Santa Sotera, mártir romana

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Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Bertino.

Pregunta: Buenas tardes, me he llevado una sorpresa al ver que mi abuela llamada Sotera parece que tiene día de celebración. Ella siempre nos ha dicho que ese nombre no tenía día señalado. Tiene 85 años y me gustaría saber si realmente tiene santo y si me podríais indicar algo de historia sobre él. Sin más, agradecer de antemano su labor y quedo a la espera de su amable respuesta. P.D.: Es cristiana, católica, apostólica, y romana.

Respuesta: Por supuesto que el nombre de Sotera (en griego, “salvadora”) tiene día señalado, pero no uno sino varios, aunque como veremos, la Santa que lleva este nombre es una mártir romana de la Antigüedad que ciertamente es muy poco conocida y actualmente su culto es prácticamente inexistente.

De ella escribió San Ambrosio en sus obras De Virginibus y Exhortatio virginitatis (377). La razón es que era antepasada suya por vía paterna, descendiente de una familia romana noble. Sin embargo, su nombre griego no es propio de una gens romana, lo que hace pensar que quizá era hija o nieta de libertos -esclavos manumitidos- griegos, que eran muy estimados como pedagogos y preceptores de los hijos de estas grandes familias de Roma. Ambrosio la describe como una muchacha jovencísima y de gran belleza: “decora facie valde et nobilis virgo maiorum prosapia, consulatus et praefecturas parentum sacra posthabuit fide”.

Fue víctima de la persecución, y aunque no se especifica cuál, por tradición -o rutina- se da por sentado que fue la de Diocleciano. La arrestaron al ser descubierta como cristiana y, como persistía en mantener su fe de manera intrépida, fue públicamente abofeteada y decapitada.
Sin embargo, hay una información errónea que dice que sus padres, temiendo la persecución, la enviaron a Hispania, concretamente a Palamós (actual provincia de Girona), donde la familia tenía algunas propiedades, con el deseo de resguardarla del peligro. Allí se levantó una casita y vivió entre ayunos y penitencias. Su esperanza de pasar desapercibida no tuvo éxito, ya que fue detenida por un grupo de soldados que la llevaron ante el ya conocido prefecto Publio Daciano con la acusación de que practicaba ritos y cultos contrarios el Imperio. Como el prefecto no pudo convencerla de que apostatase, la hizo golpear públicamente con crueldad. Pero, como por más bofetadas y puñetazos que le llovieran sobre la cara, no se venía abajo, acabó entregándola a la espada del verdugo.

Como decía, esta versión es falsa y no tiene ningún sentido, pues en los Itinerarios del siglo VII se indica que su sepulcro estaba en la romana Via Appia, en el área de las catacumbas de San Calixto, después de la cripta de San Cornelio papa. Un monje llamado Juan especifica que sobre su sepulcro se mantenía encendida una lámpara de aceite que había mandado colocar allí la reina Teodolinda. Sin embargo, sobre la ubicación precisa de la tumba no se ponen de acuerdo los arqueólogos, que han emitido opiniones contradictorias, pero parece claro que la mártir estaba enterrada allí, en Roma: no tiene veracidad histórica, pues, la versión que afirma que la mandaron a Hispania. Sotera jamás dejó la Ciudad Eterna: fue martirizada allí y enterrada allí.

Martirio de la Santa. Grabado de Antonio Tempesta para la colección “Istoria di molte sante vergini romane nel martirio”. Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

¿Por qué, pues, esta versión de su huida y martirio en Palamós? Parece ser que los falsos cronicones del siglo XVII crearon una segunda Santa Sotera, falsa, a partir de la primera, la romana, la auténtica. Esta falsa Sotera no nace hasta la tardía fecha de 1619, cuando es introducida por Jerónimo Román de la Higuera en su falsificación histórica, atribuida a Lucio Fabio Dextro. Este Cronicón de Dextro, Cronicón del Pseudo-Dextro o Pseudo-Dextro a secas es el responsable de haber hecho creer a los fieles de Palamós que Santa Sotera había sido martirizada allí. Hasta la actualidad, dicha mártir es la copatrona de la ciudad. Ni siquiera se puede afirmar, como algunos pretenden, que el error se deba a que los restos de la mártir fueran trasladados a Palamós posteriormente: dicho traslado, presuntamente realizado en barco -de ahí que el barco sea uno de los atributos de la Santa- es ficticio y jamás ha sido documentado; de hecho, parece copiado del caso de la mártir Santa Matrona (Madrona) de Tesalónica, que era venerada en Barcelona. Los restos de la mártir Sotera siguen reposando en Roma. También se ha dicho que, efectivamente, la mártir padeció martirio en Palamós, pero que luego su cuerpo fue devuelto a Roma, a sus padres, y enterrado en las catacumbas. Esta versión, por desgracia, también parece forzada y no hay forma de probarla.

Desde el siglo IX, las reliquias de la Santa se veneran en la iglesia de San Martino ai Monti. Fueron llevadas allí por el papa Sergio II. Sin embargo, Santa Sotera no aparece mencionada en la Depositio martyrum, aunque ya a inicios del siglo V su dies natalis era conmemorado el 11 de febrero, como se desprende de un epitafio de un panadero llamado Vidal, que dice que fue sepultado el 11 de febrero del año 401 en el natale domnes Sitiretis.
El Martirologio Jeronimiano la menciona en cuatro ocasiones: 6, 10 y 11 de febrero; y 12 de mayo. El Sacramentario Gelasiano la menciona el 10 de febrero. Según Delehaye, el 11 de febrero es la fecha primitiva de la conmemoración, aunque posteriormente fue anticipada al día anterior. Del Martirologio Jeronimiano pasó al resto de los martirologios latinos, y finalmente al Martirologio Romano, fijándola el 10 de febrero.
En el año 1669, el cardenal arzobispo de Milán, Alfonso Litta, introdujo su fiesta en el calendario y en misal ambrosiano el día 12 de febrero.

Urna donde están los huesos de la Santa, mezclados con otros muchos mártires. Iglesia de San Martino ai Monti, Roma (Italia).

En resumen, Santa Sotera es una mártir romana, real e histórica, de cuya existencia no cabe dudar pues el mismo San Ambrosio la menciona como hace con otras mártires documentadas como Inés; y nadie ha puesto en duda las palabras de este Padre de la Iglesia. Sólo se sabe que era de noble familia, que la abofetearon en público por ser cristiana y que murió decapitada, nada más. El resto es leyenda y falsificación.

Meldelen

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