, 2003
– Parroquia de San Pietro Apostolo Mili San Pietro (ME) – Vivere San Sostene – opuscolo in proprio, 2007
– Racco – Scali, Guida a Roccella Jonica, Ed. Brenner
– RR. PP. Benedectinos – Paris, Vies des Saintis et des Bienheureux, Ed. Letouzey et Ane, 1952, Tome IX, pp. 199. 338-341
– Vita dei Santi – San Sosteno, discepolo di San Paolo – pp. 1139-1140

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es