El culto a las imágenes

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Icono del II Concilio de Nicea. siglo XVII, monasterio Novodévichy, Moscú (Rusia).

Pregunta: Hola me parecen muy interesantes sus artículos, realmente disfrute mucho leyéndolos, soy un verdadero amante del arte y las “esculturas” religiosas del catolicismo, he estudiado mucho los efectos que tienen en la gente y la percepción que ellos tiene de ella; recientemente, me he unido a una célula cristiana y sus ideas y perspectiva me parecen muy interesantes, ellos leen mucho la Biblia que vaya da “vergüenza” pues hay una cita que me parece interesante: No te harás imagen, ni siquiera semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni las honrarás; porque yo soy Jahvé tu Dios (Éxodo, 20, 4-5). La pregunta sería: ¿Es correcto admirar y venerar una imagen de yeso o madera? Ok, yo al igual que ustedes admiro un trabajo hecho tan perfectamente y con esmero.

Respuesta: Estimado amigo, aunque en su día te respondimos brevemente a esta doble pregunta, también te dijimos que este era un tema que valía la pena desarrollar mucho más ampliamente mediante un artículo que se publicaría en el blog y eso es lo que pretendo hacer.

Hay que ponerse en primer lugar en el contexto, en el momento en que son escritos esos dos pasajes de las Escrituras, del Libro del Éxodo e incluso habría que remontarse mucho antes hasta los tiempos de Abrahán que originariamente adoraba a dioses extraños, tiempos en el que toda la región estaba influida por las religiones de origen cananeo cuya principal deidad era “Elohim”, palabra que significa “dios”. Es verdad que este era un dios muy particular, creador y misericordioso, padre de todas las criaturas, distinto al resto de los dioses y que fue el precursor de quienes posteriormente adorarían a un solo Dios.
Pero como el proceder de los cananeos no era el correcto, es por lo que el verdadero Dios, Yahvé, decide, como hoy diríamos, darle un toque de atención a Abrahán y con él, a todos los suyos.

Ábside de la iglesia de Santa Irene en Estambul, Turquía. Ejemplo de arte iconoclasta (sólo se mantiene la cruz).

Aunque el estudio de este tema es muchísimo más complejo, podríamos decir que a partir de ahí, los hebreos, el futuro pueblo de Israel empieza a rendirle culto al llamado “Dios de nuestros padres”, que era el único y verdadero Dios.
Pero por las razones que todos conocemos, el pueblo hebreo se ve sometido a Egipto, país o imperio que tenía sus dioses y lógicamente, terminaron por contagiarse de alguna manera por el modo de vida que tenían sus opresores. Y esto chocaba con los designios de Yahvé que eran que adorarlo conllevaba llevar un estilo de vida en concordancia con su divina voluntad.

Dios se aparece a Moisés y le ordena liberar a su pueblo de la opresión de Egipto. Moisés lo hace y el pueblo de Israel sale de un país donde se adoraba a los ídolos, donde esta práctica se les había contagiado y en su caminar y posterior asentamiento, estuvieron siempre rodeados de pueblos vecinos que también practicaban la idolatría.
El Dios de Israel, el que no tenía nombre ni se hacía directamente visible, quería que lo adorasen con el corazón y el espíritu y no mediante figuras físicas aunque estuvieran hechas de materiales preciosos. Pero el caminar por el desierto era penoso y cansado, pasaban hambre y sed y no veían el día en el que llegarían a la tierra que se les había prometido y es por eso por lo que el pueblo de Israel, influenciado por algunos de sus mismos miembros, cae en la idolatría y con las joyas con las que salieron de Egipto ordenan a Aarón: “haznos dioses que marchen delante de nosotros” (Éxodo 32, 1) mientras se sentían abandonados por Moisés, que no bajaba del Monte Sinaí.

Aaron hizo “un becerro de fundición y entonces ellos dijeron: ¡Israel, este es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto! Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro y dijo: Mañana será un día de fiesta dedicado a Jahvé”. (Éxodo 32, 5). ¡Se mezcla al becerro con la fiesta de Yahvé! Pero recordad que leyendo detenidamente todo el Génesis, los hebreos llegaron a identificar a Baal como hijo del dios “Eloim”, que a veces era representado como un toro, por lo que su hijo se representaba como un becerro. El adorar a “este hijo” fue sinónimo de idolatría. Al bajar del monte, Moisés rompe las tablas de la Ley que Yahvé le había dado y les hace recordar los mandatos que tu recuerdas en tus reseñas del capítulo veinte del Éxodo.

Poco a poco Israel lo va entendiendo. Mientras que quienes adoraban a los ídolos basaban su culto y su vida en el materialismo, quienes adoraban al Dios de Abrahán tenían que tener una conducta conforme a sus mandatos: adorarlo y servirlo y ese fue el gran desafío para los israelitas: escoger entre Yahvé y el becerro de oro. Si leemos los textos de todos los profetas (Isaías, Miqueas, Jeremías, Ezequiel, Oseas, etc.), encontraremos numerosas recomendaciones y amonestaciones en este sentido. Esto ya es aceptado unánimemente cuando siglos más tarde se escriben los salmos: “In exitu Israël de Aegypto, domus Iacob de populo barbaro: Facta est Iudaea sanctificatio eius, Israël potestas eius… Ubis est Deus eorum? Deus autem noster in coelo: omnia quaecumque voluit, fecit. Simulacra Gentium argentum et aurum, opera manuum hominum…” (leer completo el salmo 113).

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, emperatriz de Bizancio, portando un icono del Salvador.

Dios no tiene nombre: “Yo soy el que Soy” (Éxodo, 3, 14), no habita en casas construidas por los hombres sino en sus corazones, no admite la idolatría repitiéndosenos machaconamente este mensaje tanto en los textos del Antiguo como del Nuevo Testamento. A Dios se le adora, se le da culto de “latría”, que es el que actualmente damos los cristianos a Dios.

Sin embargo, Cristo que es quién nos enseña que Dios es nuestro Padre y que ha venido a cumplir la Ley, parece que está en contra de que Dios no habita en casas construidas por los hombres: “Esta es la casa de mi Padre y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones” (Mateo, 21, 13). Pero no existe contradicción porque Él, que reverentemente adora a su Padre en el Templo y que admite, como lo admitía Israel, que el Templo es “la morada” de Dios, lo que no quiere es que en él se mercadee. ¡Cómo debiéramos aprender este mensaje de Cristo, nosotros que aun en las mismas iglesias vendemos todo tipo de cosas! Pero el mensaje de Cristo lo deja todo meridianamente claro y por eso, San Pablo dice: “vosotros sois templos del Espíritu Santo” (I Corintios, 6, 19)

Pero es verdad que mientras las otras dos religiones monoteístas no hacen figuras o representaciones de Dios, desde el inicio del cristianismo, cuando los primeros discípulos tienen que esconderse en las catacumbas, necesitan representar símbolos de su fe y aparecen los primeros frescos que llegan a mostrar pasajes de las Escrituras y así comienza a manifestarse estas expresiones artísticas a las que en ningún momento se idolatraban. Había una diferencia absoluta entre la actitud de los cristianos, que solo adoraban en espíritu a Dios, y la de los antiguos hebreos que llegaron a adorar al becerro de oro.
Los pasajes del Éxodo pretenden eliminar la idolatría. En la Iglesia jamás se dio la idolatría sino que desde sus comienzos, empezó a dominar el culto de “latría” que se ofrece solo a Dios en Si mismo, pero nunca a ninguna de sus representaciones físicas.

Siglos más tarde aparece en la Iglesia la cuestión iconoclasta, cuestión que hacía referencia a la destrucción de las imágenes e iconos que abundaban tanto en Oriente como en Occidente. En el año 726, el emperador León III Isaurico prohibió la veneración de las imágenes e iconos, haciéndolo sobre todo por cuestiones políticas.
El pueblo cristiano, por lo general, se negó a cumplir esta orden ya que la veneración de imágenes e iconos estaba muy extendida, por lo que Constantino V, hijo del emperador anterior ordenó combatir militarmente contra quienes se oponían a obedecer la orden dada por su padre.

Página del Salterio Chdulov (s.IX) donde se ve a unos iconoclastas cubriendo con cal las imágenes de Cristo.

El II Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el otoño del año 787 confirmó la veneración de los iconos ya que esto no suponía ninguna señal de idolatría pues se trataba de simple veneración, nunca de adoración. Este Concilio había sido convocado como consecuencia de esta controversia iconoclasta y a él asistieron los enviados del Papa de Roma y del Patriarcado de Constantinopla, el patriarca de Jerusalén así como algunos archimandritas de los monasterios griegos de Palestina.
Quienes negaban el culto a las imágenes estaban influenciados por los cristianos monofisitas, los musulmanes y judíos (practicantes monoteístas) y el deseo del emperador León III, que era de origen sirio y que quería contrarrestar el poder de los monjes de la Palestina, que defendían la llamada “iconodulia” o veneración de imágenes. Naturalmente argumentaban también con las citas del Antiguo Testamento a la que tú haces referencia en tu pregunta.

El Concilio permitió distinguir entre el culto de adoración tributado a Dios (culto de latría) y la veneración de las imágenes o proskýni̱sis. De esta manera se impedía la adoración de las imágenes como si fueran Dios en si mismas, pero también su destrucción. La propia emperatriz Irene, que fue quién convocó el Concilio, se aseguró de que los cánones del mismo fueran favorables al culto a las imágenes.
Pero en el seno de la familia imperial permanecieron estas disputas que continuaron hasta el reinado del emperador bizantino Teófilo, quién murió en el año 842, momento que aprovechó su esposa, la emperatriz Teodora para movilizar a quienes estaban a favor de la veneración de las imágenes proclamando definitivamente la restauración de los iconos en el año 843.
Esta emperatriz, que pasó los últimos años de su vida recluida como monja en un monasterio, es venerada como santa por la Iglesia, encontrándose sus reliquias en la catedral ortodoxa de Corfú (Grecia).

Quizás valiera la pena hacer mención de los numerosos santos que combatieron la iconoclasia así como los que se distinguieron por ser pintores de iconos o iconógrafos, pero sería alargar excesivamente el artículo.
Aunque ya venía de antes, al iniciarse el segundo milenio comenzó el auge del arte religioso: pinturas e iconos, esculturas, grabados, vidrieras, etc. arte que, aunque de manera distinta, se ha desarrollado tanto en Oriente como en Occidente a lo largo de todos los siglos.
La Iglesia Universal jamás practicó la idolatría. Solo es adorado Dios por Sí mismo (y consecuentemente la Sagrada Eucaristía), pero a las imágenes se les da culto de “dulía”, o sea, veneración y respeto, solo por lo que ellas representan.

Mosaico bizantino donde aparece la Virgen y el Niño entre el emperador Juan II Conmeno (izqda.) y Santa Irene emperatriz (dcha). Santa Sofía, Estambul (Turquía).

Pregunta: Me encontré con una idea muy interesante y revolucionaria; si fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, ¿seremos dioses? La iglesia cristiana cree que si Dios tenía el poder de sanar y expulsar demonios con su palabra, sus hijos, o sea, nosotros, también podemos hacerlo proclamado con poder y autoridad. Espero su respuesta. Amablemente me despido.

Respuesta: En cuanto al segundo tema que planteas, te diré que es verdad que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios pero no somos ni seremos nunca dioses. Es verdad que algunos padres espirituales hablan de convertirnos en “dioses”, en el sentido de la doctrina espiritual de la deificación mediante la oración: es una doctrina mística, que no dogmática, y por eso, en algunos sermones de abades medievales se afirma que, al “crecer” Cristo en nosotros, “vamos siendo como dioses”, en el sentido de que la comunión con Cristo es tan profunda que el hombre se “asemeja” a su Dios; eso sí, siempre precisaron que no se trata de una “fusión”, ni mucho menos de una conversión real en divinidad. Esta enseñanza es popular en la espiritualidad ortodoxa y de hecho está unida con la doctrina de las energías increadas de San Gregorio Palamas.

Somos hijos de Dios, somos hijos suyos por adopción, porque el Único Hijo Consustancial con el Padre, Engendrado por Él, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y aunque este Hijo de Dios hecho Hombre, o sea Cristo, dijo que en mi nombre realizareis milagros y también dijo que la fe mueve montañas, eso no quiere decir que nosotros por nosotros mismos, por muy santos que seamos, seamos capaces de hacer milagros sin ton ni son. Los milagros los hace directamente Dios, que muchas veces se vale de personas santas para hacerlos a través de ellas, pero son casos excepcionales. Este es un tema que quizás valiera la pena ser desarrollado más extensamente. Quedará para otra ocasión.
Espero que comprendas que esta contestación tenía que ser breve porque el tema es de mucha profundidad.

Antonio Barrero

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Santa Teodora, emperatriz bizantina

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Detalle del rostro de la Santa. Mosaico bizantino del siglo VI, iglesia de San Vital de Rávena (Italia).

Pregunta: Me gustaría saber más sobre la biografía de Teodora, emperatriz de Bizancio.

Respuesta: Algunos códices contenidos en los Sinaxarios, como los códices parisinos de 1582 y 1578 e incluso en los Menologios más recientes como el de San Nicodemo Agiorita, ponen la conmemoración de los santos emperadores Justino y Teodora el día 2 de agosto. Pero esta inscripción con absoluta seguridad, no es exacta porque la mujer de Justino I no se llamaba Teodora y porque no existe motivo alguno para considerar como santa ni a la mujer de Justino I ni a la de Justino II. En realidad, al decir Justino, se están refiriendo a Justiniano I el Grande, al cual en la mayor parte de las traducciones se confunde con Justino y es el mismo San Nicodemo Agiorita quién hace esta observación entre líneas. Y es que Justiniano I estaba acusado de ser hereje aftartoceta. De todas maneras el Sinaxario de Constantinopla, el día 14 de noviembre, aniversario de la muerte de Justiniano, dice: “Memoria de Justiniano y Teodora, píos emperadores”, memoria que normalmente se traslada al domingo siguiente.

Teodora, la esposa de Justiniano había nacido alrededor del año 500 y era hija de un domador de osos en el circo de Chipre y trabajó desde su adolescencia como bailarina y como mímica en el hipódromo y en los teatros de Constantinopla. Procopio, en su “Historia secreta” exagera de manera especial su falta de moralidad, ya que en el ambiente en el que vivía era muy difícil que llevase una conducta íntegra. Llega incluso a tacharla de prostituta y amante de las orgías, pero como digo, esto es considerado exagerado por los hagiógrafos modernos.

En su juventud, se fue a África con un dignatario llamado Eccebolo, que muy pronto la abandonó. Entonces ella se refugió en Alejandría donde encontró protección en círculos monásticos monofisitas y cuando regresó a Constantinopla, se dedicó a diversas actividades, todas ellas respetables, con el fin de ganarse la vida. Justiniano, llegó a conocerla y se enamoró de su belleza, de su cultura y de la fortaleza de su carácter y decidió casarse con ella, aunque tuvo la oposición de su tía, la emperatriz Eufemia, por lo que tuvo que esperar a que esta falleciera para poder contraer matrimonio con Teodora.

La emperatriz con su séquito. Vista del mosaico completo (s.VI). Iglesia de San Vital de Rávena, Italia.

Aunque se ha llegado a decir lo contrario, Teodora fue una mujer muy devota, con gran resolución y con una buena intuición, lo que ayudó a incrementar la respetabilidad hacia el trono del imperio bizantino. Intervenía activamente en todos los asuntos públicos y en los momentos críticos supo dar el conveniente y oportuno asesoramiento a su esposo. Fue notable su posición durante la revuelta denominada “Nika” del año 532. Ella murió en el año 548, dieciocho años antes que Justiniano. Su inscripción en el Sinaxario se realizó poco después de la muerte de Justiniano, o sea, en su época y, como he dicho, es conmemorada junto con su marido el día de la muerte de este.

Más tarde, muchos eclesiásticos y hagiógrafos se negaban a reconocer a Justiniano como santo, ya que no estaba del todo integrado en la Iglesia (por ser aftartodocetista  o aftartoceta) y lo mismo llegaron a decir de Teodora. Así se justifica el que en un manuscrito de monasterio Stravronikita se encuentren sus nombres deformados, pues acusaban a Teodora de ser proclive al monofisismo, del que habría sido influenciada en Alejandría y por el cual, a veces, se oponía a la política eclesiástica del emperador. Sin duda, las simpatías eran consecuencia de la gratitud de Teodora hacía los monofisitas egipcios que la habrían ayudado en tiempos difíciles para ella, pero destacando en ella la moderación, en vez del monofisismo intransigente imperante en Egipto.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, emperatriz de Bizancio, portando un icono del Salvador.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, emperatriz de Bizancio, portando un icono del Salvador.

Los motivos por los cuales la incluyeron en el Sinaxario y por lo que se decidió conmemorarla como santa, fue su decidido empeño en fundar monasterios e iglesias y principalmente, la convocatoria del V Concilio Ecuménico por parte de su marido, aunque Teodora ya había muerto antes de celebrarse el concilio. Todas las emperatrices, esposas o madres de los emperadores que convocaron algún concilio, están inscritas como santas en los sinaxarios bizantinos.

Antonio Barrero

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