San Tarasio, patriarca de Constantinopla

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

San Tarasio, patriarca de Constantinopla (784-806) es conocido en la historia de la Iglesia como el que lideró el Sínodo Ecuménico que llevó a cabo el restablecimiento del culto a los iconos en el Imperio Bizantino, cosa que se celebra el 25 de febrero.

Tarasio como laico
La fuente más importante sobre su vida es la “Vida de Tarasios” escrita por Ignacio, su diácono y secretario. Otra fuente es la Crónica de Teófanes Confesor y la vida y la correspondencia de San Teodoro de Studion.
Tarasio nació en Constantinopla en torno al año 730, siendo hijo del eparca Georgios y su esposa Enkrateia. En el momento en que Constantino VI y su madre, Irene, accedieron al trono del Imperio bizantino en el año 780, Tarasio era un funcionario en el aparato burocrático (protasekretis) de la corte imperial. Más tarde obtuvo el rango de senador y finalmente se convirtió en secretario imperial (asekretis) del emperador Constantino VI el Porphyrogenetos.

El Imperio de Oriente estaba a la vez influenciado por las doctrinas orientales iconoclastas, impuestas por la dinastía Isauriana, que provenía de las regiones existentes en las fronteras con el nuevo mundo islámico. La lucha iconoclasta de ninguna manera era más fácil que la de los antiguos emperadores romanos contra los cristianos. Los ikonodouloi (defensores de los iconos) fueron golpeados e incluso asesinados y muchas iglesias fueron objeto de vandalismo. La Iglesia de Roma se negó a permanecer en comunión con el patriarca de Constantinopla, quien en ese momento era partidario de las políticas oficiales. Sólo después de la muerte de León IV (775/780) y al comienzo del reinado de su hijo menor Constantino VI (780/797), bajo la regencia de su madre Irene, la situación de los iconos empezó a cambiar.

El último patriarca iconoclasta, Paulos IV se arrepintió de su anterior iconoclasia y renunció a su trono el 31 de agosto del 784, viviendo como un simple monje. En esta situación, la emperatriz convocó un consejo local en su palacio de Magnaura y previa consulta al patriarca antiguo, el pueblo y los nobles, decidieron proponer a Tarasio para este puesto, el cual, en ese momento era un simple laico. La Crónica de Teófanes reproduce el discurso de Tarasio que se negó, pero que de todos modos se dejó convencer.

Sin embargo, como todos los bizantinos educados, Tarasio estaba bien versado en teología y la elección de este laico cualificado como obispo no fue el primer caso en la historia de la Iglesia (casos similares son probables en San Ambrosio y San Nicolás de Myra). Tarasio aceptó la función con la condición de que la unidad de la iglesia sería restaurada con los otros patriarcados y con Roma y que se realizara un Sínodo para la restauración de los iconos. En cuestión de días, fue ordenado diácono y luego de sacerdote. La consagración como obispo y patriarca se llevó a cabo en el día de Navidad del año 784.

Icono ortodoxo griego de los padres del Séptimo Concilio Ecuménico.

Icono ortodoxo griego de los padres del Séptimo Concilio Ecuménico.

El Séptimo Concilio Ecuménico
Como patriarca, Tarasio persuadió a la emperatriz Irene para que escribiera al Papa Adriano I, invitándole a enviar delegados a Constantinopla para un nuevo Consejo, con el fin de repudiar la herejía iconoclasta. La respuesta llegó el 26 de octubre 785. El Papa sostuvo que la elección de un laico como patriarca estaba en contra de los cánones, pero finalmente aceptó la situación, con el fin de restablecer la comunión eclesiástica. El Papa accedió a enviar delegados, y se convocó el sínodo que se celebró en la iglesia de los Santos Apóstoles, el 17 de agosto, 786. Durante la última reunión preparatoria, el 31 de julio, en ausencia del patriarca, algunas tropas de soldados rebeldes fieles al antiguo emperador iconoclasta Constantino V, distorsionaron la calma e insultaron a los obispos y monjes. De todos modos, el patriarca y la emperatriz mantuvieron su posición de continuar con el Consejo. Esta situación se repitió durante la inauguración. Tarasio y el abad Platón de Sakkoudion (el mentor de San Teodoro de Stoudion) realizaban sus discursos, pero no podían seguir debido al caos creado por los soldados. Más tarde, las tropas rebeldes se retiraron de la ciudad: la emperatriz, motivada por el peligro de un ataque musulmán, los envió a Asia Menor, en lugar de enviar a algunas tropas favorables de Tracia, que eran conocidas como iconódulos.

Pero esta situación no hizo posible aun la celebración del Sínodo que comenzó un año más tarde, a partir del 24 de septiembre del 787, en la catedral de Santa Sofía de Nicea y no en la ciudad capital. El Sínodo es reconocido como el Séptimo Concilio Ecuménico o como el Segundo Concilio de Nicea. Aunque por lo general se llama como lo llamaba el emperador, que aun no estaba coronado y que participó en las reuniones. El Patriarca desempeñó la función de presidente en funciones de los trescientos sesenta y cinco obispos reunidos, que condenaron la iconoclastia y aprobaron formalmente la veneración de los iconos. La clausura oficial de la reunión ocurrió el 23 de octubre en el Palacio Magnaura, que era la residencia de Irene. Tarasio e Irene aceptaron fácilmente la reintegración de los obispos iconoclastas que se arrepintieron y a todos los que prometieron que iban a cambiar su opinión. Este indulto fue duramente criticado por los monjes de Stoudion, los más fuertes partidarios durante las disputas iconoclastas. En cualquier caso, la política del Patriarca hizo que en el próximo período no existiera ninguna resistencia iconoclasta.

Los últimos años del Patriarca
Siete años más tarde Tarasio se vio involucrado en la controversia iniciada por Constantino VI, quien se divorció de su esposa, María de Amnia, acusándola de tratar de envenenarlo. Tarasio aprobó tácitamente esta situación y los monjes constantinopolitanos se escandalizaron con el consentimiento del patriarca. El abad Platón de Sakkoudion y su sobrino Teodoro Estudita fueron exiliados a causa de su posición, pero continuó el alboroto. Gran parte de la ira estaba dirigida contra Tarasio por permitir el matrimonio del emperador con Teódota, a pesar de que se había negado a oficiar la ceremonia. Sólo más tarde, después de que Constantino VI perdiera su trono en favor de su madre (18 de agosto 797), y bajo una fuerte presión de Teodoro, Tarasio excomulgó a José, el sacerdote que había llevado a cabo este matrimonio ilegítimo.

Detalle del Santo en la ilustración de un calendario para el Prólogo de Ochrid.

Detalle del Santo en la ilustración de un calendario para el Prólogo de Ochrid.

Los últimos años de su patriarcado estuvieron marcados por una nueva usurpación. Nicéforo, un patricio de Seleucia, nombrado ministro de Hacienda por Irene, se las ingenió para destronar a Irene y enviarla al exilio, con la ayuda de los patricios y los eunucos. Fue elegido como emperador en su lugar el 31 de octubre 802 y fue coronado por Tarasio, en contra de la opinión pública, haciendo después lo mismo con Staurakios como co-emperador, en el año 803.
Tarasio tenía una débil personalidad, pero sirvió con lealtad a los tres regímenes imperiales de Constantino, Irene y Nicéforo. De todos modos, su reputación sufrió críticas por su supuesta tolerancia con los obispos electos a través de la simonía, aunque él publicó un documento oficial que condenaba esta práctica. A pesar de estas débiles habilidades organizativas, Tarasio vivió una vida muy austera y gastaba su dinero agradando a Dios, alimentando y dando consuelo a los ancianos, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Cada año, el día de Pascua, se dispuso de una comida para ellos, que él mismo servía. Él ordenó la construcción de un monasterio en la orilla europea del estrecho del Bósforo que luego tomó su nombre. Murió el 25 de febrero del año 806 y fue enterrado en su monasterio.

La veneración
Aunque algunos expertos han criticado la debilidad Tarasio ante el poder imperial, el Patriarca fue venerado en las Iglesias Orientales Ortodoxas por su defensa del uso de los iconos y su lucha por la paz y la unidad de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 25 de febrero, tanto en el Este como en las Iglesias occidentales.

Troparion (himno) de San Tarasio
¡Tú brillabas como una luz del Espíritu, adornado con una vida ejemplar y vestido con las vestiduras jerárquicas. Calmaste la turbulencia de la herejía y te convertiste en un pilar y fundamento de la Iglesia, que alaba tus luchas, Santo Padre Tarasio!

Mitrut Popoiu

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